Smells Like Teen Spirit

Capítulo XXIII:

"Supercanallas"

(Kero)

Miré mi reloj. 23:45. El tipo de los patos estaba retrasado media hora. Me senté en el borde de la piscina del gimnasio, con las rodillas recogidas, y toqué el agua con mis dedos. Una temperatura agradable. Suspiré.

Estaba ansioso. Se suponía que los planes de los patos y las guacamayas debían ejecutarse entre las 23:00 y las 00:00. Teníamos apenas quince minutos para hacer todo e irnos sin levantar sospechas ni ser descubiertos. Era imposible.

Nakuru seguía hablando con Naoko en su móvil, explicándole la situación.

-Lo sé, pero ya no dará tiempo. Es demasiado arriesgado. La policía hace ronda por esta área a la 00:30, según indicaba el plan.

Desde mi lugar, sentado al borde de la piscina, Nakuru se veía más alta, de pie con sus leggings negros y sus New Balance 574 naranjas. Me encontraba mirando su trasero, redondo y firme, cuando ella dijo mi nombre.

-Vale, le aviso a Kero. –Colgó.

Caminó hacia mí y me extendió su mano. Yo la tomé y ella me ayudó a ponerme de pie.

-Llama al tipo y cancela. –Hizo una breve pausa-. Bueno, no canceles. Pospón la hora. Dile que venga a las 5:30, sin falta o no le pagamos.

Asentí con la cabeza e hice la llamada. Cuando terminé, me percaté de algo.

-¿Nos vamos a quedar aquí hasta las 5 de la mañana?

Nakuru negó con la cabeza y comenzó a caminar hacia la salida.

-¿Me veo como alguien que pasaría la noche en este lugar? –Me miró con seriedad-. Por supuesto que no. Vamos a mi casa a dormir y a las 5 salimos. No tengo pensado pasar la noche en vela por culpa de un incompetente. Tendremos que venir a la misma hora que Yamazaki y Sakura.

Caminé detrás de ella. Un momento. ¿Había dicho…?

-¿A tu casa a dormir?

Ella asintió con la cabeza sin detenerse-. A no ser que prefieras hacer otra cosa.

Antes de que yo pudiera decirle que quería arrancarle esa ropa y jugar con su cuerpo desnudo hasta desfallecer, Nakuru se me adelantó, probablemente dándose cuenta de que su comentario pudo haberse malinterpretado.

-Yo planeo dormir. Tú puedes hacer cualquier otra cosa, siempre y cuando sea en mi habitación, sin hacer ruido y con la luz apagada.

Asentí con la cabeza, sin mucha esperanza, y continuamos caminando. Llegamos a la entrada –o salida- trasera del colegio, donde estaban Naoko y Hiro esperándonos. Hiro estaba acomodando algo en la cabeza de Naoko.

-Ya está. Te pareces a Tiger Lily. –Dijo Hiro sonriendo.

Naoko se giró hacia nosotros y nos regaló una sonrisa divertida. Hiro le había colocado un par de plumas en el pelo, sujetas a su cabeza con una pequeña cinta que le rodeaba la frente. Detrás de las gafas, los grandes ojos de Naoko distaban de parecerse a los de la nativa americana de Peter Pan.

Hiro nos ayudó a abrir la vieja verja trasera del colegio, que nadie usaba, y salimos. En el camino hacia la casa de Nakuru, casi nadie habló. Naoko, que iba sentada en el asiento del copiloto, luchaba por no quedarse dormida. Su casa y la de Hiro quedaban bastante cerca la una de la otra, por lo que la primera parada sería para dejarnos a Nakuru y a mí.

-¿5:00 en la entrada trasera del colegio? –Preguntó Naoko mientras anotaba algo en su móvil. Yo asentí con la cabeza-. Perfecto, estaré despierta desde esa hora. Nos vemos.

Nos despedimos y seguí a Nakuru hasta la puerta de su casa. Antes de abrir, se colocó el dedo índice sobre los labios indicándome que no hablara. No dije nada y ella abrió la puerta.

Una vez dentro, el olor a pino, madera y algún ambientador con canela me recordó a mis tardes en su casa, ya fuera compartiendo en la sala de estar con su familia o con ella. Mientras subíamos las escaleras, traté de ver las fotos que colgaban de la pared, pero la oscuridad no me dejó apreciarlas bien.

La casa estaba en completo silencio y oscuridad. Nakuru me guio hasta su habitación, un camino que yo recordaba de memoria, donde cerró la puerta tras de sí y le puso el seguro.

-No creo que nadie venga, mis papás nunca se despiertan en la noche, pero por si acaso.

La escena era demasiado familiar. Recordé todas las veces que me había escabullido en medio de la noche para entrar a su habitación y hacerlo con ella.

Nakuru entró a su walking closet y encendió la luz de dentro. Abrió una de las gavetas y, antes de sacar nada, se quitó la camiseta. Me quedé estático en mi lugar, sin emitir ningún sonido. Se descalzó y también se quitó sus leggings negros. Yo permanecí sentado sobre la cama, admirando la desnudez de su espalda, la curvatura de sus glúteos y la forma de sus piernas.

De la gaveta que antes había abierto, sacó lo que parecía ser un pijama de seda, de pantalón y camisa. Por último, se quitó el sujetador deportivo y lo colocó sobre un estante dentro del walking closet.

Como seguía dándome la espalda mientras se quitaba su reloj y los pendientes, no pude apreciar su desnudez frontal. Pero la recordaba perfectamente. Sobre todo el piercing que tenía en su pezón izquierdo que tanto me gustaba porque la hacía ver increíblemente sexy. También las pecas tan pequeñas y casi imperceptibles que tenía en los hombres.

No supe si fue aquel recuerdo o un momento de estupidez lo que me hizo ponerme de pie, pero no me importó demasiado así que caminé hasta ella. Nakuru se dio la vuelta cuando me sintió cerca. Y antes de que pudiera decir nada, rodeé su cintura con mis brazos y la acerqué a mi cuerpo.

(Naoko)

Salí de mi casa luego de ver la llamada perdida. Me coloqué la capucha y crucé los brazos mientras esperaba que el pickup blanco aparcara frente a mi casa. Las luces aparecieron por la esquina. Miré mi reloj. Puntualísimo.

Hiro pasó por mí a las 22:45.

Me subí al coche de su padre y lo saludé. Llevaba puesta una camiseta negra y sweatpants grises. Ropa cómoda y discreta, como indicaba el plan. Yo tenía una sudadera de color amarillo pálido y pantalones cargo con estampado militar.

