Sean todos bienvenidos y bienvenidas a uno de mis nuevos fics: Transporte público. El propósito de este fic es poder evidenciar el cómo viajar en el transporte público, nos puede llevar a conocer a esa persona especial, que no pensábamos encontrar, mucho menos allí.

Notas de la autora, vocabulario y modalidad del fic, abajito :D


La Micro I

Carlisle POV

No soy joven, tampoco viejo. Soy un gozador de cuarenta años que está en toda la juventud de la madurez y la experiencia. Médico, magíster en trastornos psicológicos y egresando del doctorado con mención en problemas psiquiátricos adquiridos por una pérdida.

Suena interesante, más aun si le agregamos el hecho de que vivo solo en una casona, con paredes de vidrio polarizado, con muebles confeccionados a mi gusto en pino y roble, el baño de mármol, las más finas sedas, los más refinados cuadros de famosos pintores, vivos o muertos.

El trabajo ideal, la casa ideal, las comodidades ideales… todo sería perfecto, si no tuviera un pequeño problema; aun no encontraba un caso que pudiese defender en mi tesis final para egresarme y así tener, el tan ansiado título de Doctor.

No, no estaba casado, tampoco mantenía relaciones pasajeras o extramaritales con alguna mujer. No estaba en mis planes tener una familia, porque el tiempo de tenerla ya había pasado. Me dediqué y sobre dediqué a mis estudios, me afané en la idea de adquirir más conocimientos. Les di mi vida completamente a los pacientes que cada día, recurrían a mí para que yo pudiese solucionar sus problemas de salud mental, que es mi fuerte, y mi pasión.

Me encantaba hacer mi monólogo en solitario todas las mañanas, recordarme que no necesitaba nada para ser feliz, porque ya tenía todo, y el título de Doctor era prácticamente mío. Tenía clases en las mañanas, dos de los seis días a la semana hábiles del calendario, y todas las tardes atendía a los ciudadanos; lunes y martes en el hospital, miércoles y jueves en la clínica, viernes y sábado, en mi propia consulta, que se encontraba en el primer piso de mi casa.

Revisé la hora en mi reloj de mano, las ocho treinta de la mañana, buena hora para llegar a la primera clase de la semana, que comenzaba una hora más tarde.

Apreté el botón rojo del control remoto, la puerta del estacionamiento se abrió lentamente y vi mi Aston Martin estacionado, esperándome. Otro de mis lujos era, mi antiguo compañero, un Mercedes Benz año 2007 que se encontraba atrás de él.

—Oh cielos… —no encontraba la llave de mi automóvil en mis bolsillos, estaba seguro que las había dejado en el bolsillo trasero de mi pantalón la noche anterior, era extremadamente cuidadoso en eso. Subí a mi cuarto, revisé en los veladores, entré al baño, tampoco estaban, bajé y revisé la consulta, ahí no podían estar, era día martes y no había entrado a ella desde el domingo en la mañana, cuando recordé que había dejado la radio encendida…—. ¡La radio!

Esa era una manía mía.

Al vivir solo, siempre me acompañaba de la buena música, tenía demasiadas radios en mi casa, en cada habitación de mi hogar.

Abrí la puerta de mi auto, y la radio de mi vehículo apenas sonaba. Dejé la llave haciendo contacto, con la radio encendida del automóvil. Recordé por qué no las había sacado…

Llegaba a mi casa cansado, los días lunes eran siempre agotadores, muchos pacientes hacían fila para poder ser atendido a las horas después, incluso, ni siquiera les podía aclarar sus dudas a algunos, porque mis horarios en el hospital eran escasos.

Me sacaba el cinturón de seguridad mientras Bon Jovi me acompañaba, cuando sentí el teléfono de la consulta, que está al lado del estacionamiento. Salí rápidamente a contestarlo, no alcancé a hacerlo, y vi que tenía en el registrador del aparato unos cuantos mensajes. Permanecí alrededor de una media hora respondiendo a unas citas médicas, chequeando otros trámites y después me fui a la cocina a prepararme algo para comer.

