Ranma ½ no me pertenece, pertenece a Rumiko Takahashi.

"Nada que perder" no me pertenece, pertenece a Conchita.

Perdón por la tardanza es que estuve malita. Os traigo el final… :(


Capítulo 8

¿Qué haces ahora? Te me estás acercando, me vas a besar. Cierro mis ojos por instinto y me limito a esperar tu beso. Espero que me sujetes entre tus brazos porque estoy convencida que soy capaz de desmayarme aquí mismo. Vaya te estás tomando tu tiempo. Abro un ojo, te veo ahí parado a unos centímetros de mí, abro el otro, te veo alejarte. No me quieres, he vuelto a hacer el ridículo. Bajo la cabeza y me dispongo a irme.

Akane – me coges del brazo, me giro y te veo también cabizbajo – quiero lo mismo que tú, pero las cosas no son tan fáciles.

Voy a pedirte explicaciones cuando suena tu teléfono móvil. Por la sonrisa que te ha salido debe ser la pesada. Ahora entiendo porque las cosas no son tan fáciles.

Si me disculpas tengo que contestar – me dices cogiendo el teléfono – ya he llegado ¡Sí, señora! – dices como si hablaras con una comandante del ejército – Te dije que iría directamente a casa y eso voy a hacer. Ranma Saotome siempre cumple sus promesas – me da mucha rabia oírte hablar con esa tía, con esa confianza que una vez tuviste conmigo – por cierto ¿te importa si llevo a alguien a cenar esta noche con nosotros? Sí, es una chica – lo has dicho muy bajito mientras me miras, ¿qué te hace pensar que voy a ir a cenar contigo y tu mujercita? La que por cierto ahora mismo te está gritando, seguro que se ha enfadado porque quieres llevar una mujer a su casa – Por Dios, no grites de esa manera que me dejas sordo. No, no te estoy mintiendo. No, no es una compañera de trabajo. Tranquilízate vale, además ya la conoces. No seas pesada va, en unos minutos estamos allí – te veo poner los ojos en blanco – Sí, es muy guapa, ya la verás. Adiós… – cuelgas y me sonríes.

Yo por una extraña razón te devuelvo la sonrisa. Has dicho que soy muy guapa, decir eso dice mucho de ti porque con las pintas que llevo no me ve guapa cualquiera. Un momento, también has dicho que me conoce. ¿Le habrás hablado de mí a tu novia? O a lo mejor me conoce de verdad, mientras mi pensamiento inunda mi cabeza te oigo hablar de fondo. Alzas la voz para que te haga caso.

¿Me vas a dar el zapato o qué? – te acerco el zapato roto – este no, el otro – te lo doy y rompes el tacón – ya está. Ten – me devuelves el zapato.

¿Pero qué haces bruto? ¿Tú sabes cuanto valen estos zapatos? – te grito.

Lo que valgan, ¿no pretenderás ir descalza hasta mi casa no? Ahora al menos podrás caminar mejor sin los tacones. Aunque hay una segunda opción, pero no creo que te guste – me pongo los zapatos y guardo los tacones en mi bolso. Tienes razón ahora sí puedo caminar.

¿Qué te hace pensar que voy a ir a tu casita a cenar? – sigo enfadada contigo, hace unos minutos me estaba declarando y tú has pasado de mí y eso es lo que debería hacer yo. Ahora mismo me voy a la estación de tren y te dejo aquí plantado.

Pues que ese era el último tren que va a Nerima y no creo que quieras andar como una hora – tienes razón, cogeré un autobús, la estación no puede estar muy lejos – También podrías coger un autobús pero el último sale dentro de – miras tu reloj – unos diez minutos. La estación está a un cuarto de hora, con esos zapatos no puedes correr y no llegarás – mieeeerda, un taxi sería la última opción, pero no tengo dinero y a partir de mañana tendré menos, no puedo gastar dinero tan tontamente – La última opción sería coger un taxi ¿te explico porque no puedes cogerlo o ya lo sabes? – ¿desde cuando este estúpido sabe leer las mentes?

