Jin estaba despierto en la cama, no había podido dormir muy bien. La respiración de Koga en la cama de arriba era tranquila y acompasada, como una tenue nana infantil, pero él no consiguió conciliar el sueño. Debían de ser las 5 de la mañana según sus cálculos. No quedaba mucho para que se pusieran manos a la obra, así que no le importaba esperar un rato más.

Era su cuarto día en casa de los Amagi, y aún no entendía muy bien qué diablos estaba haciendo allí. Su novia, Tanaka, le llamaba varias veces al día preguntándole cuándo volvería, pero él nunca le respondía, siempre se salía por la tangente. La razón era simple: no lo sabía, por eso prefería no darle falsas esperanzas ni alimentarla de mentiras.

Su conciencia como Zet era inestable. Era todo un misterio cuándo y cómo lograría entrar en fase de nuevo. Posiblemente en cuanto apareciera un nuevo jugador sediento de sangre. Sería en ese momento cuando Zet haría acto de presencia, pero eso implicaba un alto riesgo. Jin no paraba de darle vueltas a todos sus problemas, preguntándose cuándo todo esto acabaría y podría vivir como una persona normal.

-¿Estás despierto?

La cabeza de Koga apareció por el filo de la cama. Le miraba con curiosidad y admiración. Le resultaba raro que un chico de su edad le tratara con tanto respeto, aunque ya conocía las razones.

-Sí –respondió Jin secamente. No podía esconder el malhumor que le producía el no haber pegado ojo en toda la noche.

-¿Quieres que vayamos a desayunar?

-¿Qué hora es? -¿acaso en casa de los Amagi desayunaban al amanecer?

-Son… las cinco y media pasadas.

Pues eso parecía.

-¿Desayunas tan pronto siempre? –preguntó Jin con un deje irónico.

-No, pero es que creo que ya no me volveré a dormir.

Razón de peso.

-Bueno, vamos.

Jin se irguió al momento, se quitó el pijama (una camiseta y bóxers viejos) y se fue al lavabo a pegarse una ducha para despejarse del todo.

Koga no pudo evitar mirar su cuerpo desnudo al caminar. Tenía unos músculos enormes y bien marcados, una espalda robusta y unas piernas fuertes y rápidas. Él se había entrenado muy duro para estar a su altura, pero Alfasz era tan sólo la sombra de Zet. Sin embargo, no le importaba sentirse en segundo lugar, pues admiraba a Zet por encima de todo, quería llegar a ser como él, por mucho esfuerzo que le costara.

El pequeño de los Amagi aún estaba fantaseando cuando Jin salió de la ducha con una toalla enrollada.

-Eh, espabila.

Koga se sonrojó, y bajó de la litera.

-Ss-sí, no tardo –y salió pitando hacia el cuarto de baño.

Jin se frotó el pelo con la toalla y se puso su camiseta y tejanos habituales. No sabía qué tendrían que hacer hoy así que mejor ir cómodo, a su estilo. Esperó apoyado en la escalera de las camas a que el rubio saliera de su lavado matinal.


-Aunque no lo parezca, sé cocinar.

El plato de tortitas que acababa de poner Koga en la mesa mostraba la clara evidencia de que no.

-No me pienso comer eso, tío.

-Va, sólo se han… chamuscado un poco.

-Quita, déjame a mí –Jin se levantó de la mesa y cogió la sartén.

-No no, eres un invitado, no puedo hacerte cocinar…

-Llevo cocinando desde los 8 años, sé bastante más que tú. Estoy acostumbrado. Vivo sólo, ¿recuerdas?

En cinco minutos había llenado dos platos de tortitas deliciosas. Koga colocó jarras de zumo y boles de arroz.

-Bueno, ahora mucho mejor, ¿no te parece?

Koga echó un vistazo a la comida y tuvo que reprimirse. No había color. Se sentaron finalmente y empezaron a probar bocado.

-Están… buenísimas.

-Cocinar es una de mis virtudes –respondió Jin bebiendo un gran trago de zumo de naranja-. ¿Los demás cuándo van a venir?

-No creo que tarden.

