Pues bien, esta es una re-edición de esta historia. Debo decir que me ha costado mucho volver a tomar el hilo, desde el último capítulo, dedicaré mi tiempo a revisar esta para corregir algunos dedazos y otras cosas que me parecieron fuera de lugar, así como cambiar los guiones por lineas y en general lo que yo consideré esté mal. Pues bien aquí va el primero.


I

Perdido.


Draco Malfoy alzó la vista en lo que era un caluroso y soleado día de verano en el Londres muggle. Era sábado y el ruido del lugar le resultó tan desagradable como insultante. Supuestamente se trataba de un tranquilo día de descanso, pero todo aquél bullicio parecía sacado del lunes más ajetreado que recordara en una de las tantas veces en que acompañó a su padre al ministerio. Miró a su alrededor y dio un par de pasos para cobijarse a la sombra de un árbol en Grovesnor Square, se encontraba algo aturdido, quizás por el calor, quizás por haber terminado en semejante lugar.

"Maldito Vidar, está bien no importa"

Cuando llegara ese día a casa, su padre le miraría orgulloso y se jactaría frente al insolente muchacho que él era capaz de hacer cualquier cosa, mucho, pero mucho mejor que su invitado. Como cualquier Malfoy lo haría.

"Bastardo imbécil"

Aquel idiota, ese que llegó a interrumpir su rutina en Malfoy manor, creía ser lo suficientemente importante como para ser capaz de desafiarlo a él; a Draco Malfoy.

Dándose el suficiente ánimo para salir del lugar, aún dejándose golpear por el calor, llamó su atención una anciana por razones que no él mismo podría entender, pero se quedó ahí observándola moverse; estaba vestida de gris y azul en lo que claramente era un uniforme y el calor parecía resbalar sobre su canoso cabello que se veía sucio y grasiento, lo que por unos segundos le llevó a rememorar a su jefe de casa y por ende a sus compañeros; pasara lo que pasara aquél día tendría que guardarlo bajo el más estricto secreto y cuando llegara a casa, obligaría a Vidar a hacer lo mismo, siquiera mencionar que había pasado un horrible día en el Londres muggle.

Alejándose de Hogwarts y Snape, sacó un pañuelo maldiciendo y se secó el sudor. Sobre el pavimento parecía rebotar la luz del sol, junto con el calor para alzarse en toda su molesta magnificencia y a su vez fastidiarle con el doble de intensidad, no entendía como esa vieja lo toleraba, la vio moverse con lentitud y una calma desesperante, arrastrando tras ella un recipiente de un material parecido a ese que llamaban plástico, tenía pequeñas ruedas que sonaban metódicas contra el empedrado de la plaza y un compartimiento en donde llevaba una serie de escobas con extrañas terminaciones.

"Estúpidos muggles"

Pero aún en su mundo las escobas eran para barrer, lo que no los hacía a ellos estúpidos. De su mundo había salido el visionario que vio en ellas algo más que simples instrumentos de limpieza. Era una idea que le gustaba, la de tomar algo común y convertirlo en algo excepcional y trascendental, fuera de ser una practica muy buena para los negocios, también lo era para su propio ego.

Terminar como un insignificante anciano era algo que Draco Malfoy no esperaba, en lo absoluto, de su vida y aún cuando no tuviera que esforzarse, su futuro estaba casi asegurado. Entonces volvió la vista a la mujer y sonrió de medio lado; la anciana se acercó a un basurero y cogió la bolsa que este tenía llena, para reemplazarla con una vacía, Draco extendió aún más su sonrisa; era el trabajo adecuado para cualquier muggle. Sin embargo, y enfocándose en las palabras del invitado, decidió o al menos se dio cuenta de que calificar a esa vieja como asquerosa era demasiado simple, demasiado obvio; él quería ver más allá como el visionario de las escobas y dejar de ser simple, de emitir juicios comunes y entender que no todo era tan monocromático, aburrido y poco interesante, lo entendía como el proceso natural de maduración. No bastaba solo con los centímetros que había crecido o el vello que había aparecido en su cuerpo, tenía que ser más, debía de ser más.

Así que más de acuerdo con la utilización tanto de su cerebro, como de sus actuales conocimientos, procedió a sentarse cerca del monumento a Franklin D. Roosevelt, que además le serviría para refrescar su cabeza, llevó una de sus manos al bolsillo y tanteo el dinero muggle que llevaba con él.

Levantó nuevamente la cabeza fijándola de una vez por todas en la vieja.

Realmente no sabía que pensar, en cierto sentido le resultaba triste y patético el tratar de ver algo cuando no había nada más ahí. Pero haciendo un esfuerzo se concentró; era obvio que las fuerzas agotadas de la mujer difícilmente podrían haberle dado algo parecido a un trabajo digno, quizás en algún momento de su vida lo había tenido todo y ahora se encontraba sola, recordó entonces a su abuelo y su abuela, no había nivel alguno de comparación, vivido y muerto en toda la suntuosidad y riqueza que sus apellidos les prodigaban. Desde luego que no era algo al azar, siglos habían tardado tanto los Malfoy como los Black en juntar, sumar y hacer crecer su riqueza, poder y abolengo. Él, al fin de cuentas, era el último de ellos, de la unión clásica de belleza, elegancia y riqueza. No había nada más ¿Cierto?

Miró, entonces, a su alrededor y vio niños y parejas paseando, así como algunos cuantos jóvenes disfrutando de ese día, miró alternativamente a estos y a la anciana; se veía tan solitaria y olvidada. ¿Les ocurriría a todos los ancianos? Por un momento sus ideas pasaron de lo superficial a lo sustancial y físico que se extendía frente a él.

Vinieron a su cabeza la idea de la vejez, la adultez, la adolescencia y la niñez era algo que, ciertamente, compartían con los muggles, pero aquello podría llanamente tomarse como una coincidencia, al fin de cuentas animales menos evolucionados pasaban por la mismas etapas.