Si hipotéticamente acepto ir a cenar a tu casa, estaría en la misma situación porque no podría volver a mi casa – prefiero que no me expliques que no tengo dinero.

Es que no volverías a tu casa. Te quedarías a dormir conmigo – se me abren los ojos desmesuradamente, ¿has dicho lo que has dicho? Te doy un bolsazo ¿Cómo voy a dormir contigo y tu mujer en casa? – es broma, joder Akane, sigues sin entender las bromas. Te llevo luego a casa con mi moto.

Coges la maleta y empiezas a cruzar el paso de peatones, yo camino detrás tuyo. Me acuerdo de aquel día volviendo del bosque de Ryugenzawa, cuando extendiste tu mano y yo te la cogí. Aquel día estuve a punto de declararme y acabar con aquel juego porque realmente creí que te interesabas por mí, cuantas cosas me hubiera ahorrado si lo hubiera hecho.

Akane ¿caminas bien con esos zapatos? – te escucho reír y veo que me extiendes tu brazo para que lo coja, rodeo mi brazo con el tuyo y seguimos andando.

Podríamos decir que vamos casi abrazados, me muero de ganas de abrazarte. No sé porque me empeño en hacerme daño. No tendría que estar así cogida a ti. Sé que lo haces por ser amable pero tendrías que pensar un poco más en mí porque esto me duele. Pero me siento tan bien a tu lado…

Caminamos en silencio por las calles de tu ciudad. Llevamos unos cinco minutos caminando y ninguno dice nada. Yo creo que ya he hablado demasiado, ahora te toca a ti. Habla baka, ¡habla!

Oye Ranma ¿cual era la segunda opción? – al final rompo yo el silencio. No me gusta el silencio, me siento incómoda. Y más cuando es un silencio entre nosotros dos que siempre habíamos hablado tanto.

Llevarte como si fueras un saco de patatas, pero ya tenemos una edad para hacer esas tonterías – me guiñas un ojo y yo intento no reírme, no sé para que me esfuerzo en no reír porque contigo a mi lado eso es totalmente imposible. Dejas tu maleta para señalar una casa que hay en frente nuestro – mira es ahí. Esa es mi casa.

Es una casa preciosa, muy grande, parecida a la mía. Seguro que tiene un dojo enorme. ¿Cuánto hará que vives aquí con tu novia?

Es preciosa ¿Cuánto hace qué vives aquí… – con tu novia? Acabo la pregunta mentalmente, no estoy preparada, no quiero ir…

Pues creo que hace exactamente cinco años, diez meses y seis días ¿entramos? – dices dejando mi brazo y sacando las llaves del bolsillo. "Cinco años, diez meses y seis días" justo el tiempo que hacía que no nos veíamos. Lo tienes contado, como yo. Una pequeña esperanza vuelve a crecer en mí.

Pasamos por delante de un jardín hasta llegar a la puerta principal. Me voy limpiando las ojeras para hacer desaparecer restos de maquillaje y lloro.

¡Ya estoy en casa! – gritas poniendo la maleta a un lado del recibidor. Te giras y me sonríes invitándome a pasar.

Escucho unos pasos que se dirigen a nosotros de lo que debe ser la cocina, de allí mismo viene un olor que alimenta sólo de olfatearlo. Realmente debe ser muy buena cocinera. De repente me entran unos calores incontrolables. Me quito la chaqueta y me giro a colgarla mientras una voz femenina llega a mis oídos.

No me puedo creer que traigas una chica a casa – esa voz no suena a reproche, más bien suena a ilusión.

Esa voz me suena, mucho, demasiado. Me giro y veo que ella se sorprende tanto como yo. Lo sé porque se le ha caído el trapo de cocina que traía en sus manos. La veo correr hacia mí estirando sus brazos, yo también corro y la abrazo. Se me saltan las lágrimas, como la he echado de menos.