-¿Y a mí no me saludas?

Di un respingo en mi lugar al escuchar la voz de Kero en el asiento trasero. Como estaba acostado, se incorporó y me saludó con un beso en la mejilla. Llevaba puesta una camiseta gris de manga larga que decía NEW YORK y pantalones cortos color caqui. Aprobado.

-¿No se supone que íbamos a buscarte después?

-Llevo horas en casa de Hiro, dándole clases en la PlayStation.

-Cállate. –Dijo Hiro molesto y cambió el tema-. Las guacamayas están por llegar. Pero los patos no han confirmado.

Fruncí el ceño. Eso no me gustaba, podía significar un atraso o un problema.

Hiro manejó hasta una gran casa que yo nunca había visto, pero que tenía un jardín frontal espectacular.

-¿Aquí vive Nakuru? –Pregunté sorprendida mientras miraba por la ventana.

Kero asintió y se arrimó hacia un lado. Vaya, sí que era elegante.

La puerta delantera se abrió y Nakuru salió, vistiendo una camiseta de ejercicio sin mangas, leggings negros y unas zapatillas deportivas muy bonitas. Nos saludó sin mucho afán y con su móvil en la mano. Miré mi reloj: 22:50.

-El imbécil de los patos no ha respondido. –Habló Nakuru-. Espero que esté de camino.

Yo también lo esperaba.

Llegamos al colegio a las 23:03. Hiro apagó las luces y se estacionó cerca de la verja trasera del colegio, que nadie usaba, y de la que nosotros teníamos una copia de la llave.

Seto, uno de los cuidadores del colegio, nos estaba esperando junto con el señor que nos traía las guacamayas. Le pagamos y Seto nos ayudó a llevar las jaulas y cajas, que eran algo pesadas.

-Kero. –Hiro cogió la más pesada-. Ve con Nakuru a la piscina y esperen allá, no es seguro que se queden a la vista ni tampoco que vayamos todos a la cafetería.

Ellos asintieron con la cabeza y se marcharon. Al llegar a la cafetería, Hiro me miró.

-¿La tienes?

Yo asentí con la cabeza. Introduje mi mano en uno de los amplios bolsillos de mi pantalón para sacar la bolsa Ziploc con unas buenas onzas de cannabis sativa. Se la extendí a Seto y él sonrió antes de marcharse.

-Paz.

-¿Qué se sintió cargar con drogas ilícitas en tu bolsillo? –Me preguntó Hiro con una sonrisa.

-No tan mal como tenerlas en mi casa.

Seto era algunos años mayor que nosotros, quizás cinco, quizás diez. Nadie sabía su edad con exactitud. Solo sabíamos que de Osaka, le gustaba el fútbol y era asiduo fumador de marihuana. Era fácil comprar su silencio y su confianza, siempre y cuando tuvieras algo de maría para ofrecerle.

De eso se encargaba Yamazaki, que la conseguía a través de Kano, quien fumaba en su tiempo libre. Pero esta vez la tenía yo porque Kano no había ido al colegio ese día, y como vivía cerca de mi casa, me la llevó en horas de la tarde.

Jamás en mi vida me había sentido tan delincuente como en ese momento. En realidad, nunca había participado en ninguna actividad ilegal. Me esforzaba porque nuestros planes estuvieran siempre dentro de los parámetros de la ley. Había excepciones a la hora de adquirir un poco de maría para Seto, pero nada más. Y nunca era yo la que la tocaba.

Nunca había fumado ni tenía intenciones de hacerlo, mucho menos luego de que Rika me contara que la primera y única vez que la había probado tuvo lo que se conoce como un "mal viaje". Ocurrió una vez cuando ella y Kano decidieron preparar brownies especiales. No recuerdo mucho los detalles, pero sé que hubo mareos, vómito y ataques de pánico. No era exactamente mi clase de diversión de fin de semana.

Hiro y yo nos dispusimos a la tarea de acondicionar la cafetería para mañana. Mientras acomodaba las guirnaldas, lo observé. Siempre me había parecido un chico atractivo, pero no demasiado. Quizás por sus cejas poco pobladas o por sus pendientes brillantes en las orejas, pero debía admitir que era una persona leal en quien podías confiar.

Nunca sufrí de bullying, pero sé que de haberme ocurrido, Hiro hubiera estado allí para defenderme. Quizás eran esos sus mejores atributos: la fuerza, la belleza y la lealtad. La inteligencia no destacaba.

-¿Al final estudiarás lo mismo que Yamazaki? –Le pregunté mientras terminaba de colocar una guirnalda y me disponía con los carteles.

Hiro alzó la mirada y asintió con la cabeza.

-Sí, y en la misma universidad.

Los dos habían elegido Ingeniería Civil como su carrera a estudiar luego de la graduación, lo cual les sentaba bien a ambos. Les gustaban los cálculos y las actividades en campo más que en cualquier salón u oficina.

Sakura y yo también estudiaríamos la misma carrera y en la misma universidad, pero en Tokio. Yama y Hiro se quedarían en la Universidad de Tomoeda, donde el papá de Sakura daba clases de Historia y otras materias de arqueología o antropología, un poco exóticas.

Me daba un poco de nostalgia pensar en el final de las cosas, pero al mismo tiempo me sentía entusiasmada por iniciar una nueva etapa.

-Nao. –La voz de giró me sacó de mis pensamientos-. Estuve pensando, ¿estás de acuerdo con los precios de la cafetería?

-Pues, no en realidad. Me parecen un poco elevados para estudiantes de secundaria, ¿por qué?

Hiro sonrió y alzó el letrero sobre el cual había estado trabajando. Yo solté una carcajada. Aquello iba acorde con las guacamayas.

Después de todo, Hiro sí que tenía algo de ingenio en esa cabeza.

(Nakuru)

Cuando Kero me apretó contra su cuerpo, no reaccioné.

Nos miramos durante no sé cuánto tiempo, en el que ninguno emitió palabra alguna. Entonces me di cuenta de que no me molestaba que hubiera hecho eso. No sentí la necesidad de asentarle un golpazo en la cara, ni de empujarlo. Tampoco me sentí incómoda. Y Kero parecía estar tratando de decirme algo, pero no se atrevía.

Coloque mi mano sobre su pecho. Su corazón latía fuertemente al igual que el mío. Como cada vez que estaba cerca de él.

-Kero.