No volví a entrar al estacionamiento, daban un nuevo episodio de Doctor House y estaba en la hora de verlo. Me quedé dormido por el cansancio…

—Cabeza loca la mía —me recriminaba yo mismo—, al parecer tendré que decirle a alguno de mis colegas que me eche alguna revisada —me decía, tratando de hacer contacto, para confirmar mis sospechas—, como lo supuse, ni una sola muestra de tener batería.

Salí del automóvil —esta vez, con las llaves del auto— y pensé en ocupar mi antiguo bebé. Un poco difícil, me recriminé de inmediato. No podría sacar el auto, si el Aston Martin estaba delante.

—Al parecer, tendré que utilizar el transporte público —me confesé—, no tendré tiempo si cambio las baterías del auto, tendría que cambiarme de ropa y no quiero llegar atrasado. Lo mejor será ir en locomoción —concluí mientras le daba nuevamente al botón rojo para que bajara la puerta del estacionamiento.

Vivía a unas dos cuadras del paradero de la locomoción. No habría tanta abundancia de público, es lo que supuse. Los estudiantes ya estarían en el colegio, y la mitad de la población de seguro, en sus oficinas. La estación de metro me quedaba más alejada. Sí… lo mejor era ir al paradero.

Llegué a él, y compré el periódico, como lo solía hacer en mis tiempos de estudiante de medicina. Claro que en aquella época eran las historietas de Condorito las que compraba. Me gustaba leer mucho en el transcurso que debía de hacer de mi casa hasta la universidad. Para mi sorpresa, había una gran concurrencia de personas esperando al igual que yo, la locomoción. En hacer honor al tiempo, alcé mi mano, haciéndole una seña al primer colectivo* que se acercaba a la parada.

—Es mi día de suerte —me auto felicité. Quedaba un asiento libre, y el primero, mas vi a una señora que cargaba con un bebé, que también le había pedido al automóvil que parase—, pase usted, señora —cedí mi puesto, yo recién estaba ahí. Y si lo analizaba mejor, por mi descuido me encontraba en el paradero, y no en el cómodo asiento de mi Aston. No tenía tan buena suerte.

—Muchas gracias, señor —me respondió. Le abrí la puerta y esperé a que se acomodara para cerrarla.

Los colectivos venían llenos, y ninguna micro* aparecía por el horizonte. Más gente se agolpó en el paradero. Hacía un poco de frío.

—Las nueve de la mañana… llegaré tarde —susurré. Saqué mi Blackberry de mi chaqueta y marqué a uno de mis colegas, amigo y compañero de doctorado, Aro.

Buenos días, Carlisle.

—Buenos días para ti también, Aro.

¿Sucede algo?

—Sí, mi automóvil se ha quedado sin batería y estoy en el paradero, esperando a que pase algún colectivo o lo que sea pase, llegaré tarde a clases, creo.

No te preocupes, yo te cubriré, diré que estás con el paciente que presentaremos en nuestra tesis.

—Sabes que es malo mentir, Aro —con mi amigo y otro médico más, Marco, trabajábamos en equipo para nuestra tesis.

Esta mentirita la utilizaré si el maestro nos consulta por ti y si él se encuentra de malas. Tranquilo viejo. Suerte con el trasporte público.

—Nos vemos, y gracias —corté la comunicación y hojeé el periódico, mientras escuchaba música. Sentí como la gente comenzaba a avanzar.

—¡Por fin! —exaltaban algunas de las personas, no había un colectivo. Una micro algo destartalada, que mantenía un gruñido fuerte en el motor estaba estacionada, esperando a que todos nosotros nos subiéramos.

—Es esto, u otra media hora de retraso —me dijo alguien, se debió de dar cuenta de mi expresión escéptica.