Sin embargo él tenía una ventaja, ahora, a sus catorce años estaba en el momento indicado para hacer y deshacer, para equivocarse y aprender o derechamente seguir como si nada ocurriera. Cuando llegaba a esas conclusiones, a veces creía que hubiera sido mejor continuar con su vida indolente y despreocupada, pero desde el momento en que ese chico llegase a su hogar, todo había cambiado de manera vertiginosa, aunque debía de admitir que junto a él se había divertido como nunca en su vida. Y lo que más rescataba de su estancia en Malfoy manor, era eso. Estaba en el momento preciso para aprender y entender, por ende la experiencia se volvía esencial para formarse una opinión y aunque ahora estuviera asqueado de encontrarse en aquél lugar, rodeado de muggles y sus molestos ruidos, tenía que admitir que esto le serviría, de otra manera su padre… su padre…

"¿Realmente se habría opuesto, terminantemente, a la sola idea?"

Le gustaba creer que si, por lo menos así se aseguraba de que tanto él como Lucius tenían algo de crédito, por otro lado si todo terminaba bien ganaría, no sabía qué, pero lo haría.

Entonces su cabeza pareció relajarse, era así de simple. El pragmatismo sería vital en aquél momento, así como la sensación de seguridad que le daba el hecho de ser capaz para valerse por sí mismo. Fuera del orgullo que aquello le entregaba, le satisfacía enormemente el verse tratado como un adulto por parte de Lucius, aquello significaba llana y simplemente que este comenzaba a confiar en él.

Como la imagen de todo lo que quería vencer recordó una conversación, cerró los ojos y esta llegó a su cabeza, con la cercanía del día anterior.

Guarda silencio hijo, esto no te incumbe— su padre estaba enfadado, aún con su tono calmo y frío, para Draco era evidente.

Vidar fijó la vista en él y sus ojos se volvieron dos rendijas azules, le sonrió con ese típico gesto cínico que ostentara desde que atravesara la entrada de Malfoy manor. Con el tiempo Draco había dejado de sentir escalofríos ante esa mirada, ahora solo le fastidiaba y respondía con su clásico gesto de superioridad.

No seas tyazhelyy* con él, tío Lucius, quizás deba saber algo — dijo el muchacho con su acento ruso, ya no era tan marcado como cuando recién llegara a Malfoy manor, pero Draco sabía que solo se trataba de costumbre, los padres de Vidar eran ingleses, por lo que el acento lo había obtenido en Durmstrang.

Como si realmente no importara tanto, notó como su padre lanzaba una mirada asesina al chico, luego se acercó a su hijo y con ese aire de omnipotencia que le rodeaba le habló calculadamente:

Retírate… — Draco, obediente, se colocó de pie y procedió a salir del salón, sin quererlo giró el rostro por sobre el hombro y notó como Vidar tornaba los ojos a la derecha, apuntando directamente hacia un rincón que la chimenea ocultaba a la vista, Lucius se había volteado así que no veía. Draco temió, hacer enfadar a su padre no era una buena idea, pero de todas maneras lo hizo, abrió y cerró la puerta como si hubiera salido por ella y, rápidamente, procurando no hacer ruido alguno se ocultó.

El grosor de aquella saliente de la chimenea era el suficiente para cubrirle, deseo usar magia pero tal vez su padre lo notaría, sintió un carraspeo y escuchó al muchacho.

¿No confías en tu hijo?

Draco aún es muy niño — dijo Lucius con el mismo tono en que alguien diría "es obvio".

Draco se sintió asqueado ante esa definición, él no se consideraba en lo absoluto un niño, sin mencionar que aquellas palabras las hubiera esperado más de su madre que de Lucius. Entonces otra idea que le hizo sonreír vino a asomarse a su cabeza diciéndole que, en un nivel que jamás entendería, su padre era dominado por su madre, a esta le siguió el pensamiento de que tal vez era ella la que lograba que su padre hiciera absolutamente todo por él, recordó las Nimbus2001 que entregara al equipo de quidditch de Slytherin, así como lo que fue capaz de lograr cuando ese hipogrifo asesino le atacara.

Vozmozhno* deberías darle una oportunidad, después de todo será él quién te continúe… no querrás que sea un incompetente en eso de bueno… tú sabes… las relaciones — Draco no lo notó, pero el gesto de Lucius se volvió aún más frío.

Aún falta para eso… de momento no es necesario.

Fijó, esta vez, la vista en el cielo con gesto fastidiado se colocó de pie.

"Draco aún es muy niño"…

Ahora fue el desgano el que acompañó su sonrisa de medio lado ¿Pensaría en aquél momento lo mismo? Supuso y esperó que no de otra forma ¿Por que estaba ahí ese día?. Aunque la desalentadora idea de que si no fuera por el dinero apostado, difícilmente se le habría encomendado esa misión, pero al fin cuentas serviría para decirle que si era capaz, que tenía inteligencia de sobra y que no era Slytherin solo de nombre, que era astuto y sabía cuando hacer uso de esa astucia, aún cuando creyeran que seguía siendo un niño.

Tal vez su padre lo creía… ¿inocente, ingenuo? chasqueó la lengua, eso le parecía más propio de su madre. Si, a ella también tenía que demostrarle algunas cosas.

Un gesto frío, propio de Lucius, se apoderó de sus ojos y se volvió a sentar ahora molesto; a veces le fastidiaba el saber que por idea de ella había perdido la oportunidad de ir a Durmstrang.

Entonces, vino otra idea a su cabeza; la de que todo eso no era más que una excusa, que obedeciendo a su padre solo estaba actuando como una marioneta, aunque no era capaz de vislumbrar cual era el objetivo. ¿Acaso Lucius estaba cansado de su actitud? Realmente nunca se había mostrado inconforme, pero ciertamente que mantenía muy poca comunicación con este, a veces creía que no le conocía y no había podido notar todo eso hasta el día que ese muchacho cruzara la entrada de su hogar.

Vidar se llevaba toda la atención de su padre.

Le acosaron los celos, aunque no lo admitiera. Sentirse celoso de Vidar, era darle un crédito que lo declaraba como alguien capaz de separarlo de las cosas que más admiraba y quería en este mundo fuera de él mismo. Y dentro de esa lista, si no en primer lugar estaba su padre, pero (cuando dejaba su orgullo de lado, y obviamente esto ocurría cuando se encontraba a solas) era evidente para él, que cuando ambos se encerraban en el despacho a charlar, que Lucius se estaba alejando como nunca antes pareciera hacerlo.

Se había vuelto prescindible, incapaz de contentar a su padre con su conversación, había sido dejado de lado y frente a él se había revelado la principal razón; aún era muy niño. A su madre parecía no importarle, al fin de cuentas dentro de la solitaria mansión Malfoy, por primera vez desde que era pequeño Draco se veía casi en la obligación de pasar más tiempo con ella.

