Ya veis… he vuelto con una nueva historia. Algunos me lo habéis pedido y soy incapaz de negarme a una petición como esta… espero que al leer la nueva historia no os arrepintáis de habérmelo pedido. :D :D :D :D

Creo que esta historia va a ser cortita. No puedo asegurar nada porque me enrollo más que una persiana.

Vuelvo a inspirarme con una canción. Ranma y la música son una parte muy importante de mi vida. Por lo tanto es normal que los quiera unir.

La canción que me ha inspirado es "Nada que perder" de Conchita, me gustan tooooodas sus canciones pero esta en especial. La letra describe algo que pasó también en mi vida. Ahora quiero que les pase más o menos a mis niños (Ranma y Akane) que ya no son tan niños en la historia.

Una última cosita y os dejo leer:

Ranma ½ no me pertenece, pertenece a Rumiko Takahashi.

"Nada que perder" no me pertenece, pertenece a Conchita.


Capítulo 1

Como es la vida. El día menos pensado el pasado te vuelve a encontrar. Precisamente ahora te estoy viendo en el vagón del tren donde acabo de subir. Parece ser que no me has visto. La próxima parada es dentro de unos veinte minutos. Espero que sea tu parada. Quiero que desaparezcas otra vez ¿Eso quiero?

Yo no quería verte ¿No quería? No quiero que me veas ¿No quiero? Ni yo misma sé lo que quiero. Aún así me alegro de tenerte tan cerca. Pero no quiero alegrarme. Quiero odiarte como hice aquel día. A quien quiero engañar si yo nunca te odié.

Casi seis años han pasado. Casi seis años y todavía al verte mi corazón late con furia. Sigues igual. Bueno, igual, igual no. Más mayor. Tu pelo, se ve diferente, le falta algo. La trenza no está. Tus ojos, no son los mismos, les falta algo. No brillan como lo hacían cada vez que me mirabas. Tus labios… como los echo de menos. Nunca te imaginé con un traje como ese ¿Para quién te vestirás tan elegante…? ¡En que estoy pensando! ¿Por qué no puedo dejar de mirarte?

Estás mirando por la ventana. Está oscureciendo y la ciudad se ve preciosa. En el cielo flotan nubes rosa. La gente empieza a encender las luces de sus hogares. Tú sueltas un suspiro ¿por quién suspiras? Seguro que estás pensando en alguna estúpida ¿Cómo puedo ponerme celosa todavía? Mejor me siento porque sé que es cuestión de segundos que detectes mi aura. Sobretodo la que desprendo al ponerme celosa. Nunca fui capaz de decirte que era cierto, que sentía celos por todas las mujerzuelas que se te acercaban.

De repente mueves tu cabeza. No quiero que me veas. Me siento en el primer asiento libre que veo. Rogando porque no me reconozcas. El tren empieza a funcionar. Miro mi reloj. Me queda casi media hora de trayecto. Vuelvo a desear que tu parada sea la siguiente. No soporto esta tensión.

Ahora al verte ha vuelto a mi memoria aquel día. Han pasado casi seis años. Casi seis años sin vernos. Sin verte. Recuerdo aquel día con todo lujo de detalles. Lo recuerdo todo como si lo hubiera visto reproducido una y otra vez en una televisión.

Fue un bonito día de primavera. Tú y yo sentados en la mesa dando la espalda al estanque. Tus padres y mi padre al otro lado la de la mesa. Te miré intentando entrever en tus ojos una respuesta que no encontré. Respuestas que no encontré porque tú también tenías interrogaciones. Tú tenías las mismas dudas.

Como un relámpago pasó por mi mente que tal vez nos habían descubierto. Sabían nuestro secreto y querían que les aclarásemos porque siempre nos estábamos negando cuando en realidad… nuestro secreto. Nuestro pacto. Nuestro juego…

Miré a tu madre. Con una mirada calmó mis nervios. Hacía mucho tiempo que se había convertido en la madre que un día perdí. La echo tanto de menos. Las echo de menos. Seis años ya.

Nunca se me dio demasiado bien poner las cartas sobre la mesa,

nunca se me dio demasiado bien.

Me parece casi imposible que ya hayan pasado casi seis años de aquella tarde. Aquella tarde que nos separó. Sentados en aquella mesa nuestros padres nos miraban fíjamente. Algo tramaban papá y tío Genma. Me sorprendí al ver que la que habló fue tu madre. Parece que fue ayer cuando tu madre nos hizo aquellas preguntas.

