Los personajes son propiedad de la señora Meyer. La trama es mía.

¡Feliz cumpleaños, Carito! Aquí está tu regalo de cumpleaños. Será un minific, así que iré subiendo los capítulos (:


Prólogo


El hombre de ceño fruncido examinó las hojas que le tendió el joven, al mismo tiempo que tomaba asiento en la elegante silla detrás del antiquísimo escritorio de roble. Conforme leía el informe proporcionado, las arrugas de su ceño se hacían cada vez más profundas y la línea de sus labios se endurecía más, llenando la habitación de un gélido silencio sepulcral. El joven, que sólo veía que sus oscuros ojos avanzaban rápidamente línea por línea, se ponía cada vez más ansioso.

Finalmente el hombre dejó los documentos lentamente sobre el escritorio, y con los dedos índice y pulgar se presionó el puente de la nariz. El joven comenzó a temer lo peor.

-Nos ha traicionado –anunció con voz grave.

Su interlocutor reprimió el escalofrío que le recorrió la espina dorsal.


Carlisle corría por Central Park. Eran ya las nueve de la mañana, y aunque le hubiera gustado levantarse un poco más temprano, no había podido. Su reloj biológico aún estaba en función a Inglaterra, no a Nueva York. Ya mañana… o el día siguiente podría reponerse al horario local, pensó.

Quería disfrutar al máximo el verano, puesto que sería el último que disfrutaría antes de trabajar de largo los próximos cuatro años, según lo que le había dicho el doctor Williams. Ya había terminado la escuela, el internado y todo lo demás. Le habían dado estas 'vacaciones' antes de que iniciara labores en el Royal Marsden. Por fin podría ejercer la carrera que tanto había deseado, en el hospital que siempre había querido y lo más importante: sin la ayuda de su padre. Por fin había forjado su nombre por quién era, no por el legado (ni los millones) de su familia y eso era lo que más lo llenaba de satisfacción.

Estaba por concluir su última vuelta cuando vio una escena que lo dejó frío. Un hombre forcejeaba con una joven, lastimándola. Como el caballero que era –y al ver que nadie hacía nada– se acercó a ayudar.

-Señor, ¿sería tan amable de soltar a la señorita?

-¿Y a usted quién lo llamó, idiota? ¡Lárguese! –le gritó el hombre, y continuó peleando con la joven-. ¡Te he dicho que me lo des, zorra!

Ante esto, Carlisle no tuvo más remedio que actuar. Le dio un puñetazo al hombre, logrando así que soltara a la chica… pero que se concentrara en él. Comenzaron una pelea, en la que a todas luces iba ganando Carlisle, hasta que llegó una patrulla y arrestó a ambos.

La joven, incrédula por lo que había visto –que alguien la defendiera sin saber quién era ella– tomó un taxi y fue al departamento de policía a acusar al idiota de la semana y a ver si podía hacer algo por su héroe.


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