—Tiene razón —le contesté, y subí junto a él. Le pagué al chofer con un billete de cinco mil pesos*. Me puso una cara de enfado, por no tener sencillo, me pidió que me bajase, porque no tenía cambio que darme y le pedí por favor que no lo hiciera, ya estaba bastante atrasado—. Por último, quédese con el vuelto —opté, dejándole el dinero para sentarme en algún asiento que estuviese libre. Él cambió completamente su semblante y así me dirigí a los últimos asientos, que eran los que estaban libres.

Comenzaba a partir nuevamente, cuando alguien golpeó la puerta trasera de la locomoción. Era una mujer, que iba con su cabeza cubierta por una pañoleta que le servía como bufanda, unos lentes de sol que le cubrían la mitad de sus mejillas, cargaba con un bolso en su hombro derecho, con una mano sostenía a un recién nacido —supuse, por el porte de su bulto— además de tener un coche de paseo aferrándose de la otra mano.

—¡Otra pasajera, jefe! —gritó un obrero que estaba sentado al lado mío. El chofer abrió la puerta y la señora entraba con dificultad. Me paré enseguida para ayudarle, ya que nadie lo hacía. Tomé el coche y lo dejé apoyado en uno de los asientos, y luego le ofrecí mi mano para que pudiese entrar.

—Gracias, caballero —ella se aferró a uno de los pilares que estaba al final de la micro.

—Por favor, tome el asiento —una sonrisa se formó en sus labios y se sentó, arrullando a su criatura.

Sí que iba a ser un día pesado el de hoy. Era increíble la comodidad de los automóviles.

Unas cuantas paradas más, y se hacía difícil respirar, con tanta gente encima. Las curvas eran una prueba para tu equilibrio y capacidad de afirmarte con una sola mano. Lástima para quienes llevábamos bolsos y carpetas. El transporte no tenía cortinas en sus ventanas. El sol de la mañana entraba con toda su luminosidad e impedía ver con normalidad.

Me di cuenta que la micro pasaba por el hospital. Le pediría a Aro que me trajese a este cuando acabáramos con las clases. Gran cantidad de gente que se encontraba en los primeros asientos del transporte se comenzó a bajar. La señora del coche, bolso y bebé también lo hacía.

—Permítame ayudarle —le ofrecí, al verla tan cargada. Le hice una seña al chofer para que me esperase, porque bajé con el coche y se lo habría para que pusiera a su recién nacido dentro. Ella bajó con mucho cuidado.

—Muchas gracias de nuevo —repitió.

—No tiene por qué agradecer, que tenga buen día, señora…

—Esme, Esme Denali —el chofer me silbó para que entrase nuevamente a la micro, de lo contrario me quedaría abajo.

—Buen día, señora Denali —concluí, subiéndome. Una vez cerrada la puerta trasera de la micro, me volteé para verle, y quedé sorprendido al darme cuenta que lo que cargaba no era un recién nacido, sino, un muñeco de juguete.

—¿Le pasa algo, señor? —alguien me preguntaba. Yo seguía viendo a aquella mujer, a pesar de haberle perdido el rastro hacía unas cuadras.

—¿Se dio cuenta que esa señora llevaba un muñeco como bebé? —respondí con otra pregunta.

—¡Ah! Pero si se trata de la loca del bebé —alegó, como si fuese obvio.

—¿Loca del bebé? ¿A qué se refiere con eso?

—Esme, la loca del bebé… ¿no la conoce? Si todos los días se sube a la misma hora, todos los que compartimos este recorrido ya le conocemos.

—¿Me podría contar más de…Esme? —no lo sabía, pero saber acerca de aquella mujer me había intrigado enormemente.

—Hace un año y medio ella estaba embarazada, pero su marido siempre le ha golpeado, hasta el día de hoy, por eso anda siempre tapada y con lentes. Nosotros creemos que eso fue lo que afectó su embarazado, además, ella roza de las cuatro décadas. Quedó embarazada muy señora.

—¿Perdió el bebé al darle a luz?