Era cuando llegaba a la conclusión de que ser muy niño a los ojos de su padre era un mero eufemismo para no restregarle en la cara lo inútil que le parecía.

Pero quizás, siendo consecuente con aquello de ver más allá de lo obvio, debía de analizar la situación fríamente.

Entendía que el cambio de actitud de su padre podría tomarse como una reprimenda a su propia dependencia y que si Lucius se tomaba la molestia de aceptar esa estúpida apuesta dejándolo a él como prenda, se debía exclusivamente a que este, como padre, se sentía obligado en inculcarle algo de valor o al menos de independencia.

"¿Es que acaso me considera un cobarde?"

Nuevamente se vino a su cabeza la discusión que mantuviera con su madre esa mañana cuando Narcissa, horrorizada, le reclamara ante la casi humilde aceptación de aquella apuesta.

¡No, no y no! Mi hijo no irá a mezclarse con esa basura ¿Cómo es posible que siquiera lo pienses?— dijo su madre con energía enfrentándose directamente a su padre, de una manera que Draco jamás había visto hacerlo a nadie.

Narcissa, por favor — dijo este con tono tranquilo — Draco ya está en edad de saber cómo conducirse.

Estoy de acuerdo, pero no dejare que se vaya a mezclarse con los muggles — Lucius miró a Draco y rápidamente volvió la vista a su madre — además no tienes necesidad alguna de probarle nada a este chiquillo— dijo mirando con desprecio a Vidar, por alguna razón aquél gesto a Draco le molestó, aunque no supo explicarse por qué.

A diferencia de muchas cosas o de los sentimientos encontrados que tenía hacia él, Vidar le caía bien, ambos se miraron y la sonrisa que este le dirigía, burlesca y cínica al mismo tiempo, le decía claramente lo que él pensaba; nenaza le había dicho con anterioridad.

Draco resopló harto, la expectativa de perderse un día en el Londres muggle no le agradaba en lo absoluto, pero por hacer tragar a todos sus palabras no le parecía una idea tan mala.

— Querida, no irá a mezclarse. Solo a... — su padre volvió a mirarle como esperando que él le diera la respuesta.

Tetya* Cissa — intervino Vidar sonriéndole y en tono conciliador — no deberías preocuparte demasiado, Draco es astuto sabrá como arreglárselas — Kusnetov pareció obviarlo pero Narcissa le dirigió tal mirada como si quisiera fulminarlo ahí mismo.

Vidar, por favor, no intervengas en la discusión — le dijo fríamente, luego haciendo un gesto de reina procedió a sentarse en un sofá finísimo, cruzando delicadamente las manos sobre su regazo — No quiero hablar más del tema — finalizó.

Vidar, entonces, se colocó de pie e hizo un gesto que invitó a Draco a acompañarle. No le pareció buena idea el seguirlo, hasta que su padre le "recomendó" hacerlo.

¿Qué piensas tú? — le preguntó, cuando ambos se vieron fuera de la habitación. Draco le miró molesto ¿Qué que pensaba? Como si fuera muy grato ver a sus padres discutir por su causa.

Que has armado un gran lío, eso pienso — Vidar le miró como si no le entendiera.

¿Yo? — ronroneó el ruso con gesto inocente.

¿Yo?— imitó Draco con tono imbécil, lo que sacó una sonrisa del otro muchacho — ¿Quién más pedazo de animal? Con tu grandiosa idea los has hecho discutir— Vidar le miró ahora extrañado, a Draco a veces le asustaba esa mirada, Vidar podría parecer un idiota sonriendo todo el tiempo, pero sus ojos molestaban seriamente cuando los mantenía fijos.

No me culpes por los defectos tuyos o los de tu madre — Entonces sintió como la sangre le hervía de un momento a otro.

¿Qué has dicho?

¿Ahora eres sordo, fuera de rebenok*? — Draco pensó de inmediato en irsele encima, pero recordó que no era buena idea. Entonces se calmó y le miró con suficiencia.

No debo culparte. Ya que no tienes hogar, imagino lo difícil que debe ser para ti adaptarse a uno de verdad— la mirada de Vidar se endureció de tal manera que hizo que la sonrisa de medio lado apareciera en el rostro de Draco, Vidar no reaccionó más que para calmarse, tal cual lo había hecho él antes y sonreír con ese gesto cínico que lo caracterizaba.

Lo has jugado bien Malfoy — le admitió el muchacho, Draco asintió aunque no tuvo palabras para él.

Entonces la silueta de sus padres, saliendo del despacho de Lucius, les interrumpió. Narcissa tenía los ojos hinchados y el gesto contraído por la ira. Lucius parecía alterado, fue entonces la mujer hacia su hijo y le cogió de los hombros, como Draco ya era más alto que ella no le quedó más remedio que mirarle hacia arriba.

Hijo… dime ¿quieres hacerlo?— Draco no supo que contestar, se sentía extrañado ante la situación, era la primera vez que su casa parecía hervir de drama y por alguna razón aquello le molestó.

Si tuviera que contestar con honestidad diría que no, que le importaba una mierda lo que Vidar dijera, pero cuando miraba a este y a su madre, quería restregarles en la cara que él si era capaz y no una nenaza como ese estúpido muchacho insistía. Sentía rabia, aunque no sabía realmente hacia quién. Fue cuando decidió que hacer y consecuente a ello se obligó a mantener la calma. Miró a su padre, quién rodó los ojos en gesto de fastidio y miró a Vidar quién le sonreía con ese gesto, tan, tan….

Ya calmado fue capaz de vislumbrar todo y entonces lo entendió: sus defectos, los de su madre, ahí la discusión no era por él o porque pudiera resultar dañado en esa travesía, era por ella, era por Vidar. Por que este fuera capaz de manipular a su padre de tal manera que tuviera que convencer a su esposa, que la autoridad de esta se viera "mancillada" ante la presencia de este muchacho, era similar a lo que le ocurría a él. Vidar con todo su encanto y calma era capaz de desplazar a ambos, con excusas tontas como las de esa insulsa apuesta ¿Qué un Malfoy necesitaría dinero, conexiones, poder? Eso era ridículo.