Akane perdóname, jamás debí separaros de esa manera – me dice susurrando en mi oído. Yo niego con mi cabeza para que entienda que no fue culpa suya. No me salen las palabras y mis ojos se me nublan más todavía, ella no tiene la culpa, la culpa fue nuestra, sólo nuestra. Ella no sabía nada – hija, deja que te mire – ahora ha hablado más alto y rompe el abrazo – estás preciosa, estás hecha toda una mujercita.

Tía Nodoka yo… yo… – me aferro otra vez a ella con fuerza. Me echo una bronca mentalmente por haberla odiado, pero yo no sabía que era ella la pesada.

Siento mucho interrumpir este momento pero es que tengo hambre – dices cogiéndonos por los hombros. Tía Nodoka y yo nos miramos y nos echamos a reír. Ranma, sigues siendo un glotón de cuidado.

Hijo, acompaña a nuestra invitada al comedor que la cena ya está casi lista – ella me sonríe y yo me siento feliz por volver a ver su sonrisa.

Tía si quieres que te ayude en algo sólo tienes que decírmelo – desde pequeña siempre me han enseñado a ser amable cuando voy a casa de alguien como invitada.

Eso sí que no – contestas tú, que amable te has vuelto, lo haces porque sabes que hoy ha sido un día duro para mi – que no queremos que se arruine la cena, que seguro que sigues siento una torpe en la cocina.

¡Pum! ¡Mi mazo ha vuelto no sé de donde! Lo levanto y me dispongo a darte otro mazazo mientras tú pones tus manos delante y es cuando escucho la risa de tía Nodoka. Los dos nos giramos a verla.

Me hace tan feliz ver que todo vuelve a ser como siempre – dice mientras desaparece por el pasillo.

El mazo no ha llegado a la cara de Ranma. Yo también me siento realmente bien. Vamos hacia el comedor, la casa es muy acogedora. La sala da a un jardín, no tienen estanque como nosotros pero hay una pequeña fuente. Nos sentamos mirando a la fuente.

Sabes Akane. Tienes suerte que hoy no llueva porque sino tendrías que quedarte a dormir aquí conmigo – en estos momentos no me parece tan mala idea quedarme a dormir contigo. Deseo que llueva. Algo en mi dice que tú tampoco me has olvidado.

¿Y eso a qué se debe? – te pregunto mientras deseo añadir porque por mi podría llover toda la semana.

Porque no me gusta conducir la moto con lluvia – ¿acaso aún existe la pelirroja? – la controlo mejor siendo hombre – eso es un sí.

Suena el timbre y tía Nodoka te pide que abras la puerta que seguro que es tu padre que se ha vuelto a dejar las llaves. Te levantas y nuestra conversación se queda ahí. Me quedo mirando la fuente, es relajante.

¡Akane hija! ¡Qué sorpresa verte aquí! – ¿papá? Me giro a verlo también muy sorprendida.

¿Papá? – repito en voz alta. Ahí está mi padre al lado de tío Gemma.

Akane qué alegría volverte a ver – dice tío Gemma que se dirige hacia mí y me abraza, a este no lo he echado tanto de menos, le devuelvo el abrazo porque no soy maleducada…

Hija, ya sabes que todos los miércoles ceno fuera de casa. Nunca te dije donde iba ya sabes porque – claro que lo sé. Les prohibí que me hablaran de los Saotome…

La cena ya está lista – dice tía Nodoka con un par de bandejas en la mano.

Tú vas a la cocina a ayudarle a traer más comida. Ha cocinado demasiadas cosas. Pero estos cenan aquí todos los miércoles con ella y ya debe saber que comen como si fueran diez. Yo tengo el estómago cerrado, creo que no seré capaz de comer nada.

Esto que me está pasando hoy me parece surrealista. Conversamos todos amenamente. Al final he comido, es una gran cocinera. Pienso lo bien que me siento y me parece mentira que hace unas horas pensase que mi vida no tenía sentido. Escucho reír a todos, les estás explicando una anécdota de tu viaje con un abogado. Yo me he sumergido en mis pensamientos y no he oído muy bien de qué iba la cosa.

