No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes ! (qué más querría...) Gracias a todos por leer! Espero sus reviews :)

Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Uno: Un favor

Un paso tras otro, contaba los segundos restantes de aquella hora, esperando que su figura apareciera de entre los camerinos. ¿Qué tanto era lo que le demoraba? Por todo lo que había visto los últimos meses, era un muchacho desaliñado, no muy asiduo de los hábitos de higiene, y mucho menos a preocuparse por cómo se veía. Entonces, ¿cuál era la razón por la que habían pasado casi veinte minutos y él aún no aparecía?

La muchacha siguió paseando, a la espera del joven. Una y otra vez, repasó el discurso que tenía preparado en su mente. Sin embargo, incluso habiéndolo ensayado frente al espejo en más de una ocasión desde que tomó la decisión de solicitar su ayuda, no lograba que su petición sonara a nada distinto de un insulso e infantil capricho. ¿Qué pasaría cuando escuchara toda la historia? ¿Le contaría toda la historia? ¡Claro que no! Sólo de manera general, trataría de darle un par de detalles acerca de lo que quería, pero por supuesto, dejaría de lado todo lo demás. Un antecedente era sólo una razón más para que se riera en su cara y diera la vuelta frente a ella.

Pensó, por enésima vez, que cometía un error. Que no había ninguna razón por la que él accedería a darle lo que quería. Sin embargo, tenía que tratar, ¿no es así? ¿Qué era lo peor que podía pasar? Oh, sí…que se riera de ella en su cara y luego le relatara la historia al resto del equipo. Y aún así, sentía tener una opinión tan deplorable de él que estaba segura de que se las ingeniaría para crear una situación aún más vergonzosa y encontraría la forma en que ese "peor" se transformara, de hecho, en algo peor.

De repente, escuchó unos pasos acercándose a ella. Se volteó, con el corazón zumbando en sus oídos, viendo que el muchacho ni siquiera se detenía a mirarla. Sin embargo, el posó sus ojos durante unos segundos sobre su rostro, haciendo un gesto incomprensible, como si notara su presencia pero, por supuesto, no le importara.

"Hasta mañana" – le dijo el muchacho, dando la vuelta a la esquina del corredor afuera del gimnasio

"¡Espera!" – exclamó ella, agilizando sus pasos hasta equiparar el ritmo del joven. Él se detuvo, alzando ambas cejas cuando vio a la muchacha detenerse frente a él, bloqueando su camino. Estaba seguro de que nunca había cruzado más de un par de palabras con ella, y nunca por más de lo necesario. Sólo era la entrenadora del equipo, puesto que solamente se había ganado por ser amiga del capitán y por tener el mismo carácter insufrible y desagradable de éste. De hecho, para ser honesto, ni siquiera estaba seguro de que esta muchacha le agradara: Era una sabelotodo empedernida, parecía encontrar placentero el golpear a los integrantes con su abanico de papel y siempre, sin importar las circunstancias, les gritaba. Hablar en un tono de voz común y corriente, sin alzarlo demasiado, parecía ser un talento que ella no poseía.

"¿Si?" – preguntó, con un cansancio en la voz que se mezclaba con una ínfima pizca de curiosidad. Alzó ambas cejas cuando vio en los ojos de la joven un debate que no llegaba a comprender. Finalmente, notó que, en un gesto nervioso, se mordía el labio y cerraba los ojos, en un intento por no distraerse

"Verás…" – comenzó ella – "Sé que esto te parecerá extraño, pero…necesito pedirte un favor"

"¿Un favor?" – preguntó él, la incredulidad plasmada tanto en su rostro como en su voz – "¿Qué TÚ tienes que pedirme un favor?"

"De hecho, sí" – señaló la joven, suspirando levemente – "Y cuando pienso en lo que necesito, eres el único en quien puedo pensar"

Él suspiró a su vez, una leve sonrisa dibujada en sus labios: Por supuesto. Ella sabía que, por alguna extraña razón del destino, ahora él era una suerte de "amigo" con cierto jugador que desde un tiempo a esta parte, había demostrado más que interés en ella. Se imaginó que esta intempestiva manera de encontrarlo tenía algo que ver con ello. Aprovechando el momento e imaginando con lo que estaría relacionado, sus ojos se deslizaron por la joven, que aún esperaba frente a él por una respuesta. ¿Qué diantres tenía ella que provocaba que su amigo estuviera al borde de la locura? Ciertamente, era un tanto…¿qué? ¿guapa, tal vez? De seguro tenía ciertos rasgos que a cualquier hombre, él incluido, le resultaban atractivos, pero…tampoco era para tanto. Y en el caso de que nadie se basara enteramente en su apariencia, en su más objetiva opinión, su personalidad no era nada especial. Por lo tanto, haciendo un examen rápido durante los segundos en que sopesó la respuesta de la muchacha, él llegó a la conclusión de que ella era exactamente eso: Una muchacha común y corriente.

"¿Y de qué se trata?" – preguntó el joven, tratando de reprimir la risa que amenazaba con salir apenas escuchara el siguiente comentario nervioso de la chica.

"Verás…" – repitió ella, nuevamente para empezar. Había notado la forma en que él la había estado observando, también la manera en que sus labios se curvaron para sonreír. Esto era un error, pensó, pues él ni siquiera había escuchado y ya estaba riéndose. Sin embargo, no estaba dispuesta a dejar este asunto sin resolver, menos cuando necesitaba arriesgarlo todo para conseguirlo – "Necesito un entrenador"

Eso no lo vio venir. El joven ensanchó sus ojos, pensando que había oído mal. Todas las conclusiones a las que llegó estaban completamente erradas. La joven sintió algo más de confianza y seguridad cuando todo atisbo de burla o diversión desapareció del rostro del muchacho.