—Se le adelantó el parto, en unos cuantos meses. Unos dicen seis, otros siete. Yo digo que siete, ya tenía una pancita prominente —conocer a grandes rasgos el pasado de esa mujer me dejaba impactado.

—Desde aquel entonces que se pasea con todas esas cosas, como si estuviese embarazada… —concluía yo. Sintiendo pena por aquella historia.

—De hecho, lo de pasearse con el bebé ocurre hace un año atrás. Los otros seis meses hacía el mismo camino, con una panza de mentira.

—¿Usted le conoce porque siempre han coincidido en la micro?

—No, ambas éramos vecinas, años atrás. Ella siempre se ha cambiado de casa, ha intentado escapar de su esposo, pero él siempre da con ella. No tiene familiares, porque Esme es del sur. Traté de ayudarle en su tiempo, antes que le diera esa extraña locura por su pérdida. Le acompañé unas veces a carabineros para que hiciera la denuncia por violencia intrafamiliar, pero ella misma después las desmentía. Cuando su marido fue a amenazarme a mi propia casa, decidí no interferir más. Hace unos tres meses que me la vengo encontrando. El último mes se ha estado bajando en el hospital, antes lo hacía en cualquier parte de la ciudad.

Ya veía los edificios de cinco pisos de la universidad, mi parada ya se estaba avecinando.

—Me tengo que bajar, pero muchas gracias por su información.

—No hay de qué, si usted conoce a alguien que le pueda ayudar, se lo agradecería mucho, yo ya ni siquiera le saludo, ella no me responde.

—Trataré de hacer lo posible, soy psiquiatra —finalicé la conversación, cuando apretaba el timbre para que me abriesen la puerta trasera.

Corrí a las salas donde teníamos las clases. Iba con media hora de retraso, deberían de encontrarse en el primer break de la mañana.

—¡Carlisle! —me llamaba Marco.

—Justo a tiempo —apremiaba Aro—, ¿y esa cara? ¿Algo emocionante ocurrió?

—Encontré a quien puede ser nuestro paciente para la tesis —dije a modo de saludo.

—Te tomaste muy enserio lo que te dije de la mentira —suponía Aro.

—No lo creas, digamos que la mala suerte me llevó a algo bueno, después de todo —opinaba.

—¿Y de quién estaríamos hablando? —interrogó Marco.

—De una tal Esme Denali. Aun no sé qué trastorno tiene en específico. La conocí en la micro. Le ayudé con un coche. Iba cargada con un aparente bebé —contaba—, aparente porque era un muñeco. Se bajó en el hospital.

—¿No le seguiste?

—Por supuesto que no, venía con retraso para acá, Aro.

—¿Y cómo sabes lo de su trastorno?

—Otra señora iba en la locomoción y le conocía, me contó a grandes rasgos los motivos del por qué aquella mujer se pasea con un bebé de mentira. Me extraña no haberla visto en el hospital, la informante me dijo que hace un mes lo frecuenta.

—Debe de ser porque nosotros nos bajamos al otro lado del hospital, en los estacionamientos privados, y no frecuentamos el hospital en su totalidad, nos enfocamos al área psiquiátrica. A saber si esa tal Esme entra o no al consultorio —deducía Marco.

—¿Entonces no has hablado con ella? ¿Cómo accederá a que sea nuestra paciente para la tesis?

—Tranquilo, Aro, que de seguro a Carlisle se le ocurrirá algo.

—Confías demasiado en mí, Marco, pero tienes razón. Aun nos quedan seis meses para defender nuestra tesis. De aquí al fin de semana, habré atendido a Esme.

—Caballeros, el break ha finalizado, el Doctor Cayo les llama a la sala.

—Muchas gracias —aquel chico que nos había informado que la clase continuaba era Edward, un estudiante de sexto año de medicina, Cayo siempre ha premiado a sus buenos estudiantes, y al tener contacto con los más jóvenes de la profesión, les apremia con ayudantías, para que se interesen en seguir con sus estudios y especializarse, como nosotros.