Pero lo que más le molestó no era eso, si no el ver que sí, que solo la voluntad de su madre era la que mantenía toda su capacidad en vilo, que todo ese drama; con ella y sus ojos azules llorosos, sutilmente también le trataban de inútil, de demasiado delicado como para trabarse a golpes o de dar un paseo por el Londres muggle ¡Cuando estos eran las criaturas más torpes e inútiles que conociera! además llevaba su varita.

Debía de admitir que su madre exageraba y que no sería la primera vez que él se aprovechaba de ello. Vino a su cabeza el hipogrifo.

El orgullo propio de los Malfoy, le obligó a revelarse contra ese trato como si él fuera de cristal. Miró a Vidar y este le sonreía, estaba casi seguro de que él maldito adivinaba que nuevamente se dejaría resguardar por su madre.

"Nenaza, nenaza, nenaza"

"¡Bastardo…! Ya le demostraría él".

Te traeré algo lindo— le contestó a su madre, sonriéndole como si para él no fuera gran problema. Narcissa le miró molesta y se separó de él con brusquedad.


Se tocó la cabeza, el calor ya había pasado, así como la anciana desaparecido. Su estómago rugió y deseo saber cuánto tiempo llevaba ahí, se llevó una mano al bolsillo y tanteó el dinero que llevaba con él. En lo único que Vidar le había ayudado activamente era entregándole un esquema que mostraba cómo trabajaba el dinero muggle, así como un dibujo detallado de cada uno para saber cuál era su exacto valor. Pero sinceramente Draco, no confiaba nada que fuera muggle, sin mencionar que sentía asco de solo saber que tendría que comer ahí. Además se sentía en peligro por lo cual se mostraba tremendamente desconfiado e imaginó que en cualquier momento en que sacara el dinero se vería atacado por delincuentes.

Pero por mucho asco que sintiera, decidió que sentado ahí en medio del calor nada lograría. Dejando de lado la frustración que sus recuerdos traía se encaminó hacia la zona sur de Grovesnor Square, que era en sí la que le parecía más elegante y limpia. Dejó de distraerse con el paisaje y su estómago comenzó a reclamar con más fuerza, obligándole a buscar un lugar para comer, tardó casi veinte minutos en salir de la plaza y caminar unas pocas calles hasta toparse con el hotel Millenium, supuso que deberían de existir lugares más lujosos, pero así como entendió aquello, también supo que si seguía caminando sin fijarse por donde, terminaría perdido y lo esencial en aquél momento, era:

"Comer, encontrar el regalo para Narcissa, volver a su hogar sano y salvo"

Según él no estaba vestido para la ocasión, pero en cuanto entró al lugar, supo cómo debería de comportarse. Lleno de satisfacción al encontrar un lugar a su medida en el asqueroso Londres muggle, a los ojos de muchos podría parecer un adolescente adinerado. Así que con gesto seguro, se guardó ambas manos en los bolsillos miró a su alrededor buscando alguna señal que le indicara donde estaba el comedor. No tardó en encontrarla y como si fuera uno de los huéspedes procedió a encaminarse al lugar.

Ahora observando atentamente que es lo que ocurría en aquél lugar, debió nuevamente de admitir que cuando se trataba de lujo, los muggles podrían ser casi tan exquisitos como cualquier mago de la sangre más pura, aunque también debía de admitir que estos parecían ser mucho más sobrios.

En cuanto entró al comedor mesas de roble pintado en negro, así como recubiertas por una placa de mármol del mismo color, le dieron la bienvenida; le parecieron elegantes, solo un pequeño florero tenía en su interior una flor de loto, -aunque él no las conocía- y las sillas eran del corte más sencillo posible, proveniente del segundo piso sintió el olor a tabaco lo cual le desagrado profundamente. Un muchacho se acercó, vestido enteramente de negro, con un delantal de corte sencillo delimitado por solo dos botones blancos y minúsculos sobre el muslo izquierdo, una polera de cuello en V y mangas largas; era derechamente informal, para el gusto de Draco, pero no le desagrado en lo absoluto, iba de la mano con toda la decoración.

— ¿Mesa para uno solo señor? — preguntó con aire diligente. Draco asintió y rápidamente agregó:

— Lo más lejos del olor a tabaco.

— Como usted diga, sigame por favor— Draco le obedeció y mientras caminaban siguió observando el lugar; rebasaron una inmensa pecera que parecía dividir la sección familiar del resto del lugar, lo que en si fue un alivio, algunas familias llevaban niños y estos parecían ser extremadamente mimados, hacían un escándalo del demonio y sus padres solo les consolaban como si los culpables de sus berrinches fueran ellos.

"Bueno eso es así"

"Un hombre puede ser caprichoso y se vale de la astucia para cumplir sus deseos, las mujeres son las mimadas y ellas se valen de las rabietas para obtener lo que quieren"…

"¡Con una mierda!"

¿Cómo es que ese insignificante muchacho podía ser tan acertado? aunque debía de corregirse o al menos mostrarse un poco más prudente, si Vidar fuera insignificante su padre jamás lo habría llevado a su casa y él no se encontraría en aquél lugar.

Esbozó una sonrisa, cierta satisfacción de autosuficiencia vino a llenarle el pecho cuando notó que esta era la primera vez que se encontraba con alguien a quién realmente podría considerar su igual. Theodore Nott llegó a su cabeza, pero esa indiferencia que solía mostrar ante sus actitudes le resultaba ligeramente insolente.

Finalmente llegaron a una mesa lejos del olor a tabaco y cercana a lo que le pareció el rincón norte del lugar, a su derecha se extendía un pequeño jardín lleno de árboles pequeñísimos, al finalizar esta y doblando hacia la izquierda una pequeña canaleta, del mismo color del resto del lugar (negra) dejaba escapar el agua en un constante y relajado borboteo, la cual a su vez era recibida por otra canaleta en el suelo.

"Es diferente pero elegante"

El muchacho interrumpió las observaciones de Draco al entregarle la carta, este miró los precios y solo entonces agradecía entender los jeroglíficos que esta traía consigo, no se preocupó y la devolvió al mesero.

— ¿Qué me recomiendas? — preguntó aburrido, el muchacho le miró con el mismo gesto.

— ¿Almuerzo cierto? — a Draco se le ocurrieron varias respuestas para burlarse de lo obvio de la pregunta, aunque casi inmediatamente su estómago volvió a rugir: ya era algo tarde para el almuerzo. Así que para no pasar por idiota, aunque si por desagradable contestó:

— Obviamente — al mesero no pareció importarle.

