Hola a todos~ Sé que ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que actualicé esta historia y he estado en contacto por privado con algunas lectoras dejándoles saber que no planeo abandonarla. He acomodado algunas cosas en la historia tratando de que hiciera más sentido a como hubiera sido mi intención escribirla desde un principio. Mi vida ha estado un poco loca los últimos años pero aquí sigo, espero poder utilizar estos meses para ponerme al tanto y continuar escribiendo. De cualquier manera, gracias por la paciencia.


Ilusiones del Alma

"Y si recuerdas tu sueño, dime... ¿Estoy en el?"

- Kikyo -se volvió a escuchar, esta vez resonando con añoro-

Por alguna razón, un sentimiento incomodo se estaba instalando en su pecho amenazando con asfixiarla si no analizaba todo lo que estaba ocurriendo pronto. No recordaba haber estado en una posición tan comprometedora con un completo desconocido antes.

- ¡De-deténgase! -reaccionó finalmente, cuando los labios masculinos tomaron un rumbo diferente y decidieron besar todo lo que se encontrara a su paso, repitiendo aquel nombre una y otra vez- Pero, ¡¿Cómo se atreve?! ¡No me toque!

Se giró rápidamente y lo empujó con más fuerza de lo que hubiera esperado, haciéndolo tambalear algo sorprendido. Se llevó la mano al corazón que le latía tan fuerte que dolía. Era como si le clavaran pequeñas agujas cada vez que aquel extraño la llamaba por ese nombre que no era el suyo, y no sabía el porqué.

- ¿Kikyo?

- ¿Es que acaso es lo único que sabe decir? -le reclamó molesta- Mi nombre es Kagome, repita conmigo; Ka-go-me

El hombre la seguía mirando anonadado, como si lo que ella estaba diciendo no hiciera sentido en su cabeza. Y es que ¿Cómo iba a hacer sentido? ¡Aquella niña era idéntica a Kikyo! Tal vez un poco más joven y con piel un poco más bronceada ahora que la observaba bien, pero su rostro lo dejaba sin aliento.

- Yo, -comenzó, aún confundido e indeciso- lo siento, creí que eras alguien más.

- Casi no me doy cuenta -respondió de forma sarcástica. No le gustaba la manera en que la miraba, con aquellos ojos de decepción-

- ¡Feh! No seas engreída niña tonta -contraataco, sin poder controlar sus instintos defensivos-

- ¡¿Niña tonta?! -repitió indignada- ¡Pero cómo se atreve!

Intentó abofetearlo en un impulso, pero él fue lo suficientemente rápido como para sujetarla por la muñeca y detener aquél ataque que prometía doler.

- Mi nombre es Inuyasha.

- ¡¿Y a mí qué me importa?! -le contestó al instante, no dispuesta a dar su brazo a torcer-

- Por ahora me tengo que ir -le informó, para después besar la mano que aún sostenía entre la suya con delicadeza- pero nos volveremos a encontrar, Kagome.

Se permitió mostrar cuán inestable aquel encuentro la había dejado una vez que se hubiese asegurado que el chico no estaba siquiera cerca. Por alguna razón su tonto corazón no quería dejar de palpitar con insistencia.

- Vamos, cálmate de una vez -se dijo a sí misma, mientras se daba ligeros golpes en el pecho- Pero... ¿Quién es él?

Preguntó a la nada, por alguna razón aquel desconocido se le hacía inmensamente familiar.


- ¿Qué haces aquí? -preguntó de manera fría, sin despegar la vista de la ventana que se encontraba en su oficina-

- Keh, deja de ser tan antipático -murmuró Inuyasha molesto- Si no he venido porque quisiera, nuestro padre me lo ha pedido.