Dije su nombre y él cerró los ojos mientras acariciaba mi espalda baja. No supe cómo continuar, ni qué decir para que entendiera todo lo que quería, lo que debía decirle.

-Kero, yo…

-No digas nada. –Frunció el ceño-. Solo…

Acercó sus labios a los míos sin llegar a besarme. Pero luego de lo que pareció una eternidad, yo lo hice. Y Kero me correspondió al instante.

Sus manos me acariciaron la piel descubierta de la espalda con suavidad. Yo le quité la camiseta y volvimos a abrazarnos para que nuestras pieles entraran en contacto.

Mientras nos besábamos, pensé en lo mucho que lo había extrañado. Había extrañado sus abrazos, sus besos, la sensación de felicidad que sentía siempre que estaba con él, e incluso después de que se fuera.

Durante mucho tiempo me arrepentí de todas las cosas que había compartido con Kero. Cosas que jamás tendrían que haber ocurrido si quería salvaguardar mis sentimientos. Pero era demasiado tarde. Y luego del arrepentimiento, la negación y la ira, llegó la aceptación. Tuve que aceptar que por más que me había empecinado en que no ocurriera, había pasado. Me había enamorado de él… y ya ni siquiera importaba, porque Kero seguramente me odiaba.

Por eso no entendía qué era todo esto. ¿Por qué me había abrazado, por qué me besaba?

Kero me dijo algo que no entendí y me levantó del suelo, haciendo que lo rodeara con mis piernas. Caminó hasta la cama donde me recostó y se posicionó sobre mí. Pero yo no quería tener sexo y ya, quería hablar con él, quería decirle todo, disculparme, quería…

-Espera. –Dije y me separé de él ligeramente.

Lo miré. La poca luz que teníamos venía del walking closet y del reflejo de la luna o de las farolas de la calle que entraba por la ventana.

Él volvió a acercarse y me besó el cuello mientras me acariciaba el abdomen.

-Espera, Kero. –No sabía como empezar-. No, no puedo.

Él me miró contrariado-. Discúlpame, Nakuru, no debí. No quise faltarte el respeto. –Se incorporó y quedó sentado al borde de la cama-. ¿Quieres que me vaya? Lo siento mucho, pensé que…

-No, no es eso. –Me incorporé también y lo abracé por detrás-. Tengo tantas cosas que decirte y no sé por dónde empezar. –Respiré profundo para tratar de ordenar mis pensamientos-. Quiero disculparme contigo, Kero.

Él me miró extrañado.

-Eres un hombre increíble y yo no me merezco todo lo que haces por mí, ni tampoco que me quieras de la forma que lo haces. Deberías odiarme. –Aquello no había sido lo primero que quería decir, pero las palabras salieron atropelladas de mi boca-. Siempre fuiste leal y honesto conmigo, y yo no supe…

-Tú también fuiste honesta desde el principio, mi vida. –Me interrumpió-. Fuiste muy clara, nunca me mentiste. Fui yo quien…

-No, no. Yo fui una persona egoísta. Pensé solo en mí, en lo que yo quería. Jamás me detuve a pensar en tus sentimientos. Fui muy mala contigo.

Nunca antes había llorado frente a nadie que no fuera de mi familia. Yo no era una persona de lágrima fácil, e incluso cuando la situación lo ameritaba, no me gustaba llorar y no solía hacerlo. Pero no supe qué más hacer en ese momento. Porque vamos, había sido una verdadera hija de puta con la persona que menos se lo merecía.

Siempre lo fui con todos y nunca me importó, no tenía por qué hacerlo. Porque nadie me había importado lo suficiente como para pensar en sus sentimientos.

Kero se giró y me abrazó, haciendo que mi rostro quedara enterrado en su pecho.

-No llores, mi vida, no tienes que decir nada más. No hace falta.

-Sí tengo, Kero. –Me separé de él para mirarlo-. Quiero que me escuches.

Él asintió con la cabeza. Me sequé las lágrimas y respiré profundo.

-Desde el principio te dije que no quería formalizar una relación porque no quería enamorarme ni tampoco perder cualquier otra oportunidad. –Él asintió con la cabeza-. Cuando llegó Shaoran, ya me gustabas demasiado. No estaba segura de lo que sentía, pero me daba miedo. Y él fue la oportunidad perfecta para probarme a mí misma que seguía siendo yo. Me gustó físicamente y ni siquiera me lo pensé dos veces antes de…

-Estabas en tu derecho. –Me interrumpió. Sentí que su voz se quebraba tras decir eso-. Por más que me duela, tú me lo dijiste antes: era una relación abierta.

Hice una pausa. Él me acarició la mejilla. Me di cuenta que tenía lágrimas en los ojos.

-Con respecto a Eriol, tuvo más que ver con mi ego que con otra cosa. Ni siquiera fue… no te merecías nada de eso, Kero. Te merecías una persona que sí quisiera comprometerse contigo.

-Pero yo te quiero a ti, no quiero a nadie más. No me importa nadie más. –Dijo mientras me daba besos en el rostro-. Y yo también tuve algo con alguien. Con la prima de Shaoran. Pero, aunque me gustaba, nunca fue igual.

-¿La pelinegra? –Pregunté, refiriéndome a la prima de Shaoran. Él asintió con la cabeza. Yo la recordé. La había conocido una vez en una discoteca con Eriol. Kero tenía muy buen gusto-. ¿Y por qué no…?

-Porque ninguna eras tú.

Su respuesta hizo que las ganas de llorar se acrecentaran.

Estaba segura de que me arrepentía de lo de Eriol. El coqueteo previo había estado bien, y sacar a Sakura de sus casillas también. Pero no había sido bueno y me había hecho sentir mal conmigo misma porque Eriol era amigo de Kero. Y yo ni siquiera había pensado en ello.

-Perdóname, Ker. Perdóname por haber sido tan egoísta y por no haberme quedado contigo. Perdóname por…

Comencé a llorar otra vez mientras sentía que el corazón se me estrujaba en el pecho. Esto era exactamente lo que había querido evitar desde el principio. Todavía no me había ido y ya estaba sufriendo por amor. Llorando porque no quería que Kero me odiara. Porque a pesar de que no me lo merecía, quería que me quisiera.

Kero me abrazó y acarició la piel de mis hombros.

-Ya nada de eso importa, mi vida. Lo que importa es que te amo porque eres la mujer más increíble que he conocido, y eso incluye todo de ti, preciosa. –Me dijo mientras volvía a besarme-. Y no importa si fueron cinco minutos o toda una vida, me basta con haberte conocido.

