Los personajes son de Stephenie Meyer. La historia -es una adaptación- de Cheyenne McCray.

Contiene material de caracter sexual, así que si no te gusta... pues, esto no es para ti.


Fin De Semana Erótico

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Capítulo Uno

Podía hacer esto. Podría ser una sumisa para un fin de semana. Ahora solo necesitaba encontrar al Dom correcto para mecer a su mundo.

En las sombras cerca de la barra del centro vacacional, Isabella -Bella- Swan agarró firmemente su vaso de martini, estaba asustada, temía que el tallo delgado chasqueara. Los cosmopolitas esperanzadoramente empezarían su magia pronto, permitiéndole relajarse, al menos un poco. Ésta era su fantasía. Lo podía hacer.

Era una forma de tener gran sexo sin preocupaciones acerca de una relación. Tenía una carrera en la que pensar, y no estaba lista para comprometerse a cualquier clase de corbatas. Algunos hombres que había encontrado querían relaciones más serias de lo que estaba dispuesta a ceder. Eso o habían querido hacer el tonto y usarla, y ella no era una función de una sola noche. Así es que se había retirado, y había estado apartada desde hacia mucho tiempo.

Si bien esta retirada era toda acerca del sexo, iba a ser dominada, pero todavía tendría el mando. Ninguna cuerda, ningún anexo, y podría escoger a su Dom. Esperanzadoramente encontraría uno con el que le gustaría tener sexo impactantemente.

Con una mirada recorrió el cuarto lleno de personas aparentemente normales y corrientes que podían ser abogados, doctores, secretarias, trabajadores de la construcción, programadores de computadora, las personas simplemente comunes con una cosa en común, estaban todos en la BDSM.

Bella tomó un trago largo de su Martini y el calor del alcohol incendió su garganta para la piscina en su estómago vacío. Oh, sentiría el zumbido pronto, bien. Lo necesitaba si iba a llevar a cabo esto.

El salón débilmente alumbrado, del centro vacacional, tenía olor a humo de cigarrillo, a cerveza y vino, junto con el aroma tentador de los entremeses exhibidos en una mesa a lo largo de una pared del cuarto. Las alas calientes, el chapuzón de la espinaca, el queso y las galletas saladas, el estómago de Bella gruño y se felicitó con un abrazo, mientras tomaba otro sorbo de su Martini. Tenía hambre, pero no estaba segura, quiso comer pero podría vomitar de tan nerviosa como estaba. En lugar de eso cerró los ojos por un momento, escuchando el latido de la música, una canción alternativa de la roca martillando con el tiempo y con su pulso.

Cuando Bella le había contado a su amiga Ángela Weber su fantasía de ser una sumisa para una noche, tal vez algunas noches, Ángela no se había asombrado, ni horrorizado, le recomendó un fin de semana fuera, en un centro vacacional del club de campo. Para sus patrocinadores era conocido como el club de la Esclavitud. Bella le había preguntado a Ángela cómo era que conocía el club, pero su amiga se había sonrojado y se había encogido de hombros. Aparentemente Ángela y su nuevo marido estaban en la enroscadura ellos mismos.

Interesante.

Bella abrió los ojos, tomó aliento profundamente, y recorrió con la mirada al cantinero, antes de devolver su mirada al cuarto. Hasta ahora se había librado de cualquier avance o tal vez su lenguaje corporal había sido lectura bien clara. No se acerque a mí. Me asusto y estoy medio fuera de mi mente.

Esto no era como Bella pensaba, en absoluto. Por su tenacidad y su habilidad para ultimar el negocio como nadie más podía, recientemente había sido promovida a Vicepresidente de Weber Investments. Conocida como una jefa ruda pero justa, podría dar vueltas alrededor de cualquier hombre cuando se trataba de su trabajo. Cualquier hombre pero Edward Cullen, era otra cosa.

Bella miró ceñudamente el pensamiento del inversionista cruel. Él era su igual en la firma inversora, también un VP, pero su presencia controlante la hacia sentirse en contraste como una novata. Algo acerca de él siempre la hacía retorcerse en su silla, en las reuniones de la junta. Odiaba tan solo el estar en el mismo cuarto, él hacia que sus pezones se pusieran tan tensos que le dolían, y que su coño se mojara lo suficiente como para traspasar sus pantalones. Por supuesto, el hecho que él fuera uno de los hombres más sexualmente atractivos vivos podría tener algo que ver con eso.

Apartando de un empujón los pensamientos sobre Edward fuera de su mente, Bella levantó su barbilla y se salió de las sombras. Éste era su fin de semana para encontrar lo que era su fantasía y como proponer completamente y cambiar de dirección sobre todo control para un Dom.

