Nunca está de más recordar que no soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes.

He aquí el último capítulo de la historia. Muchas gracias a todos aquellos que se han tomado el tiempo de leerla, sobre todo a quienes fueron tan amables de dejarme su opinión acerca de lo que les parecía cada capítulo. Todos y cada uno de sus comentarios fueron los que hicieron que buscara nuevas ideas para hacerla más interesante y para que, en fin, les gustara. En especial, a mi amiga Nick, que me deja su opinión cada vez que lee un capítulo y me anima a seguir escribiendo A todos, muchas gracias, espero que les guste estaré ansiosa por leer sus comentarios!

Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Trece: Consideraciones

Mitsui abrió los ojos con el último rayo de sol del atardecer, que se colaba entre las cortinas cerradas de la habitación. Frunció el ceño, un tanto molesto por el hecho de que su siesta se viera interrumpida, pero luego, un sonido penetrante y agudo, que más encima se repetía constantemente en tanto no fuese atendido, logró que se volteara y cubriera su cabeza con la sábana. Sin embargo, el sonido se elevó aún más, mientras se acompasaba con el otro sonido de la vibración contra la madera de la mesa de noche del otro lado. Mitsui cerró los ojos aún más, pero luego se rindió a los pies de su mal temperamento:

"¡Con un demonio, contesta esa maldita cosa de una vez!"

Escuchó el sonido de movimientos mecánicos y usuales, a los cuales estaba perfectamente acostumbrado: Pudo oír cómo una mano desorientada y semidormida tanteaba sobre la mesa, en búsqueda de aquello que había provocado el despertar. Luego, escuchó el sonido de un suspiro frustrado, seguido del movimiento de sábanas que no querían ser abandonadas.

Mitsui sonrió levemente, dándose cuenta de que en realidad no volvería a dormir, por lo que se volteó sobre la cama para encontrarse con aquella imagen que nunca terminaba de sorprenderlo: Se encontró frente a la línea de su espalda, cubierta únicamente por el pedazo de sábana que se negaba a soltar. Él se acercó lentamente, ante lo cual la figura se encogió. Se rió, mientras se incorporaba sobre su codo para apoyar su mejilla en su hombro, luego de besarlo rápidamente.

"Apuesto a que tienes que ir antes de lo que esperabas" – dijo Mitsui, riendo – "Y apuesto que mueres por quedarte aquí"

Ayako se volteó con rapidez y hundió el rostro en el pecho de Mitsui. El rió aún más, mientras desenredaba con sus dedos los rizos rebeldes de su cabeza. Esbozó una sonrisa que llevaba una suerte de tristeza impregnada en ella cuando, apartando su cabello, sus dedos se encontraron con una de las múltiples cicatrices que se encontraban en su cuerpo como un recordatorio de aquella vez en que había sido atropellada.

Habían pasado exactamente ocho años desde aquel incidente. Y ni siquiera podía recordar bien todos los cambios que habían pasado desde entonces:

Cuando estaba en el hospital, Mitsui tuvo que abandonarla en su recuperación para ir al Campeonato Nacional con el resto del equipo. Sólo luego de varias conversaciones, discusiones y hasta peleas, ella había logrado convencerlo de que fuera. No quería dejarla sola ni un miserable instante, se había convertido en una especie de paranoico que creía que, en el momento en que desapareciera por la puerta, no volvería a verla. Sin embargo, había terminado decidiendo que debía ir. Lamentablemente, no habían ganado, pero sí triunfaron en lo que se refería a la experiencia. A su regreso, se encontró con que ella ya podía caminar con facilidad y que la mayoría de sus heridas estaban curándose perfectamente.