¿Entonces al final lo despediste? – te pregunta tu padre.

Por supuesto, no puedo consentir que mi abogado sea incapaz de madrugar tres días seguidos – carraspeo – yo ya no soy así Akane – todos reímos de nuevo – ahora tendré que buscar a otro.

Es una pena que mi Akane esté ya trabajando porque estoy convencido que no encontrarías una abogada mejor – a eso se le llama orgullo de padre mezclado con la borrachera que lleva encima. Apostaría que ya debe tener una habitación aquí, por eso la mayoría de los miércoles no viene a dormir a casa. Empiezan a encajar las cosas…

Eso tiene fácil solución – le contestas – que deje su trabajo y se venga a trabajar a mi empresa.

Ranma, sabes que mañana me van a despedir y me estás ofreciendo trabajo. Estaría cerca de ti y no tendría que decir a nadie que me han despedido. En el fondo siempre serás mi salvador…

Ya hablaremos del tema – te digo con una gran sonrisa. Ya sabes que mi respuesta será afirmativa.

Eso, ahora no es momento de hablar de trabajo, es la hora del postre – dice tu madre.

Qué variedad de pastelitos ha preparado tía Nodoka, no sé cual elegir. Los quiero todos. Miro a los demás y veo que están en mi misma situación. Es cuando me doy cuenta de cómo estamos situados. Ranma y yo estamos sentados dando la espalda al jardín. En frente nuestro están nuestros padres. La misma situación, distinta casa. Me entra un escalofrío sólo de pensarlo. Van a atacar a los pastelitos cuando Nodoka les pega en las manos.

Primero nuestra invitada – les regaña y se dirige a mi – Akane ¿qué…"…sientes por mi hijo?" He reproducido tantas veces esa conversación en mi cabeza que antes de que ella acabe la pregunta mi pensamiento la acaba. No todo es igual, algo cambia, no quiero volver a ser cobarde nunca más.

Estoy enamorada de su hijo y creo que soy incapaz de seguir mi vida sin él – me tapo la boca con las manos, demasiado tarde, he hablado más de la cuenta. Todos me miran sorprendidos, bueno todos son mi padre y tus padres porque no me atrevo a mirarte.

Akane… yo sólo quería preguntarte qué pastelitos querías – dice tía Nodoka – pero me hace feliz que por fin me contestes la pregunta que te hice hace unos años. Creo que hay algunos que deberían aprender.

Y yo creo que a mi se me debería tragar la tierra.

Yo creo que algunas deberían aprender a cerrar la boca – oigo tu voz, sigo sin mirarte, no esperaba que dijeras eso. No sé si eso va por mi o por tu madre. No lo quiero saber. De repente ya no me parecen tan apetitosos los pastelitos.

Tía Nodoka, tío Gemma, me ha hecho mucha ilusión veros de nuevo pero creo que debería irme a casa. Ya es tarde y mañana debo madrugar – me levanto y me da igual saber que tengo que caminar una hora para llegar a casa, yo aquí no me quedo – no hace falta que nadie me acompañe a la salida sé donde está la puerta.

Salgo tan rápido como puedo y camino más lenta de lo que yo quisiera. ¡Cómo ha refrescado! Mejor, así el frío me hará pasar el sofocón que llevo. Una moto se para delante de mí y el motorista se quita el casco. Antes de que te lo quites sé que eres tú y me halaga que me quieras llevar a casa.

Por fin te encuentro, parece mentira que vayas tan rápida con esos zapatos – te miro sin decir nada – te has dejado la chaqueta en mi casa – me das mi chaqueta. Eres más imbécil de lo que yo pensaba. ¿Ni siquiera te ofrecerás a llevarme?

Gracias – digo mientras me pongo la chaqueta – y si esto es todo ya te puedes ir por donde has venido.

No, no es todo – dices muy seguro – te dije que si no llovía te llevaba a casa y eso voy a hacer. Y te advierto Akane que no tengo ganas de tonterías así que si no quieres que te cargue como un saco de patatas ya puedes ponerte este casco – dices tirándome un casco – y subirte a la moto.

