Este es el último capítulo del fic. WOW. No puedo creer que realmente estoy subiendo el último cap de algo...nunca había terminado un fic hasta el día de hoy. Espero que les agrade, y no sea muy dura la crítica!

Este final va dedicado a krisytom, Viiry, vane-chan6, ImBarbieGirl y Charmed4ever. Muchísimas gracias por su tiempo, reviews y demás. Sería un agrado poder leer sus últimos comentarios sobre esto, ahora que llegó el momento de decir adiós :'(


Epílogo.

La noche estaba despejada, dejando ver una hermosa luna llena alumbrando brillantemente el vecindario, pero sobretodo, la gran mansión rosada de la calle Prescott. El sonido de los grillos era lo único que se podía escuchar en el pasaje, siendo interrumpido, exclusivamente, por las estrepitosas risas provenientes de aquella mágica y especial casa.
En el salón, la gran mesa estaba dispuesta para todos los comensales. Phoebe junto a su marido Coop y dueña de un vientre que cargaba gemelas, Paige sentada al lado de Henry, Chris y Wyatt riéndose de algún chiste de Leo y éste, sentado a un lado de la cabecera, ocupada por Piper.

― Algo anda mal ―dijo Piper de inmediato, cortando las risas y mirando a todos lados.

La mayoría se quedó mirándola con cara de sorpresa y curiosidad, excepto Leo, quien estaba igual de sorprendido que su mujer. Ambos se miraron, nerviosos y preocupados. Él se tocó el muslo, buscando la herida de flecha, sin encontrarla. Ella se miró las manos, incrédula de verlas lisas y jóvenes de nuevo, pero aún más confundida al fijarse en su vientre de ocho meses: estaba esperando a Melinda.

― ¿Qué pasa? ―le preguntó Paige al verlos palidecer.

― ¿Qué día es hoy?, ¿Qué estamos haciendo? ―preguntó Piper, repasando su cabello y viéndolo castaño de nuevo.

― Es el día de tu aniversario de bodas, lo estamos celebrando. Piper, cariño, ¿Te sientes bien? ―le preguntó Phoebe intentando ponerse de pie, sin demasiado éxito.

Su hermana mayor miró al reloj, y recordó de repente, que ese día a esa misma hora, también lo había hecho. Había leído "20:36 P.M" y preguntado si era hora del postre antes de que...antes de...

― ¡Van a atacar! ―gritó Piper, alertándolos a todos― Coop, lleva a los niños a la escuela de magia, a Henry y Leo también.

― No, Piper ―intentó discutirle su marido, asustado de lo que pudiera llegar a pasar ahora.

― ¡No voy a perderte! ―le gritó ésta de vuelta.

Piper lo miraba con los ojos vidriosos, hecha una con la desesperación, sin comprender absolutamente nada, excepto que no iba a darse por vencida ni permitir que la separaran de él de nuevo.

― ¡No otra vez!, ¡No!

― Piper, ¿Quién va a atacarnos? ―le preguntó Paige nerviosa, intentando acercarse a ella.

Coop se aventuró a hacer lo pedido, levantándose para tomar las manos de los niños, Henry y Leo, mientras Phoebe hacía esfuerzos por levantarse, al igual que Piper.

― Piper, ¿Estás segura de que estás bien?, ¿De qué...

La voz y pregunta de Phoebe, los pasos de Coop, las miradas confundidas de Chris y Wyatt, los movimientos de Paige y la cara de miedo de Henry, se detuvieron en el instante. De repente, todos estaban congelados en el salón, estáticos como piedras, menos Leo y Piper.

Una pequeña brisa, ni fría ni caliente, los hizo voltear para ver que, detenida en la puerta de la cocina, un ángel del destino se encontraba mirándolos a ambos con una sonrisa cálida.

― No van a llevárselo ―advirtió Piper, afirmando la muñeca de Leo con fuerza apenas la vio― ¡Si quieren hacerlo van a tener que lidiar conmigo antes!

La mujer amplió su sonrisa y negó despacio. Suspiró antes de hablar.

― Pueden pasar los años y siempre serás la misma Piper Halliwell.

La susodicha enarcó una ceja, aún con mirada y pose fiera, casi lista para moder, atacar o hacer lo que fuera ante la más mínima provocación: no se permitiría ningún paso en falso. Había luchado por Leo, había entendido que su vida sin él valía absolutamente nada y tomado la decisión acompañarlo a donde fuera que la muerte lo llevara, y lo haría otra vez. Y mil veces, y todas las que fueran necesarias para estar con él.