Lo de su familia había sido un caos: Luego de admitir la culpa, y después de un juicio que agotó aún más a la muchacha, Hiro, su padrastro, había sido condenado a 10 años de prisión. Ayako estaba aterrada, puesto que realmente creía que ahora perdería a Mei para siempre. Sin embargo, lo contrario había ocurrido: Mostrando una conducta de compasión que jamás había apreciado la muchacha en toda su vida, su madre, ahogada por la culpa y por todo lo que había ocurrido, había decidido que Mei estaría mejor viviendo con Ayako y con su padre. Luego de eso, les dijo que tenía que viajar por trabajo durante un par de meses, pero que mantendría el contacto lo más seguido posible. A pesar de que eso se cumplió, Ayako no la había vuelto a ver.

Al año siguiente, con la ayuda de la constancia y disciplina que Ayako le había obligado a tener en sus estudios, Mitsui había logrado conseguir las calificaciones suficientes para partir a la Universidad central estatal a estudiar Arquitectura. Sin embargo, ese año había sido particularmente difícil para la relación que tenían: El hecho de que él estuviera lejos durante todo el día, y que ella aún estuviera en la escuela, había logrado que se distanciaran más de lo que habían esperado. Se hablaban por teléfono todos los días, y se veían todos los fines de semana, pero a pesar de ello…otra clase de problemas comenzaron a surgir: Ayako continuaba entrenando a los muchachos del equipo, pero el nuevo capitán era Miyagi. Ambos compartían mucho tiempo juntos, y era obvio que el muchacho había tomado la partida de Mitsui como una oportunidad para lograr que ella lo olvidara. Y, por supuesto, aquello había tomado un camino de furia e ira en Mitsui. Ayako no era capaz de entender los celos del muchacho, le molestaba la falta de confianza, pero por sobre todo…que cada vez que se veían, él insistía en sacar el tema entre ellos y desperdiciar el tiempo de tal forma, que siempre terminaban discutiendo. Como resulta obvio, un día, Ayako, ya cansada de lo en que su relación se había convertido…decidió que lo mejor era que terminaran. Y Mitsui, en un arranque de enojo, había aceptado.

Por supuesto, luego de una semana, Ayako decidió que ya era suficiente el castigo que había sufrido Mitsui, puesto que, a pesar del inmenso orgullo y arrogancia que caracterizaba al muchacho, él no había dejado de llamarla, mandarle mensajes, e incluso, había llegado a enviarle flores. Por supuesto, y tal como lo esperaba, las flores eran horrendas, ya que él, sin ningún tipo de gusto en lo que a esa clase de cosas se refería, había elegido unas al azar. Pero ella, conmovida por la ternura del muchacho, había ido a su facultad para decirle que quería que volvieran a estar juntos. Sin embargo, de camino hacia allá, se había encontrado con algo muy poco agradable: Mitsui, en el café al que solían ir ellos dos cuando salían juntos, estaba en compañía de una guapa muchacha. Ambos conversaban animadamente, se reían sin parar, mientras Ayako, de pie frente a la ventana del café, sentía su cuerpo arder. Como si sintiera la presencia de la muchacha, Mitsui se fijó en que ella lo observaba, y en el momento en que ella se dio vuelta para seguir el camino opuesto, el joven salió rápidamente del lugar para alcanzarla:

"¡Pero adónde crees que vas!" – le preguntó, una vez que la detuvo tomándola del brazo – "Ella es Sayuri, mi compañera de clase, ya te hablé de ella…¿supongo que no estarás imaginándote que-?"

"¡PENSÉ QUE ESTARÍAS MUY AFECTADO POR NO VERME, PERO AL PARECER NO ES ASÍ!" – gritó ella, ardiendo en furia – "¡Así que me voy para que sigas disfrutando de tu cita!"

Él se había reído, mientras la abrazaba, a pesar de que ella luchaba con sus brazos para que la soltara. Luego, había hundido sus labios en los de la muchacha, mientras ella continuaba resistiéndose. Sin embargo, decidió rendirse, puesto que jamás había logrado de verdad no acceder ante ese tipo de estrategia de convencimiento. Mitsui, con la mayor sonrisa que la joven había visto, apoyó su frente sobre la de ella, mientras acariciaba su rostro con suavidad.