Entré al salón, pensando en cómo lograría volver a encontrarme con Esme Denali.

Esme POV

Hacía aproximadamente un mes que me quedaba sentada en la escalera principal del hospital, con mi hijo.

¡Si sigues con tus viajecitos sin sentido de un lado para otro, con todo este aparataje, te mandaré al loquero, imbécil! —gritaba mi marido, pateando el bolso que, al estar abierto, botaba la ropita de cambio y un par de pañales.

Por favor, Eleazar, cuidado con las cosas del niño —susurraba, aferrándome a mi hijo.

¡Entiende, loca! Tú no tienes hijo, tu hijo se murió, se murió —repetía, zarandeándome—, esto es un muñeco, date cuenta —me quitó a mi hijo de los brazos y lo agarraba de una de sus piernecitas.

¡No, no lo tengas así, por favor, suéltalo! —le pedía, comenzando a llorar.

¿Lo suelto? ¡Ahí lo tienes! —gritaba. Tirándolo lejos de mí.

¡No! —corría a buscarlo—, hijo, hijito. ¿Te encuentras bien? —le preguntaba. Él no me respondía.

Un golpe propinado por Eleazar en mi espalda hizo que me golpeara el rostro con la mesa del living.

No me lastimes, por favor, Eleazar —gimoteaba, sintiendo como un débil sangrado se iniciaba en uno de mis labios—, no delante de mi hijo.

¡Levántate entonces, si no quieres ver cómo le golpeo hasta matarlo! —amenazaba. Me levanté lo más rápido posible, pero un nuevo golpe en mi ojo provocó que perdiese el equilibrio y cayera a medias en el sillón.

No delante de mi hijo, por favor —pedía entre llantos.

Me importa una mierda tu hijo, maldita mujer, que ni para dejar herederos sirves —insultaba. Fue a por su botella de Ron que tenía en la mesa y la aventó contra una de mis rodillas. La infusión quedó desparramaba en el piso, y unas astillas de vidrio se quedaron en mi piel, que se teñía de un carmesí—, para tu información, tengo tres hijos, con mujeres distintas, con mujeres que son unas verdaderas madres, no como tú, chiflada —se reía.

Si no me quieres, ¿por qué no me dejas libre? ¿A mí y a mi hijo? Por favor… prometo no aparecerme más en tu vida, prometo no denunciarte…

¿Por qué no te dejo? ¡Porque es divertido tenerte! Necesito poseer a alguien con quien pueda descargar mi mala racha —él se dirigía al refrigerador para beber de una lata de cerveza—, pero sí que me está hartando ya que las vecinas comiencen a hablar mal de mí. Que tengo una esposa loca, que se pasea por toda la ciudad como si fuera una madre. Así que si no quieres que te encierre en un loquero por las malas, saca una hora con algún especialista, sino, tu muñeco va a sufrir las consecuencias —se acercó nuevamente y me golpeó otra vez el ojo. Se encerró en nuestra habitación, y traté de caminar con la mayor lentitud posible para que no me dolieran las nuevas heridas al baño, para poder quitarme los pedacitos de vidrio que tenía incrustados en mi pierna.

No era la primera vez que me golpeaba con vidrios. Era la quinta botella que me lanzaba en el periodo que llevaba con él. Mi hijito estaba acostado sobre la lavadora, mientras yo me desinfectaba con alcohol la zona de mi pierna más afectada. Mi bebé y yo permanecimos encerrados en aquel cuarto, con el miedo en nuestros corazones.

Seguía mirando hacia el interior del hospital. En aquel tiempo, sí o sí debía de conseguir algún tipo de ayuda. Yo sabía que no estaba loca.

Eleazar había lastimado a mi hijito, le había zafado una de sus piernecitas, necesitaba socorrerlo. Pero al entrar al hospital y decir mi congoja, se burlaron de mí, y me dieron una hora con el psiquiatra.

