Título: Paraíso y perdición (Londres 2027)

Fandom: Harry Potter

Pareja/s: Albus Severus/Scorpius

Advertencia/s: El canon para este fic toma en cuenta hasta el libro 7 pero no llega a encajar totalmente con el epílogo. Scorpius jamás fue a Hogwarts. Hay algo de violencia, temas oscuros, políticos y/o discriminatorios con los que no todos los lectores pueden estar de acuerdo.- Género: Un poco de acción, drama, romance (futuros capítulos)

Clasificación: R en general

Resumen: 29 años después, no todo está bien. Lo que queda de los sangres puras resiste en un refugio. Es el año 2027: tras una guerra devastadora y una separación injusta, en Inglaterra las familias mágicas han quedado divididas.

Beteado y animado por Suiris, a quien se debe la continuidad de esta historia (¡Gracias!). Gracias a Krispysly por los invaluables ánimos. Escrito originalmente para la comunidad de pervertdays en livejournal.

Paraíso y perdición

Capítulo 1: Aquí, el paraíso

Scorpius tuvo la sensación de que su vida entera –veintiún años, apenas—pasaba frente a sus ojos en la milésima de segundo que el hechizo tardó en llegar hasta su pecho desprotegido. Lo habían tomado por sorpresa por primera vez en todos esos años por culpa del idiota de Parkinson y… Mierda.

Inmediatamente, se sintió mareado y escuchó gritos que pedían auxilio. Se preguntó quién necesitaba ayuda, ¿sólo él? Tal vez los demás también estaban heridos. ¿Habían perdido la batalla? Su último deseo fue que los otros no se dieran por vencidos.

Tenían que ganar. Por orgullo, por supervivencia o por instinto. Por lo que fuera, no podían permitir que el Paraíso se perdiera en manos de los Nott.

Dejó de pensar cuando el dolor se volvió insoportable y perdió la consciencia en el momento en que su cabeza golpeó contra el piso y un sonoro "crack" fue el último sonido que escuchó.

24 horas antes

—Nos va a llevar el carajo.

—Qué optimista, Burke, casi me meo de la emoción que me contagian tus palabras —gruñó Scoripus.

A su lado, Estella Gamp lo miró con desaprobación. Con ella, Scorpius se sentía como si tuviera a su madre permanentemente a su lado.

—No hay por qué ser optimistas —gruñó también Burke—. Llega un momento en la vida de todo mago en la que tiene que admitir que estamos totalmente kedabrados y enterrados.

—¿Qué más enterrados podemos estar que cincuenta metros bajo tierra? —rió el joven Parkinson con ironía.

Scorpius frunció el ceño y miró atentamente a su comitiva. Eran alrededor de veinte jóvenes y eso, en el Paraíso, era toda una multitud. Scorpius no había visto más de cuarenta personas juntas en toda su vida en ese lugar. Suspiró. Lo importante no era el número de personas. Lo relevante era que todas estaban a su cargo. Eran hijos de la facción de sangres puras que estaban a favor del bando de los Malfoy y, dada la historia del Paraíso, lo veían a él como el que estaba a cargo.

Pero Scorpius no era ni su padre, ni su abuelo. Tenía mucha experiencia, pero no había conocido tanto mundo como ellos, metafórica y literalmente. Y ahora estaba solo. Y tenía que resolver todo esto. Se levantó de su silla.

—Como ya todos sabemos, Nott y los suyos están ganando terreno —declaró en voz alta y clara—. La última información que logramos reunir afirma que nuestros contactos con el mercado negro de Los Alejados confían cada día más en él y menos en los demás. Si seguimos a este paso, los malditos van a acaparar todo el mercado, nosotros nos quedaremos sin nada y ellos buscarán la dominación total del Paraíso.

Se escucharon movimientos incómodos alrededor.

—Cuando nos trajeron aquí, nuestros padres y nuestros abuelos idearon este lugar como la cúspide de la civilización mágica. Los sangres puras compartiríamos el poder que nos pertenece y todos llevaríamos la vida próspera y despreocupada a la que estamos acostumbrados —dijo, repitiendo el discurso que daban los mayores, aunque esos dos adjetivos jamás habían aplicado a su vida en realidad—. Uno de los acuerdos que se tomaron entonces fue que no se permitiría que nadie tomase el poder absoluto. Este lugar es de todos y para todos y ninguna... imitación de traidor a la sangre nos va a quitar ese privilegio.

Todos los jóvenes asintieron con gravedad.