-Yo también. –Le dije. Él se separó de mí ligeramente y me miró con los ojos muy abiertos-. Yo también te amo, Kero.

-Nakuru…

Esta vez fui yo quien lo abrazó.

Estaba haciendo todo lo que en algún momento me juré a mí misma que no haría.

Pero con Kero ya había roto varias de mis reglas. Lo había llevado a mi casa, habíamos tenido sexo en mi cama de casi todas las formas posibles, le había presentado a mi familia, y semanas antes de mudarme a otro continente, había llorado frente a él mientras le confesaba mi amor.

Pero qué más daba. Porque aunque fueran cinco minutos o toda una vida, me bastaba con haberlo conocido.

(Kero)

Como era el último día de clases, los de último año podíamos ir sin uniforme. Lo cual era muy conveniente, puesto a que yo tenía la misma ropa de anoche.

Me acomodé en el cómodo asiento de cuero del Jaguar y sonreí. Estaba muy feliz.

Ninguno había dicho palabra alguna durante el trayecto desde la casa de Nakuru hasta el instituto. Yo tenía muchas cosas de decir, estaba rebosante de alegría y satisfacción, pero no quería que fuera demasiado obvio.

El móvil de Nakuru comenzó a sonar y ella me pidió que lo contestara. Era el tipo de los patos para indicar que estaba por llegar al colegio.

El sol estaba a punto de salir. Suspiré. Ah, el amanecer, la promesa de un nuevo día, la víspera de una hermosa mañana. Volví a sonreír. Estaba feliz.

Nakuru seguía sin decir nada. Parecía muy concentrada en el camino o en alguna cosa que estuviera en si mente.

-¿Estás nerviosa por los patos? –Le pregunté mirándola. Ella negó con la cabeza.

-Pensaba en Terada. –Contestó-. Se esforzó tanto en ayudarme a pasar la materia y yo estoy de camino a arruinar su piscina y, quizás, su carrera. Su autoestima, definitivamente.

Aquello me hizo gracia. Realmente no arruinaríamos la piscina ni tampoco su carrera. Quizás quedarían algunas plumas por allí, un poco de excremento. Algunos globos. No despedirían a Terada por ello.

Me reí en voz baja y respiré profundo. El perfume de Nakuru me invadió. Las imágenes de la noche anterior se colaron en mi mente.

Su piel desnuda y mi lengua. Su cuerpo sobre el mío y mis manos acariciándolo. Su lengua. Mi cuello. Suspiros, mordiscos, besos. Y sus…

-¿Vas a decirme en qué estás pensando o seguirás suspirar durante todo el camino?

Su pregunta detuvo el curso de mis pensamientos sexuales. Me acomodé sobre mi asiento para disimular mi excitación, aunque Nakuru no me había mirado en ningún momento,

-Pensaba en anoche. –Contesté tratando de encontrar la palabra adecuada-. Estuviste… mmm… muy…

Nakuru disimuló una sonrisa y giró a la izquierda. Ya casi llegábamos.

-¿Muy?

-Apasionada.

-¿Y es que no lo he sido siempre? –Preguntó, fingiendo desinterés. Yo sonreí.

-Sí, por eso estoy seguro de que hay otra palabra.

Llegamos a la calle trasera del instituto y Nakuru aparcó en la acera de enfrente. Apagó el motor, se quitó el cinturón de seguridad y se giró para mirarme.

-Tú tampoco estuviste nada mal, Kerberos.

-Mmm, me excita cuando me dices así. –Me quité el cinturón de seguridad y me acerqué a ella para besarla.

La acaricié mientras nos besábamos. Por Dios, esta mujer me volvía loco. Nakuru bajó su mano y yo abrí las piernas para que pudiera acariciarme con mayor libertad.

Un ruido estrepitoso me hizo saltar en el asiento. Nos separamos y Nakuru gritó al ver una figura apoyada sobre el capó del Jaguar. Yamazaki volvió a golpear el capó con las palmas de sus manos, repitiendo el ruido, y sonrió. Nakuru rodó los ojos y se bajó.

Yo me bajé también, furioso con Yamazaki por haber interrumpido mi momento íntimo.

-Eres un idiota. –Le dije en cuanto estuve a su lado.

Sakura, a la que no había visto porque estaba un poco más atrás, miraba la escena con gran sorpresa y curiosidad. Ninguno dijo nada.

-¡Ahora podemos contar con Kero si queremos montar una carpa! –Exclamó Yamazaki para luego reír.

Sakura soltó una carcajada. Nakuru permaneció en silencio, aunque pude apreciar la pequeña sonrisa en su rostro. Genial, riámonos todos de la erección de Kero. Ja, ja.

-¿Dónde están los malditos patos? –Pregunté malhumorado.

Sakura señaló la verja trasera del instituto.

-Oye, no te desquites con los patitos. –Dijo Yamazaki, mientras abría la verja.-. Ya los vi y son muy tiernos.

Cuando entramos, pude ver que los patos estaban en unas jaulas poco convencionales que estaban sobre unos carritos, junto a un tipo con muy mal aspecto.

-¿Tienen el dinero? –Preguntó cuando nos vio. Nakuru se lo extendió y el tipo lo contó-. Oye, aquí faltan algunos yenes.

-¿Realmente pensabas que iba a pagarte todo después de que nos dejaras plantados en la noche? –El tipo abrió la boca para protestar-. Ah, ah. No quiero escuchar. Será mejor que aceptes lo que te doy y te marches ya.

Él tipo la fulminó con la mirada y se marchó.

-Vaya, alguien sí que tiene carácter. –Dijo Sakura.

Nakuru repartió el dinero entre los cuatro. Le dio la parte de Hiro y Naoko a Sakura.

Yamazaki y yo tomamos los carritos y los arrastramos mientras comenzábamos a caminar. Takashi no perdió la oportunidad de hablar.

-Gracias por ahorrarnos algo de dinero, Nakuru, me alegra ver que eres una mujer altruista –por el tono burlón con el que dijo eso, pude adivinar lo que le seguía-, y ofrecerte para ayudar a Kero a dejar de usar sus manos para autosatisfacerte. El pobre debe tener unos callos terribles.

Sakura volvió a reír y yo quise golpear a Yamazaki por burlarse tanto de mí. Nakuru, que al parecer estaba encontrando muy divertidos sus chistes, se acercó a mí con una sonrisa y me dio un beso en la mejilla.