Yo no necesito de psiquiatras, yo necesito que atiendan a mi hijo, dije. Yo venía al hospital para tratar de encontrar protección para mi bebé, yo ya no le podía dar más.

¿Y qué conseguí? Que se mofaran de mí, como lo hacía mi marido.

Una de las secretarias me convenció a que esperase un poco. Ella llamó a otra de sus amigas, y la nueva secretaria me contó que llegaba a las tres de la tarde un médico, que yo sería su prioridad. ¿La prioridad de mi hijo? Sí, que era para mi hijo, respondió.

—Tranquilo bebé, el doctor Carlisle te atenderá —le cantaba. A mí bebé no le gustaba el silencio. Le gustaba que le cantase siempre, solo así se dormía. Cuando estaba en mi vientre, se relajaba de esa forma.

Las horas se pasaban con lentitud, pero ya estaba siendo el momento para que a mi hijo le sanaran de su problema.

Entré a buscar a la secretaria que me había dado el nombre del doctor que nos atendería. Su amiga le llamó y ella nos fue a buscar.

—¿Por qué entramos al área de psiquiatría? Yo necesito a un pediatra —pregunté, dejando de caminar.

—Porque el médico que curará a su hijito, está en una de las salas de aquí —contestó, regalándome una sonrisa.

—¿Es pediatra?

—Sí que lo es.

Le seguí y me pidió que me sentara a esperarle, que ella le anunciaría mi llegada al médico. Al parecer, él me estaba esperando.

Entró por una puerta a otra habitación, y yo traté de acomodar mi pañoleta para que no se viera el collar de golpes que tenía en mi cuello.

—Pase por favor, señora Denali —la secretaria me abría la puerta.

Caminé hacia el interior. Era una habitación azul, que tenía una especie de cama—sillón, al otro lado un escritorio, donde el médico me observaba.

—Volvemos a encontrarnos, señora Esme.

—¡Es usted! —grité al reconocerlo, era el señor que me había ayudado hoy en la mañana—, ayude a mi hijito, por favor —le pedí, arrodillándome al frente de él.

—No haga eso, tranquilícese, le ayudaré —me pedía que me pusiera de pie, me acomodó en la cama—silla y me preguntó cuál era mi problema.

—Mi hijito… —susurré, pasándoselo. Él lo tomó con sumo cuidado. Abrió la mantita y se dio cuenta que tenía una de sus piernecitas zafadas.

—Estará bien, ayudaré a su hijo —me respondió.

Desde aquella vez, no pude olvidar a Carlisle Cullen.

Comencé a visitarle todos los lunes, yo era su paciente prioritaria, junto a mi hijito, claro. Él también me comenzó a ayudar a mí. Sanaba y curaba mis heridas con la misma dedicación con la que protegía a mi bebé.

Cuando sentía sus manos cálidas recorrer mi rostro, recorrer mi estómago manchado de moretones, percibía la paz y la reconstrucción de mi espíritu. De vez en cuando me hacía algunas preguntas y las anotaba en su computador, me tomó fotografías con mi cuerpo sucio por los golpes, Desy, su secretaria, que se convirtió en una de mis amigas, me ayudó a desvestirme y a cuidar a mi bebé cuando a mí me sometía a algún chequeo.

Hoy se cumplían dos meses de haberle conocido.

—Hola Esme, ¿cómo te encuentras hoy? —me saludó, besando mi mejilla.

—Muy bien, doctor —le respondía.

—Me alegro mucho, porque tengo que darte muy buenas noticias.

—Soy toda oídos.

—Ya no será necesario que vengas a verme los lunes, a esta hora —habló. Una extraña sensación recorrió a través de mi cuerpo. Sentí a la soledad apoderarse de mí por completo, no me esperaba aquel comentario de su parte. Por la muestra de atenciones, de cariños que él depositaba en mí y en mi hijo, pensé que él… que él…—, ¿te encuentras bien?