—El plan es este —continuó—. Vamos a sabotear al idiota de Nott. Dentro de menos de veinticuatro horas va a entregar un cargamento de filtros de pereza a los Apartados. Vamos a intervenir la operación.

Se escucharon jadeos sorprendidos.

—Con intervenir, quieres decir… ¿luchar físicamente? —exclamó disgustado Burke.

—Con intervenir quiero decir lanzar incendios a las pociones y crucios a los que las tengan en las manos —aclaró, seriamente.

Hubo más movimientos incómodos a su alrededor. Los sangres puras no estaban acostumbrados a pelear abiertamente contra otros habitantes del Paraíso. Ésta era la primera guerra civil que se presentaba realmente amenazante y ésta una de las primeras batallas.

A pesar de todo, era necesario.

—Bien —dijo secamente el joven Parkinson, primero que nadie.

Después, muchos asintieron cuidadosamente. Nadie en esa habitación pasaba de los treinta (y tendrían suerte de llegar a esa edad) y la gran mayoría no había conocido el Mundo Exterior, el de los Apartados. Eso no quería decir que no tuvieran experiencia o que fueran estúpidos. Sabían lo que estaba en juego. Sabían que el mundo que habían conocido hasta entonces estaba en peligro.

Después de puntualizar los planes, la mayor parte de la comitiva se retiró. Sólo permanecieron Parkinson y Gamp. Ella se acercó a Scorpius y le apretó el hombro por unos segundos antes de retirar la taza de café que estaba frente a él.

—Tu padre consideraría estas acciones muy sensatas. Estoy segura —susurró Estella.

Scorpius miró al frente y no respondió.

—Por supuesto —agregó Parkinson.

Scorpius sintió cierta calidez, pero no dijo nada.

—Como sea, mi madre piensa que se me fue el caldero —rió Scorpius, cínicamente.

—Con todo respeto, Scorpius, mira quién lo dice —rió Parkinson.

Scorpius le lanzó una maldición que lo ahorcó con la túnica unos segundos, mientras encendía su cigarrillo.

—Odio cuando fumas —gruñó Gamp, para variar—. Tener que lanzar hechizos purificadores de aire me recuerda que aquí abajo tenemos muy poco.

Scorpius sintió lástima por ella. La pobre era algunos años más grande que él y por lo tanto había estado más en contacto con los Apartados. Había visto Otras Cosas en el Mundo Exterior, cosas que ahora extrañaba, cosas de las que las nuevas generaciones probablemente no tenían idea.

—Eres un grandísimo cabrón —reclamó Parkinson en cuanto pudo respirar otra vez.

—Sí. Pero soy un cabrón educado y con dinero —sonrió.

Pero, a fin de cuentas, eso eran todos ahí en el Paraíso.

Décadas antes

Quizás ahora el nombre de aquel refugio resultara irónico e inadecuado. Pero cuando se pensó, no fue así. Y los primeros años para los refugiados realmente les supieron a gloria.

Después de la gran batalla del 98, la huella de Voldemort se hizo sentir. Aunque el bastardo había muerto, los estragos que hizo en el mundo mágico durarían para siempre. Las familias de mortífagos, en su mayoría sangres puras, fueron llamadas a juicio ante el Winzengamot y las familias de aurores o de simples estudiantes de Hogwarts enterraron a sus víctimas.

Después de la confusión inicial, el mundo mágico entró en crisis.

A las familias de mortífagos se les confiscó gran parte de sus bienes durante juicios que duraron meses o incluso años de procesos sin fin. Eso en un primer momento provocó su furia y airados reclamos, sobre todo por parte de aquellos familiares que ni la debían ni la temían.

A las familias de las víctimas supuestamente inocentes se les quitó el derecho de saber quién exactamente había matado a sus hijos o sus padres y se les prohibió mirar de cerca los procesos por miedo a que buscaran venganza por propia mano. Muchos cadáveres jamás fueron entregados. Los procesos sin fin para ellos no eran más que pretextos para no castigar a los criminales.

La tensa calma burocrática finalmente se quebró.

A lo largo de Inglaterra surgieron líderes insurgentes que buscaban justicia pronta y expedita. Real. Y muchas víctimas e injuriados los siguieron.

La casa de los Lestrange fue la primera en arder, con tres pequeños dentro. El callejón Knockturn explotó la mañana de un lunes, llevándose consigo a mortífagos y practicantes de artes oscuras por igual. En Azkaban, los cadáveres de los abuelos de los Nott y los Malfoy quedaron irreconocibles.

