Disclaimer: Todos los personajes son de S.M, sólo la trama es mía (:

Capítulo 1:

-Venga, Elizabeth. Levántate o llegarás tarde a tu primer día de instituto en tu nuevo instituto. – Dijo Edward a su pequeña hija.

-Ya voy, papá. – Le contestó la niña. Edward se levantó de su cama y fue hacia la cocina a preparar el desayuno. Ya lo había preparado todo, y Elizabeth no aparecía por la puerta de la cocina.

-¡Elizabeth! ¡Quiero que salgas ahora mismo de tu habitación! – Gritó Edward divertido. - ¡Solamente te quedan como unos quince minutos para desayunar y dirigirnos hacia el instituto! – Le volvió a gritar. No terminó la frase, ya que Elizabeth se materializó en la cocina y empezó a desayunar rápidamente. – Tranquila, a ver si ahora te vas a atragantar. – Le dijo Edward riendo. Elizabeth le echó una mirada furiosa.

-Mejor no hablemos. – Amenazó Elizabeth, ya que Edward era el primero en comer rápido.

-Voy a por mi maletín y nos vamos. – Se fue hacia su habitación y regresó con el maletín.

-Ahora me toca a mí ir a por mi maleta. – Dijo Elizabeth.

-Sin problemas. – Contestó Edward.

-Ya nos podemos ir. – Dijo en cuando llegó al vestíbulo. Salieron y se montaron en el Volvo de Edward. Emprendieron el camino al instituto en un silencio cómodo, sin tener que decir palabra alguna. Después de quince minutos, Edward y Elizabeth, estaban estacionado frente la puerta del instituto de Nueva York.

-Ya sabes, Elizabeth. – Edward sólo llamaba a Elizabeth por su nombre completo cuando una situación era realmente seria. – Si te pasa algo, te hacen algo, o te dicen algo, sólo tienes que llamarme. – Le aseguró por décima vez en lo que llevaba de día.

-Ya lo sé, papá. No te preocupes, o te saldrán canas y tía Alice te mataría. – Dijo rodando los ojos.

-No lo dudes. Es solo que me preocupo por ti. Bueno, me tengo que ir o llegaré tarde. Adiós, cariño. – Besó dulcemente la frente de su hija.

-Adiós, papá. Te quiero. – Le dijo Elizabeth.

-Y yo a ti. – Elizabeth cerró la puerta del coche y se dirigió nerviosa hacia el interior del instituto.

Edward era un chico de 26 años que se dedicaba a la medicina. Hace unos días se habían mudado a un pequeño y tranquilo pueblo llamado Forks, Washington, para venir a vivir más cerca de su familia, es decir: Sus padres, Esme y Carlisle, y sus hermanos, su melliza Alice y su hermano mayor Emmett. Edward llegó a su hora al hospital. Entró por la puerta e inmediatamente todas las sonrisas de todas las mujeres se posaron en sus caras al ver el atractivo de Edward. Era alto, pelo cobrizo y siempre despeinado. Nariz recta y perfecta al igual que su boca. Tel muy blanca. Y lo más importante, la puerta de su alma: Sus ojos color esmeraldas. Ante esto, todas las chicas que pasaban por allí suspiraron al mismo tiempo. Se fue hacia donde se encontraba la oficina de su padre. Cuando llegó a la puerta, que la identificó porque ponía Dr. Cullen. Pegó dos veces con sus mudillos y desde dentro recibió un leve pase de parte de su padre.

-Buenos días, papá. – Saludó Edward.

-Buenos días, hijo. – Deseó Carlisle. – Ven conmigo. Te enseñaré donde está cada cosa.

Salieron y lo mismo pasaba con el Dr. Cullen. Todas suspiraban cuando pasaban a su lado. Él era un hombre alto, rubio, tez blanca y ojos azules cielo. Edward era muy parecido a su padre. Carlisle lo recorrió por todo el hospital para que lo conociese bien y no se perdiera.

-Bueno, Edward. Me tengo que ir a atender unas urgencias. – Dijo cuando recibió una llamada a su busca. – Recuerda que tu madre quiere que cenéis esta noche en casa. También estarán Rose y Jasper. ¡Ah! Es verdad. - Dijo para sí mismo. – Alice va a traer una amiga suya.

-Está bien. Allí estaremos Elizabeth y yo. – Respondió él a su padre. Mientras que se dirigía a su consulta pensaba en la amiga que llevaría hoy su melliza. Pensaba que sería una chica alta, rubia, ojos azules. Otra Rosalie. Él, cuando conoció a Rosalie, se creía que ella era una rubia tonta que no sabía de nada, todo por su apariencia. Pero las apariencias engañan. Rose, cómo le gustaba que le llamasen, no tenía ni un pelo de tonta. Por eso Edward no juzga sin saber. Sabía decisión.

Hoy, por ser su primer día, terminaba a la hora del almuerzo. Se quitó su bata y cogió su maletín para dirigirse al instituto a recoger a Lise, o sea, Elizabeth. Prefería así, ya que su nombre era demasiado largo. Aparcó en frente de la puerta y esperó a que saliese Lise. La vio e iba acompañada de cuatro niñas más. La que iba a la izquierda tenía el pelo negro y era delgada. La que la seguía era idéntica a ella. Y la que iba a la derecha de Lise, era rubia y delgada, también. La que iba al lado de la chica rubia, era morena, de unos diez años, pelo caoba y ojos chocolate. Lise se despidió con la mano y se metió en el coche.

