Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

PERRO MUERTO

Bella POV

Anuncios, serie, cutre, anuncios, las noticias...

Estaba en el sofá de mi casa, con los pies colgando del respaldo y la cabeza del asiento, viendo la televisión al revés y mirando aburrida mientras pasaba los canales en busca de algo interesante. Pero a la una de la noche poco hacen y yo no tenía sueño. Bufé y me puse de pie, ya que al estar al revés se me había subido la sangre al cerebro y me dolía la cabeza.

Justin se había ido hacía una hora y estaba más aburrida que una ostra. Decidí ir a dar una vuelta para estirar las piernas. Garabateé la dirección de mi bar favorito, donde solía ir con Justin, en una nota, me puse una chaqueta y salí al frío de la calle.

Caminé, echando un vistazo con mirada ausente los escaparates de las tiendas por las que pasaba. Giré la esquina del bar. Unos borrachos con unas latas de cerveza en la mano se animaron al verme.

-¡Preciosa!-gorgoteó uno-. ¿Porque no pasas de lo que tengas que hacer y te unes a nosotros? Te divertirás.

Hice una mueca de asco y pasé de largo. Abrí la puerta del bar y arrugué la nariz ante la cantidad de humo que había. Justin y yo solíamos venir al mediodía, por lo que el tabaco y el alcohol no estaban tan presentes. Me dirigí a la barra. El camarero me miró con desconfianza.

-Está prohibido entrar aquí sin la compañía de un adulto-me gruñó. Justin era ese adulto, el que me faltaba-. No te voy a servir nada. Será mejor que te vayas.

Suspiré y le enseñé mi documentación falsa. En ella ponía que ya era mayor de edad, aunque aún tuviera diecisiete años. El camarero se encogió de hombros.

-Un tequila-le pedí.

El camarero buscó por detrás suyo y me sirvió un vaso. Le di un trago, saboreando el sabor y deleitándome con el calor que me dejaba en la garganta. Miré con curiosidad todo el bar, buscando algo interesante. Tres tíos iban cantando "La Macarena" a pleno pulmón, otro le metía mano a una tía que claramente era prostituta y un grupo de amigos intentaban ligar con dos rubias que al parecer eran hermanas. Y luego estaba él.

Estaba sentado en la barra, al igual que yo, a dos taburetes de distancia. Llevaba el pelo despeinado, era alto, desgarbado y musculoso. Tenía los ojos clavados en su jarra de cerveza ámbar oscuro como si en ella estuvieran las respuestas a los misterios del universo. Parecía un dios griego. Pero lo que me llamó la atención fue su piel pálida, sus marcadas ojeras y sus ojos. Ojos dorados.

Un vampiro.

Edward POV

-¡Edward, te tengo dicho que no compres ropa sin yo darle el visto bueno!-me chilló Alice al ver la chaqueta que me había comprado.

-A mí me gusta, y con eso es suficiente-repliqué, poniéndomela.

Alice abrió los ojos con espanto.

-¿Pero como te puede gustar?-volvió a gritar-. ¡El color es horrible! ¡Y esos botones son un atentado a la moda! ¡Deberías quemarla antes de que dañe mis ojos!

Me eché a reír.

-Lo bueno de ser vampiro es que tu vista es perfecta y no se va a dañar-me burlé, paseándome delante de ella para restregarle la chaqueta por los ojos-. Observa, Alice, observa.

Alice chilló y se abalanzó sobre mí. Comenzó a tirar de mi chaqueta para quitármela. O para romperla, no sé bien. Emmett apareció en ese momento y cogió a la duende para quitármela de encima.

-¡Corre, hermano, corre!-me gritó mientras Alice chillaba y se debatía con uñas y dientes para intentar saltar otra vez sobre mí.

Eché a correr. Me monté al Volvo para llevármelo conmigo y que Alice no lo destrozara en venganza por "atentar contra la moda". La chaqueta en realidad no me gustaba, pero Alice tiró mi camiseta favorita a la basura y me la compré en venganza. El plan había salido como quería. Ahora Alice estaría furiosa.

Conduje por las calles. Era la una de la madrugada y por la calle solo habían borrachos. Vi una pareja besándose en un parque y eso me deprimió. Me chafó la alegría de vengarme de Alice.

Toda mi familia había encontrado a su media naranja. Carlisle miraba a Esme con la misma cara de enamorado del primer día. Emmett y Rosalie eran igual de pasionales y se amaban con locura. Y Alice y Jasper no vivían el uno sin el otro. ¿Porque yo seguía solo? ¿Acaso no tenía derecho a que una mujer me hiciera enloquecer con un beso? ¿A amarla hasta que me doliera? ¿A poder ser feliz eternamente a su lado?

Las luces de un bar llamaron mi atención. No sería la primera que vez que bebía alcohol. Nunca llegué a emborracharme, ya que era un vampiro, pero el calor del alcohol atravesando mi garganta era agradable. Le enseñé la documentación-falsa, por supuesto-al camarero y pedí una jarra de cerveza. Bebí un trago y luego miré el interior con mirada perdida. Seguía deprimido.