Leo estaba nervioso. Todo lo que había pasado las horas antes lo tenía algo confundido aún. Había sido dicho que su vida había sido una completa mentira, tratado de recuperar a su familia y muerto en una cueva con Piper, antes de abrir los ojos y encontrarse ahí de nuevo, y estaba asustado por no estar en el más allá o camino a él sino en la mansión, pero por alguna razón y a diferencia de Piper, la presencia del ángel le hacía tranquilizarse un poco al pensar que no podía estar relacionado con algo demoníaco: el destino era neutral.

― ¿Qué vienes a decirnos? ―preguntó él, con más tacto.

― Si vienes con una amenaza o alguna razón para separarnos, puedes irte: no nos interesa escucharte ―dijo Piper, sin ceder en su postura agresiva.

― Tranquila Piper, no vengo a eso, sino a lo contrario ―le explicó sin exaltarse, en voz calma, tanto, que llegaba a molestar.

― ¿Entonces? ―preguntó Leo otra vez, mientras su esposa no hacía más que mirar con recelo.

― Sé que están confundidos, pero todo lo que pasó en aquella realidad de la cual han vuelto, no era parte del plan original...

― ¿Ah no?, ¡Me sorprende! ―interrumpió Piper con una risa irónica― el plan original de ustedes siempre termina siendo uno en donde alguien que amo muere o termina lejos en otro plano astral.

― En el futuro de donde ustedes provienen ―continuó, fingiendo no haberla escuchado― después de ser descubierta la mentira de Solomón y también, sus cuerpos sin vida, El Destino decidimos, que era necesario reordenar el cauce de las cosas, desde el punto en que se torcieron...

― Para eso deberías volver al big bang ―dijo Piper con sarcasmo, interrumpiéndola otra vez. Leo apretó su mano― ¿Qué? ―se quejó, y él negó despacio.

― Piper y Leo, en nombre de El Destino, he venido a ofrecerles las más sinceras disculpas y, además, un trato ―agregó, con un gesto afable, juntando ambas palmas de sus manos, ignorando nuevamente los comentarios de la Hechicera.

― Espera, espera, no ―negó Piper moviendo las manos de un lado a otro y riendo despacio, de manera burlesca― ¿Pretendes que acepte treinta y seis años de desgracia así de simple?, ¿Con un disculpas y un trato, que seguramente va a traer más dolores de cabeza que nada?

― Déjala hablar ―le pidió Leo con seriedad, creyendo comprender hacia dónde iba el asunto con las fuerzas superiores.

― Gracias ―dijo el Ángel agachando la cabeza, continuando con su mensaje― La única manera de hacerlos recuperar estos treinta y seis años de, desgracias ―dijo reptiendo lo mismo que había oído de la boca de Piper― es devolviéndoselos. Uno y cada uno de ellos.

― ¿Qué? ―preguntaron juntos. Ahora Piper no tenía deseos de pelear más, y Leo estaba nuevamente confundido.

― Treinta y seis años fueron los que perdieron por nuestra negligencia, y son los mismos treinta y seis los que merecen recuperar. Sólo si ustedes están de acuerdo, siempre está la opción de regresar al futuro y que todo termine, como terminó.

― ¿Cómo terminó? ―susurró Piper, sintiendo cierta conocida opresión en el pecho, junto a aquél presentimiento de que nada iba bien en aquél lugar.

― El poder de tres ya no existe ―le explicó con total lógica― ése futuro que vimos con un Wyatt a favor del mal, es el mismo que está ocurriendo ahora, claro que sin él a la cabeza. Paige, Phoebe y Coop fueron muertos en batalla antes incluso de enterarse de que Leo y tú habían perecido. Por ahora solamente quedan dos de tus sobrinas vivas, además de Chris. El resto de la familia Halliwell...―suspiró, con cierta tristeza en los ojos ante las miradas punzantes de la pareja―...ya no existe...

― ¿Los niños...? ―preguntó Piper, al borde de las lágrimas, sintiéndose culpable por haber roto El Poder de Tres y no haber evitado todo aquello que debió haber sabido, iba a pasar.

― Asley, Patricia y Chris ―repitió, dando a entender que no quedaba nadie más que ellos tres de todo el legado de brujos y brujas Warren.

― ¿Cuál es el trato, entonces? ―se adelantó Leo, antes de caer en la desesperación en la que Piper estaba.