"¿Y de qué te ríes?" – preguntó ella, aún enojada

"De la ironía" – el muchacho sonrió aún más – "Discutías conmigo por mis celos…y ahora mira los tuyos. Al menos ya sabes cómo se siente"

"Es un asco" – admitió, entrecerrando la mirada

"Entonces, espero que esta sea la última vez que tengamos una discusión como esta"

Sin embargo, no fue la última vez. Al año siguiente, con las altas calificaciones que tenía, Ayako partió a la Escuela de Medicina. Y debido a lo atractiva que era la muchacha, no tardaron en llegar los compañeros interesados que comenzaron a invitarla a grupos de estudio que claramente tenían un doble significado. Por supuesto, Mitsui trataba de controlar sus impulsos y no comentar nada cuando veía que el teléfono de Ayako no paraba de sonar. Sin embargo, esperó por la oportunidad correcta: La muchacha le dijo que se reuniría con este grupo de muchachos para estudiar en el parque, por lo que decidió aparecer por ahí de manera casual. Claramente, la sola apariencia y la seguridad que lo desbordaba lograron que los muchachos pensaran dos veces en llamarla en el futuro. Mitsui sonrió con suficiencia, mientras Ayako sacudía la cabeza con resignación.

Así habían pasado los años. Continuaban juntos, como siempre, ahora de una manera un tanto diferente: Luego de cinco años, Mitsui se había graduado de la universidad, mientras Ayako estaba a solo un año de distancia de comenzar el internado. En ese momento, el muchacho había comenzado a trabajar en una importante empresa, por lo que había tomado una decisión que había estado rondando por su cabeza durante un tiempo hasta esa parte: Hacerse cargo de Mei.

La pequeña niña había estado viviendo con Ayako y su padre, pero producto del trabajo y el estudio de ambos, ella había tenido que crecer más rápido que el resto de los niños. Así, Mitsui comenzó a ir a buscarla todas las mañanas para ir a la escuela, pasaba por ella a la hora de almuerzo y luego en la tarde, la pequeña esperaba un rato después de la salida, ya que él, apenas salía del trabajo, la pasaba a buscar para que fueran de paseo, o a comer algo que a ella le gustara. De esa forma, ambos se habían hecho muy cercanos. Mei, ya de nueve años, ya no era capaz de concebir un día sin Mitsui, lo cual era visto con ternura y agradecimiento por Ayako, quien se reía al pensar que su hermana pequeña veía a su novio más que ella.

Luego de un año, Ayako era ya internista en el hospital central de Kanagawa, mientras Mitsui se había comprado un departamento en el centro. La muchacha solía ir allá luego de sus turnos nocturnos en el hospital, llegaba en la mañana para verlo un par de minutos antes de que saliera a trabajar, para luego dormir durante el día para reponerse.

Y así habían pasado los años para ellos, y aquel domingo, Ayako había terminado su turno de noche y había dormido durante todo el día, pero nuevamente, la estaban llamando para que fuera por alguna emergencia. Mitsui continuó acariciando su cabello, mientras ella se hundía en su figura, negándose a partir una vez más.

"Vete ya" – le dijo Mitsui, besando su frente – "No me eches la culpa después de que alguien murió porque no llegaste a tiempo"

"Ni siquiera digas eso" – murmuró Ayako, sonriendo levemente – "Pero sí es tu culpa que no quiera irme"

"Mañana en la tarde tengo una reunión, así que me dieron la mañana libre" – dijo él, mientras se levantaba de la cama y le arrojaba sus zapatos – "Nos podemos ver en el café a las diez, ¿te parece?"

"Voy a estar muerta de sueño, ¿por qué no nos podemos ver aquí?"

"Primero, porque te quedarás dormida apenas te abra la puerta" – dijo él, riendo – "Y segundo, porque hay algo que quiero discutir contigo"

"¿Qué cosa?"

"Con un demonio, mujer, ¿podrías dejar de querer saberlo todo sólo por hoy?"

"¡Pero qué tanto puede ser lo que me quieres decir que no puedes decírmelo aquí!"

