Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia pertenece a Cheyenne McCray. Yo, uno ambas cosas para su deleite ;)

Hey, lean la nota al final!


Fin De Semana Erótico

Capítulo Trece

Edward acurrucó a Bella cerca en la cama de su suite maestra. Su cuerpo se relajo contra el de él, y su polla erecta presionando contra su trasero. La luz del sol fluyó encima de sus facciones perfectas, iluminando su cara de forma que parecía a un ángel.

Todavía dormía, su respiración profunda y pareja, un suspiro suave ocasional escabulléndose por sus labios.

Anoche, después de que la había llevado de regreso a su suite, le había permitido descansar –estaba tan exhausta, como si se hubiera resbalado en el desuso-. Si no hubiera estado tan cansada, habría hecho el amor con ella una y otra vez, marcándola completamente de su propiedad.

Ella le pertenecía.

Se acurrucó más cerca de ella, disfrutando de notarla sus brazos. Su barbilla descansó sobre su pelo desordenado, su brazo puesto en su cintura delgada.

Las emociones que se extendieron a través de él le asombraron por su intensidad. Había compartido a las mujeres con Jacob antes, pero esta vez había sido más duro. Bella no era simplemente cualquier mujer. Compartirla había sido la forma en que Edward demostró que era de él, para controlarla, para amarla.

Pero se dio cuenta de la verdad. Ella lo controlaba. Le había echo salvaje por su necesidad, lujuria y tal vez el amor constante.

Presionó sus labios contra su pelo, aspirando su perfume a jazmín y de mujer pura.

Bella se movió y suspiró otra vez. Edward se sostuvo a sí mismo en un codo, pasó su dedo por su hombro hasta el codo y hacía atrás, ella tembló en su sueño. Sus pezones arrugados en contra de la hoja de seda encortinada sobre sus pechos y sobre la curva de su cadera. Sólo sus pies desnudos salían a hurtadillas de debajo de las sabanas.

Se apoyó y soplo en su oído. Una sonrisa suave curvó la esquina de sus labios y luego abrió los ojos, lentamente parpadeando por la luz matutina.

-¿Edward? -dijo mientras se giraba para frotarle los brazos. Frunció el ceño intentando recordar algo, y luego dijo:- Oh. Quiero decir Amo.

Él sonrió y le paso un dedo por el puente de la nariz.- Podemos ser Edward y Bella hoy, ¿Vale?

Ella le devolvió la sonrisa, estaba tan radiante que pareció iluminar el cuarto más de lo que lo estaba por el sol.

-Todo el día. -Su movimiento fue atrevido cuando lo miro a los ojos y empujó un mechón de su pelo atrás de su cara.- ¿Quiere decir eso que puedo hacer lo que quiera contigo?

Simplemente el pensamiento de que fuera suyo y de poder hacer lo que quisiera con él le hizo gemir.- Bebé, soy tuyo.

Con una sonrisa abierta y traviesa deslizó su mano sobre su mejilla afeitada, bajando por su pecho y bajo hacía su polla. Cuando la alcanzó, cerró sus dedos pequeños alrededor de su erección y él gimió otra vez.

Antes de que perdiese todo pensamiento racional, tenía que sacar algo de su mente, algo que había querido a decirle durante todo fin de semana. Atrapó su mano errante y la trajo para su pecho, presionándolo sobre su corazón.

-Necesitamos hablar. -dijo él.

Bella parpadeó. La cara de él estaba tan seria que por un momento tuvo miedo de que fuera a decirle que su fin de semana había terminado ya, y que era hora de distanciarse. ¿Por qué la molestaba? No estaba segura, pero sabía que no estaba lista para que el fin de semana acabase.

Pero llegaría el lunes.

Edward asió su mano más apretada en la de él, su mirada esmeralda penetrante enfocó su atención en ella.- Me he enamorado de ti.

Los ojos de Bella se ensancharon. Su corazón corrió a gran velocidad y el calor subió directamente para su cabeza, haciéndola marear con él.– Tú…

-Hablo en serio. -Soltó su mano para ahuecar el lado de su cara. Restregó su pulgar por sus labios, a través de su mejilla y a la parte de atrás de su cabeza.- No puedo cansarme de ti, Bella. No pienso que alguna vez pueda hacerlo. No puedo verme viviendo sin ti cada día de mi vida.