― Comenzar de nuevo, desde el día de hoy por la mañana, hasta el resto de sus vidas guiadas por sus propias decisiones. Su propio destino.

― ¿Cómo se supone que vamos a olvidar una vida entera? ―preguntó Piper, limpiándose las lágrimas del rostro― ¿Crees que es así de fácil, empezar otra vez, con los recuerdos de todo lo que tuvimos que pasar hasta hoy?

― Querida Piper, ¿Puedo terminar de expresarme? ―preguntó la mujer, aún apacible, pero comenzando a desesperarse por las interrupciones.

― Por favor ―le pidió Leo.

― Aparte de estar en sus manos la elección de un futuro nuevo, también está, en caso de que decidan hacerlo, la opción de olvidarlo todo. Hacer de cuenta de que nada pasó, y seguir sus vidas como si esta pesadilla jamás hubiese ocurrido. Aunque si lo desean, pueden mantener sus recuerdos de forma intacta, pero nadie más que ustedes dos logrará recordar algo.

Leo tomó las manos de Piper antes de mirarla a los ojos: la respuesta estaba clara acerca del primer asunto, pero del segundo...

― No quiero recordar una vida así ―le aseguró ella, antes de que alcanzara a preguntarle.

― Entonces está decidido ―dijo Leo, mirando nuevamente al ángel― Queremos, empezar de nuevo y sin nada que recordar acerca de lo que ya pasó.

― ¿Están seguros de su decisión?

― Sí ―asintieron al unísono, pensando en todo lo que tenían ganar y lo otro tanto que morían por olvidar.

Habían sido treinta y seis años de dolor, angustias y lágrimas. Treinta y seis años de una vida casi sin sentido, en donde además de ellos, sus hijos habían sido los principales afectados. Eso era algo que, ningún padre que se preciara como tal, desearía poder recordar para siempre.

― Que así sea. Éxito, confío en que lo harán bien.

Leo y Piper sonrieron con un brillo de esperanza infantil, y se acercaron lenta, nerviosamente hasta comenzarse a besar, por primera vez, en treinta y seis eternos años. El ángel juntó sus palmas, susurró algo que ninguno de los dos escuchó, y desapareció de la misma forma en que había llegado.
Poco a poco la imagen del salón fue cambiando, el día pasando de noche a tarde, y de tarde a mañana, encontrándose con ambos esposos de pie junto al portal de la escuela de magia, tal y como el Destino les había prometido.

― No olvides la cena de esta noche Leo, voy a matarte si llegas tarde ―le recordó Piper, separándose del beso de despedida típico de cada mañana.

― No lo haré, lo más probable es que me abucheen después de la clase de historia y tenga que irme pronto.

― Son sólo adolescentes, no seas cobarde ―rió Piper, arreglándole la corbata.

― ¿Tengo que recordarte esa vez que perdiste la cabeza? ―bromeó, aludiendo a la oportunidad en que los chicos habían sacado al jinete sin cabeza de un libro de conjuros.

― No ―gruñó, arrugando la nariz― suerte con esos salvajes.

― ¡Adiós mamá! ―saltaron Chris y Wyatt recibiendo un beso y un abrazo antes de partir.

Leo se rió despacio y tomó a sus dos hijos de las manos para desaparecer de la vista de su esposa. Ésta sonrió ante el espacio vacío que segundos antes, las personas más importantes de su mundo habían ocupado. Estaba feliz, más bien, era feliz, y ese día no hacía más que conmemorar otro año de feliz matrimonio y hermosa familia en la que se habían convertido, a pesar de cada uno de los baches por los que habían ido pasando desde incluso, antes de conocerse.

Desde arriba, en la nube cuarenta y dos, sentadas con una sonrisa amable, Prue, Penny y Patty veían la escena pasar.

― Se ven felices ―susurró la primera, de la mano de Andy― ya era hora de que el Destino arreglara todo el desastre, aunque tardaron demasiado para mi gusto.

― Lo importante es que ya está arreglado, y se lo merecen. Por fin, es su turno ―suspiró Patty, con una sonrisa complacida hacia su madre, quien también tenía algo que decir, como siempre.

― Tienes razón Prudence, pero nunca es tarde para volver a empezar...


Fin.

Tan tan. Eso es to, eso es to, eso es to to to to todo ami-ami-ami-migos. Espero que no los haya decepcionado demasiado!

Respuesta(s) de review(s):

Krisytom: Awww! espero que las lágrimas se hayan compensado con esto :D