(N/A) Sailor moon y cia. Le perternesen a Naoko Takeuchi. La historia es mía y es la primera vez que utilizo los personajes de Takeuchi. Espero lo disfruten, ya que es una de mis mejores trabajos en mi humilde opinión.


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Prologo

El destino la forzó a tomar una decisión nada fácil, convertirse en una de las tantas amantes del frío empresario Darién Chiba de quien esta enamorada.

Pero ¿Esto durara para siempre?

¿Qué ocurrirá cuando Serena diga basta?

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Los Labios del Pecado

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Capitulo I

Llamaron a la puerta. Sabía quien era, y aunque se trataba del hombre que secretamente amaba con todo su ser, no se encontraba exactamente feliz. Camino desganadamente sintiendo el frío del suelo en sus pies descalzos hasta llegar a la puerta de madera que se interponía entre ellos. Al abrir, él la esperaba tan serio como siempre, acompañado de su fiel guardaespaldas. Sin decir nada, se corrió para que el alto y musculoso joven entrara en su hogar. Una vez cerrada la puerta, ambos se miraron fijamente a los ojos por unos segundos. Él fue el primero en suprimir el espacio que los distanciaba y la sujeto de la cintura contra su cuerpo, tan posesivo como siempre. Con la mano libre, acaricio su mejilla regalándole una agradable caricia.

Sin importarle su descaro, miro el sensual atuendo de la joven. Llevaba un camisón rojo de seda, entallado contra su suave cuerpo. Sabia perfectamente que bajo el no había nada, ya que esa era la orden especifica cuando el la visitaba.

- ¿Cómo estuvo el viaje?- consulto la joven simplemente.

- Bien- respondió con su voz ronca, muy masculina.

Enfoco sus ojos azules oscuros en sus labios carnosos y descendió hasta ellos para finalmente besarlos con pasión. Serena correspondió suavemente, extasiada de la misma pasión que el demostraba cada vez que tenían sexo. Sintió sus manos en ambos lados de su cadera presionando con firmeza contra su ya duro miembro, para luego en un movimiento ascendente quitar la suave tela roja de su cuerpo. Una vez separados, miro su cuerpo desnudo con sus ojos entrecerrados. Darién siempre lo encontró como el más perfecto, terso y apetecible entre sus amantes. Y eso Serena lo sabía bien.

Esta vez, fue ella quien acorto la escasa distancia entre ambos y le quito el saco de su costoso traje italiano para dejarlo caer al piso. Prosiguió por desanudar su corbata y sacó el borde de la camisa de dentro del pantalón.

Impaciente como se encontraba, el joven la dirigió hasta el gran sofá en la sala de estar y se sentó cómodamente. Serena se acomodo frente a él, sobre sus piernas, y continuó con su tarea de quitar la camisa. Mientras tanto, Darién se entretenía en recorrer cada centímetro de su piel con sus grandes manos y besar su cuello, sin poder evitar embriagarse con el agradable aroma de su dorado cabello.

Recorrió sus pectorales mientras suspiraba ante la excitante sensación de sentirlo en su cuello, lamiendo desde su hombro hasta su oreja. Deslizo sus manos hacia el pantalón y lo abrió sin preámbulos. Se alejo de el, parándose frente suyo para deshacerse de las ultimas prendas y dejarle en las mismas condiciones que ella. De manera felina, volvió a su posición anterior y sin esperar el más mínimo instante, aprisiono su miembro entre sus manos y lo guió a su interior. Ambos gimieron ante la placentera e única sensación, hacia mucho tiempo que no compartían aquel sublime acto.

Serena se aferro de sus hombros y comenzó a moverse en un rápido ritmo, mientras el se apoderaba de uno de sus senos para degustarlo a conciencia disfrutando de cada vaivén de sus magnificas caderas. Si algo debía admitir, era que Serena era la única que conseguía hacerle sentir rayar en la más sublime locura.

Como una posesa, Serena no disminuyo el ritmo en ningún minuto sin poder evitar gemir al compás de sus movimientos. Sabia que estaba haciendo un buen trabajo, ya que el placer se veía claramente en la expresión de Darién, en los sonidos roncos y gruñidos que no podía controlar.

Luego de unos exquisitos minutos, sintió el éxtasis de su orgasmo lo que la hizo gritar mientras el aun se movía dentro de ella. Lo miro a los ojos, aun con la respiración agitada y descubrió su sonrisa de satisfacción. Hacerla llegar al placer era una fascinación para Darién, que alimentaba su ego y orgullo.