Me pongo el casco y me subo a la moto de mala gana. Si te piensas que me voy a agarrar a ti lo llevas claro. Madre mía como corre este trasto, en cuestión de segundos ya estoy agarrada a ti. Qué bien me siento abrazada a tu cuerpo. En menos de diez minutos hemos llegado. Me bajo de la moto y te tiro el casco.

¡Au! – refunfuñas quitándote el casco, yo me dispongo a entrar a mi casa – Oye princesita, tampoco conduzco tan mal como para que me trates así – te bajas de la moto y te acercas a mi.

No me llames así que el juego ya se acabó. Y me alegro de haber declarado un empate porque no soportaría haber perdido ante un engreído como tú – te estoy gritando porque tienes la desfachatez de llamarme de esa manera sabiendo lo que sabes.

Escúchame bien Akane porque esto sólo lo diré una vez – te encuentras muy cerca de mi – yo perdí hace mucho tiempo e incluso llegué a creer que tú lo sabías porque aceptaste casarte conmigo, decidiendo mi futuro junto a ti.

Recuerdo el día en Jusenkyo cuando dijiste que me amabas y recuerdo el día que entraste a mi habitación y me viste vestida de novia.

Pero, pero… – no entiendo nada, si me amabas y yo acepté que me casaba contigo – ¿por qué te retractaste de lo que dijiste?

Porque pensé que lo hacías sólo para que yo me curara de la maldición, por hacerme un favor. No porque tú también me amaras. No por lo que yo había dicho… no quería ser un lastre en tu vida – tus manos se posan en mis brazos mientras mis manos se entrecruzan delante de mi pecho.

No era así, pensaba que lo sabías… yo te dije que me casaba contigo porque tú me habías dicho que me amabas… – no puedo creer lo que me has dicho. Me quieres. Me quieres tanto como yo a ti. No te casaste conmigo porque pensabas que no te quería y no querías obligarme a nada. No te casaste conmigo porque me quieres demasiado y tú creías que a tu lado sería una infeliz. No te casaste conmigo pensando que era lo mejor para mi.

Eso no es todo Akane – ¿qué más puede haber? – yo no podía perder, ¡ODIO PERDER! – exclamas riéndote. Tú y tus bromitas.

Baka – te digo dándote con la mano en el pecho. Tú aprovechas para abrazarme más – Y ¿no hay nada más que quieras decirme? – digo sabiendo que sólo te queda una cosa por decir y que es la que yo quiero oír.

Pues sí, hay algo más. Y espero no tener que retractarme de nuevo. Akane, estoy enamorado de ti y creo que soy incapaz de seguir mi vida sin ti – acabas con un suspiro, yo agacho mi cabeza – vamos princesita, ahora es cuando te tiras a mi cuello y me besas.

Busco las llaves y abro la puerta de la entrada. Te cojo la mano y te llevo por la entrada del patio hasta la casa. Abro la puerta y me dirijo a ti.

Lo siento pero teniendo en cuenta que no hay nadie en casa… – te rodeo el cuello con mis brazos y tú pones tus manos en mis caderas – ahora es cuando yo me tiro a tus brazos y me llevas a mi habitación mientras nos besamos y vamos perdiendo la ropa por el camino – te guiño un ojo y por fin nos besamos, después de tanto tiempo. No quiero que me vuelvan a faltar tus labios ni un solo día más.

Atravesamos la entrada mientras tú me llevas en volandas y mi chaqueta cae al suelo junto a mis zapatos.

No me puedo creer que me dejes entrar a tu habitación por la puerta – me dices entre besos dejándome en el suelo mientras te quitas la corbata y haces caer tu chaqueta al suelo – de ahora en adelante ya podrás cerrar el pestillo que en los tiempos que corren es peligroso que una dama tan bella deje su ventana abierta.

Y tú ¿cómo sabes que yo dejo aún la ventana abierta? – replico algo sorprendida mientras me das besitos por el cuello y yo tiro mi camisa por el pasillo.

