Prólogo

El cuerpo puede ser tanto la carne
como lo que no es. El espacio que llena
y mantiene. La imagen que permanece
en la memoria, con sus traiciones.

Un cuerpo es, también
lo que no hemos imaginado.

Lo que no está tangible, la esencia de nuestra alma.

Lo que no conocemos. Ni en el sueño ni en la visión
privilegiada. Salimos a la vida
en pos de ese cuerpo que es sólo reflejo.
Y nos entregamos, como Narciso, a lo que vemos
en la superficie del espejo. Ojos verdes
o castaños que nos miran desde el anhelo.

No siempre el cuerpo es carne, pero la carne siempre es cuerpo. Es lo que recorro con las manos. La carne
amada y temblorosa, su lisura y Honduras.

No es posible el cuerpo sin esta duración
turgente. El aire de sus ojos, el fuego
de sus párpados, las tierras de su vientre
y las líquidas vocales de sus labios.

-Alejandro Oliveros. (Mi adaptación)