Genial. Esta iba a ser una mañana muy larga.

(Sakura)

Estaba feliz de que se acabaran las clases, ¡por fin me graduaba! Pero a pesar de que era el último día, de que la graduación estaba a la vuelta de la esquina y de que nuestra broma estuviera saliendo al pie de la letra, no me sentía completamente feliz. Tenía sentimientos encontrados.

Mientras Yamazaki me indicaba que me mantuviera escondida detrás de él mientras las llamas comenzaban a caminar, sentí el olor de su desodorante de cerca, el mismo que usaba desde el séptimo grado, y una vorágine de sentimientos me invadió.

Ya no vería el brillo maligno de sus ojos cuando tuviera una idea descabellada. Y ya no escucharía sus historias con la misma frecuencia, ni me maravillaría de ver la buena pareja que hacía con Chiharu todos los días. Tampoco vería a Chiharu ponerlo en su lugar cuando se quisiera pasar de listo con alguna de sus historias. Y ya no me diría Sakurita ni seríamos los Supercanallas.

Sentí que los ojos me escocían y que un nudo en mi garganta no me dejaba respirar. Las lágrimas se acumularon en mis ojos y traté de pensar en algo positivo. No era el momento ni el lugar de ponerme a llorar.

Por suerte, estudiaría la misma carrera que Naoko y en la misma universidad. Tomoyo también asistiría a esa universidad en Tokio, así que estaríamos cerca.

Pero Yamazaki, Chiharu, Hiro y Kano se quedarían en Tomoeda y Eriol se iría a Londres. Kero estudiaría en Japón pero tenía claro que quería hacer una especialización en el extranjero, así que se iría también en algún momento. Y Rika había conseguido el tan anhelado cupo para estudiar alta cocina en Le Cordon Blue de ¡París! Y Shaoran...

Nuestras relaciones como las conocíamos se terminarían y ya no tendría la oportunidad de organizar bromas con los Supercanallas, ya no iríamos a la casa de Takashi a ver películas en su sótano con la misma frecuencia. Ya no comería los deliciosos postres de Rika, ni vería a Tomoyo y a Eriol cantar juntos. Ya no pelearía con Hiro ni leería las historias de Naoko.

-Parece que ya no hay nadie. –Yamazaki se dio la vuelta para verme-. Ven, vamos a… ¿Sakurita?

Tomó mi rostro entre sus manos y abrió los ojos tanto como se lo permitieron.

-¿Estás llorando?

Quise decirle que no, pero lo más cercano que logré articular fue un balbuceo sin sentido. Takashi me abrazó y yo enterré mi rostro en su pecho.

-¿Es por la graduación?

Asentí con la cabeza y Yamazaki me secó las lágrimas con sus pulgares.

-¿Crees que dejaremos de ser amigos o algo? La amistad que tenemos es demasiado fuerte, Sakura. Y no me refiero solo ti y a mí, sino a todos. Chiharu te adora y nunca permitiría que nada arruinara su amistad. Kero es casi como tu hermano y lo sabes. Naoko y tú estudiarán en la misma universidad y aunque Rika se vaya a Francia o a Burkina Faso, sabes que regresará. Ama demasiado a Terada como para vivir en una ciudad donde no pueda encontrárselo en el supermercado.

Aquello me hizo reír. Yamazaki me sonrió. Bien, quizás nuestra a amiga le gustaba el profesor Terada lo suficiente como para que todos nos hubiéramos dado cuenta, aunque ella jamás lo hubiera admitido.

-Y Shaoran te ama, Sakurita. Además, está forrado, puede pagarte boletos en primera clase para que lo visites. Recuerda que su padre hizo mucha pasta matando gente.

Volví a reír y abracé a mi amigo. Yamazaki siempre sabía que decir para animarme. Ya fueran palabras serias y reconfortantes, o sus tonterías de siempre.

Supuse que tenía razón. Es decir, sí, las cosas cambiarían y los distanciamientos eran inevitables. Pero no teníamos por qué dejar de ser amigos.

-Te quiero. –Le dije.

-Y yo a ti, pequeña saltamontes. Ahora vamos a hacer historia.

-Y con historia realmente espero que no matemos a Terada de un infarto. –Expresé con genuina preocupación-. Rika jamás nos lo perdonaría.

(Shaoran)

Estábamos en el salón de clases escuchando una charla motivacional de parte del profesor Terada, nuestro consejero, cuando una chica de algunos cursos inferiores irrumpió en el aula con una alarmante noticia.

-¡Profesor! El director… lo solicita en el gimnasio. –Hizo una pausa para tomar aire-. Hay un problema… un problema con la piscina y no podemos…

-¿Un problema? –Preguntó Terada alarmado-. ¿Qué ha pasado?

-Hay… unos patos.

El rostro del profesor Terada se desfiguró en una graciosa mueca de confusión. ¿Patos? Así que los Supercanallas habían metido patitos en la piscina. Sonreí. Mis compañeros comenzaron a murmurar, sacando sus propias conclusiones.

-Pat… ¿cómo que hay patos? –La chica asintió con la cabeza rápidamente-. ¿¡Dentro de la piscina!?

-¡Sí! Están chapoteando en la piscina y hasta salpicaron al intendente y a los invitados del director.

Como Sakura se sentaba delante de mí, no pude ver la expresión de su rostro, así que me giré ligeramente para mirar a Yamazaki, Kero y Hiro, quienes permanecían sentados como inocentes palomas, sin siquiera alterarse en lo más mínimo. Profesionales.

-Y además han colocado un letrero con el año actual, y unos gorros de graduación. –La chica, que parecía muy sorprendida y emocionada, contaba todo con los ojos muy abiertos y de forma rápida-. ¡Y hay unas letras grandes! Una S y una C también. El intendente se quedó perplejo. Por eso el director solicitó su presencia.

Expandí mi sonrisa. Me parecía adorable que una chica tan joven tuviera un léxico tan avanzado.

Terada se puso de pie bruscamente para caminar hacia la puerta, pero al llegar se detuvo y nos miró a todos, uno a uno, detenidamente.

-Esto es una broma de graduación, ¿verdad? –Nadie respondió-. No puedo creerlo. Después de todo lo que… solo espero que nadie haya…

Gruñó y salió del aula, sin esperanza alguna.

Rika suspiró-. Es tan lindo cuando se enoja.

¿Qué?