- Hmn

- ¿Que acaso no extrañabas a tu querido hermano menor? -preguntó con sorna, acentuando su voz en la últimas tres palabras-

- Hmn

Tomó un profundo suspiro antes de continuar. No podía recordar un momento de su vida donde ellos se hubiesen llevado bien, sin peleas o sarcasmo el uno hacia el otro. Ya después de grandes, habían decidido que lo mejor era ignorarse mutuamente, y estaban haciendo un excelente trabajo en eso hasta que su padre le "pidió" venir a "visitar" a Sesshomaru. Véase; obligó a espiar al bastardo.

- Sé que teníamos 20 años sin hablar -comenzó, revisando por encima el nombre de los libros en los estantes- Pero no invitarnos a tu propia boda, ¿No crees es un poco descortés?

- Hmn

- Nuestro padre estuvo bastante molesto por eso, ¿Sabes?

- Hmn

- ¡¿Puedes decir al menos algo que haga sentido?! -gritó al fin, le irritaba ser el único que mantuviera la conversación a flote y ese justamente parecía ser el pasatiempo favorito de su medio hermano-

- No pensé fuese necesario -fue su única respuesta, y ante eso Inuyasha no pudo hacer más que mirarlo boquiabierto-

El más joven de los dos hermanos esperó unos segundos, totalmente convencido que en un acto poco común a su persona aquel comentario había sido un chiste.

- ¿No crees que es importante que tu familia conozca a la persona con la que has decidido casarte antes de que dicha ceremonia tome efecto? -resumió el más joven a forma de pregunta-

- Amo, joven Inuyasha -Jaken interrumpió el monologo de forma educada- el almuerzo estará servido dentro de poco-

- Vamos -indicó el mayor a su medio hermano, dándose la vuelta para verlo fijamente a los ojos por primera vez desde que llegó- ¿Quieres conocer a mi esposa? Creo que es hora.


Inuyasha se quedó boquiabierto por segunda vez en un mismo día. Ahí, sentada frente a él con la mirada fija en el plato frente a ella se encontraba la misma mujer que lo hubiese intrigado pocas horas antes. Giró a ver a Sesshomaru aún sorprendido, quien comía como si el ambiente que los rodeaba a los tres no se hubiese tornado pesado.

- ¡Familia! -se escuchó resonar en el amplio salón, y Kagome agradeció internamente que la atención del peliplata ahora se encontrará en algún lugar tras ella-

- Miroku, -poniéndose de pie, Inuyasha lo recibió con brazos abiertos- ¡Qué alegría verte!

- Igualmente viejo amigo -posando su brazo alrededor de los hombros de quien antes fuese su compañero de aventuras el pelinegro soltó una carcajada- Señora y señor Inutaisho, que honor encontrarme en la presencia de ambos esta maravillosa tarde.

El mayor de los hermanos levantó una ceja en su dirección mientras Kagome sólo inclinó su cabeza de forma educada, aún incomoda ante toda la situación.

- Si me disculpan, -poniéndose de pie la chica decidió que su mejor oportunidad para escapar sería el utilizar al pervertido hombre como excusa- los dejaré en privado para que hablen con más comodidad.

- Casi no comiste -la aterciopelada y densa voz la hizo tensarse-

- No tengo mucho apetito hoy -respondió, tratando de ocultar su nerviosismo con una risa queda-

Él la observó por pocos segundos, haciéndola sentir desnuda ante todos en la habitación ¿Desde cuándo la importaba a él si ella se alimentaba o no?

- Te veo más tarde -cedió él al final, permitiéndole relajarse-

Apenas las palabras escaparon los labios masculinos ella se dio vuelta sobre sus talones y camino a paso apresurado hacia la salida, sintiendo todas las miradas sobre su espalda.

- ¿Qué les pasa a todos? -no pudo evitar pensar, sin atreverse a mirar atrás-

- ¿Cómo se conocieron? -la pregunta dejó sus labios apenas ella se hubiese perdido de vista, mirando a Sesshomaru por respuestas-

- No tiene importancia -dándole un último trago a su bebida le hizo señas a uno de los sirvientes para que retirara los platos- ¿Café?