Sin esperar más, continuó moviéndose sobre él pero con movimientos más fuertes gracias a la ayuda que le proporcionaba sus manos fuertes en sus caderas. No pasaron ni dos minutos cuando el joven exploto en su interior. Exhausta, Serena se recostó en el hombro derecho de él y respiro hondo tratando de tranquilizarse.

- Tan delicioso como siempre- opinó mientras le acariciaba el trasero, aun en su interior- Pero cada día, un poco más placentero.

Recordándose que aquel era demasiado contacto del que se tenía permitido con él, Serena se levanto sacándolo de su interior y sin decir nada se dirigió hacia el baño de su habitación.

Encendió la ducha, ya que debía limpiarse un poco. Seguramente se vestiría y se marcharía como era su costumbre. Probablemente en dos semanas aparecería de nuevo.

Una vez dentro de la bañadera, sintió la agradable sensación del agua caliente recorrer cada lugar de su cuerpo relajado. Pero el sonido de la puerta abriéndose la distrajo y se sorprendió al verlo entrar junto a ella.

- ¿No te molesta si te acompaño, verdad?- consulto con media sonrisa en sus labios. Un arma de destrucción masiva, a su parecer.

- Pensé que no te quedarías…- dijo suavemente, aun incrédula.

- Veras, hace mucho tiempo que no nos vemos y debido a este ultimo viaje no he tenido tiempo de distraerme- le explico tomando el jabón, frotarlo entre sus manos hasta crear espuma y comenzar a masajear uno de sus senos- Tengo deseos de relajarme a tu lado.


Se despertó lentamente como todas las mañanas, pero esta vez sentía la prisión que ejercían los brazos de Darién contra su cuerpo. Algo extraño a lo que estaba casi acostumbrada, a no ser por sus últimas y prologadas ausencias por cuestiones de trabajo. Admiro su rostro tranquilo por algunos segundos pero rápidamente volvió a su autocontrol.

Lo más suave que pudo, quito sus brazos para escapar del agarre. Sin ánimos de buscar con que cubrirse, se coloco un conjunto de ropa interior negro que descansaba sobre una silla. Sin más, se dirigió a la cocina en búsqueda de algo para desayunar y mientras esperaba a que el agua hirviera, tomo un paquete de cigarrillos sobre la mesada y prendió uno.

Miro el calendario que se encontraba en su heladera. Dentro de apenas una semana cumpliría veintidós años. Era sorprendente el contraste en ella misma tan solo tres años atrás. Lejos de estar en el harem de Darién, era una joven normal con aspiraciones normales: estudiar en la universidad, tener muchas amigas, conseguir un novio quizás. Sin embargo, todos sus sueños eran truncados por la "simple" situación de tener que mantener a su tía y hermano menor. Tras un accidente automovilístico, sus padres perdieron la vida y el único pariente vivo era la tía Molly, quien era una humilde secretaria que apenas podía mantenerse a ella. Desde entonces, Serena tuvo la difícil tarea de ir al instituto por las mañanas y buscar un empleo por las tardes. Su hermano, Sammy solo tenía trece años como para asumir su difícil tarea.

Sintió que se aproximaba y verle desnudo no le sorprendió, ya que sus boxers aun permanecían en el suelo de la sala de estar. Una vez que se los puso junto con el pantalón, regreso a la cocina donde la observo detenidamente. Lejos de importarle si la miraba o no, apago la hornalla y con cuidado de no quemarse, sirvió agua en dos tazas negras. Le incorporo el café instantáneo y le coloco dos cucharadas y media de azúcar, tal como le gustaba a él.

- ¿Cómo ese encuentra Beryl?- consulto mientras le entregaba la taza- ¿Ya logro convencerte que te cases con ella?

No dijo nada, solo sonrió con burla mientras bebía su humeante café. La miro detenidamente, no se cansaba de ver su cuerpo níveo contrastando con aquel conjunto de encaje negro muy sensual.

- Aun no- respondió simplemente.

- Bueno, envíale saludos de mi parte, ¿si?- pidió claramente irónica.