Cerró sus ojos y aspiró profundamente. Esto no ocurría. Ella no quería esto.

Pero su corazón dolió por sus palabras; un deseo se levantó aun más feroz que la necesidad sexual. El deseo de estar con Edward, tal vez para amarle algún día.

-Háblame, Bebe. -Su voz fue baja, casi indecisa.

Bella abrió los ojos para encontrar su mirada franca. Supo que con Edward nunca habría falsedad o mentiras. Era un hombre bueno y honesto.

-Estás loco. -dijo ella.- No me puedes amar.

-¿Por qué no? -Una sonrisa abierta, erótica curvó la esquina de su boca, y se derritió en la mera vista.- Te he admirado desde el momento que te conocí. Y siempre te he deseado.

Bella le contempló desde debajo sus pestañas.- Te he deseado también. Pero eso no es amor.

Él movió su mano de su cara para su cabello largo y lo envolvió alrededor de sus dedos.- Todo lo que te pregunto es si nos darás una oportunidad. Y la posibilidad de crear algo más a partir de ahí, se vera después.

Tomó aliento profundamente y lentamente lo soltó. Entusiasmada. No pedía un compromiso. Le pedía que le diera tiempo para construir una relación, si eso es lo que realmente quería.

En cierta forma el pensamiento de una relación seria con Edward no causó que quisiera salir corriendo. En cierta forma parecía estar bien. Se sintió bien.

El calor se propagó a través de ella y lo sintió radiante en su alma. No podía pensar pero sonreía.- Tal vez me enamore de ti también.

La sonrisa de Edward estaba casi tan devastadora, tan sexualmente atractiva, que casi causó que se derritiera en una piscina de lujuria y necesidad, tal vez en algo más profundo, esa cosa acerca del amor del que hablaban le derretía el corazón.

-Sin ninguna presión, ¿De acuerdo?

-Ninguna presión. -dijo él, pero tenía un brillo taimado en sus ojos.- Simplemente que no tengo la intención de dejarte ir.

Bella tembló por la nota de posesión en su voz. Antes de que tuviese posibilidad de responder, él atrapó su boca en un beso duro, agudo. No podría creer cuánto le deseaba, cuánto quería amarle.

Todo pensamiento consciente dejó su mente cuando Edward se puso entre sus muslos. Gimió y arqueó sus caderas arriba para encontrarle, disfrutando de la presión de su polla en contra de su abdomen, la percepción de su peso, su carne caliente y su aliento a través de sus labios.

Edward besó a su mujer, con la seguridad de que nunca podría dejarla ir. Le daría el tiempo que necesitara para percatarse que era suya, y que lo amaba también.

Se aflojó sobre el cuerpo de Bella, pasando sus labios a lo largo de la línea de su mandíbula y la curva de su cuello. Soltó dulces gemidos cuando comenzó a besarle y lamerle, bajando hacia el valle de sus pechos, saboreando la sal de su piel y aspirando su perfume. Ella era suave y caliente, simpática y flexible.

En el mismo modo que pensó eso, ella se volvió salvaje y exigiendo mucho bajo él.- Succiona mis pezones y fóllame. -dijo en voz baja, jadeante.

Él se rió ahogadamente contra su pecho y lamió un pezón. Chupó, duro; ella alzó la voz y se retorció bajo él.- Me gusta eso. -jadeo, y él movió su boca a fin de poder morder su otro brote apretado.

Agarró con fuerza su cabello, tirando de el, hasta que él lo sintió a lo largo de a las raíces, tan severo que era casi doloroso. Le gustó eso, le gustó la forma que perdía el control bajo él, moviéndose agitadamente y alzando la voz.

Quería entrar en ella ahora, pero se contuvo, acariciándole con la lengua lentamente, paseando a lo largo de la línea de su vientre y hacía su montículo.

-Eres tan sexualmente atractiva, Bebe. -Abanicó su aliento contra su ombligo, y ella alzó la voz. Olió la inundación de sus jugos, el perfume de su sexo.