¿Por qué el pensamiento la animó? No estaba segura. Deducía que tal vez estaba cansada de siempre tener el control en su trabajo, en su vida. Para entregar eso a alguien más, aunque solo fuera para un fin de semana, era una fantasía que había tenido desde hacia tiempo. Por la noche cuando estaba sola con su vibrador, imaginaba como sería estar en la misericordia de un hombre encima y que la forzara a hacer lo que él quisiera.

Un pequeño temblor de sacudida rodó a través de Bella y se congeló. Miro a través del cuarto, y vio a un hombre alto y poderosamente fortalecido que la miraba directamente. Él hablaba con una pelirroja diminuta que lo contemplaba con una expresión bochornosa en sus grandes ojos verdes.

Bella estrechó su mirada. No podría ser, no. Excepto ese cabello cobrizo enroscándose simplemente por encima del cuello de un gris carbón a juego con su chaqueta, esos hombros anchos y esas manos fuertes.

No.

Bella tomó otro sorbo de su Martini, terminándolo de un golpe. No podría ser él. Colocó el vaso vacío del martini en la barra y comenzó a escabullirse de vuelta a las sombras, pero el hombre cambió de dirección y su mirada se encontró con la de ella. La electricidad silbó a través del cuerpo de Bella, directamente hacia su coño.

Era él.

Edward Cullen.

La sangre de Edward se chamuscó en las venas con su mirada descansando sobre ella, pero Bella Swan intento escaparse. Una sonrisa lenta curvó una esquina de su boca ahora que tenía su atención. Bella moldeó sus ojos color café que se ensancharon y sus labios se abrieron por la obvia sorpresa. Parecía un ciervo al que los focos delanteros de un coche hubieran deslumbrado.

Descartando lo que tenia al lado como sustituta y sin una mirada atrás, Edward atravesó a zancadas el salón, pasando al lado de los miembros del club, y se dirigió directamente hacia Bella. Ella dio un paso atrás, como si estuviera a punto de cambiar de dirección y salir corriendo del cuarto. Él la atrapó por una muñeca, y la atrajo hacia su cuerpo.

Antes de que ella tuviese posibilidad de hablar, la mirada de Edward la repasó de pies a cabeza. Agarro su cortina de cabello castaño y podía imaginarse cómo la notaría al deslizarse sobre su piel desnuda. El vestido negro diminuto que llevaba puesto no dejaba nada para la imaginación, incluyendo sus pezones erectos levantándose bajo el material delgado, y la forma que se pegaba a la juntura de sus muslos. Sus ojos viajaron hacía las largas piernas que terminaban, en un par de tacones altos excitantes. No se había imaginado verla nunca con nada menos que esos tacones puestos.

Cuando su mirada encontró la de ella otra vez, Bella trató de librar su muñeca del agarre.

-Veo que eres tan burro fuera de la sala de juntas como dentro. -dijo ella, con la cabeza levantada y una inclinación resueltamente arrogante en su barbilla.

Edward la atrajo otra vez hacia su cuerpo con un tirón y ella perdió el equilibrio. Con una boqueada suave de sorpresa cayó contra él, su cuerpo delgado a ras del de él. La mantuvo presionada contra él, agarrándola con una mano. Su erección se pego duramente contra su blandura, y por el color aumentando en sus mejillas reconoció que ella no había tenido ningún problema para notar su erección.

-Toda llena de vida como siempre, Ms. Swan. -Edward bajó su cabeza y olió el perfume de jazmín de Bella y su perfume femenino único. Siempre había amado cómo olía. Desde el primer día que la había visto, le había derretido la mente.- Podría castigarte aquí y ahora.

Otra boqueada suave provino de Bella y trató de apartarse de él. Como no la soltaba, echo su cabeza más atrás, había fuego en sus ojos oscuros.- Maldito sea, Cullen. -Le clavo el tacón alto encima de su zapato.- Deje que me marche.

En un movimiento acelerado, Edward soltó su muñeca lo suficiente como para ahuecar la parte de atrás de su cabeza y agarró con fuerza su sedoso cabello en su puño y aplastó su boca contra sus labios suaves, haciendo su reclamo, dejándola saber que era de él.

Bella trató de oponerse a Edward, dando sacudidas con la cabeza. Pero era demasiado fuerte y poderoso.

Su beso era duro, casi brutal. Una completa y total dominación que le quitó el aliento. Estaba tan sorprendida que abrió los labios y Edward tomó ventaja, metiendo la lengua a la fuerza en su boca. Él se zambulló aun más y mientras le agarraba con fuerza el cabello con la mano, un hombre con el control total.