Beryl llevaba siendo la novia oficial de Darién poco más de un año y aunque era una mujer muy celosa, Serena sabía que callaba costosamente ante las conocidas libertades de su pareja. Por desgracia, una vez en una fiesta ambas tuvieron un altercado y Darién no aporto de lo suyo para que la relación entre ambas fructificara.

Ittou, era un amigo en común de Darién y Serena. El pelinegro lo conocía desde la infancia y fue el quien le ayudo con el capital para que se iniciara como fotógrafo profesional. Serena lo conoció una de las tantas veces que Darién la llevo como acompañante a sus exposiciones y entablaron una sincera amistad cuando acepto ser su modelo para unas fotografías, permiso que Darién concedió únicamente porque a su gran amigo no le atraían las mujeres, sino todo lo contrario. En el cumpleaños del fotógrafo, Beryl le dejo en claro que no quería que se acercara nunca mas a Darién, luego de descubrirlo comiéndose con la mirada su sensual vestido negro, a lo que ella respondió que el no la buscaría si se sintiera satisfecho solo con ella. Sabía que había sido dura pero aunque era la prostituta privada de Darién, ella también tenía sentimientos y jamás dejaría que alguien como Beryl pisoteara la poca dignidad que le quedaba aun.

Apuro el café de una sola vez y continúo fumando sin dejar de mirarle. Odiaba tener ese sentimiento hacia él, todo seria más fácil si nunca le hubiera mirado con otros ojos que fuesen los de una persona que le pagaba por complacer sus instintos básicos.

El empresario termino su café y se acerco para dejar la taza en la pileta, para luego tomar su estrecha cintura y pegarla contra él.

- Vendré en estos días- le informo sobre su oído- pero antes…

Sin dale tiempo a pensar, acaricio su intimidad rítmicamente mientras besaba su cuello con desenfreno. Serena no pudo evitar reaccionar a las caricias del joven y jadeo ante las sensaciones que le provocaba. Sintió como le quitaba el sostén y descendía hasta sus rosados pezones. Sin perder tiempo, termino de desnudarla y se quito sus prendas tirándolas lejos. Con una facilidad que siempre la dejaba sin aire, la levanto por las caderas como si se tratara de una pluma y guío su miembro rígido dentro de su cavidad.

Aquello era tan delicioso que sentía que se derretía entre sus fuertes brazos. Se abrazo a su cuello para estar segura y él la coloco contra una de las paredes. Sus movimientos bruscos se hacían cada vez más rápidos mientras que ambos gemían sin contener la más minima emoción en sus cuerpos.

Todo acabo de repente, tan súbito como empezó. Ambos se liberaron en el mismo momento, como si por unos minutos sus cuerpos se hubiesen sincronizado. Con la cabeza contra la pared, miraba el techo agitada mientras él descansaba escondido en el hueco que se formaba entre su cuello y hombro. Permanecieron quietos por unos minutos en los cuales la calma era tan exquisita, de tal manera que los seducía a quedarse de esa manera por más tiempo. Pero ambos sabían que eso era imposible.

- Debo irme- le dijo alejándose de su cuerpo.

Serena solo asintió y no dijo nada mientras delicadamente desenredaba sus piernas de su cintura para tocar el frío piso negro y blanco.


Darién entro a su oficina. Después de su encuentro con Serena, fue hasta su mansión solo para dejar su equipaje y cambiar de traje. Decidió no avisarle por el momento a Beryl de su regreso, de esa manera le dejaría trabajar tranquilo ese día completo y poner las cosas en orden.

Sin previo aviso, la puerta de la oficina se abrió. Andrew entro con paso airoso y animado pero sin duda se extraño de que su amigo no le vociferara reprobando sus modales. Se veía relajado y hasta con el semblante tranquilo y feliz. Analizó rápidamente la situación y llego a una sola conclusión.

- Haz estado con Serena- le acuso señalándole con su dedo índice, cosa que su amigo odiaba aun más.

- Eres un idiota- fue la respuesta malhumorada del pelinegro.

- Di lo que quieras, pero tu semblante solo me lo confirma- sonrío sentándose en uno de los cómodos sillones para recibir personas- Esa muchacha tiene poderes especiales sobre ti.

Darién levanto su mirada azulada de lo papeles que observaba para dedicar un cruel mensaje a través de sus zafiros. Pero Andrew era realmente difícil de intimidar ya que sabía que Darién no era capaz de hacerle ningún tipo de daño.