"Vete ya de una vez, Ayako" – dijo él, sonriendo y desapareciendo por la puerta del baño. Escuchó el portazo enfadado de su novia y luego, solo un profundo silencio.

Pues claro que quería discutir algo con ella. Tal vez se trataba de la decisión más importante que tomara en toda su vida, pero también de la que estaba más seguro.

A la mañana siguiente, mientras bebía un sorbo más de su café, Mitsui esperó pacientemente que su figura cruzara la puerta. Estiró los dedos sobre la mesa, en un gesto muy propio de él. Observó por la ventana y sonrió cuando divisó una forma de caminar que ya tenía completamente identificada. El sonido de la campana de viento hizo que desviara la mirada hacia quien había cruzado la puerta y provocado el sonido de bienvenida: Ayako, caminando con lentitud producto del cansancio de haber trabajado en la urgencia del hospital durante toda la noche, avanzó con expresión agotada en su rostro. Sin siquiera saludarlo, como una suerte de costumbre, se dejó caer sobre la silla, mientras restregaba sus ojos con fuerza. Las ojeras bajo de ellos le indicaron a Mitsui que no le quedaba mucho tiempo antes de que ella comenzara a discutir con él y a hacer aquello que le era tan familiar y normal: quejarse.

"¿Y bien?" – preguntó ella, bostezando – "¿Qué es lo tan de vida o muerte que quieres conversar conmigo y que no puede esperar ni siquiera a que me recupere un poco del sueño que tengo?"

"Lo siento" – dijo Mitsui, sonriendo – "Pero hoy creo que no tendré ni siquiera un poco de compasión contigo"

"¿A qué te refieres?" – dijo Ayako, observando confusa que Mitsui dejaba un par de billetes sobre la mesa y se levantaba – "¿Adónde vas?"

"¿No te lo dije?" – preguntó él, con expresión inocente – "No era mi intención que nos viéramos aquí, en realidad quería ir a otra parte"

"¿Y a qué parte?" – preguntó ella, molesta, pero levantándose también para seguirlo fuera del café

Mitsui sonrió para sus adentros cuando caminaron juntos calle abajo. Ella no paraba de lanzarle preguntas, con expresión de evidente enojo, y con el tono de voz alzándose con molestia a cada paso que daban. No dejó de quejarse durante todo el camino, mientras Mitsui sólo trataba de ignorar su voz y concentrarse en cómo realmente iba a manejar la situación.

Con el sol golpeando sus rostros, ambos se detuvieron frente a un lugar que era perfectamente familiar para los dos, pero que no habían visitado en varios años: Desplegando aquella sombra que habrían podido reconocer a kilómetros, se encontraba la cancha en la que solían practicar cada mañana antes de partir a la escuela. Había cambiado con el transcurso del tiempo, ya que ahora estaba apropiadamente enrejada y llena de árboles alrededor. Mitsui sonrió una vez más y, dejando a Ayako confusa en la entrada, caminó hacia un muchacho que se encontraba en la puerta de la cancha. Habló con él un par de minutos, ante la mirada atenta de la joven, puesto que no se parecía a ningún amigo de Mitsui, pero al parecer, eran cercanos. El muchacho asintió varias veces, entre risas, mientras contemplaba a Ayako. Luego, le dio un abrazo amistoso a Mitsui, quien también rió ante un comentario del muchacho que ella no alcanzó a escuchar, para después desaparecer rápidamente calle abajo.

"¿Te importaría decirme de una vez qué es lo que estamos haciendo aquí?" – preguntó Ayako, mientras entraba con Mitsui a la cancha. Aunque era más amplia de lo que se acordaba, no pudo evitar que un sinfín de recuerdos la invadieran. A pesar del cansancio y la impaciencia, una inmensa tranquilidad se extendió por su pecho cuando posó sus ojos sobre el piso.