- ¿Cómo que no tiene importancia? -golpeando la mesa de forma molesta, Inuyasha lo enfrentó-

- Creo que es mejor que nos calmemos -intentó intermediar el tercero presente, levantando las manos en señal de paz-

- ¡Feh! Primero te casas sin decirle a nadie, -prosiguió el peliplata, ignorando por completo a su amigo- ¿Y ahora no puedes responder una simple segunda?

Cansado de la actitud infantil de su hermano menor, el dueño de la casa se puso de pie fijando al más joven con una mirada.

- Me parece que es más que simple curiosidad lo que sientes, -la intensidad de sus ojos hicieron a los otros dos retroceder un par de pasos aún sin darse cuenta- que no se te olvide que de ahora en adelante ella es tu cuñada.

Molesto consigo mismo Sesshomaru dejó a un furioso Inuyasha para encerrarse en la privacidad de su oficina. Esto era lo que él quería ¿No? Que su estúpido hermano tomara interés en su esposa y tomará una decisión tonta que le facilitara las cosas a él. Entonces, ¿Por qué le había molestado tanto ver su interacción a través del ventanal de su oficina? Cuando brazos que no eran los suyos propios encarcelaron la figura femenina, él pudo jurar todo se había tornado rojo por unos segundos. Él no había perdido el control en sus emociones de esa manera en mucho tiempo.

- Tengo que ejecutar el plan lo antes posible -pensó con amargura- Ya he perdido suficiente tiempo.


Ajena a toda la tensión que ella había dejado atrás, Kagome se permitió disfrutar una vez más del dulce aroma de las flores.

- ¡Ouh!– Kagome parpadeó confundida ante el sonido y esperó unos segundos tratando de ubicar de dónde había provenido- ¡Oh no!

- ¿Hola? -preguntó a un par de arbustos, deduciendo el sonido provenía de ahí-

- No estoy aquí -escuchó una diminuta voz decir, casi en un murmullo-

- Yo tampoco estoy aquí -opinó ella con una sonrisa, desde su posición podía ver unas pequeñas zapatillas sobresalir por debajo del arbusto- ¿Quieres no estar aquí juntas?

- Si el señor Jaken se entera que he sido descubierta, -grandes y brillantes ojos marrones le devolvieron una mirada preocupada- se va a molestar.

- Supongo que tendremos que guardar el secreto -guiñándole un ojo, decidió guiarla a un banquillo escondido tras altos arboles- ¿Cómo te llamas linda?

- Rin -sus mejillas estaban rojas y sus manos escondidas bajo sus piernas-

- Qué nombre tan bonito, yo me llamo Kagome. -sonriéndole con ternura y acariciando sus cabellos ella continuó- es un placer conocerte.

- Lo sé -la pequeña se atrevió a verla después de unos segundos- Vengo aquí siempre para verte.

- ¿Por qué?

- Cuando te vi por primera vez... pensé que eras un hada -esta vez fue el turno de la mayor de sonrojarse-

Antes de que pudiera decir nada, voces se escucharon a lo lejos y la niña abrió los ojos de par en par preocupada.

- ¡Me tengo que ir! -apresurada se puso de pie y salió corriendo, para devolverse rápidamente poco pasos después- ¡Mucho gusto!

Kagome sonrió y agitó su mano a modo de despedida, sintiendo añoro por la pequeña a pesar de haber intercambiado pocas palabras con ella.

- Extraño a Shippo -pensó con tristeza mientras observaba el brillante cielo-

- Te encontré -la voz masculina le hizo tensarse-

- No sabía me estaba escondiendo -se alejó un poco cuando el chico se sentó donde Rin estuviera, más cerca de lo que ella le hubiera gustado-

- ¿Qué acaso no puedo charlar con mi cuñada? -le sonrió de forma relajada, estirando sus brazos y poniéndolos detrás de su cabeza-

Sonriendo de forma educada ella decidió darle el beneficio de la duda. A pesar de su primer encuentro él no parecía ser tan malo.

- ¿Cómo se conocieron?

Ahora que lo pensaba, hacer nuevas amistades tal vez no era lo suyo.