Ya hablaremos, tenemos toooooodo el tiempo del mundo por delante – al final me cargas como si yo fuera un saco de patatas y me subes por la escalera hasta la puerta de mi habitación. Suerte que ya no tenemos edad para hacer estas tonterías. Yo no puedo dejar de reír, por fin puedo decir que la felicidad existe. Si me pidieran una definición de la felicidad diría: "la felicidad eres tú".

Entre besos y risas nos vamos quitando la ropa que nos queda, sé que mi padre hoy estará demasiado borracho como para volver a casa y más después de lo que les he dicho.

Esta noche la casa es nuestra.

Ya hemos perdido demasiado tiempo separados.

Quiero volver a tener entre mis sábanas a mi bello durmiente.

Se han acabado los juegos.

Se han acabado los miedos.

Ahora sólo estamos solos tú y yo.

Para siempre.

Como siempre debió ser…


Síííí, la pesada ¡era su madre! Lo tuve claro desde el principio pero me hice la interesante…

aniyasha ¿qué te pareció el final? Si te defines como una romántica supongo que no te habrá decepcionado… por cierto, me encanaría que me recomendaras algún libro para leer porque a mi tb me encanta la lectura y últimamente no encuentro libros de mi agrado. Besitos y hasta pronto.

Veruska hoy no te hice llorar ¿no? Ranma claro que no rompió las reglas, el pobre ya hacía tiempo que había perdido. Espero que tb sigas la versión Ranma, habrá muchas sorpresas ;)

Sakura Saotome ¡ya te he desintrigado! Bueno, no sé si esa palabra existe… no te da penita haber leído ya el final, seguro que preferirías seguir intrigada.

jAckesukA Akane es muy valiente, se tiró a la piscina sin saber si podía ganar o perder y al final pues le salió bien… Ranma no es tan valiente, se lanzó sabiendo que lo tenía todo ganado. Sí que tienen mucho más que amor y estoy segura que de ahora en adelante seguro que vivirán un romance mucho más de película. Quizás debería hacer un epílogo… ya te di el final, espero haya sido de tu agrado. Besos

kary14 ¿tb te hice llorar? Jejeje Akane siempre ha sido más "echada pa'lante" (se dice en mi país, significa más lanzada) en cuanto a sentimientos. ¿Te pareció bien como actuó Ranma? A mi sí, ¡porque los junté! La tipa, como tú dices, era su madre… ¿a quién si no iba a querer Ranma? No soy cruel en serio… besitos…

annkarem ¿ya más tranquila? Espero que sí porque creo que he resuelto todos los enigmas jijiji besoooos

ar30982 cuando ya lo ves todo por perdido sacas valentía y luchas por lo que quieres. Ranma, bueno, ya verás lo que pasó por su cabeza y porque se fue… en este capítulo ves que él siente lo mismo y no es que le faltaran huevos… jajajaja ¡besitos!

BABY SONY no fue tan fácil como besarla y ya, entonces con tres líneas habría acabado el relato jajajaja ¿Le valió la pena a Akane que la viera con esas fachas? Yo creo que sí. No se olvidaron, era una historia demasiado bonita para que la olvidaran. Lo más difícil en este mundo es olvidar algo que no tuvo lugar (frase de otra canción de Conchita) Besos y abrazos guapisima… y gracias a ti por escribirme siempre.

Madame de la Fere-du Vallon corrió, lo alcanzó y se llevó un chasco, que no le duro demasiado… si te hice feliz con la decisión que tomó Akane te habré hecho mucho más feliz ahora ¿no? Jejeje Se aclaró todo y fue un final feliz y romántico, como a mi me gustan. Ranma dijo, y vaya si dijo, pero creo que tendría que haber hablado antes (pero como soy la escritora decidí que hablara más tarde para que la historia tuviera más intriga). Besazos y espero te haya gustado el final. Pero si eres observadora verás que no he puesto fin al final del fic ;)