"¿Qué dijiste?" – preguntó él, sin poder contenerse – "¿Un entrenador? ¿Para qué?"

"Para el Campeonato Nacional" – dijo ella, tomando aire una vez más – "Por las próximas tres semanas, antes de que comience"

"Rayos, me siento como un verdadero idiota al preguntar por cada cosa que dices, pero no estoy entendiendo nada" - dijo él, sacudiendo la cabeza – "Necesito que me expliques todo"

"No muchos saben, pero…" – comenzó ella, cerrando los ojos por un instante – "Pero yo también juego en un equipo de basketball. En el femenino juvenil de Kanagawa"

"¿El Estado tiene un equipo de chicas?" – comentó él, riendo levemente – "Jamás lo imaginé…nunca han aparecido en la prensa, así que me imagino que muy buenas no deben ser." – ante el silencio que siguió a su último comentario, decidió añadir, a modo de disculpa – "Sin ofender"

"No aparecemos en la prensa porque simplemente los campeonatos de los equipos femeninos de basketball no reciben la atención que merecen" – respondió la muchacha, entornando los ojos – "En fin, el punto es que este año clasificamos para el nacional, y nuestro es objetivo es ganar el primer lugar. Estamos cansadas de ser segundas siempre"

"¿Sacaron el segundo el año pasado?" – preguntó él, sinceramente sorprendido – "Guau…increíble. Entonces…¿cómo encajo yo en todo esto?"

"Mi ofensiva no está tan bien como esperaba. Pensé que no sería tan importante para ganar el no haber podido jugar todos los partidos de las regionales, pero la lesión de mi tobillo y la falta del ritmo de un partido cada semana me ha afectado más de lo que creía."

"¿Y de todas las personas que conoces que juegan basketball que podían entrenarte, pensaste sólo en mí?" – preguntó el joven, entornando sus ojos – "Oh, vamos…tienes que estar bromeando, chica"

"Necesito que seas tú" – respondió, firmemente – "Pensé en todas las opciones que tenía, pero el único que realmente encajaba en el papel eras tú."

"¿Y qué te hace pensar que querría entrenarte? No te ofendas, pero no juego ni con, ni en contra mujeres"

"¡Es por eso que debes ser tú y no otro!" – exclamó la joven, acercándose a la figura del muchacho – "¡Sé que eres un bruto rudo e insensible! Y estoy diciendo esto como el mejor de los halagos que una chica puede hacerte en estas circunstancias"

La apresurada y avergonzada salida de la joven no pudo evitar que se riera. Sacudió la cabeza de lado a lado, pensando en cuáles eran las probabilidades de que ella lo convenciera de lo contrario. ¿Cuál era el objeto de que la entrenara? ¿Y por qué justo a él? ¿Porque sabía que no le caía bien?

"No creo que realmente entiendas lo que me estás pidiendo" – dijo él, observándola de cerca – "O de las consecuencias de ello"

"Créeme que lo sé" – dijo la joven, sintiendo un rayo de alivio y esperanza atravesar su pecho – "Si no fuera así, no te lo pediría"

"¿Te das cuenta entonces de que, si decido entrenarte, me olvidaré de que eres una chica? Te trataré de la misma forma que trato a los novatos del equipo, e incluso peor si es necesario"

"Cuento con ello"

"Y como nuestro Campeonato también está cerca, significa que no tendré mucho tiempo. Por lo tanto, te entrenaré o muy temprano, o extremadamente tarde"

"Lo sé, no esperaba otra cosa"

"Y cada vez que te quejes, empeorarás las cosas. No tendrás derecho a estar cansada, no podrás decidir nada respecto a mis técnicas. Llorar tampoco te ayudará de mucho si es que te lastimas"

"No lloro nunca" – el comentario la ofendió levemente.

El muchacho la analizó por un segundo más, tratando de encontrar algún signo de fragilidad en las facciones de la joven. Sin embargo, no se encontró con nada que le diera la más mínima señal de que flaqueaba. Ello provocó algo en su interior, algo que no sentía por nadie en mucho tiempo: Real y sincero interés. Sonrió imperceptiblemente, tomando su bolso del piso. Haciendo un guiño incomprensible, pasó por su lado, sin detenerse a contestarle nada.

La joven vio como caminaba, para luego cerrar sus ojos. Estúpida. ¿Cómo se atrevió siquiera a pensar que sería de otra manera? ¿Qué diablos le hizo pensar que él, de entre todos los demás, accedería a hacerle un favor sin nada cambio a ella, quien sólo era una especie de mueble que él debía ver obligatoriamente todos los días? ¡Qué tonta, rayos!

"Mañana, a las 5:30 am"

Ella se volteó, sorprendida, para encontrarse con la mirada seria del joven.

"En la cancha que se encuentra junto a la playa, del lado norte" – completó, para luego voltearse y seguir caminando

La joven no pudo evitar sentir un pinchazo de alivio y felicidad en todo su ser, que provocó que una sonrisa se extendiera por todo su rostro. Sin embargo, fue sacada de este súbito estado cuando nuevamente escuchó su voz.

"Y Ayako" – dijo, sin detenerse en su andar – "Más te vale que no llegues tarde"

"Claro que no, Mitsui" – le guiñó un ojo, incluso cuando él ya había desaparecido al dar la vuelta por el pasillo – "Jamás se me ocurriría"