Yamazaki y Sakura comenzaron a reírse y todos nuestros compañeros salieron del salón. Pero antes de que alguien pudiera dar un paso más, unas llamas muy peludas aparecieron en el pasillo.

-No puede ser…

Terada tenía la expresión de alguien que acaba de perder el partido en el último minuto tras un gol in extremis de un jugador que acaba de ingresar a la cancha.

Las llamas, que no parecían muy emocionadas por llegar al otro lado del pasillo, tenían letreros guindados de sus torsos que decían cosas como S y C, el año de graduación y otras mensajes que no pude leer. Eran seis. Kano le quitó el letrero a una de ellas y leyó en voz alta:

-¿Un bocadillo y un chapuzón? La cafetería y la piscina, ¡tu mejor opción!

Mis compañeros comenzaron a correr a alguna de esas direcciones, haciendo que las llamas se pusieran nerviosas y comenzaran a correr –o galopar- también. El escándalo fue tal que los estudiantes de los demás cursos salieron al pasillo a ver qué pasaba.

Yo no quise quedarme atrás, así que troté con el resto del cuerpo estudiantil a la cafetería, que quedaba más cerca que el gimnasio. Cuando llegamos, ya había gente dentro. Y a través de los enormes ventanales pude ver que había guacamayas volando dentro del recinto. La cocinera trataba de atraparlas junto a la profesora Yumiko, de Japonés y Literatura.

Entré como pude, entre el tumulto de gente que se reía y sacaba fotos, y vi que la cafetería tenía un letrero gigante que decía SUPERCANALLAS 2010. Las guacamayas, de distintos colores, cantaban y hacían ruidos mientras volaban sin dejarse agarrar. Había coloridas guirnaldas decorando la barra de comidas. Y allí, un letrero con letras desordenadas decía ¡Los precios de esta cafetería vuelan!

Los estudiantes de primero y segundo año se habían subido a las mesas para poder apreciar mejor todo el espectáculo, entre los mayores que no los dejaban ver.

Pero esto, según las llamas, no era lo único que había que ver. Salí corriendo de la cafetería con dirección al gimnasio, para ver qué había en la piscina.

-¡Shaoran!

Tomoyo me hizo señas para que la esperara y corrió hacia mí.

-Casi no te alcanzo.

-¿Tenías idea de esto? –Pregunté emocionado.

-No, ellos nunca dicen nada. Siempre me sorprendo tanto como el resto. –Explicó con una sonrisa mientras caminábamos hacia la entrada del gimnasio.

Varios estudiantes se nos habían adelantado.

-¡Tienen que ver esto! –Nos dijo un chico que nunca había visto antes.

Tomoyo y yo entramos y nos dirigimos hasta la piscina. Y, tal como había dicho la niña a Terada, un grupo de lindos patitos nadaban felices en la piscina. Algunos de esos hacían cuac cuac cuac mientras movían la cola.

Los más pequeños trataban de cogerlos, pero los patos eran muy rápidos y no se dejaban agarrar, al igual que las guacamayas. En la pared había una S y una C de color azul y negro pegadas. Habían sacado todos los flotadores, pelotas y demás accesorios de piscina y los habían colocado desordenados alrededor de la misma.

Terada, al borde del infarto, se llevó las manos a la cabeza en un acto de desesperación.

-¡Profesor Terada! –Uno de los docentes más jóvenes se acercó a él-. He llamado al zoológico de Tomoeda y me han dicho que faltan todas sus llamas, guacamayas y algunos de sus patos. –Hizo una pausa para recuperar el aliento-. Notifiqué nuestra situación y ya han enviado a alguien a recoger a los… ¡animales!

Uno de los patos se alzó en vuelo entre Terada y el joven profesor. Había estudiantes grabando la escena con sus teléfonos móviles, y probablemente algún vídeo o fotografía ya estaría colgado en las redes sociales. Escándalo local.

Terada salió corriendo cuando se dio cuenta de que no había nada que pudiera hacer en el gimnasio. Chiharu se acercó a nosotros con una media sonrisa.

-¡Chi! ¿Puedes creerlo? –Preguntó Tomoyo divertida-. ¡Ojala tuviera mi cámara!

-Si Yamazaki y el resto usaran su cerebro para cosas productivas, Tomoeda sería una potencia mundial. –Expresó Chiharu, no tan emocionada como su amiga.

Tomoyo se rio y yo me alejé de ellas. Quería encontrar a Sakura para felicitarla por su broma. Salí del gimnasio y caminé hasta que llegué al patio central, donde las llamas se habían conglomerado, siempre juntas, con sus letreros informantes.

Todo el cuerpo estudiantil parecía estar allí, aunque no era correcto afirmarlo con seguridad, pues había que tomar en cuenta a los estudiantes que estaban en el gimnasio y a aquellos que se encontraban dentro de la cafetería. Busqué a alguien conocido entre la multitud, pero además de algunas caras conocidas y no demasiado cercanas, no encontré a nadie especial.

-¡Wao, Kero y su grupito en verdad se lucieron esta vez!

Me giré ante la mención del nombre y me encontré a una chica y un chico que hablaban animadamente mientras miraban a las llamas. Parecían ser dos, quizás tres, años menores que nosotros.

-Y además, es tan lindo… -Agregó la chica con una sonrisa.

-¿Y Sakura Kinomoto? –Preguntó su amigo con una expresión facial que conocía a la perfección-. Sí que es sexy, solo mírala.

¿Mírala? Me volteé para buscar a Sakura entre la multitud, pero no hizo falta. Porque en medio del patio, montada sobre el rectángulo de mármol sobre el que estaba la estatua del fundador del colegio, Sakura Kinomoto admiraba su obra con los brazos cruzados y una sonrisa campante. Kero y Nakuru aparecieron en mi campo de visión cuando subieron al mármol y se colocaron junto a Sakura, como la Santísima Trinidad de las bromas.

Me acerqué a ellos para unirme a la celebración, pero me detuve en seco cuando mis ojos reconocieron dos rostros familiares junto al director del colegio. Las dos últimas personas que quería ver en ese momento: Ieran y Liang Li. No quería que me vieran en el tumulto de gente y pensaran siquiera en preguntarme si había participado en esto. Mi padre era capaz de hacer un escándalo.

Me di la vuelta bruscamente y me tropecé con una persona, haciéndola caer. Quise disculparme y ayudarla a levantarse, hasta que me di cuenta de quién era. Pero no dije nada. Porque Kari Tomino se acababa de percatar de que había aterrizado sobre una cantidad considerable de excremento de llama.