Tan pronto Koga dijo eso, su hermana Konoha apareció por la puerta, en bata y camisón, frotándose los ojos, signo de que se acababa de levantar.

-Hermanito, qué haces ya desp…

Konoha se percató de la presencia de Jin y se puso roja como un tomate.

-A-a-a-ahh… Jin… es-estás aquí…

-Nos hemos despertado pronto y hemos bajado a desayunar. ¿Quieres? –ofreció su hermano.

Konoha no podía ocultar su vergüenza y no se acercó más.

-Buenos días, Konoha –saludó Jin, con media tortita en la boca.

-A-ahora vuelvo.

Konoha salió disparada hacia su habitación. Le era difícil acostumbrarse a la idea de que Jin vivía ahora bajo el mismo techo que ella. Él y su hermano habían entablado una cierta amistad, pero ella aún se comportaba tímidamente con su amigo de la infancia. No podía ocultar sus sentimientos cada vez que lo veía, aun sabiendo que él ya tenía novia e incluso vivían juntos…

La chica se quitó el camisón y comenzó a vestirse. Se puso un vestido azul oscuro con un bonito acabado en puntilla. Se peinó, se aseó y bajó de nuevo a la cocina.

Los chicos estaban quitando sus platos de la mesa, pero le habían preparado a ella su desayuno.

-Konoha, nosotros tenemos que irnos ya –dijo su hermano-. Volveremos dentro de unas horas. Si preguntan por nosotros, diles que nos hemos tomado el día libre.

Konoha se quedó perpleja ante la noticia, y vio cómo los dos abandonaban la cocina y se iban.


-¿Por qué de pronto tenemos el día libre? -preguntó Jin, ya en la calle.

-Creo que nos lo merecemos. Tú más que nadie. Sé que te sientes encerrado aquí dentro, supongo que querrás ser libre durante un rato.

Era cierto. No le iba a venir nada mal poder ir a su aire. Pensó en Tanaka, en ir a verla. Seguramente estaría encantada de verlo de improvisto, tras tantos días sin verse.

-Me gustaría ir a ver a Hanako.

-Hanako es tu… ¿novia?

-Sí. Y en el futuro, la madre de mis hijos.

Koga tragó saliva.

-¿Ya estás pensando en eso?

-Quiero vivir mi vida como una persona normal. Tener una familia de una vez por todas.

Koga reflexionó sobre sus palabras. Jin era mucho más maduro que él, a pesar de que tenían la misma edad. Él nunca había pensado en novias, hijos, ni montar una familia. Sus aspiraciones no iban más lejos de defender a los demás y de ser un hijo modelo para estar al cargo de la gran corporación Amagi. El resto de cosas carecían de espacio en su mente y preocupaciones. Se sintió un miserable.

-Eh, ¿me vas a decir que tú no tienes novia? ¿Y aquella chica rubia?

-¿Ha-Hashimoto? Es sólo una amiga. Una amiga con la que me siento muy a gusto.

-Pues estoy seguro de que a ella le encantaría ser algo más que eso…

-¿Tú-tú crees? –Koga se había sonrojado. Hablar de chicas no era su fuerte.

-Oh, venga ya, eres un chico rico y apuesto, no deberías de tener problemas en conseguirte una chica. Podrías llenar tú sólo una habitación entera.

Horribles recuerdos vinieron a la mente de Koga. Una habitación, muchas chicas… sangre y falsos Koga. No, no quería recordarlo. Aquel infierno era lo que no le dejaba dormir ni comportarse como cualquier chico de su edad.

-No… no me interesa tener una chica. Ahora mismo sólo quiero proteger a quienes lo necesiten y acabar con esos monstruos.

El sentido justiciero de este chico no tiene límites, pensó Jin.

-Yo llamaría a esa tal Hashimoto, Koga. Por lo que a mí respecta, voy a ver a Hanako. Así que si no quieres quedarte solo…

-Ahh, no me hagas esto. ¿Y si vamos los cuatro a algún lugar? Así no me sentiré tan… intimidado.

-Me da igual. Yo estaré en casa, ya sabes dónde encontrarme.

Jin giró por la primera calle a la derecha mientras se despedía con la mano.