- ¿Por qué no admites de una vez que te gusta?- consulto cruzando sus brazos- Jamás te importo el bienestar de ninguna de tus amantes pero ella vive excelentemente gracias a ti, siendo la excepción.

- Eso es porque venia dentro del acuerdo para ser mi amante- le respondió serio y cortante- Las otras solo pedían que las llevara a los eventos, con la ilusión de poder cazarme. Serena fue la única realista que comprendió mis intenciones y acepto en son de su hermano menor.

Andrew suspiro ante la terquedad de su amigo de ver las cosas con claridad. Ninguna de todas las amantes y ni siquiera parejas oficiales había durado tanto a su lado como Serena.

- Pon la escusa que quieras, a mi no me engañas- sonrío triunfante- Sientes algo por Serena y no lo quieres admitir porque huyes del compromiso. No podrías dejar de verla aunque quisieras y la sola idea de que otro hombre la mire te encoleriza.

Le dedico otra mirada mortífera y decidió ignorarlo ya que no cedería a su teoría tan fácilmente. Su rubio mejor amigo era testarudo e, a veces, insoportable.

- Bueno, si no te molesta ¿podría verla?- consulto suavemente y con voz galante- La ultima vez que la vi, estaba espectacular con aquel vestido de coctel rojo.

Resignado a que no podría continuar con sus obligaciones en tanto Andrew continuara con sus estúpidos pensamientos, se recostó en respaldo y le miro serio.

- Hazlo- autorizo serio y sin demostrar ninguna emoción, pero por dentro un ardiente infierno le consumía.

Andrew sonrió victorioso y giro su mirada hacia una de las paredes de la elegante oficina. En ella descansaba un cuadro de grandes proporciones de una fotografía en blanco y negro que pertenecía a la colección más costosa de Ittou Asanuma. En ella se encontraba una mujer de cabellos rubios desnuda acurrucada en el suelo. Era tan hermosa y elegante que era elogiada por todo el que la veía, como una obra maestra. Pero solo lo Darién, Ittou y Andrew sabían que esa joven era Serena.

- ¿No te arrepentirás?- volvió a mirarlo- No tocaría algo que tu quisieras como tuyo.

El silencio invadió el espacio que ambos ocupaban. Darién no desebaba acceder a su petición pero tampoco quería dar a entender posesividad en una mujer. El era libre y no le importaba nadie más que él, siempre fue así y lo seguirá siendo.

- Esa respuesta fue mas sincera- sonrió triunfante al descubrir la batalla en sus ojos y se puso de pie- Nos vemos luego.

El empresario permaneció en silencio por un momento y reflexiono sobre lo que este le planteaba. ¿Qué sentía realmente por Serena?


En cuanto termino de almorzar, Serena se dirigió a su habitación para cambiarse e ir a visitar a su tía y hermano. Sin dudas la visita de Darién le había dejado algo sensible, porque no hacia mas que pensar en el día que se conocieron.

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Serena caminaba por las oscuras calles de Tokio luego de otro duro día de trabajo. Era empleada en una panadería muy concurrida de la ciudad, por ello trabajaban hasta muy tarde y así dejar las masas lista para el día siguiente. No eran una gran paga, ya que era nueva pero con el tiempo todo marcharía mejor.

Al pasar por frente a un restaurante muy elegante de la ciudad, no se percato que llamo la atención de un hombre que salía del local junto a su compañera de turno.

Doblo en una esquina poco iluminada ya que por esa calle llegaría más rápido pero en cuanto sintió pasos detrás suyo supo que había sido una mala idea. Un hombre demasiado corpulento como para tratar de hacer algo se le acercaba con una sonrisa macabra. Trato de alejarse pero sintió como le tomaba el brazo con fuerza y la empujaba contra una pared. De un solo tirón, abrió su camisa blanca haciendo saltar los botones. Ella intento resistirse, pero el hombre le golpeo la cara de tal manera que la dejo mareada.

Lo que siguió fue confuso, ya que cinco hombres lo apartaron de ella y le dieron una paliza que lo dejo inconciente. Otro hombre se acerco lentamente a ella para no asustarla y le extendió su mano en señal de ayuda. Aun confundida pero agradecida de que ese desgraciado no haya tenido tiempo de nada, siguió a su salvador quien le dio su saco para que se tapara.

Cuando llegaron a la mansión del hombre que la había salvado, la llevo directamente a la sala de estar donde le pidió a una de las sirvientas que le trajera el botiquín para curar el corte en su labio inferior.

