[Reedición 2016]

Aclaraciones: Shounen Onmyouji y sus personajes pertenecen a Kunihiro Mori (director del anime) y Hikaru Yuki (autor de la historia). Ésta historia se realiza sin fines lucrativos. Gracias!


Memorias de un shinshou

No pudo evitar que un par de lágrimas brotaran de sus ojos al ver a su compañero dormir. Era cierto que estaba inmensamente feliz de estar con vida, y que Mokkun lo estuviera también. Pero las cosas eran diferentes también.

Un gruñido a su lado lo hizo prestar atención, el mononoke dormido se movía intranquilo.

—Mokkun…

Flashback

—Abuelo —Masahiro hizo una reverencia fuera de la habitación del onmyouji.

—Adelante —la voz del mayor se escuchó con seriedad. El moreno se levantó para entrar con paso firme—, ¿qué sucede, Masahiro?

El menor intentó mantenerse firme, en un vano intento de no mostrarse débil. Sin embargo, falló.

— ¿Qué paso, abuelo? —preguntó apurado—, se supone que… que no debería estar aquí, pero además… —las palabras se le atoraron en la garganta— a-además… ¡Mokkun no me recuerda!

—Masahiro —habló serio—, las memorias de Guren sobre ti fueron el pago por su vida.

— ¡¿Por qué?!

—Para que ambos no murieran —contestó—, si hubieras muerto el sentimiento de culpa no habría dejado que Guren continuara viviendo.

— ¿Hay alguna forma de que me recuerde?

El anciano negó con la cabeza.

—Lo único que puedes hacer es esperar —respondió—, hay una remota posibilidad de que Guren recupere sus memorias por sí mismo.

—Esperar —el moreno susurró—, pero Mokkun…

—No te preocupes por él—lo interrumpió con una sonrisa—, no se apartará de tu lado.

El onmyouji le había pedido al Dios del Fuego mantener la forma de un ayakashi blanco y no separarse de su nieto por ningún motivo.

—Gracias, abuelo —sonrió más ánimo.

Cuando Masahiro salió de la habitación, Mokkun se encontraba recostado en la barandilla del corredor. De inmediato lo tomó entre sus manos, cargándolo.

— ¿Qué haces? —el ayakashi preguntó.

—Si te quedas dormido ahí puedes caer, Mokkun —respondió divertido. El mononoke frunció el entrecejo desviando la mirada.

—Ya te dije: "Mokkun" no es mi nombre.

— ¿No lo recuerdas? —se rió aún sabiendo la respuesta—, cuando tengas ésa apariencia serás Mokkun.

—Como sea —gruñó con resignación—, estoy contigo porque Seimei me lo ordenó —añadió zafándose del agarre para caminar por sí mismo a la habitación.

Masahiro suspiró decaído, antes de que otra aura divina apareciera a su lado.

— ¿Kouchin? —la miró.

—Tranquilo —la mujer le sonrió—, Touda siempre ha sido un cabeza dura.

—Lo sé —el chico se rió en voz baja—, está bien.

—Realmente eres nieto de Seimei —comentó antes de desaparecer.

Fin del Flashback

Volvió a sonreír, aunque Guren hubiera perdido sus recuerdos, mientras ambos vivieran podrían crear más.

Un nuevo quejido que soltó su compañero lo hizo levantarse del futón para verlo.

—Masa… hiro —gruñó entre sueños.

— ¿Mokkun? —lo llamó—, Mokkun… oye, Mokkun… ¡Mononoke-san!

Lo agitó.

Los ojos del ayakashi se abrieron lentamente, parpadeando un par de veces. Una vez que enfocó la mirada observó los ojos marrones del chico, que lo miraban con preocupación. Después recordó lo último que había dicho el sacerdote: Mononoke-san.

— ¡No soy un Mononoke! —reclamó de pronto, asustando al moreno—. ¡Te lo he dicho siempre! —añadió con voz chillona.

— ¿Siempre? —repitió confundido—, ¿dijiste siempre?

Lentamente sus labios se fueron curvando hasta formar una sonrisa.

— ¿Q-qué? N-no dije eso —balbuceó avergonzado. Las manos del onmyouji lo sujetaron, para después dirigirse con él al futón

—No te sientas mal, un día te acordarás —sonrió, mientras se metía en las cobijas—. Vamos, tú siempre dormías aquí, en aquella esquina.

— ¿Siempre? —repitió confundido—, ¿acaso el nieto de Seimei sabe cosas que yo no?

— ¡No me llames nieto! —replicó enfurruñado—, aquello otro lo recordarás con el tiempo. Así que buenas noches.

Mokkun sonrió apenas, le hacía gracia la actitud del nieto.

—Buenas noches.

ɞ

—Parece que Touda comienza a recordar cosas —Taiin susurró espiando por la puerta.

—Taiin, no hagas eso —Genbu a su lado la miró con malos ojos—, Masahiro o Touda pueden darse cuenta.

Un escalofrío recorrió el cuerpo entero de la menor, desapareciendo en el acto. Su compañero se encogió de hombros, poco a poco las cosas volvían a la normalidad.