Reto LJ: 30wars (El arte de la guerra)

Tema: #14 - Una fuerza militar se establece mediante la estrategia en el sentido de que distraes al enemigo para que no pueda conocer cuál es tu situación real y no pueda imponer su supremacía.
Pairing: Saji x Ryomou
Rate: K
Título: "Mis motivos"
Nota: No muchas veces me pongo triste con mis propios escritos, pero bueno, esto me superó!


#14

Tomé el papel con mano trémulas, como si la parte ósea de mis dedos hubiera perdido su condición sólida.

"Mou-chan:
Sé que una carta es la -peor- manera que podriá haber encontrado para explicarte las cosas. De todos modos, estoy más que acostumbrado a cometer errores en lo que a vos respecta.

Cometo un error, en muchos niveles, al escribirte esto. No sólo por la condición intrínseca de la carta en sí, una forma ilusa y cobarde de no tener que enfrentarte al saberte conocedora de mis verdades, sino por estar sucumbiendo al deseo mismo de que entiendas mis acciones.

Agradezco estar muerto en este momento, porque no sé si podría volver a mirarte luego de que lo sepas.

Mou-chan... Estoy patética, ilusa, y perdidamente enamorado de vos. Si es que este papel continúa en una pieza, es bueno que sepas que no me arrepiento de no habértelo dicho o de habértelo demostrado. No siento nada ni cercano al remordimiento."

Hice un bollo con el papel y lo tiré contra una pared, emanando un gemido de frustración a la vez que me dejaba caer de rodillas al suelo.

– ¡K- Kisama...! – murmuré entre dientes, gateando hasta tomar de nuevo la carta que me había dejado.

"Sé que nunca creíste en el destino. Más bien, por tu -tierno- orgullo, te cuesta comprender que un poder superior es el que te rige. Nunca te gustó ser subordinada de nadie, menos que menos de En-chan, pero siempre, siempre fuiste capaz de dar la vida por tus ideales, y por quienes te rodeaban. Eso... fue mi perdición.

Cuando me quise dar cuenta... el poder de las magatamas que portaban nuestros destinos ya estaba cayendo sobre nosotros. Lo noté muy tarde, cuando teníamos 13 años. La noche en la que, sin saberlo, decidiste sacrificar tu vida por la de Ryuubi Gentoku.

Yo ya te amaba hacía mucho tiempo, pero mi preocupación principal era mi supervivencia. Y, aunque no me creas, esto que te acabo de decir tiene sentido cuando uno lo conecta: Amarte y querer vivir fueron siempre mis sentimientos más humanos encontrados. ¿Cómo estar con vos, sabiendo que era posible que te arrastrara conmigo? Peor aún, ¿cómo dormir por las noches sabiendo que más temprano que tarde tendría que abandonarte, sabiendo lo mucho que sufrirías?

¿Qué iba a hacer? ¿Hacerte enamorar -aún más- de mí? ... ¿Salir con vos, regalarte mentiras piadosas como susurros en tu oído, poseerte con mis manos pecaminosas, y todo así para no tener certeza de cuándo tendría que dejarte y destruírte el corazón en mil pedazos, aún más que lo que lo rompí hasta ahora?

Me considero, por sobre todas las cosas, un hombre observador. Nunca pasaste desapercibida para mí, Ryomou. Conozco todas y cada una de tus reacciones, sé qué te pone nerviosa, qué te incomoda y cómo hacerte sonrojar... Y aún así, jamás dejé que supieras -nada- de mí (Tengo que confesar que daría todos mis órganos en vida a cambio de ver tu rostro en este momento). Y no fue tarea fácil... No te das una idea de cuánto me costó resistirme a vos. No entenderías jamás lo que es saber que si quisiera, podría tenerte... pero que eso te destrozaría. Tus risas, tus berrinches, tus sonrojos discimulados, tus celos, tu gestos, tu inocencia... Dolía. Dolía resistirse.

Lo único que me quedaba por hacer, si quería que las cosas salieran como -yo- pretendía, era una absurda y complicada farsa que consistía en ignorar tus sentimientos hacia mí.

Mou-chan, amarte implicaba demasiado. Requería un precio que yo no estaba dispuesto a pagar.