Algunas familias sonreían, pensando que al fin se hacía justicia. Otros reclamaban airados. Pronto, mantenerse neutral dejó de ser una opción y la sociedad se polarizó.

Cuando veintisiete sangre puras murieron envenenados en una supuesta reunión pacifista, los deudos buscaron venganza a como diera lugar, pero el ministerio fue más rápido y detuvo a los insurrectos inmediatamente.

—¿Y por qué no detienen también a los Otros? —fue el reclamo general de los afectados.

Las miradas les respondían: a ellos se les veía culpables. A ellos se les veía peligrosos. A los otros, justicieros.

Muchos sangres puras resistieron por años. Muchos más, los que eran libres de marcharse del país, lo hicieron a la primera oportunidad. En apariencia la vida seguía su curso con normalidad, pero los ataques hacia las familias de mortífagos continuaron y se extendieron y aquello ya no era buscar justicia sino una literal cacería de brujas.

La presión sobre las familias de linajes ancestrales llegó a ser tal que había tres aurores vigilando en cada turno cada mansión donde vivían, con el pretexto de cuidarlos. No podían hacer movimientos bruscos sin pedirle permiso y perdón al Ministerio. Los permisos para salir del país se cancelaron. Estaban sitiados.

Los planes fueron lentos, calculados a detalle y cuidadosamente mantenidos en secreto.

Una noche, la Inglaterra mágica despertó sin sangres puras.

Con mucho esfuerzo y desgaste, estos habían usado toda su magia e ingenio para crear su propio mundo, con sus propias reglas y su propia justicia: un Paraíso. Las mujeres y los niños bajaron primero y los hombres adultos se quedaron atrás distrayendo a los aurores que atacaban bajo el grito de: "¡Deténganse, rebeldes!". Muchos cayeron en batalla. Los que pudieron, bajaron con graves daños.

Scorpius recordaría claramente a su padre: sucio, con la túnica deshecha y las piernas amoratadas. Eso era lo que podía ver con su pequeña altura: las piernas, delgadas y casi negras. No se atrevió a mirar hacia arriba.

Abajo el ambiente en general era airado y la palabra venganza era el motor que los impulsaba a seguir adelante.

—Vamos a joderlos a como dé lugar —acordaron.

Desde entonces, el Paraíso se convirtió en un bajo mundo en toda la extensión de la palabra y los sangre puras buscaron recuperar la riqueza perdida con un mercado negro de pociones ilegales, artefactos oscuros y sustancias adictivas. El propósito era hacer del mundo de los de Afuera, de los Apartados, un infierno. Y de su pequeño refugio, de su colonia, un Paraíso. Hasta que los sangres puras tuvieran el dinero y la fuerza para erigirse una vez más como lo que eran: la raza superior y legítima de magos.

Décadas después

El objetivo no se cumplió a corto plazo y las visiones utópicas se fueron perdiendo con la nueva generación de jóvenes encerrados y desencantados. Dentro del Paraíso comenzó a haber fracturas y divisiones que desembocaron en dos pequeñas fracciones luchando por un cargamento de Pociones de Pereza la madrugada de un sábado. La batalla había empezado cuando Nott y los suyos se dirigían al portal que cada semana se abría hacia el mundo de los Apartados.

Scorpius recuperó la consciencia por unos segundos cuando una voz preocupada le gritó que abriera los ojos. Frente a él vio a Estella. Pobre Estella que había visto el mundo exterior y ahora tenía qué extrañar.

—Scorpius, despierta —gritó.

Alrededor se escuchaban volar maldiciones.

—No puedo —susurró él.

Su visión se tornó roja cuando algo cálido corrió desde su frente.

—No nos dejes —dijo de pronto la asustada voz de Parkinson.

Tenía sueño…

—Scorpius… ¿me escuchas?

Él asintió levemente.

—Perdóname por lo que voy a hacerte…

Sintió un jalón en la espalda y de pronto su cuerpo desafiaba la gravedad y salía disparado hacia el agujero negro que era el portal. Pero Scorpius estaba agonizando a tal grado que no tuvo la fuerza ni para sentirse asustado por ser el primer mago del Paraíso en regresar al mundo de los Apartados.

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¡Un fic largo por fin! Espero que les haya gustado el inicio. Procuraré actualizar dos veces por semana. Gracias por leer, cualquier comentario por pequeño que sea se agradece.