El día era gris y lluvioso, tal como a él le gustaban; pues eran perfectos para acomodarse en su viejo sillón y leer a Dickens calentado por el suave fuego de su vieja chimenea. El olor a páginas viejas, siempre lograban transportarlo a un estado de paz infinita, y eso era lo que necesitaba en este momento. Así que sin pensarlo dos veces se dirigió al apolillado armario por su deshilachada frazada, tomó su varita y prendió el fuego.

Todo estaba listo para su placer, empezó a leer, pero algo le faltaba, no se sentía totalmente a gusto, era una necesidad en su organismo: Una buena taza de chocolate caliente, pues así como para otros la cafeína era vital, para él lo era el cacao.

Volvió a levantarse de su sillón, y se dirigió a la cocina, donde para su sorpresa no encontró más que los pocos restos de su desayuno. Decepcionado busco algo de dinero en sus bolsillos, pero de nuevo sin un buen resultado.

Cualquiera pensaría que un mago de su talla, podría transformar esos restos de comida en un chocolate decente; pero él jamás había disfrutado de un chocolate hecho con hechicería .Simplemente si no se hacía a la manera tradicional perdía su gracia, su sabor, su propia magia.

Su lado animal empezaba a aparecer, se estaba poniendo ansioso, enojado, como un adicto sin su droga, pero qué podía hacer. ¡Piensa Remus, piensa!- se decía a la vez que trataba de calmarse sin resultado.

La lluvia se hacía cada vez más fuerte, y el viento azotaba las débiles ventanas de su hogar. No era posible que un hombre de su edad tuviera semejante crisis, su lado racional le decía: ¡Calma no es la gran cosa! Pero su lado animal respondía: ¡Te has privado de los placeres más importantes en la vida, una simple taza de chocolate no es nada!

En verdad le estaba incomodando esa necesidad, que parecía tan importante como respirar. Estaba dispuesto a salir y hacer lo que tuviera que realizar para conseguir su objetivo cuando escucho una conocida voz en su chimenea.

-Remus ¿estás ahí?

-¿Tonks?

-Sí ¿puedo ir?

-Sí, pero qué quieres

Sin esperar a contestar ella se tomó la libertad de aparecerse, sorprendiendo a Remus en uno de sus peores momentos.

-]¡Wotcher Remus!

-¿Qué… haces aquí?- le preguntó él nervioso de verla a ella con una sonrisa tan pícara.

-Bueno hace frío y pensé que estaría bien que bueno tú y yo no sé – Declaraba ella a la vez que se acercaba hacia donde Remus se encontraba- podríamos calentarnos un poco.

-Espera ¿qué quieres decir?- Preguntó él alejándose más de dónde ella estaba.

-Sí, entrar en calor con esto- dijo ella señalando un bote de chocolate en pasta- Con este frío me ha entrado un antojo de chocolate caliente irresistible, pero tú sabes que yo soy incapaz de hacerlo, y tú eres un experto. -suspiro-Antes de conocerte no conocía el verdadero placer de una taza de chocolate ¿podrías por favor?

Remus sonrió y se encaminó hacia su diminuta cocina para preparar el chocolate, mientras él lo hacía, Tonks lo miraba emocionada y le platicaba de todo y de nada, causando las risas del licántropo.

Al final se sentaron en la sala frente al fuego, y fue entonces, cuando él leía para ella que comprendió que una taza de chocolate ayudaba a calmar el dolor de un corazón solitario, pero la compañía de alguien como ella no sólo ayudaba, sino que curaba toda ansiedad, y se llevaba muy lejos el dolor y la amargura dejando el paso abierto a la paz y la dulzura.