-Hola, cariño. ¿Cómo te ha ido? – Quiso saber Edward.

-Hola, papá. Me ha ido muy bien. Las tres chicas que veías se han hecho mis amigas. Las dos que eran iguales son gemelas y se llaman Agatha y Martha. La rubia era Bianca. Y la morena de ojos chocolate era Alex, o sea, Alexandra. Todas tienen mi edad, pero Alex está todavía en primaria. O sea, en el edificio de al lado. – Señaló otro gran edifico cerca de donde estaba su instituto. - Se han mostrado muy amables. A decir verdad, las que mejor se han portado. – Terminó de contarle a su padre, pero se acordó de algo. – La tutora era muy… - No pudo terminar ya que su padre la había cortado. Lise quería ayudar a encontrar el amor y ella y Alice siempre lo intentaban, pero fallaban.

-Ya hemos hablado de eso. – La cortó fríamente.

-Ya lo sé, papá, pero yo quiero tener una mamá.

Edward no supo qué decir, por lo que se mantuvo en silencio durante todo el trayecto. A pesar de tener catorce años, ella ansiaba tener una verdadera madre. La cual la sepa apreciar y darle todo el cariño y amor que le hacía falta. Elizabeth estaba un poco enojada y estaba en el asiento del copiloto de brazos cruzados e intentando tratar de que no se desbordase ninguna lágrima de las que amenazaban salir. Llegaron al apartamento y lo primero que hizo fue Lise, fe encerrarse en su cuarto para que su padre no la viese de llorar. Edward estaba en la cocina preparando la comida.

-¡Elizabeth, si quieres venir a comer, bien y sino también! – Gritó Edward cuando hubo acabado de preparar la comida. Elizabeth salió, cogió su plato y se dirigió de nuevo en su cuarto, cerrando la puerta de un portazo. – Perfecto. – Murmuró Edward. Terminó de comer y fue a avisarle de que hoy cenarían en la casa de los abuelos. Ella solo dijo un vale cortante, dejando claro que la dejase en paz. Se fue al salón y empezó a ver la tele.

Mientras tanto, Lise estaba en su ordenador chateando con sus nuevas amigas. Se despidió de ellas y fue a darse una ducha. Salió de la ducha con una toalla alrededor de su cuerpo. Fue hacia su gran armario lleno de todo tipo de ropa de marca, gracias a Alice. Cogió un pantalón largo vaquero y una camisa rosa con cuadros. Cogió sus Converse rosas y se las puso. Simple pero formal, pensó. Salió y fuera le esperaba su padre.

-Elizabeth, perdona mi silencio cuando íbamos en el coche. No me lo esperaba porque Alice y tú siempre me buscáis chicas para que yo encuentre el amor. Pero tú nunca me habías dicho nada acerca de que tú querías una madre. Lo siento. – Elizabeth se acercó a él y lo abrazó.

-No pasa nasa. Te entiendo.

-Pues vamos y ahora mismo puedes estar poniendo esa sonrisa tan bonita que tienes en tu preciosa cara. – Lise, al escuchar a su padre decir ésas palabras, se formó sola, con naturalidad y sin una sola pizca de falsedad.

Fueron al Volvo y emprendieron el camino hacia la casa de sus abuelos.

Elizabeth era alta para solamente tener catorce años. Tez blanca como la de su padre. Pelo castaño con algo de tono rojizo. Nariz respingona, con pecas y perfecta al igual que su boca. Labios carnosos, delgada y ojos grises. Llegaron a la casa de los padres de Edward en veinte minutos aproximadamente. Se bajaron y tocaron al timbre. Al instante abrió Carlisle.

-¡Hola, Edward, Lise! – Saludó Carlisle a su hijo y nieta, junto con un abrazo. Detrás de él apareció una mujer con cara en forma de corazón, cabello como la miel y ojos como los de Edward, es decir, Esme. Los saludó cariñosamente. Tras ellos dos aparecieron Alice, menudita con cabello negro con todas las puntas esparcidas por todos lados, con ojos verdes esmeraldas como los de su mellizo y madre. Su rostro era angelical. Detrás de ella estaba Emmett, musculoso, pelo negro y rizado con unos ojos iguales a los de Carlisle. Los saludaron a su manera y se adentraron en la gran casa. Allí había una chica de unos veintantos años y una niña de unos diez años, entre Rose y Jasper. Lise abrió los ojos y la boca formando una perfecta "O". Se puso las manos en la boca y ahogó un gritito. Bajó las manos y frunció el entrecejo para decir:

-¿Vosotras? - preguntó Lise asombrada.


Hoolaaaaaaaaa! :)

Y aquii vaamoss coon otraa hiistooriia! :D

Espero que este trozito os haya gustado :D

y bueno, no las entretengo más!

Espero que dejéis Review! ¬¬ xD

si no dejáis, no pasa nada ^^

Beesoos,,,

Robert Ashley Cullen Swan (: