Capítulo 01

Su primera escena de un crimen. A pesar de lo solemne de la situación, a fin de cuentas había un muerto presente, Collin Tank no podía dejar de sentir fascinación y hasta cierto regocijo por todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Procuraba tener un gesto sereno, casi compungido, pero su cuello se estiraba por encima del hombro de su compañero en un vano intento por ver algo más que la cinta amarilla. Se suponía que debía controlar a los curiosos que se acercasen, pero a esas horas de la noche y en medio de un parque, las pocas personas que hubiese podido haber por allí serían de dudosas intenciones y habían desaparecido en cuanto el primer haz de luz barrió la zona. Sólo llevaba dos semanas de patrullero y, hasta ese momento, el hecho más interesante que le había ocurrido era la persecución de un ladrón de bolsos, al que había llevado orgullosamente esposado hasta comisaría. Cuando les habían asignado el turno de noche, el joven agente pensó que disfrutaría de algo más de acción, pero aparte de ver el lado más agrio de la ciudad, sólo había tenido que lidiar con pandilleros y prostitutas. Su compañero, Nathan Kernighan, un veterano agente de pelo rubio y barriga prominente, le había asegurado que aunque no se aburriría, las cosas no serían como se las habría imaginado.

Aquella noche solo habían tenido que responder a una llamada, que se había resuelto antes de que llegaran. Para hacer tiempo y que el turno pasara más rápido, se habían ido deteniendo en casi todas las cafeterías que conocían, consumiendo una increíble cantidad de coca-colas, en el caso de Collin, y de tés en el de Nathan. Había sido el joven agente el que había cogido el micrófono cuando se anunció un 1-87 en el parque de la Unión. Aún a pesar de hallarse demasiado lejos e ignorando la mirada que le había dirigido su compañero, Collin no había dudado en responder que estaban en la vecindad y en camino. Nada más llegar a la escena se habían encontrado toda la parafernalia montada y el superior al mando les había mandado vigilar la zona, para desilusión del novato que se contentaba con observar el hacer de los agentes, pensando en que algún día estaría al otro lado de la cinta.

Llevaban cerca de una hora allí y Collin empezaba a notar el efecto de tanto refresco y del frío. Tenía la vejiga a punto de reventar. Empezó a pegar pequeños saltos sobre cada pie tratando de pensar en cualquier cosa que no tuviera que ver con líquidos o sonidos siseantes.

Nathan se giró ante la extraña danza que su compañero estaba ejecutando.

- ¿Qué te pasa?

- Me estoy meando - susurró Collin.

- Pues mea - repuso Nathan encogiéndose de hombros y volviendo su vista hacia los agentes que trabajaban en la pequeña planicie de hierba.

- ¿Dónde? - preguntó Collin desesperado. No había un sólo bar en varios metros a la redonda y ponerse a buscar un baño en aquel parque era inútil.

- Esto está lleno de árboles. Búscate uno que te guste y levanta la pata - dijo el rubio policía con un gesto incrédulo en la mirada e indicando con la mano una zona alejada.

Collin murmuró algo sobre la salubridad de la proposición, pero de todas formas se internó por el estrecho paseo de grava con pasos cortos y rápidos.

Recorrió varios metros del camino hasta que sintió que no iba a aguantar más y se metió por entre los matorrales, buscando algo más de privacidad. Collin no tenía ningún problema con mear en un parque, pero no lo consideraba apropiado cuando había un cadáver en las proximidades. Lanzó un rápida mirada a su alrededor asegurándose de estar a cubierto de miradas no deseadas y dio rienda suelta al acto primigenio.

No pudo evitar una exclamación de satisfacción cuando por fin pudo desahogarse. Apoyó la frente sobre la mano con la que se sujetaba al árbol y dejó escapar un largo suspiro de alivio. No bien hubo terminado de arreglarse el traje, un movimiento captó su atención. Se dio la vuelta rápidamente y escuchó el sonido de las ramas al dejar pasar algo entre ellas.

- ¿Qué diablos...?

Collin se acercó un poco más guiñando los ojos, como si eso le fuera a permitir ver entre los arbustos. Sin querer, empezó a imaginarse escenas de películas de miedo. Ésas en las que te preguntas por qué el protagonista abre la maldita puerta, si es más que obvio que el malo está al otro lado. Extendió un brazo para apartar las ramas, pero se mantuvo a una prudente distancia por si algo decidía saltar sobre él y, sólo por precaución, mantuvo la otra mano firmemente apoyada sobre la culata de su pistola. "Va a ser un pájaro" razonó el policía en su cabeza. "Un pájaro saldrá volando, así que no hay nada por lo que asustarse". Aún a pesar de la práctica de concienciación, cuando un ave negra como el carbón salió despavorida aleteando a escasos centímetros de su cara, Collin no pudo reprimir un respingo. Llevándose una mano al pecho, comprobó que su corazón seguía en su sitio y sonrió a su pesar.

- Todo un héroe - susurró, en parte para escuchar su propia voz en aquel silencio.

Cuando se iba a girar, algo más llamó su atención. Apartando de nuevo los arbustos, descubrió que al otro lado había un pequeño claro donde un trozo de plástico sobresalía del suelo. Miró por encima de su hombro hacia donde estaban el resto de agentes. Podía no ser nada y en cualquier otra situación hubiera pensado que simplemente se trataba de una bolsa de basura enterrada, pero había algo que le impedía dejar de dar importancia a que la tierra pareciera removida y que el tamaño de la zona despejada fuera el justo para que cupiera una persona tumbada.