Abrió los ojos y la boca por la rabia y la sorpresa, y jadeó, llena de ira, antes de ponerse de pie. Di un paso hacia adelante para acercarme y ofrecerle un pañuelo, pero debí haber corrido en dirección opuesta.

-Lo siento mucho, de verdad, fue un accidente. No te vi y…

-¡Tú! –Exclamó furiosa. Algunas personas se voltearon a mirar tras el grito-. ¡Tú, pedazo de imbécil! ¡Lo único que has hecho desde que llegaste a este colegio es joderme la vida!

Aunque hasta ahora no me había parecido gracioso, luego de ese comentario traté de no reírme de la situación. Es decir, sí habíamos tenido muchos desencuentros, pero este era el mejor de todos. Y no podía negar que me causaba gracia ver a una chica tan bajita como ella convertida en una furia (me recordaba a un gallo de pelea con las plumas encrispadas). Comencé a reírme mientras sacaba el pañuelo que llevaba siempre en el bolsillo trasero de mi pantalón, para extendérselo.

-Lo siento, Kari, de verdad, no fue mi intención, ¡nunca lo es!

-Ah no, yo no quiero tus disculpas, ¡ni tampoco que me llames Kari! –Volvió a gritar-. Pero esta vez no vas a salir impune.

Antes de que pudiera preguntarle a qué se refería, acercó su mano a mi camisa y me embarró de excremento. Y por si fuera poco, utilizó su otra mano para esparcirlo sobre mi pelo.

-De verdad no puedo entender cómo le gustaste a Nakuru. –Dijo-. Solo… solo eres un chino despeinado y desagradable.

Y se fue.

Yo me quedé con el excremento sobre mi cara y pelo. Agradecí al cielo que fuera similar al de los caballos. No es un olor agradable, pero no es horrible como el de los perros.

Entonces un chico de primer año tomó un poco y se lo lanzó a otro, que le respondió haciendo lo mismo. Noté que no solo se trataba de excremento, sino también de tierra y barro que las llamas dejaban con cada paso que daban, por lo que varios estudiantes comenzaron una guerra de sucio, barro y excremento, o de cualquier cosa que pudieran lanzarse.

Aprovechando la guerra de porquerías, empujé a un par de personas y me apresuré a llegar a la estatua. Desde abajo, podía apreciar las lindas y atléticas piernas de Sakura y Nakuru, y me pregunté por qué Nakuru tenía piernas atléticas, si odiaba el deporte. Incluso había reprobado la materia de Educación Física. Pero yo las había tocado, y esas piernas eran…

Un momento. ¿Por qué estaba pensando en las piernas de Nakuru? Sacudí la cabeza y me enfoqué en Sakura.

Y cuando extendí mi mano y acaricié la tela de sus jeans, supe que había otra regla que me gustaría romper con ella en nuestro último día.

(Sakura)

Luego de abandonar la cafetería (mi primera parada había sido el gimnasio) me dirigí al patio central, donde a mayoría de los estudiantes disfrutaban de las lindas llamas que mascaban y escupían por doquier.

Kero y Nakuru no tardaron en acercarse a mí, y mi mejor amigo nos indicó que subiéramos al mármol que sostenía la estatua del fundador del colegio, para apreciar la hermosa imagen de aquella cosa tan temida por cualquier profesor o director: el caos.

Sonreí mientras admiraba nuestra obra, una anarquía descomunal casi imposible de controlar o detener. Me giré para felicitar a mis acompañantes, pero ellos parecían inmersos en su propia conversación.

Extrañamente, Kero y Nakuru habían estado algo cercanos y cariñosos desde la mañana. Y a juzgar por la escenita que protagonizaron justo al llegar a instituto en la madrugada, besuqueándose y toqueteándose en el auto de Nakuru (la hija de puta tenía un Jaguar), ya podía imaginar la nochecita que habían tenido.

Una parte de mí realmente se alegraba por Kero. Sabía que él la amaba con locura y que nada lo hacía tan feliz como estar cerca de ella de esa forma. Pero había otra parte de mí que dudaba. Nakuru, al igual que Shaoran, se iría a estudiar fuera del país al acabar las vacaciones. Y ella se iría aun más lejos él, por lo que era poco probable que Kero y ella pudieran volver a verse pronto. Eso sin mencionar aquel problema con el compromiso que Nakuru tenía, claro.

Al menos deseaba que pudieran compartir juntos un último momento. Por mi amigo.

Kero alzó sus dos manos para que le chocara los cinco, pero algo me impidió hacerlo. Sentí que alguien me acariciaba las piernas y mi indignación no me permitió chocar las palmas de Kero con las mías. ¿Es que se había perdido el respeto en este colegio?

Bajé la mirada (quería corroborar de quién se trataba antes de una patada) y me encontré con los lindos ojos de Shaoran… y con su pelo lleno de alguna cochinada.

-Hola, guapa. –Me saludó con una sonrisa.

Me agaché y le di un beso en la mejilla. El olor a excremento de llama me invadió las fosas nasales. Arrugué el rostro.

-Lo sé. Huelo a granja. Quiero felicitarte por haber hecho esto, ¡es genial! –Exclamó con genuina emoción-. Están dementes.

Sonreí con orgullo y satisfacción. Luego, volví a fruncir el ceño.

-¿Por qué tienes…? –Señalé su cabeza.

-Kari Tomino. Larga historia. Me encantó la broma, sobre todo los patos. ¿Ya fuiste a verlos? ¡Terada enloqueció! –Soltó una carcajada-. Y hasta hubo gente que se metió en la piscina a chapotear con ellos, ¡y los que no, tomaban fotos! –Volvió a reír-. Me encantó. ¿A quién se le ocurrió la idea de traer patos?

¿Los patos? ¿En serio? ¿No podía tener algo de crédito por las llamas o las guacamayas? No, Shaoran había elegido los patos. Traté de no rodar los ojos. No importaba haciendo qué ni de qué manera, Nakuru Akizuki sí que sabía llamar la atención de los hombres. Bufé y con el pulgar la señalé.

Shaoran la miró y abrió los ojos por sorpresa. Luego frunció el ceño.

-Espera, ¿Nakuru es parte de los Supercanallas? –Preguntó confundido-. Pero, ustedes se odiaban y…

Sentí una mano apoyarse en mi hombro, así que me giré a la izquierda, pero no fue una buena idea. Nakuru se había agachado también, aparentemente porque había estado escuchando la conversación y quiso participar, y como había acercado su rostro a Shaoran (y por ende, a mí), nuestros labios se rozaron por medio segundo.