— Diría que…— pensó unos segundos – estaría bien, si es que comenzara con bisque de crevettes — le miró fijamente — ¿Es usted vegetariano? — el gesto de extrañeza en su rostro fue tan evidente que el mesero interpretó como una negativa. Supuso que tenía algo que ver con vegetales, los cuales por cierto no toleraba, el mesero carraspeó y continuó – Bien, podría seguir con filete de pavo o vacuno asado, acompañado de patatas rellenas o bañadas en salsa de almendras, aunque también tenemos pescado — Draco alzó las cejas.

"¿Pescado?"

— ...Ensalada y… bueno el postre, que podría ser macedonia con helado de pasas al ron, o duraznos en almíbar con crema — aquello no parecía tan malo, aunque veía los evidentes esfuerzos del chico por no parecer rebuscado, su estómago seguía rugiendo así que agito la mano en un gesto cansado. Realmente solo le apetecía el comer algo con rapidez, que estuviera limpio y fuera decente, por lo mismo le pareció adecuado el evitar el pescado.

No tardaron siquiera cinco minutos en traerle su orden y, aunque jamás lo admitiría, sus fosas nasales se dilataron cuando sintió el olor provenir de su bandeja, a diferencia de la vez anterior ahora no venía el chico que le atendiera si no una muchacha, más o menos de la misma edad, tenía el cabello rizado en definidos bucles y lucía vestida de la misma manera que el muchacho. Con diligencia dejó todos los platos sobre su mesa. Solo entonces le observó.

Draco pudo notar, muy claramente, que a medida que la mesera dejaba los platos de su almuerzo frente a él, desviaba cada vez más la vista hacia su rostro. Para finalmente enderezarse y mirarle con una fijeza que le resultó extraña, la muchacha cogió la bandeja de uno de sus bordes y se la llevo a la espalda con ambas manos, mientras le dedicaba una sonrisa radiante que pretendía ser encantadora.

Era algo que solía ocurrir desde que era un niño, había perdido la cuenta de la cantidad de mujeres que de bebé le sonreían y hacían muecas solo para sacarle una sonrisa, las niñeras se lo habían disputado y sus modales habían encantado en más de una ocasión a mujeres como Medea Zabiniy Actea Parkinson, cultas, elegantes y de familias respetables.

El gesto de esa muggle era el mismo.

— ¿Vous voulez plus de monsieur? — antes de negar, lo que habría sido su forma de actuar en otra situación, medito realmente sobre sus actuales necesidades y el como solucionarlas, así que optando por ser funcional, arrinconó todas sus ideas y alzando el rostro hacia la muchacha sonrío con un encanto que solo dedicaba a muy, pero muy pocas personas.

Para Draco el usar su encanto era algo de lo que solía aprovecharse activamente, después de todo ¿Qué debía de reconocer? ¿Que aún para mujeres muggles, aunque fueran asquerosas muggles, resultaba atractivo? Y no solo eso, si no que la chica era mayor que él, no una chiquilla torpe y vagamente inocentona como Pansy lo era a su edad, si no que toda una mujer ¡UNA MUJER! Era otro crédito que debía de darle a Vidar, dejándose los miramientos sobre la pureza, las mujeres, no niñas como las que él conocía, sabían distinguir entre lo elegante, bello e interesante con solo mirarlo. Por algo contaban con más experiencia, exactamente lo que le había ocurrido en ese lugar. No se dejaban llevar por el interés, que estaba seguro ataba a Pansy a él, así como tampoco por los prejuicios. Es decir, si a simple vista había encandilado a esa mujer, era factible que en el mundo mágico frente a cualquier bruja pudiera hacer lo mismo, río para sí.

La tranquilidad de ver su ego, creciendo lo llenaba de satisfacción. De saber Lucius o Narcissa su pensamiento, seguramente, habría un castigo. Sin mencionar que se guardaría muy bien de no comentar semejante idea con nadie.

"Aunque tal vez… ¿Vidar? Si, tal vez… él… me entendería"


Tanteó la caja en su bolsillo, al recordar al invitado todos sus pensamientos se volcaron a Malfoy manor, de pronto le pareció estúpido el creer que su madre aceptaría algo así, sobre todo sabiendo que era una obra muggle, a él mismo parecía pesarle en el bolsillo y podía sentir como es que contaminaba su ropa.

"Deberé quemarla una vez llegue a casa"

La joya que en gerente del hotel le había ayudado a conseguir fue fabricada por un artesano de exquisito gusto era antigua y su valor, por lo que pudo entender era casi extravagante, pero muggle al fin y al cabo.

De un momento a esa parte él también sintió asco y sin saber por qué las ganas de vomitar le acosaron. ¿Qué demonios estaba haciendo en ese lugar? ¿Pagando una apuesta? ¿Cómo carajos se había dejado engañar así? Entonces comenzó a arremeterle la ira en contra de cierto muchacho de cabello oscuro y gesto cínico, para luego continuar con su padre quién se dejaba manipular por ese insidioso, obviamente si hubiera sido realmente astuto, habría utilizado a su madre para salirse con la suya ¡Como siempre! ¿Qué mierdas hacia recorriendo el Londres muggle, cansado, hambriento y aburrido? ¡No! Ya era hora de volver a su hogar y que Vidar se metiera su dichosa apuesta por el culo. Entonces la voz fría de su padre resonó en su cabeza.

"Es muy niño aún…."

Y las ganas de vomitar desaparecieron, aunque no el asco.

Pasaron un par de horas, en las cuales vago sin rumbo. Aún cerca de Grovesnor Square, la plaza en si era bastante grande, así que siempre la mantenía como punto de referencia, podría alejarse un par de cuadras siempre y cuando notara que la plaza seguía ya fuera a su norte, sur, este u oeste.

Pasando algunas cuadras paralelas a la parte este de la plaza, notó cierta agitación que por un segundo captó su atención y si eso no duró más, fue exclusivamente a que una tonada pareció reclamarle con mayor fuerza.

Solo la había oído en su casa o al menos esa fue la imagen que cruzó por su cabeza cuando la escuchó. Si, ahí saliendo del despacho de su padre, como el recuerdo de una visión: Lucius recostado sobre un diván que ya no existía en su casa, leyendo algo, tal vez el Profeta, mientras deslizaba con calma un pie descalzo sobre una fina alfombra, no estaba su madre en el cuadro y el gesto de su padre al verlo le dio a entender que quizás era un recuerdo de cuando él era muy niño.