"Arrendé la cancha por un par de horas" – explicó Mitsui, caminando hacia un banquillo que estaba al borde de la cancha, en donde había un bolso de color oscuro. Luego, se dirigió a unos nuevos vestidores que habían construido justo en la esquina – "Esa cosa horrenda que usas en el hospital supongo que es bastante cómoda, así que puedes quedarte así. Yo iré a cambiarme, así que no te muevas"

"¿Quieres matarme acaso?" – exclamó ella – "¿No he dormido en toda la noche, y aún así esperas que juguemos un partido o algo por el estilo?"

"Si tienes energía para poder quejarte de esta manera, creo que puedes jugar conmigo un rato" – gritó Mitsui, desde el interior del vestidor.

Ayako exhaló un suspiro, mientras dejaba su bolso al borde de la línea blanca del lado derecho. Sonrió levemente cuando recordó las millones de veces en que Mitsui la torturó en aquella cancha, cuando le gritaba sin cesar, cuando se enojaba porque ella no era capaz de resistir sus bloqueos y caía al piso una y otra vez. Fue ahí, en aquel lugar, donde había realmente comenzado a conocerlo, no en la escuela. Porque, aunque sólo fuera por un par de horas al día, cuando estaban en aquella cancha…el mundo se detenía. Sólo existían ellos dos, y por unos cuantos momentos, aquel lugar solamente les pertenecía a ambos.

Cuando Ayako se volteó ante el sonido de la puerta del vestidor, no pudo evitar explotar en risas, las que mezclaban sorpresa y una suerte de burla: Mitsui, a pesar de su aparente rudeza, había conservado su conjunto deportivo con el que solía practicar con ella, compuesto por sus pantalones cortos de color blanco y la camiseta rojo oscuro.

"¡No puedo creer que aún tengas esa horripilante cosa!" – exclamó, aún riendo – "Deberías deshacerte de esa ropa, ¿qué dirían de ti en la oficina?"

"Oye, hubo un tiempo en que morías al verme con esto" – dijo él, cogiendo el balón que había en el bolso – "No le he usado en tanto tiempo solamente porque no me gustaría que sufrieras al ver la cantidad de mujeres que correrían a mí"

"Continúa diciéndote eso, cariño" – dijo Ayako, sacudiendo la cabeza – "Porque te recuerdo que el celoso aquí eres tú y no yo"

"Sí, por supuesto" – comentó él, boteando el balón hacia el centro de la cancha – "Mejor continúa diciéndote eso"

Durante un rato, ambos jugaron un partido relajado. Disfrutaban estar haciendo aquello que les traía buenos recuerdos, a pesar de que muchos de ellos involucraran caídas al piso, discusiones y gritos por parte de ambos. Era diferente poder jugar en aquella cancha sin que uno le diera instrucciones al otro…cosa que le habría funcionado a Ayako, ya que luego de media hora, sólo había logrado encestar dos canastas, a diferencia de Mitsui, que le llevaba la delantera por más de veinte puntos.

"Acéptalo de una vez" – dijo Mitsui, sentándose al borde de la cancha y tomando una botella de agua que llevaba en el bolso – "Sigues siendo igual de mala que antes"

"Te recuerdo que nunca volví a jugar como antes luego del accidente" – dijo ella, de pie frente a él, completamente exhausta – "Y que tú no estabas lesionado en el Campeonato Nacional, y de todas maneras perdieron"

"Oye…eso es un golpe bajo" – dijo Mitsui, riendo y poniéndose de pie, para luego tomar el bolso del puso – "Aunque sólo encestaste dos, yo veinte, y estoy fuera de práctica. Saca tú las cuentas"

"¿Vas a cambiarte?" – preguntó Ayako, bostezando – "Me gustaría ir a casa a dormir un poco. Aunque antes…¿puedo pedirte algo?"