- Estás paranoico - se recriminó, apartando las ramas y entrando en el claro.

No había ningún camino que condujera hasta el sitio en cuestión, pero en el otro extremo podía ver unas marcas como si alguien se hubiera abierto paso por entre la maleza. Bordeando el pequeño descampado, se aproximó hasta la zona donde el césped aparecía aplastado y varias ramas estaban tronchadas. Se agachó junto al tosco camino, buscando con la mirada cualquier cosa que llamase su atención. No sabía si trataba de encontrar una excusa para largarse de allí o para tirar de aquel trozo de plástico. Dejó caer la cabeza entre los hombros y suspiró. No tenía sentido darle más vueltas, no se iba a quedar a gusto hasta que supiera qué había bajo aquella capa de tierra.

Comprobó que tenía bien puestos los guantes antes de comenzar a escarbar. Tiró varias veces del plástico, pero lo que fuera que había allí pesaba demasiado. A pesar del frío que hacía, Collin notó cómo las gotas de sudor comenzaban a recorrer sus mejillas. No sabía cuánto tiempo llevaba escarbando, cuando por fin logró dejar al descubierto una parte de la bolsa. Tanteó con la mano el contenido y casi se cayó de espaldas al discernir la forma de un pie con los dedos tensando el plástico, como si le estuvieran pidiendo que les sacase de allí. Collin notó el aire atrapado dentro de sus pulmones, y necesitó unos segundos para lograr recordar cómo respirar. Se puso en pie alejándose de la extremidad todo lo que le permitía el estrecho descampado. En ese momento su radio crepitó, y Collin pegó un grito que habría enorgullecido a cualquier director de películas de terror. Inspiró profundamente un par de veces antes de coger el aparato con manos temblorosas.

- A-aquí Tank, - tartamudeó.

- Tío, ¿cuánto se tarda en mear? - la voz de su compañero logró desvanecer parte del aura siniestra que se había adueñado del lugar. - Se me está helando el culo. ¿Qué tal si te espabilas y nos largamos a tomar algo caliente?

Collin se llevó la radio a los labios pero, cuando trató de decir algo, su garganta no respondió. Al otro lado, Nathan esperó un rato antes de volver a intentarlo.

- Hoooolaaaaa, ¿hay alguien ahí?

- Un cadáver - logró decir al fin.

- ¿Qué?

- Un muerto, he enc-encontrado un muerto. Dios, - Collin comenzó a recorrer el extremo del claro con la mirada fija en el plástico que había desenterrado. - Aquí hay una persona, dentro de una bolsa y está muerta, de fijo que está muerta.

- Calma, calma, - respondió Nathan, notando cómo la histeria daba un extraño tono agudo a las palabras de su amigo. - ¿Dónde estás?

- No lo sé, me metí entre los arbustos. Debo de estar cerca de la fuente.

- No toques nada, sal de ahí y espérame en el camino.

- De acuerdo, - susurró Collin a un interlocutor que ya no escuchaba. Dejó caer el brazo y dirigió una última mirada al claro antes de introducirse entre los arbustos.

Estaba todavía peleándose con las ramas que se habían enganchado en su cazadora cuando una mano asió su brazo. Collin se giró con un respingo, empezando el gesto de coger la pistola.

- ¡Calma, fiera! - exclamó Nathan, soltándole en el acto y levantando las manos en el típico gesto de rendición. - Soy yo, tu querido y amado compañero.

- Dios, - exclamó el joven agente en un susurro. - Casi me matas del susto.

- Valiente policía estás tú hecho. A ver, ¿dónde está el fiambre?

Collin señaló con el pulgar por encima de su hombro.

- Ahí atrás.

- Vamos allá.

El rubio policía hizo el gesto de adentrarse en la espesura, pero al ver que su compañero no le seguía, se quedó con medio pie entre los matojos.

- Es para hoy, - dijo indicando con ambas manos las plantas que se extendían delante de sí.

- Acabo de salir de ahí, - respondió Collin con un gesto exasperado. Lo último que deseaba era volver al claro y menos aún, ver la bolsa de plástico con su inconfundible contenido. - ¿Por qué no llamamos a los federales y que se encarguen ellos?

- Mira, alguien tiene que quedarse con el cuerpo, y a no ser que quieras ser tú, me vas a tener que indicar exactamente dónde está. - Nathan no quería decirle que necesitaba ver el cadáver para creer que había uno y hacer estallar los fuegos artificiales. No es que no confiase en su compañero, pero todavía era un novato y fácilmente impresionable.

Por desgracia para Collin, las palabras de su compañero tenían mucha lógica. Sintiéndose un cobarde por no atreverse a entrar, el joven agente respiró profundamente para calmar los nervios. Era policía, se suponía que ése era su trabajo, sólo que no esperaba encontrar su primer cadáver tan pronto en su carrera. Por otro lado, estaba el hecho de que ésta iba a ser una historia que contar en el vestuario, y lo último que deseaba era quedar como un cagueta frente a su compañero.

- Sígueme - dijo al fin, pasando por delante del otro agente.

Nathan no pudo evitar sonreír ante la firme resolución que mostró su amigo al introducirse entre los matorrales. Sacudió la cabeza y le siguió, cuidando pisar por el mismo sitio que Collin para evitar dejar más rastros de los necesarios.