-Parece que se te haya muerto el perro-me dijo una voz suave y dulce.

Me giré y me encontré con unos enormes ojos de color chocolate que me miraban con curiosidad. Era una chica humana de unos diecisiete o dieciocho años con la piel casi tan pálida como la mía. Su rostro era en forma de corazón y el pelo de color caoba le caía en cascada hasta la cintura formando unos rizos perfectos. Sus carnosos y rojos labios se doblaron en una sonrisa. Olía muy bien, pero por suerte había ido de caza la noche anterior.

-¿Ah, sí?-respondí-. Supongo que tengo un mal día.

-Te escucho-me dijo ella.

¿Que le iba a decir? Bueno, verás, no quiero pasar mi eternidad de vampiro sin una mujer a mi lado. Seguramente saldría corriendo. Ignoré lo que había dicho y bajé la vista hacia su sudadera de La Pantera Rosa.

-Bonita camiseta-le dije para despistarla.

-Gracias-me contestó, muy segura de sí misma.

No pude evitar sonreír. ¿Como alguien tan joven se atrevía a entrar sola a un bar a la una de la noche y entablar conversación con alguien como yo? Por regla general, los humanos no se acercaban a nosotros. Su instinto les decía que éramos peligrosos. Me concentré en su mente para tratar de averiguar ese porqué. Nada. Silencio. Fruncí el ceño.

-Bueno, ¿y cómo se llamaba?-me preguntó.

-¿Quién?

-Tu perro. El que se ha muerto.

Volví a sonreír. Aún seguía preguntando por el perro. Me pregunté si lo hacía de broma para burlarse o solo quería conversación.

-No, no hay ningún perro-respondí, sin dejar de sonreír. No sabía el porqué, pero la sola presencia de esa chica me alegraba-. Son sólo problemas personales, supongo. No es nada interesante. Me figuro que he entrado aquí para ahogar mis penas.

¿Porqué no me miraba como lo haría cualquier mujer? Después de lo que acababa de decir, cualquiera pensaría que soy el tío más aburrido del planeta, sin personalidad ni vida propia. En cambio, ella me miraba con curiosidad y una amplia sonrisa. Miró mi cerveza.

-Pues lo estás haciendo mal-me explicó-. Para ahogar las penas es mejor el tequila. La cerveza sólo las aumenta.

Me enseñó su vaso vacío, aunque aún se podía ver algún resto de tequila. ¿Estaría ella ahogando sus penas también?

-¿De verdad?-le pregunté, divertido. Era la primera vez que oía eso.

-Está comprobado-sonrió.

Le devolví la sonrisa. No sé que me impulsó a hacerlo, pero me levanté y me senté a su lado. Necesitaba compañía y esta chica parecía divertida. Podía pasar una noche agradable hablando con ella. No perdía nada.

Le tendí la mano sin acordarme de que mi piel no era precisamente cálida.

-Soy Edward Cullen-me presenté.

Me estrechó la mano. No pareció sorprenderse de mi tacto frío. Aquello era nuevo. Normalmente los humanos se estremecían cada vez que nos tocaban.

-Bella Swan-me dijo.

Llamé al camarero.

-Dos chupitos de tequila, por favor-le pedí. Luego volví a mirar a Bella-. Bueno, ¿y qué hace una buena chica como tú en un lugar como éste?

Vale, era la típica frase que se usaba con alguien desconocido para ligar. Pero en mi caso sí tenía curiosidad. Bella parecía una chica dulce y frágil, de esas que nunca se meten en problemas. Y este bar podía llegar a ser bastante peligroso a estas horas. Se debía sentir como un pulpo en un garaje. Aunque ella no daba muestras de sentirse incómoda. Es más, parecía demasiado cómoda.

-¿Qué te hace pensar que soy buena?-me preguntó Bella con una traviesa sonrisa.

Era de cajón. Solo su aspecto demostraba que no era para nada peligrosa. Aunque luego pensé en Alice y me di cuenta de que las apariencias nunca son lo que parecen.

-¿No lo eres?-le respondí sin poder evitar sonreír.

-Ah, sí, soy muy buena. Con los que se portan bien.

-¿Y con los demás?

Bella se puso seria.

-Pues no.

-Es bueno saberlo-contesté.

Esa chica en serio me gustaba. Era misteriosa pero a la vez extrovertida. Infantil pero a la vez bastante madura. Era una chica de personalidad en los dos extremos. No podía evitar sentirme atraído.

En ese momento llegaron los tequilas. Le ofrecí el suyo y luego cogí el mío.

-Así que con esto basta, ¿no?-le pregunté.

-No te prometo mucho con sólo uno, pero... probemos.

-¿Porque brindamos?

Bella pensó durante unos segundos. Me moría de ganas por saber que pasaba por esa cabecita.

-Por los nuevos comienzos-respondió.

¿Nuevos comienzos? Tal vez se refería que la habían aceptado en una buena universidad y empezaría a ir el curso próximo. O tal se acababa de mudar aquí, a Chicago. O cualquier cosa.