- Akane ¿qué sientes por mi hijo? - me dijo tía Nodoka. A mi nunca se me dio demasiado bien poner las cartas sobre la mesa. Y como nunca se me dio demasiado bien, no las puse. Me quedé callada. Quien calla otorga. Y yo no dije nada. No podía. Era nuestro trato. Nuestro secreto. Simplemente, no podía - está bien. Lo intentaré de otra manera - dirigió su mirada hacía ti que apretabas tus puños con fuerza. Hacía unos segundos había sentido tu mirada clavada en mí. Querías que contestara a tu madre. Pero no podía - hijo ¿qué sientes por Akane? - no hubo respuesta. Tampoco podías.

Callaste. Al igual que yo. No puedo reprocharte nada. Ese era nuestro trato y es lo que quisimos. Ninguno de los dos queríamos perder en aquel estúpido juego donde nos habíamos metido solitos. Por estupidez o por orgullo no perdimos el juego pero nos perdimos el uno al otro.

Y ahora nos volvemos a encontrar

y me preguntas ¿qué tal me va?

El sonido de un teléfono móvil me vuelve a traer al presente.

- ¿Qué quieres ahora pesada? - tu voz llega a mis oídos. Después una pequeña risilla. No debería escuchar conversaciones ajenas. Pero no puedo evitarlo. Sea quien sea la persona que está al otro lado de la línea es mujer y es pesada. Sea quien sea ha conseguido hacerle reír. Sea quien sea tiene demasiada confianza con él, la llama pesada y siguen hablando. Sea quien sea la odio - sí, que sí. Unos veinte minutos - su parada es la siguiente. Pero aún así no me relajo, estoy más nerviosa. Mi corazón se ha vuelto loco al oír su voz - supongo que llegaré a casa a la hora de cenar. Me encanta tu comida y lo sabes - la odio más si es que la puedo odiar más que antes ¿Qué casa, la suya, la de ella, la de ambos? La odio mucho, muchísimo. Y encima cocina bien. Glotón ¡qué digo glotón! ¡Cabrón! - ¿Qué? No te oigo bien, espera que me mueva - me tapo la cara con el pelo. Bendito este pelo mío que creció. Está de pié enfrente mío, dándome la espalda. Que no me vea, que no me vea - ahora te oigo. Sí, yo también tengo ganas de verte. Jajaja ¿cómo que lo digo por decir? Claro que no - la odio máááás - Vaaale. Iré directamente a casa. Sí, sí, que síííí. Veeeenga. Yo también te quiero - cuelga e intuyo una sonrisa suya. No dejo de pensar en que LA ODIO.

Ahora también lo odio a él. Ha sido capaz de seguir adelante sin mí. Me odio a mi misma. Yo no he sido capaz. Creo que él ganó el juego. Yo me enamoré. Si no fuera porque quiero pasar desapercibida gritaría. No, no gritaría. Con eso no le haría el daño que estoy sintiendo en estos momentos. Le pegaría. Así me sentiría mejor. Antes funcionaba. Estoy convencida que aún funcionaría.

- Akane ¿eres tú? - me has visto. No sólo eso. Además me hablas. Me hablas tan tranquilo. Yo no he tenido valor para hacerlo y tú lo haces. Y encima tu voz no ha temblado ni lo más mínimo. Creo que realmente me has olvidado, bueno, no creo. Al fin y al cabo no se puede olvidar a alguien que nunca has recordado.

- Ssssí - atino a decir mientras mi cabeza asiente. Intento sonreir pero sólo soy capaz de hacer una mueca rara. Estoy muy nerviosa ¿Por qué se te ve tan tranquilo? ¡Ah, lo olvidaba! Tú ya tienes a otra. Yo no te importo.

- ¿Cuánto tiempo verdad? - cinco años, diez meses y seis días. No, no los he contado - ¿Qué va a hacer ya… cinco años? - cinco años, diez meses y seis días. No, no te voy a rectificar.

- Más o menos - si tú no llevas la cuenta yo no tengo por qué reconocer que he contado todos y cada uno de los días que no te he tenido a mi lado.

- Oye… ¿qué tal te va? - Y ahora nos volvemos a encontrar y me preguntas "¿qué tal me va?" Y lo haces con toda la naturalidad del mundo. Ni que te importara. Que fácil debe ser preguntar eso para ti. Estoy segura que a ti te va estupendamente y te mueres de ganas por echármelo en cara. Mi celebro que por una vez ha sido más rápido que mi boca me propone que mienta ¿Seré capaz?

Continuará…


Esperaré impaciente vuestros comentarios… ¡de ellos dependerá que siga escribiendo!

; )

¡es broma!