- ¿Cómo te llamas?- consulto concentrado en limpiar su labio con un algodón y alcohol.

- Serena Tsukino- respondió cerrando los ojos por el ardor que provocaba el alcohol- ¿Y usted?

- Darién- le informo con una sonrisa curvada de un solo lado.

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Luego de eso, nada pudo ser igual que antes. Darién la buscaba constantemente a la salida del instituto y le acompañaba hasta su hogar, invadiendo lentamente su tiempo y prioridades. Creía haber ganado un nuevo amigo por el cual sentía una extraña atracción que la inhibía y sacaba a la luz su faceta más tímida. Hasta que llego la noche en que se lo propuso…

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Ambos estaban sentados en una banca del parque, ya que ella no deseaba regresar a su hogar aun. Aquella noche la habían despedido porque una de las nuevas empleadas le tendió una trampa para que ella pasara por ladrona y así quedarse con su puesto. Darién permanecía callado mientras la escuchaba lamentarse y observo como más de una vez caían lágrimas de sus ojos celestes.

- Puedo proponerte algo- le informo una vez que ella termino con su relato- Si aceptas, el dinero no volverá a ser más un problema en tu vida. Tu hermano podrá ir a uno de los mejores institutos y salvaras la casa de tu tía de la hipoteca.

Serena lo miro sorprendida, fuera lo que fuera solucionaba radicalmente todos sus problemas más inmediatos. Ansiosa por saber que era, le pidió que continuara.

- Se mi amante- respondió serio mirándola fijamente.

Al principio creyó que era una broma, pero al ver que su expresión seria no mermaba comprendió que lo había dicho muy enserio.

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Recordaba perfectamente como se había levantado sin decir nada y corrió en dirección a su casa con el corazón doliéndole aun más. Su inexperiencia con los hombres le hizo creer que Darién estaba interesado en ella como una pareja, pero solo había despertado en él un mero deseo sexual.

Sin embargo, aunque al principio no quiso aceptar por orgullo y dignidad, la vida se encargo de empujarla hacia los deseos del empresario.

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Habían quedo en verse en aquel departamento, seguramente le pertenecía a él. No necesito tocar el portero ya que los guardaespaldas la reconocieron al instante y le hicieron pasar. Subió en el elegante ascenso hasta el sexto piso y camino hacia la única puerta que había. Llamo a la puerta y a los pocos segundos Darién le abrió y la dejo entrar sin preámbulos. El lugar le encanto desde el primer momento en que lo vio, la decoración era exquisita.

- Seré breve- hablo sin ni siquiera sentarse, debía hacerlo rápido para no dar marcha atrás. La situación de la hipoteca había empeorado y necesitaba urgentemente solucionarlo antes de quedar en la calle con su tía y hermano- Acepto tu propuesta.

Darién acorto la distancia entre ambos y acaricio su mejilla con delicadeza para que calmara un poco los nervios. Pero sin embargo, su corazón amenazaba con salirse del pecho.

- Deberás hacer solo un cambio y tendrás todo lo que desees- le explico a escasa distancia de su rostro- Vivirás en este departamento, de esta manera podré verte cuando y a la hora que desee. Mientras trabajes para mi, no podrás tener una relación con nadie mas ¿De acuerdo?

Rió irónicamente por dentro, no debía preocuparse por ese último detalle ya que estúpidamente se enamoro de él mucho antes de descubrir sus verdaderos sentimientos hacia ella. Asintió para que supiera que aceptaba lo términos.

Sin esperar ni un segundo más, beso sus labios por primera vez. Al principio fue lento pero luego las ansias le ganaron la batalla, dejando a flor de piel el deseo contenido desde la primera vez que la vio.

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De esa manera había vivido su primera vez, entregando lo más preciado de su cuerpo para salvar a su única familia de la pobreza. Lo único bueno fue que Darién le trato con suma delicadeza y la dejo descansar una vez todo hubo terminado. En realidad, nunca había sido malo a la hora de tener sexo, pero eso no quitaba que él la miraba como un objeto sexual y nada más.

Se coloco unos pantalones y zapatos negros, una remera blanca muy sencilla, y una blazer beige. Ató su cabello en una cola alta y se maquillo de manera suave. Tomo su cartera negra, camino a la sala de estar, tomo sus llaves y salió.

Continuará…