Y la melodía sonaba, y sonaba en su cabeza martillándole sobre la duda.

"¿De quién era? ¿Cómo es que se escuchaba en aquél lugar?"

Se asomó a un ventanal de una tienda que le pareció roída y sucia, se colocó en puntillas para observar sobre las letras en la ventana pero no vio nada. De ahí, estaba seguro, provenía el sonido. Algún insolente que no conocía su posición en este mundo le había hecho preguntarse ¿Qué rayos hacía algo de su mundo en aquél lugar? Entonces la melodía se hizo hueco en su cabeza, finalmente decidió que lo mejor era establecer lo más obvio y lógico, se esgrimieron ante él tres posibilidades:

1.- Quien fuera que interpretara la pieza que salía de ese lugar era un mago, ya retirado hace mucho y que esa era la razón por la cual algo que conocía de su mundo se encontraba en aquél lugar.

2.- Que quien compusiera la melodía esa, tal vez, era un brujo y que debido a su excelencia había cruzado su mundo para hacerse también conocido en el mundo muggle.

"Sucio traidor"

3.- Y menos probable, es que su padre fuera capaz de reconocer la genialidad aún cuando esta existiera solo en los muggles.

"Completamente ridículo, estas alimañas siquiera dan el tono para ser interesantes"

Viéndolo desde esas tres aristas a Draco siempre le pareció que cualquier cosa que conociera primero en su mundo, pertenecía a este irremediablemente. A menos de que alguien, como su padre, le indicara lo contrario, tal cual ocurrió con la radio en su momento. Así que decidido a no quedarse más tiempo con la duda y con paso seguro se internó en el lugar dando grandes aspavientos, una campanilla sonó y la melodía se detuvo inmediatamente.

Un viejo, que a Draco le pareció a un paso de la tumba, se acercó mirándole con desconfianza.

— ¿Te has perdido? — preguntó insolente, dando a mostrar una energía que él no habría creído posible en alguien con esa apariencia, Draco apretó la lengua e hizo un gesto grosero con los labios, que el viejo no notó.

— La melodía que tocabas… — dijo con aire de superioridad buscando molestarlo. Este lo miró de pies a cabeza, le fastidiaban estos niñitos insolentes, incapaces de entender que a él como persona mayor se le debía respeto. Ceñudo, le dejo continuar — ¿De quienes es? — el viejo resoplo con fastidio, sin embargo entendía que no todos los días un púber de la alta sociedad (quizás no veía muy bien, pero los ademanes de Draco difícilmente podrían pasar por populares) se dedicaba a interrogarlo sobre música.

Más que verlo como a un potencial cliente, el viejo lo miró como a un chico que podría tener alguna esperanza de conocimiento en el futuro, así como una mínima posibilidad de conocer más del ser humano y su mejor creación; la música.

Si, a pesar de lo jodido y mañoso, el viejo tenía claras ideas de sobre como enderezar a las nuevas e insolentes generaciones. Carraspeó para que el chico le viera con fijeza.

— Es el concierto Nocturno en E Menor de Frederick Chopin.

— ¿Qué? — preguntó Draco, en tal tono de incomprensión, como si le hubieran hablado en chino mandarín.

El viejo pareció deleitarse ante el tono y la postura del muchacho, no podía ver muy bien su rostro, aunque tenía una clara idea de la mueca que se dibujaba en este, rió entonces con gracia.

— Con toda la basura que hoy ustedes se meten en la cabeza — dijo al fin — es normal que naden en un mar de ignorancia — Draco alzó una ceja ¿Lo había llamado ignorante, a él, a Draco Malfoy?

— Mira viejo — dijo con frío tono — te estás pasando… — quiso continuar pero un gesto del anciano lo hizo callar súbitamente, había volteado y dejado a solas en ese lugar, sin prestarle la más mínima atención.

— ¡Ven! — gritó desde el interior de la tienda.

Draco hizo una mueca de asco y decidió retirarse, este anciano se comportaba igual que Dumbledore, aunque le resultaba menos ¿grato? pero entonces "El concierto Nocturno en E menor de Frederick Chopin" llamó nuevamente su atención. Se disgusto consigo mismo, por sentir algo parecido a un atisbo de miedo ¿Miedo él? ¿De qué? ¿De un viejo decrepito a un paso de la tumba? Determinado a dejar de comportarse como una nenaza se adentró a la tienda.

En su vida Draco, había escuchado muy, pero muy poca música. Un par de veces había oído las canciones de las Brujas de Macbeth, pero jamás puesto atención. Qué decir de la radio la cual su padre consideraba una absurda copia de un invento muggle necesario pero no indispensable y bueno, si lo pensaba bien, realmente lo era.

Sin embargo, cuando se oficiaban las grandes fiestas a las cuales asistían todos los conocidos y amigos de su padre se podía escuchar melodías y valses armónicos que acompañaban la velada. Gracias a ello, Draco, conocía instrumentos de cuerda; como el violín y el cello, así como también reconocía una flauta dulce de una traversa, el arpa y la lira, en fin instrumentos simples para una velada tranquila. Pero, por otro lado jamás había visto un piano y menos escuchar de uno algo remotamente parecido a la música que oyera en el mundo mágico.

La silueta del viejo, que se encogía sobre el instrumento sacando de las teclas monocromáticas, la melodía que le golpeara la cabeza constantemente esos últimos minutos pareció convertirse en la sombra de algo importante, algo que en algún momento podría necesitar saber y que muy a su pesar podría transformarse en algo trascendental para su propia existencia. Y más que agradarle aquella percepción; una que escapaba completamente a lo obvio y evidente, se sintió profundamente molesto, sobre todo consigo mismo ya que preso ante la idea de su convencionalidad estaba tratando de buscar significados ocultos en cosas llanas y simples, trataba de encontrar la magia en ese viejo decrépito y engreído con el solo fin de parecer más interesante ante los suyos.

Al fin de cuentas, mientras su padre lo usaba de excusa a él, Draco hacía lo mismo con Lucius, se decía que aceptaba la apuesta por que era capaz, pero lo cierto iba de la mano con la necesidad de demostrar y que a su vez fuera visto por su padre y no como un niño. Además, tenía que admitirlo, el viejo tocaba el piano muy, pero muy bien.

De cola, negro con un diseño que le pareció elegante, no pudo evitar el vislumbrarlo en uno de los salones de su casa, aún como mero adorno.