—No me esperaba esa noticia…

—Es que aun no he terminado… verás, no sé si a ti te acomoda poder venir a la consulta de mi casa. Ya te he contado que no solamente trabajo aquí, sino en dos lugares más. Y creo que… para poder cuidar mejor de tu hijo y de ti, necesito tratarte en otro sitio. Pensé que sería una noticia agradable para ti, mi consulta es algo más tranquila y hogareña, pero si te molesta, podemos seguir viéndote aquí.

—¡No! Donde usted estime conveniente, doctor —respondí emocionada. Le seguiría viendo. Carlisle se había convertido en mi superhéroe. Mis manos le estaban buscando, mis brazos se extendían hacia él cuando me abrazaba. Era un fuego que crecía dentro de mi ser, desde que sus ojos me miraron dispuestos a ayudarme. Era un calor que yo no estaba acostumbrada a sentir dentro de mí.

Me sentía viva cuando él se encontraba a mi alrededor, cuando yo le contaminaba el aire que respiraba por su refinada nariz.

Mi corazón se estaba curando gracias a él.

—Estoy muy feliz por tu respuesta, Esme, y no me digas doctor, ya te lo he dicho que aun no lo soy, dime Carlisle, ya somos amigos, ¿no?

—Sí, Carlisle.

—Eso sería todo por hoy entonces, dile a Desy que le traspase los datos a Alexandra, la otra secretaria que también será tu amiga.

—Así lo haré, d… Carlisle —me despidió con un abrazo y un beso en la mejilla. Acarició la cabeza de mi hijo y yo hice lo que él me pidió.

El tan anhelado viernes llegó. Alexandra, la nueva secretaria amiga que tendría me esperaba. Era como si me conociera. Me ofreció un vaso de jugo, el cual lo acepté porque venía sedienta. Mi estómago rugió de hambre. No comía nada del miércoles en la noche.

—¿Tienes hambre, Esme? —me sonrojé porque Alexandra se había dado cuenta—, tengo un sándwich, te lo regalo —me ofreció aquel pan, que no pude negar.

—Muchas gracias —mientras comía, Carlisle aparecía en su consulta. Era la primera vez que no le veía vestido con su bata blanca. Se veía más alto, más rubio, más hermoso.

—Hola Ale, hola Esme —nos saludó con una sonrisa.

—Hola señor Cullen, el señor Aro le ha llamado hace unos minutos atrás, dice que le devuelta el llamado con urgencia.

—Muchas gracias por el recado, le llamaré al interior de mi oficina, ¿me esperas un momento, Esme?

—Claro, Carlisle —él entró y me quedé esperándole.

—De seguro que no tarda, necesito ir al lavado, ¿te puedes quedar un ratito sola aquí?

—No se preocupe —contesté obediente—, no me moveré de aquí.

Alexandra me sonrió y salió apresurada.

Me quedé mirando el consultorio. Efectivamente, era mucho más hogareño. Había una radio encendida, que emitía suaves melodías, una cascada de plantas en una de las paredes, que contrastaba con el color damasco de las paredes.

El teléfono de la mesita comenzó a sonar. Miré si aparecía la secretaria, pero no había rastro de ella.

—A lo mejor es importante… ¿si le aviso a Carlisle? —caminé un poco hacia la puerta que daba a su oficina. La abrí con lentitud, no quería ser intrusa. Escuchaba como hablaba con alguien por teléfono.

—Sí Aro, sé las cosas que no debo hacer… no, ella no sabe nada.

Me quedé quieta, el teléfono seguía sonando, y él seguía hablando.

—De ninguna de las dos cosas. Claro que soy frío, espero que de una vez por todas se dé cuenta que tiene un problema, y así deje de andar con su muñeco de un lado para otro. No quiero que esto se siga saliendo de control…

Mi corazón se agitó al sentir hablar a Carlisle de esa forma… él hablaba de mí.