"Por supuesto" – dijo él, desde la entrada del vestidor

"No te lo tomes a mal, pero…¿te importaría darme a lo menos esos pantalones cortos y dejarme tirarlos en el basurero de ahí?" – apuntó hacia un contenedor que estaba en la esquina más cercana a ellos de la cancha

Mitsui abrió la boca para protestar, pero la petición de Ayako le dio una idea. Entrecerró los ojos, pero asintió una vez. La joven esperó durante un par de minutos a que Mitsui saliera, para después encontrarse con su figura despeinada y un tanto desordenada producto de haberse cambiado con rapidez. Sonriendo ampliamente, ella estiró la mano para tomar los pantalones que le entregaba Mitsui, con expresión un tanto molesta, pero que finalmente demostraba que se rendía. Ayako rió y besó a Mitsui en la mejilla, mientras se volteaba para dirigirse al basurero.

"Supongo que la basura tiene que terminar en la basura, ¿no?" – dijo ella, tomando la tela con la punta de sus dedos – "Es mejor que no te vean con esta cosa asquerosa encima"

"¿Te importaría al menos revisar los bolsillos?" – preguntó Mitsui, de frente a la espalda de Ayako. Ella se volteó con expresión divertida, mientras amenazaba con botar el pantalón corto sin acceder a su pedido – "Puede que haya dejado algo importante en alguno de ellos"

"Oh, por favor" – dijo Ayako, sonriendo mientras hurgaba en uno de los bolsillos, ante la mirada atenta de Mitsui – "¿Qué diantres podrías haber guardado aquí dentro que pudiera ser import-?" – Se detuvo cuando su mano se encontró con un objeto sólido entre medio de la tela. Frunció el ceño, sin notar que Mitsui caminaba lentamente hacia ella. Ayako sintió un escalofrío cuando su mano temblorosa apareció entre los pliegues del pantalón…sosteniendo una pequeña caja de color negro. Sus ensanchados ojos volaron hacia el rostro de Mitsui, quien tenía una expresión que mezclaba la diversión con la seriedad, mientras la boca la Ayako se abría, pero ninguna palabra salía de ella.

"Por lo general, hay algo dentro de las cajas, Ayako" – dijo Mitsui, luego de un par de minutos en que la joven aún no lograba articular ni un solo sonido. De repente, en un gesto impaciente muy propio de él, hizo rodar sus ojos, para después tomar la caja de entre las manos de Ayako y abrirla frente a ella con un solo y determinado movimiento. Ella abrió aún más los ojos al encontrarse con la imagen de aquel anillo antiguo que una vez había visto en la vitrina de una tienda del centro, cuando ambos caminaban al atardecer luego de haber ido al café. El sol hizo que brillaran las diminutas y múltiples piedras que decoraban el borde, mientras ella desviaba la mirada hacia él, sin saber qué decir.

"Oh, de acuerdo" – dijo Mitsui, revolviendo su corto cabello en un gesto nervioso – "Supongo que esta es la parte en donde yo tengo que arrodillarme y darte un discurso terriblemente cursi que hará que llores, pero la verdad…" – Ayako parpadeó varias veces cuando Mitsui se inclinó lo suficiente para estar frente a su rostro – "Es que no quiero hacerlo, porque no es mi estilo y porque…porque…diablos, porque no, simplemente" – Suspiró, entre molesto y nervioso ante la forma en que no lograba hacer que la situación pareciera normal. Sin embargo, encontró una frase que sí se ajustaba a lo que pretendía – "No quiero arrodillarme y tampoco quiero el discurso…pero sí quiero que te cases conmigo"

Esperó, impaciente, mientras Ayako aclaraba su garganta y salía de la sorpresa. Sin embargo, el sonido de su voz casi hizo que él riera:

"¡¿Me estás pidiendo matrimonio?"- exclamó, en un tono increíblemente alto

"No sé qué parte del "quiero que te cases conmigo" no te quedó clara…" – dijo él, rodando sus ojos – "Pero sí, eso es lo que te estoy pidiendo"

"¡¿En serio?"

"Eh…sí" – dijo él, mirando el anillo de manera insinuante, esperando una respuesta decente por parte de ella

"¡Guau…!" – exclamó Ayako, sonriendo – "¡Jamás pensé que esto era lo que…! ¡Quiero decir…! ¡GUAU…! ¡¿EN SERIO?...¡Te juro que no sabía que-!"