— ¿Te intriga? — preguntó el anciano sin mirarle.

— Eso es obvio de otra manera no hubiera entrado en este agujero — contestó, el viejo carraspeó molesto.

— Para ser tan fino no eres especialmente educado — Draco fijó la vista en él con molestia.

"Fino, delicado, inútil"

— Si eso es todo… — dijo finalmente girándose.

— Espera… — atajó el anciano – dime ¿De dónde reconoces la melodía? — Draco le miró por sobre el hombro y una sonrisa de orgullo dio paso en su rostro. Con tono tranquilo y elocuente contestó:

— ¿Habla del concierto nocturno en E menor de Frederick Chopin? — entonces, si bien había pretendido sorprender al viejo con su memoria, notó que Frederick Chopin era un nombre, el nombre del músico ya tenía una pista. El viejo sonrío complacido, al igual que Draco al ver el gesto, su respuesta había dado el resultado que él deseaba.

— Claro — Malfoy carraspeó y movió los hombros — Mi padre… él suele escucharla.

— Supongo entonces que es un hombre instruido — el viejo suponía muy bien.

— Desde luego — contestó, dando a entender lo obvio de aquella respuesta.

— ¿Cómo es que entonces no conocías la melodía? — Draco le miró extrañado, sin entender la pregunta.

— No entiendo…

— Bueno, si tu padre fuera un poco más paciente, no habrías tenido que entrar a este agujero para conocer el nombre de la melodía ¿no? — un tic lleno de molestia hizo que el parpado izquierdo de Malfoy se moviera imperceptivamente.

— ¿Qué le hace creer que mi padre no tiene paciencia? — preguntó vencido por la molestia que el viejo le causaba, esperaba una respuesta clásica para contra atacar con todo un repertorio de agudos sarcasmos.

— Tus modales desde luego — Draco se enfurruño y el gesto de desprecio se extendió aún más por su rostro.

— ¿Qué podrías saber tú de eso? Solo eres un músico muerto de hambre y a punto de irte a la tumba, obviamente los modales no son tu primera preocupación — dijo finalmente con tal frialdad y calma que hicieron que el viejo sintiera la carne de gallina, forzó entonces su mentón hasta hacerlo sobresalir considerablemente bajo su boca. A Malfoy le pareció que el cualquier momento el anciano saltaría sobre él.

— Te delatas solo al ser insolente chiquillo idiota.

"¿Idiota?"

Draco buscó entre sus ropas su varita. Si, un silencius sería más que adecuado

— Por otro lado, es entendible que con semejante hijo nadie quiera pasar mucho tiempo, o tal vez es tú padre quién ha inculcado esa molesta actitud de superioridad, que créeme muchacho no tienes — finalizó extendiendo una tranquila risa.

Draco se alejó de inmediato o no respondería de sus actos, solo la imagen de su padre le hizo salir de aquél lugar, sería horrible que a Malfoy manor llegara una carta del ministerio acusándole de hacer daño a un viejo.

"¿Cómo es que eran esos maleficios imperdonables?"

El viejo se quedó ahí con aire pensativo hasta que escuchó la puerta de su tienda retumbar.


Nuevamente más molesto que nunca, Draco decidió que ya había aguantado suficiente, si Vidar y su padre habían querido demostrar algo, pues ya estaba, había sobrevivido en el Londres muggle lo suficiente para taparle la boca a ambos.

Sin tomar plena consciencia de lo que ocurría a su alrededor buscó saber cuánto tiempo llevaba lejos de su hogar. Entre los escaparates que rebasaba pudo ver la hora; seis con treinta y siente, en llegar a Wiltshire tardaría alrededor de tres horas si es que tomaba el… ¿autobús? hasta su condado, aunque pensándolo bien resultaba mejor buscar la avenida Essex desde donde llegaría más fácilmente al mundo mágico, de ahí al callejón Diagon y finalmente a su hogar.

Nadie había especificado alguna cláusula con respecto a su hora de llegada. Supuso, entonces, que era libre de decidir en ese asunto en particular, tal cual él creyera conveniente. Fue cuando comprendió que la cólera había desaparecido y su cabeza, aún algo molesta por las palabras del viejo, comenzó a revisar los últimos sucesos, no tanto la situación incómoda que le había hecho pasar el anciano, si no sus propias reacciones. La vaga idea de que si alguien hubiera eliminado ahí, frente a sus ojos, al viejo se lo hubiera agradecido tremendamente le hizo esbozar una media sonrisa.

Pero las palabras "es tú padre quién ha inculcado esa molesta…" parecieron quedarse pegadas a su cabeza. Desde luego que así era, los padres, su padre le había inculcado educación, refinamiento, elegancia y distinción, era parte del deber que como tal debía tener, pero entonces llegaba a su cabeza las encerronas que Lucius tenía con Vidar en su despacho, ese aire de complicidad que ambos compartían y se sentía mareado y molesto.

Entonces la pregunta definitiva pareció explotar en su cabeza ¿Por qué con él?

Con todas las ganas que había tenido de partirle el hocico a ese viejo podrido, a ese perro anciano a un paso de la tumba, a ese animal insolente que se atrevía a siquiera insinuar que su padre escuchaba a un músico muggle.

"Momento, retrocede, repítelo"

"Músico muggle, su padre"

El recuerdo, la melodía, música muggle.

No.

Chopin debía de ser un brujo, no podía existir otra explicación factible, ese viejo debía de ser un mago y simplemente… él… él no lo había notado. Su padre era capaz de reconocer la genialidad

"¿Incluso en un muggle?"

Terrenos demasiado pantanosos se abrieron a sus pies y ciertamente así había sido durante todo el verano, no tanto por lo que descubriera, si no por lo que sospechaba ¿Era aquello parte de toda esa palabrería que le decía que podía equivocarse?, ¿acaso siempre lo había estado? Y la imagen de sus padres parecía caerse y despedazarse ante sus ojos.

No, aún tenía tiempo para seguir siendo un niño de momento era lo que aún le tranquilizaba e inconscientemente entendió a lo que su padre se refería y que era lo que su madre buscaba proteger.

Pero ¿no podía ser siempre así? El vivir en una burbuja, el ser cobarde, dependiente, caprichoso y berrinchudo, una nenaza en síntesis.