Tal vez (y sólo tal vez) mis motivos son difíciles de comprender, siendo que estoy tratando con una mente pura e inocente como la tuya.

Me aterra saber que sos el ser más ingenuo y manipulable que pude haber conocido. En parte, es eso lo que hizo que me enamore de vos. Llegué a pensar que no sería extraño que se tratara de alguna clase de fetiche personal, por mi condición inaludible de manipulador... siendo vos un ser absolutamente sumiso y controlable.

Pero como te dije, a la vez que me atrae me aterra. No soy el único que puede controlarte, ni el único que lo pretende (que -te- pretende).

Lamento arruinar tu posible estandarte de amistad, pero no es de amigos amar a la misma mujer. Jamás.

¿Suficientemente inocente como para dudar de tus mejores amigos?

Esto puede servirte para entender por qué, tal vez, nunca quise ver a Teifu. Él era lo suficientemente -obvio- con vos para que me hirviera la sangre. La lógica (lo que intenté) es que eso no interfiera en mis planes. Los celos (que, gracias a vos y a tu amigo, experimenté por primera vez en mi corta vida) no entraban en la lista de cosas que tenían que pasar.

No me malentiendas, mi odio era pseudo-infundamentado: Teifu iba a protejerte de verdad -de eso no me cabía ninguna duda-, pero aún así la frialdad del plan no compaginaba del todo con lo que mis sentimientos me dictaban.

Odiaba al imbécil. Crudo, pero real. Lo detestaba, no quería que se te acerque, que te toque, que te hable (¿Tengo que repetir que adoraría ver qué cara estás poniendo ahora?). Disfrutaba cuando fruncía el ceño con ira si yo pasaba el brazo por encima de tu hombro, o si te hablaba al oído...

Llegó a un punto lo suficicientemente preocupante cuando me di cuenta que no me importó en lo más mínimo que quedara ciego, ni inválido. Eso NO es una amistad, ¿no?"

– Saji... – solté en voz baja, cubriéndome la boca con una mano, intentando callar los sollozos que estaba dejando salir.

"No sé si, a este punto, puedo pretender alguna suerte de redención, de perdón. El usufructo pasajero que eso causaría no llenaría del todo el vacío que probablemente reside en tu pecho.

El día en el que vos diste asilo en tu ojo izquierdo a la maldición del dragón yo asimilé tu técnica. Ahora, Sonsaku está en la misma posición. Esta es mi forma de ir contra el destino... No voy a dejar que ella muera. Como guerrera, sé que vas a comprenderlo. Como mujer, sé que vas a sufrirlo.

Vos y yo sabemos que no voy a volver.

Podría empezar con el discurso de 'Seguí con tu vida', y 'olvidame', pero eso sirve para chicas normales. Mi Mou-chan no es una chica normal... Es más bien un ángel que cayó en el momento, en el lugar equivocado... y en las -mis- manos equivocadas

Si algún día volvemos a nacer, prometo hacerte llorar menos.

Lo siento, Mou-chan."

La firma era -casi- un chiste. Se leía "Ou", tachado, y al lado, "Saji Genpou".

Abracé el papel contra mi pecho. Abracé lo único que me quedaba de él. Lo único que parecía mantener el calor de su palma... El único atisbo de verdad de quién era él.

No podía, bajo ningún concepto, detener las lágrimas que me caían. No pretendía, ni podía, ni quería detenerlas. Nunca lo había sentido tan cerca y tan lejos. Dolía a la vez que gustaba, sabía dulce y amargo.

– Bocchama me pidió expresamente que le diera esta carta a usted directamente, Ryomou-san...

Se sorprendió al ver mi estado, y abrió grandes los ojos cuando vio que dejé la carta sobre la lúgubre mesa de madera oscura.

– Hacé lo que quieras con ella. – murmuré entre dientes.

Me alejé de la mansión tambaleando, sin intención alguna de parar el caudal de lágrimas que se deslizaban por mis mejillas y caían al suelo haciendo un ruido sordo.

Porque, y haciendo un mudo pacto tácito, aquella era la última angustia que él me causaba, y esas eran las últimas lágrimas que por él derramaría.