Cuando Bella se dio cuenta de lo que ocurría, empezó a besarlo, dejando entrar su lengua en su boca y luego que se enredara con la de él. Sus dedos acariciaron su pecho ancho bajo la chaqueta del traje, y descansó sus palmas en su pecho, palpándole la doblez de sus músculos duros bajo las manos. Su calor pasó a través de ella y le vino la imagen de los dos, carne caliente y sudorosa, resbaladiza contra de carne resbaladiza.

Y gemía. Dios mío, ella gemía.

La fiereza de su beso disminuyó, pero él mordió su labio inferior lo suficiente fuerte como para hacerla llorar. El dolor rápidamente mezclado para una clase de dulce placer. Antes de que ella pudiera recobrarse de su sorpresa, él empujó su lengua al interior profundo su boca otra vez. Sabía a menta para el aliento y el sabor intoxicante de varón puro. Su mano agarró tan fuerte su cabello que lo podía notar tirando fuertemente de su cuero cabelludo.

En ese momento podía verse sometiéndose a Edward. En sus rodillas, haciendo lo que fuere que quisiera hacerle. Sus manos atadas detrás, en su espalda mientras la follaba profundamente con su polla. Él tomándola desde atrás, o follando su culo. Tomándola de cualquier forma que él escogiera.

Parecía que el beso duraría para siempre. Cuando Edward finalmente se echó hacia atrás, sus labios estaban hinchados y húmedos, su aliento viniendo en bocanadas suaves.

No podría mirarlo fijamente por lo que él finamente acaricio el camino arrogante una ceja que se levantó, mientras la observaba con esos ojos esmeraldas increíbles. El sonido profundo y palpitante de su voz envió un borbotón de humedad entre sus muslos cuando le dijo:- Eres mía para el fin de semana, Bella. -Su mandíbula apretada y su cara endurecida con una seriedad absoluta.- Harás lo que yo mande, cuando lo diga, y seguirá mis instrucciones al pie de la letra.

Bella comenzó a negar con la cabeza, pero su mano agarró con fuerza su pelo apretadamente.- Eres un bastardo. -dijo ella. El calor la atravesó en una flama caliente. Aún en parte no era sólo cólera inundándola, era un deseo intenso. Sus palabras la habían animado más allá de lo que podía creer.

-Eso traerá tu primer castigo. -Su mirada se estrechó, sus ojos cambiando a más oscuros.- ¿Tienes el deseo de sumar otro?

La mandíbula de Bella se cayó. No podría creer que esto estaba ocurriendo. Edward, aquí, en este club exclusivo de BDSM, y la trataba como si fuese su Dom. Y la excitaba como nadie alguna vez lo había hecho antes.

Edward habló antes de que pudiera reaccionar a su comentario de castigo.- ¿Ibas más bien a ser una esclava sexual para un DOM extraño? ¿Ibas a follar con alguien que no conoces, Bella? -La atrajo aun más apretándola contra él, cavando sus dedos fuertemente en una mejilla de su trasero y agarrando con fuerza su pelo en su otra mano. La presionó tan apretadamente contra él que sus manos y sus senos fueron aplastados contra su pecho.- No dejaré que eso ocurra -continuó.- Te he deseado, te he esperado, lo bastante como para no dejar que otro hombre te tenga.

Bella tragó saliva. ¿Él la había deseado? ¿La había esperado? Ciertamente nunca lo había demostrado.- No sé que pensar de esto, Edward. ¿Tu, sometiéndome?

-Sométete a mí, se mí esclava sexual. -Relajó su tirón de pelo y pasó sus dedos por las ondas trémulas. La percepción de sus dedos examinando ligeramente su cabello envió retintines de placer a través de ella.- Este fin de semana no tiene nada que ver con el mundo exterior. Tiene que ver contigo viviendo tu fantasía. Y me complace de cualquier modo que escojas.

Sus ojos se ampliaron y sus dedos agarraron con fuerza apretando más su camisa.- ¿Cómo sabes que esta es mi fantasía?

-Estás aquí. -Edward movió su dedo hacia sus labios, aquietándola.- Y es obvio que nunca has estado en un club BDSM antes. Has permanecido escondida en las sombras, agarrando firmemente tu bebida como si fuera un escudo. Admítelo. Estas aquí para experimentar acerca de lo que siempre has soñado. Y yo soy el hombre que va a cumplir tu fantasía.

Bella se quedo mirando fijamente sus ojos esmeraldas. El esmeralda profundo, interminable. Entre el Martini y su deseo de Edward, estaba bastante ebria. Dijo la única cosa que podía decir.

-Vale.


BDSM: B- bondage, D- disciplina y dominación, S- sumisión y sadismo, M- masoquismo.

Qué les pareció? Subo el sig. cap?

Beatiful Blush