El miedo a descubrir más de lo que debería comenzó a debatirse contra su educación, era curioso por naturaleza y siempre quería saber la verdad de todo lo que le rodeaba, se detuvo y respiró con afectación, miró a su izquierda y un escaparate le devolvió su reflejo.

¿Estaba preparado para la verdad?

Cuando reaccionó, notó que estaba perdido. Avanzó hacia una esquina y trató de vislumbrar Grovesnor Square, no estaba.

"¡Mierda, Maldito viejo!"

Miró a su alrededor buscando el nombre de la calle en la cual se encontraba, vio y leyó Gilbert Street ¡con un carajo! estaba perdido. Ahora si, realmente perdido.

Sin embargo notó a su alrededor que toda una multitud de jóvenes muggles se reunía en las afueras de lo que parecía ser un ¿estadio los llamaban? ¿Sería uno de esos juegos en los cuales todos corrían tras una Bulgder de color blanco y negro? No le pareció que así fuera, las ropas que llevaban eran demasiado sobrias para un encuentro de… ¿Cómo se llamaba aquél juego Butbol, cutbol… algo así?

No quiso siquiera pensar en acercarse más a ellos, ya estaba harto, aquél anciano le había quitado de una sola vez todas las míseras ganas que tenía de mantenerse en aquél lugar. ¿Por qué le había afectado tanto? Mientras trataba de responderse, un fuerte grito vino a sobresaltarlo, miró a su alrededor y vio a tres chicas saludarse ruidosamente entre sí.

— ¡Ahí está Merle! — gritó una, señalando a otra. Draco las observó unos segundos, sugerentes y desvergonzadas, lucían ropas que parecían pijamas de ancianas recortados en todas las zonas atractivas de mirar; es decir, escote y piernas. Usaban una tela sobre estas que les hacia mostrar formas de flores, tenían los ojos pintarrajeados con colores oscuros y algunas con otros muy chillones y sus cabellos con peinados estrambóticos.

"Mujerzuelas"

Cuando lo notó ellas le miraban fijamente, concentrado como estaba no se había dado cuenta de que las chicas esas llevaban, ya varios segundos, atentas a él; le miraban y se sonreían entre ellas.

— ¿Quieres compañía cariño? — dijo una con gesto lascivo en la boca, Draco alzó el mentón y con toda la dignidad que le quedaba contesto fríamente.

— Lo lamento, me gusta permanecer sano…

— Huuu — rieron las tres muchachas, sin dejar de reír.

Draco avanzó, sin proponérselo en la misma dirección que lo hacía la gente. Si bien había decidido lo contrario, ese último encuentro había terminado por fastidiarlo completamente y no se sentía con ganas algunas de evitar a nadie, de hecho si se internaba en esa masa de gente que avanzaba a ese ¿…estadio? Lo hacía con la exclusiva intención de perderse definitivamente y si la multitud terminaba empujándolo ¡qué lástima! él se vería en la obligación de reaccionar, quizás con un poco más de energía, tal vez un par de puntapiés no estarían mal.

Fue tal como él lo imagino, de a poco la multitud se apretujaba en torno a él y todos buscaban encontrarse en lo que parecía ser el inicio de una larga fila, la náusea y el asco, cedieron ante la frustración y enojo que sentía en aquél momento, además sabía que en cuanto recobrara la razón, el valor para seguir con aquella locura cedería a su sentido común, por lo que no se concentró en nada más que solo avanzar.

Por lo que se alcanzaba a colar en sus oídos supo que se trataba de un artista, de hecho era una banda músicos muggles. Llegaron a su cabeza el viejo y Lucius. Mientras avanzaba se dio el gusto de empujar, sin pedir permiso y recibió algunos empujones de vuelta, se dedicó a soltar puntapiés los cuales también fueron respondidos con prontitud.

Buscaba cruzar horizontalmente la zona en la cual se apretujaba más gente. Una tranquila euforia vino a someterle cuando se dio cuenta de que en aquél lugar realmente era invisible, se comportaba de manera que su madre habría considerado inaceptable y su padre, tal vez necesaria, pero nadie le corregía, a sabiendas de su superioridad era tratado como uno más y eso le calmó, inconscientemente se desahogó entre ellos de la manera que le hubiera gustado hacerlo con el viejo. Aunque no era del todo perfecto, faltaba más, quería desahogarse de Vidar, de ese es aún muy niño, de su inutilidad, del drama de su madre, pero obviamente ahí no podía.

Entonces una poderosa mano le despertó, o para su desgracia le reconoció, golpeándole con toda la intención en el hombro. Draco se volteó furioso, una cosa era que le patearan de manera incógnita e impersonal, pero ese toque fue hecho con todas las ganas de captar su atención. Antes de voltear gritó al osado que se había atrevido.

— ¡No me toques! — el aludido se encontraba en tal estado de sopor farmacéutico que apenas reaccionó ante la acción del chico.

— Eh — dijo estúpidamente – chico, desde allá te llaman… — apuntó exactamente hacia el inicio de la fila, cerca de la entrada.

Draco no recordó haber pasado por ahí, vio entonces a las tres chicas que parecían mujerzuelas acercarse desde esa dirección solo que ahora le acompañaban más personas, no pudo definir quienes eran hombres o mujeres. Sin embargo volvió la vista hacia donde apuntaba el otro muchacho, no pudo notar nada. Alzó un poco más la cabeza y vio que algo se extendía en direcciones diferentes; eran unos brazos, con calma avanzó, sintió un par de puntapiés y empujones pero no les prestó atención.

De la nada se sintió extraño, como si le faltara algo.

Vio a una chica, obviamente estaba sobre algo, entre más acercaba entendía que era sobre los hombros de alguien, seguramente su novio. Entonces lo notó y un escalofrío parecido a la muerte se apoderó de toda su espina dorsal haciéndole tropezar. No dio con el suelo y lo único que atinó a hacer fue gritar con todas sus fuerzas:

— ¡NO HAGAS ESO! — le parecía una broma, lo peor que pudo haber ocurrido durante el día y la chica que no escuchaba seguía agitando sobre su cabeza.

"Mierda"

Su varita.


Diccionario.

Tyazhelyy: Severo

Vozmozhno: Tal vez

Tetya: Tía

Rebenok: Nena


Bueno, este es el primer episodio ya vendrá el resto.

si llegaste a este punto quizás quieras dejar un review, el cual obviamente se agradecerá, espero disfruten.