Quise morir. Y a juzgar por su expresión, ella también.

Shaoran, en cambio, pareció encantado con la escena, aunque no dijo nada.

Por suerte, Nakuru tampoco comentó nada al respecto, lo cual me pareció bien. La negación siempre había funcionado para mí.

-Aunque no lo creas –Ella fue la primera en emitir palabra-, no siento tanto odio por tu noviecita. Y sí, los patos fueron mi idea. ¿Qué puedo decirte? –Con el dedo índice, se tocó la sien varias veces-. I'm a fucking genious.

Antes de que Shaoran pudiera decir nada, la voz del director se escuchó por los altoparlantes del colegio. La gente del zoológico había llegado para recoger a los animales (y arruinar la diversión). Sonreí. Suerte atrapando a las guacamayas.

-Tengo una idea. –Dije y me bajé de la estatua.

-¿Sakura?

Escuché que Kero me llamaba, pero lo ignoré. Si quería prolongar la diversión, debía hacer algo.

Apuré el paso y cuando estuve suficientemente cerca de las llamas, que se habían amontonado no muy lejos de nosotros, comencé a aplaudir para que se asustaran.

-¡A correr, a correr! –Exclamé-. ¡Abran paso!

Varias personas entendieron el mensaje y me ayudaron a alborotar a las llamas. No quería que se pusieran nerviosas ni que sufrieran, pero tampoco quería que se las llevaran tan pronto.

-¡Yiiiiijaaaaa! –Yamazaki apareció entre la gente con un sombrero de vaquero, y me ayudó a mover a las llamas. Pronto comenzaron a galopar (¿las llamas galopan?), alejándose del patio central y de los encargados del zoológico.

Yo me detuve para disfrutar del momento y reírme. Yamazaki se acercó a mí y yo lo abracé.

-Hemos hecho historia, pequeña Sakura.

Asentí con la cabeza. El colegio era un caos. Los estudiantes gritaban, bailaban, algunos continuaban con la guerra de suciedad y otros perseguían a las llamas. Seguramente la cafetería y la piscina no marcharían de forma diferente.

Esta broma perduraría por los siglos de los siglos en la historia del Instituto Seijo. Hablarían de ella de generación en generación. Los Supercanallas habían alcanzado la inmortalidad.

Pero antes de que pudiera alzar los puños y gritar al cielo en victoria, una mano me haló haciéndome entrar en la multitud.

(Shaoran)

Arrastré a Sakura entre la gente y la llevé al último lugar al que cualquier persona iría en ese momento: la biblioteca del colegio.

-¿Por qué me trajiste hasta aquí, Shaoran? –Preguntó ella soltándose de mi agarre y con el ceño fruncido-. Nos vamos a perder el especta…

Uní mis labios a los de ella y la abracé. Sakura tardó un poco en corresponder a mi beso, pero prefirió separarse de mí antes de que yo pudiera hacer nada más.

-Shaoran… te recuerdo que tienes excremento de llama en tu pelo y ropa.

Fruncí el ceño. Me quité la camisa y la puse sobre una de las mesas de estudio. Solo había acudido a la biblioteca una vez, pero podía recordar que había una pileta para beber en algún lado. Caminé hasta ella y metí mi cabeza bajo el débil chorrito que salía.

-¡Qué asco, Shaoran! –Exclamó Sakura-. La gente bebe de ahí.

Cuando terminé, me sequé el pelo con la parte mojada de mi camisa y volví a acercarme a Sakura.

-Tal parece que estás de buen humor para transgredir las reglas, ¿o me equivoco? –Ella se alejó de mí, dando algunos pasos hacia atrás, hasta que chocó con uno de los estantes llenos de libros.

-No hay forma humana de que puedas convencerme de acceder a esto. En serio.

Rodeé su cintura con mis brazo y comencé a besar su cuello.

-Oh, vamos. ¿No te interesa ser la chica más rebelde de todo Seijo? –La miré con picardía-. Hacer algo así en el colegio suena interesante, ¿no?

-Pero eso ya tú debes saberlo, ¿no?

Me tardé unos segundos en entender su comentario, una clara referencia a mi momento con Nakuru en el aula de idiomas.

-Touché. –Dije, volviendo a besar su cuello. Traté de quitarle la camisa, pero Sakura no se dejó-. Vamos, Sakur. ¿O es que acaso prefieres hacerlo con Nakuru? Digo, después de ese beso que se dieron…

-¡Agh, sabía que ibas a mencionarlo en algún momento! –Me golpeó en el pecho-. Fue un accidente y contrario de lo que piensas, no lo disfruté.

-Pero yo sí. –Le dije y tuve una idea. Molestar a Sakura siempre era divertido-. ¿Y si la llamamos? –Pregunté con seriedad, separándome de ella-. Quizás quiera hacer un trío, ¿no te gustaría que…?

Sakura me miró con horror-. Espero que estés bromeando, Shaoran.

Sonreí y la abracé-. ¡Claro que estoy bromeando! –Le di un corto beso en los labios-. A no ser que tú quieras claro, porque si es así…

-¡Shaoran!

-Es broma, preciosa. –Repetí-. Entonces, ¿no hay chance alguno de que quieras profanar esta sagrada institución conmigo?

Ella pareció pensarlo. Miró por la ventana del patio. Muchos de los estudiantes ya no estaban, y un grupo de hombres uniformados había conseguido controlar a las llamas. Sakura me miró con algo de decepción en sus ojos. Negó con la cabeza.

-Deberíamos ir al salón de clases.

Yo asentí con la cabeza y me separé de ella para colocarme mi camisa, aun sucia.

Salimos de la biblioteca tomados de la mano, bromeando sobre el impacto que tendría esta broma no solo en el colegio, sino en toda Tomoeda.


Los Supercanallas han hecho historia, señores.

Creo que no me va a alcanzar la vida para agradecerles a todos su fidelidad a esta historia, a pesar del tiempo que ha pasado. Y quiero disculparme, una vez más, por la tardanza. Me complace anunciar que a la historia le queda un capítulo más.

Quizás, haya otra historia, muchos años después. Pero esa solo la publicaría una vez la termine. Nada de hacerlos esperar años para leer un capítulo.

Parece que Nakuru, debajo de sus capas de chica mala, tenía un corazón latente. Espero sus comentarios con respecto a este tema, más que ningún otro.