Acarició con la nariz sus rizos suaves y gimió. Su polla estaba más que dura, pero tenía que saborearla, tenía que darle gozo a ella.

Fue una necesidad tan agarrada dentro de él. No se trataba de él. Esto se trataba de su placer, haciendo a Bella sentir cuánto le importaba.

Bebió a lengüetadas en su clítoris, saboreando su crema dulce, y expresándose con gemidos.

Ella agarró con fuerza su pelo apretado más las manos, la lamió más fuerte.

Bella no podría creer que se sintiese aun más caliente que las otras veces que habían follado. Pero el hecho de que le había dicho que se había enamorado de ella, hacía que cada uno sus sentidos pareciera más vivo que alguna vez antes.

Tal vez esto era lo qué confeccionaba el amor.

Su lengua raspó el interior de sus muslos y los labios de su coño, mientras la levantaba repetidas veces. Le clavó sus dedos en el centro resbaladizo mientras le lamía el clítoris, ella bombeó sus caderas contra su cara.

-Estoy cerca de correrme, Edward. -dijo ella, apenas capaz de respirar.

-Córrete para mí, cariño. -dijo contra su coño, luego mordió su clítoris.

Bella alzó la voz. Se arqueó hacia arriba, fuera de la cama, por la fuerza de su clímax que se apresuró desde su vientre a través de cada parte de su cuerpo.

Casi sollozaba por el impacto del orgasmo cuándo Edward, encima de ella, reforzó sus manos para no aplastarla con su peso y zambulló su polla dentro de ella.

Bella gritó otra vez más, temblores secundarios causaban que su coño que se agarrara con fuerza alrededor de su polla. Él se abstuvo de correrse todavía un momento, simplemente para mirarla a los ojos fijamente. Su cabello cobrizo cayéndole sobre la frente en una apariencia erótica, desarreglada. La curva angular de su mandíbula era tensa y sus ojos esmeraldas estaban oscuros por el deseo. Era tan sexualmente atractivo, tan primoroso, que le quitó el aliento.

Él se arrodillo, puso los brazos bajo sus rodillas y sus tobillos apoyados en su cuello. Plantó sus manos al lado de la cabeza de ella y comenzó a mecerse, empujando sus caderas hacia arriba fuerte pero despacio. Tan profundo, que se sintió abstruso, y tocó un lugar mucho más dentro de ella, ese que nunca había alcanzado antes. Cada empuje de su polla causó que temblase, retorciera y latiese alrededor de él.

Edward recorría con la mirada sus cuerpos y su mirada vino en busca de la sede de su polla deslizándose dentro de su coño. La vista era tan erótica que se corrió otra vez, sus caderas dando sacudidas y temblando.

-No hay vuelta de hoja, cariño. -Se meció más rápido, aguantando hasta que ella llegara al clímax, en espera de su liberación.

Y cuando se corrió -otra vez-, él gritó con un orgasmo que era tan poderoso que su cuerpo entero vibro contra el de ella.

Se levanto por encima de ella un momento, su espalda arqueada hacia atrás, pareciendo un dios en los lanzamientos de pasión.

Lentamente, alivió sus piernas bajando y comenzó a rodar para su lado, trayéndola con él. Su polla se zafó de su coño e instantáneamente le añoró dentro de ella.

Se acorrucaron y ella se acomodo en su abrazo poderoso, disfrutando la fuerza de él contra ella. Sus cuerpos estaban resbaladizos por el sudor, los jugos y el perfume del sexo los rodeaba. Bella nunca se había sentido más contenta o más amada en su vida.

Edward sonreía y la besó suavemente.- Eres mía, Bebe. ¿Sabes eso, o no?

No podría ocultar una sonrisa de felicidad.- Soy toda suya.


La historia ha llegado a su fin! Buuu! :(

Bien, espero que no se enojen conmigo por este final y dejen sus reviews! Se que no termina como a muchas les gustaria, pero... Hey! Al menos terminan juntos!

Gracias a las que a lo largo del fic dejaron sus reviews, alerts, lo agregaron a favoritos, etc. Y recuerden: las quiero, no me odien! xD

Beatiful Blush