—Por favor Aro, no le llames experimento de tesis, Esme es mi paciente, no nuestro conejillo de indias… ¡Esme! —gritó cuando me vio, a la entrada de su consulta.

Yo me quedé ahí, quieta, viendo como él me miraba con una expresión que no entendía a la perfección.

Algo me decía que debía salir de ahí, antes que el calor de mi cuerpo se enfriara y me hiciera pensar que todo lo vivido en todo este tiempo había sido una mentira, porque me había dado cuenta que nunca nadie me había amado, que nunca di a luz a un hijo, y que nunca fui mamá.

Solté al muñeco que cargaba hacía más de año, y corrí hacia la salida.


Nota de la autora:

¿Opiniones? ¿Asombrados? ¿Decepcionados? ¿Qué les pareció el primer capítulo?

Espero que les haya agradado la primera entrega de esta idea. También, por dedicarse el tiempo a leerla. Si quiere decirme su apreciación, yo estaré gustosa de leer su crítica, juicio, opinión.

La idea de ver a Esme loca, se me hizo tentadora, y a Carlisle de psiquiatra, bastante sexy. Aunque ellas no lo saben, dedico este primer capítulo a dos grandes personitas, secretaria I, Desy y secretaria II, Ale, ambas, locas de remate por Carlisle jajaja xD. Esme al parecer, siente amor por Carlisle… ¿él sentirá lo mismo, o solo la ocupa para su tesis?

El capítulo dos espero poder subirlo pronto, cuando se me dé la oportunidad de gozar de los beneficios de internet.

Les dejo el Vocabulario de este capítulo, si tienen alguna duda, me la hacen saber ^^

Micro: tipo de transporte el cual abarca la capacidad de 29 pasajeros sentados. Son similares a los buses, pero en tamaño más pequeño, y en comodidad menos eficiente. En otros países se les conoce como 'guaguas'. En Chile, también se les dice Liebre.

Colectivo: tipo de transporte que abarca tres pasajeros más uno delantero. En mi país, los automóviles son de color negro, con el techo amarillo patito. Su recorrido lo tienen escrito en una pancarta horizontal que va en el techo de este. En Estados Unidos le llaman 'taxi' y son completamente amarillos, en Perú son de color blanco y en Argentina según el recorrido que lleven.

Cinco mil pesos ($5.000) es el equivalente a 7 dólares, a 6 euros, a 25 pesos argentinos, a 31 soles peruanos… no sé los otros valores monetarios u.u xD

Ahora, en cuanto a la modalidad del fic... Este contendrá 10 capítulos, 2 por cada pareja.

Capítulo I y Capítulo II: Micro. Carlisle/ Esme

Capítulo III y Capítulo IV: Metro. Fickera adivina

Capítulo V y Capítulo VI: Bus. Fickera adivina

Capítulo VII y Capítulo VIII: Colectivo/Taxi. Fickera adivina

Capítulo IX y Capítulo X: Furgón escolar. Fickera adivina

Las parejas que aparecerán serán las siguientes: (No están prescritas en el orden de aparición)

Edward/Bella, Jasper/Alice, Carlisle/Esme, Jake/Nessie, Emmett/Rosalie. Todas estas se conocerán y/o conocieron en alguno de estos transportes, y terminarán de conocerse en el próximo capítulo. ¿Se animan a decir los nombres de los personajes que serán en protagonistas en los próximos capítulos?

Otro datito: el fic lo califiqué como M, porque creo que habrá un poco de lemmon en algunas actualizaciones. Del mismo modo, les avisaré cuando la historia contendrá redacción sexual, para que decida usted leerla o no. (Supongo que la mayoría no leerá ese aviso xD)

Luego de todos estos avisos, me despido, agradeciendo a mi amiga Tania por prestarme Internet y así poder subirles este fic.

Edito a la rápida: este es mi primer fic que tiene un tráiler, denle una oportunidad y véanlo ^^

http : / www . youtube . com / watch?v=_3TiKr9fi0E