-Suena bien-dije-. Por los nuevos comienzos.

Nos bebimos el chupito y sonreímos. Entonces Bella me frunció el ceño.

-Creía que los vampiros no bebíais alcohol-me soltó de golpe.

Me atraganté con lo que me quedaba de tequila y la miré sorprendido. ¿Cómo sabía lo que yo era? Era humana. Aunque eso explicaría porque no se alejó de mi tacto frío.

-¿Como sabes...?-comencé a preguntar.

Ella se echó a reír.

-Mi hermano es un vampiro.

Bella POV

No pude evitar echarme a reír cuando Edward me miró tan asustado.

-Mi hermano es un vampiro-le expliqué con una sonrisa.

-Pero... ¿es tu hermano de verdad o adoptivo?-me preguntó, aún sorprendido.

-Adoptivo-respondí-. Cuando tenía seis años, mis padres y yo tuvimos un accidente de coche. Ellos murieron, pero yo tuve la suerte de sobrevivir. Justin, que ya era vampiro, apareció por allí en ese momento y llamó a la ambulancia. Tuvo autocontrol y no perdió el control por mi sangre o la de mis padres. No sé porqué, pero me llevó con él. Con catorce años me explicó lo que era y yo lo acepté. Era mi hermano al fin y al cabo. Me salvó la vida.

-Vaya-murmuró, asombrado-. No conocía a ningún humano que aceptara lo que somos y mucho menos que viviera con uno.

-Será por poco tiempo-respondí, con una sonrisa.

-¿Te vas a alejar de él?-me preguntó, confuso.

Negué con la cabeza. Sería incapaz de separarme de Justin. Era la única persona que me quedaba en esta vida.

-Me refiero a que será por poco tiempo ser humana-contesté-. Me transformará en cuanto cumpla los dieciocho.

Era verdad. Yo no quería envejecer mientras él continuara con sus veinte años eternos. Él tampoco quería perderme. Me prometió transformarme, ayudarme a controlar mi sed. Así ninguno de los dos sufriría la pérdida de su hermano. Porque ninguno de los dos teníamos a nadie más. Estábamos solos.

-¿Vas... a dejar que te convierta?-preguntó Edward, atónito-. Ningún humano querría eso. Tienes toda una vida por delante. ¿Porque...?

-¡Bella!-le interrumpió una voz masculina.

Los dos nos giramos. Un vampiro alto, musculoso, de pelo negro y ojos dorados estaba a nuestro lado.

-¡Justin!-exclamé, abrazándolo.

Mi hermano me devolvió el abrazo sin dejar de mirar a Edward con desconfianza.

-¿Quién eres tú?-le preguntó de malas maneras.

-Edward Cullen-contestó él.

Justin no dijo nada y se giró hacia mí.

-Vamos, Bella, es tarde. Hay que ir a casa-me dijo.

Me volví hacia Edward.

-Ha sido un placer hablar contigo-le dije.

-Lo mismo digo-respondió él.

Justin tiró de mí para sacarme del bar. Los borrachos que me encontré al entrar me saludaron otra vez.

-¡Preciosa!-volvió a gritarme el mismo tío-. ¡Pasa de ése y vente conmigo!

Justin se giró y le enseñó los dientes. Sabía los peligroso que podía parecer cuando hacía eso. A los hombres se le pasó la borrachera de golpe.

-Tranquilo, tío, ya nos vamos-le calmó uno. Luego echaron a correr.

Justin se giró hacía mí, furioso.

-¿Lo ves?-me dijo-. Por eso quiero que no salgas tan tarde sin mí. Te podía pasar cualquier cosa. ¿Y porque te acercaste a ese vampiro? Te podría haber matado. No todos tienen tanto respeto a la vida humana como yo.

-Me fijé antes de acercarme, sus ojos eran dorados-repliqué. Odiaba cuando Justin se ponía en plan posesivo.

-¿Y qué?-me gritó, volviendo a tirar de mí hacia su coche-. Podría perder el control.

-¿Con todos los humanos que había ahí y lo tendría que perder conmigo?-protesté, metiéndome en el coche y cerrando de un portazo.

Justin se subió en el asiento del conductor y me miré, intentando calmarse.

-No le habrás dicho que sabes de la existencia de vampiros, ¿no?-me preguntó.

Me ruboricé y desvié la vista. Justin lo comprendió.

-¡Por Dios, Bella! Si lo vas publicando por ahí, los Vulturis se enterarán y te matarán.

Le hice un puchero. Justin suspiró. Siempre me perdonaba cuando le hacía pucheros.

-No quiero que te pase nada-me dijo, abrazándome-. Eres mi hermanita. No soportaría perderte. Sabes que te quiero, ¿verdad?

-Yo también te quiero-susurré.

Al final me separé de él y Justin arrancó el coche. No conseguí llegar a casa y me quedé dormida en el asiento.

Hola. Bueno, aquí está el primer capítulo. El principio de la conversación lo saqué de un libro que también va sobre vampiros, lo digo por si os suena. Quiero opiniones eh? ¡Besos!