Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer.

Claim:Bella/Edward

Summary: No importaba que fuera su novio, cada vez que lo veía se instalaba en su rostro un rojo y brillante rubor, señal inequívoca de su vergüenza.

Notas: Para el reto Palabras Para El Recuerdo, del Foro LOL. (Palabra clave: Vergüenza)


Rojo y brillante rubor

Bella Swan a lo largo de su vida jamás había resaltado ni por su físico, ni por sus ojos, ni por su personalidad. Mucho menos por el aspecto intelectual, pues las matemáticas no eran lo suyo. Por eso ella se consideraba una chica simple, una más del montón.

Sin embargo había dos cosas que todo aquel que la conocía podía recordar de ella: su torpeza y su sonrojo constante. Pues era bastante singular encontrar aquellas cualidades en una joven.

Pero tanto la torpeza como rubor no era más que claros síntomas de su vergüenza. Bella era demasiado tímida y siempre le había costado desenvolverse, sobretodo entre personas que no conocía. Es por eso que recuerda que sus primeros días en el instituto de Forks fueron un infierno, más que nada cuando llegaba la hora de biología y debía sentarse con Edward, aquel chico tan raro que tanto la intrigaba.

En ese entonces, Edward la inquietaba. No sabía bien qué era lo que provocaba que estuviera nerviosa a su lado, que se inquietara al tenerlo cerca, pero Edward con su intimidante belleza podía lograr que se un rojo y brillante rubor se le instalara desde los pies a la cabeza.

Y esa vergüenza fue aún peor cuando él volvió de prolongado su viaje. Su castaño pelo se encontraba constantemente sobre su rostro, tratando de ocultarla y procurando que él no notara cuanto lo observaba. Pero cuando luego él le habló y sus mejillas volvieron a ser de ese intenso y brillante rojo supo que ni su pelo ni nada iba a poder ocultar esa molesta señal de vergüenza. Era en esos momentos que se sentía como un madito cartel de luces de neón.

Por más de que ahora supiera la verdad y estuvieran saliendo Bella siempre iba a sentirse tímida y vergonzosa cerca de Edward, porque él era demasiado perfecto para ser verdad.