"Ayako, cállate" – dijo Mitsui, sacudiendo la cabeza – "¿Sí o no?"

Ella sonrió ampliamente, mientras guardaba silencio. Lo único que hizo fue estirar su mano, de manera tal que él pudo deslizar el anillo en su dedo. Ayako lo contempló durante unos segundos, sonriendo ante el brillo del sol sobre las pequeñas piedras.

"Si me da una crisis de pánico en la iglesia y me escapo en medio de la boda, puedo quedarme con el anillo de todas maneras, ¿verdad?" – preguntó ella, inocentemente

"Pensé que mi propia torpeza arruinaría este momento, pero de verdad que puedes ser increíblemente inapropiada cuando te lo propones" – comentó Mitsui, frunciendo el ceño. Sin embargo, lo sorprendió la forma en que ella se arrojó sobre él de manera urgente. Él tardó unos segundos en cerrar sus brazos en torno a su figura, buscando entre los recuerdos de su memoria a qué se parecía este gesto por parte de ella. Y ahí, por un segundo…se dio cuenta de que en sus brazos sostenía a una Ayako distinta, a aquella que aún tenía diecisiete y que tomaba las decisiones más extrañas que hubiera visto. Por un instante, el tiempo se detuvo, mientras Mitsui cerraba los ojos y recordaba que este abrazo era exactamente el mismo que el de aquella vez en que la había acompañado a su primer partido, cuando ambos dejaron de lado sus propias reservas y barreras, y permitieron que la distancia entre los dos desapareciera. Luego, ella se inclinó hacia atrás, contemplando sus ojos con aquel brillo que trajo otro recuerdo a su mente, cuando se habían quedado encerrados en los vestidores en aquel día de lluvia. Ayako cerró los ojos y acercó su rostro al de Mitsui, quien lentamente posó sus labios sobre los de ella, descubriendo que aquel beso tenía el mismo sabor y provocaba los mismos escalofríos que el de aquella primera vez.

"No me atrevería a decirte que no" – murmuró ella, rozando con su nariz la punta de la de Mitsui – "Porque simplemente…no recuerdo qué hacía antes de conocerte a ti"

"Ayako" – dijo él. Cuando ella posó sus ojos sobre los de Mitsui, murmuró – "Te amo…y aunque no te lo diga a menudo, es así."

"Lo sé" – dijo Ayako, sonriendo levemente

Sin decir una palabra más, ambos caminaron como siempre, hacia la salida de la cancha. El silencio entre ambos era una secreta lealtad que ya simplemente no conocía límites. Sin embargo, Mitsui, al mirar una vez más el perfil de Ayako, descubrió que sí continuaba siendo aquella joven voluntariosa, de mal carácter, necia y testaruda, y cuya voz solía desafiar la barrera del sonido que había conocido hace más de diez años…pero que también tenía aquellos rasgos que una vez hicieron que se cuestionara todo lo que conocía hasta entonces, desde su manera de ser hasta la forma en que veía a los demás. Ella había logrado que quisiera ser una mejor persona, había aceptado todos sus defectos, y lo había elegido a él, por sobre todo, hasta incluso arriesgar su propia existencia para salvar la suya. Lo había amado y acompañado cuando no había nada alrededor, y había transformado aquella nada en un todo, que se llenaba con su sola presencia. Pero, dejando todo lo anterior de lado, con todos los cambios que habían ocurrido en el trascurso del tiempo, descubrió tal vez lo más importante, aquello que era tan obvio, pero que no había logrado ver incluso después de todo lo que llevaban juntos:

Siempre había sido ella.

Ayako sonrió, confusa, cuando escuchó una leve y curiosa carcajada escaparse por entre los labios de Mitsui, con un tono que no podía ser otro que el de alegría. Él la miró una vez más, mientras sacudía la cabeza con sorpresa y resignación ante la ironía de lo evidente que era todo lo que estaba cruzando por su mente, aquello que había esperado por revelarse durante todos esos años.

Siempre había sido ella…

Ella siempre había sido…la que le quitaba el aliento.

Fin