Capítulo 08

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Tony apoyó la cabeza contra el volante dejando escapar un largo suspiro. Aquella conversación; a medio camino entre la realidad y la fantasía; le había dejado con la sensación de que el mundo en el que estaba no era exactamente el mundo en el que vivía. Miró el reloj, en parte sorprendido al descubrir que eran más de las diez de la noche. Al menos ahora sabía algo más sobre el asesino; era caucásico, alto, delgado y bastante mayor. Conducía una especie de carruaje - palabras de Minnie - de color crema, grande y con la parte de atrás cuadrada. Tony pensaba que posiblemente se estaba refiriendo a algún tipo de ranchera aunque bien podría haber estado hablando de un autobús. Aún se maravillaba de cómo había conseguido sonsacar aquella información a Minnie, se sentía como Indiana Jones interpretando los jeroglíficos de una antigua civilización perdida.

El frío comenzó a hacerse notar en el coche y Tony se vio obligado a ponerlo en marcha para así encender la calefacción. Sacó el móvil y descubrió un mensaje de Marcus y varias llamadas perdidas de un número desconocido que supuso serían de Anna. Obviando estas últimas, abrió el mensaje de su amigo.

"Recojo pruebas morgue"

'El hombre es un derroche de palabras,' se dijo Tony comprobando la hora del mensaje. Hacía solo veinte minutos que lo había recibido. Subió el termostato unos grados más y marcó el número de su amigo.

- Aquí Marcus.

- ¿Dónde estás? - preguntó Tony poniendo la mano libre frente a la salida de aire caliente. Si no fuera porque los estaba viendo, dudaría que sus dedos siguieran allí.

- ¿DiNozzo? No pensé que fueras a leer el mensaje hasta mañana. Estoy a punto de entrar en la morgue.

- Dame diez minutos y estoy allí.

El silencio se hizo en la línea y Tony miró extrañado al aparato pensando por un momento que se había cortado la comunicación.

- Hum, Tony, - la voz de Marcus era un susurro dudoso que hizo que Tony se pegara el aparato de nuevo a la oreja. 'Por favor que no se haya enterado el capitán, por favor que no se haya enterado el capitán' pensó Tony mordiéndose ligeramente el labio inferior en espera de que Marcus le diera la mala noticia que parecía estar conteniendo. - ¿De verdad quieres venir?

Vale, no era eso lo que esperaba.

- No entiendo la pregunta, - dijo Tony con sinceridad.

- ¿Viste quién firmaba el informe?

Tony recorrió su memoria, pero no podía encontrar ese detalle en su cabeza. La verdad es que no se había fijado, pero estaba claro que tenía que ser alguien que los dos conocieran y que por alguna razón no se llevara bien con él. No había muchas opciones con esas características.

- Vale, déjame adivinar, - dijo Tony conteniendo una corta maldición. - El doctor Mike Reed.

- ... No, no es él, - respondió Marcus ligeramente confundido.

- ¿Allan Morris? - intentó de nuevo Tony.

- No.

- ¿Stillman?

- Es Janet Rawdon, - dijo Marcus con rapidez ante el temor de que Tony dijera a todos los médicos actualmente en plantilla.

- ¡Oh! Sí, claro, Rawdon. - Tony hundió la cabeza entre los brazos antes de lanzar un suspiro de aceptación. Definitivamente aquella mujer le odiaba, pero al menos era una buena forense.

- Tú simplemente no me dejes solo con ella y creo que podremos mantener una conversación civilizada.

- Claro, por supuesto, - repuso Marcus con ironía. - No tardes y ya que estás trae un buen café, quizá así logres que al menos te deje pasar dentro de la sala.

- Que intente mantenerme fuera, - murmuró Tony más para sí mismo que para su amigo. - Vale, de acuerdo, nos vemos allí, - y con un golpe seco cerró la tapa del móvil cortando la comunicación.

De todos los doctores forenses que había en Baltimore y tenía que ser ella quien se ocupara de aquel caso. Aquella mujer le odiaba desde el primer día que había puesto un pie en su sala. Tenía que reconocer que parte era culpa suya, el comentario acerca de la frescura de uno de los cadáveres quizá no hubiera sido la mejor forma para iniciar una conversación, pero lo que de verdad había propiciado el nacimiento de una hermosa enemistad fue la suerte que tuvo Tony para liarse con la prometida del asistente de la doctora haciendo que éste se mudara a otra ciudad, abandonando su puesto de forma repentina y dejando a la doctora con un exceso de trabajo ¿Cómo convencerles de que había sido la novia del asistente la verdadera culpable? La chica no le había dicho nada de estar comprometida cuando le propuso que se marcharan de aquel bar a por algo de diversión. Tony no tenía ni idea de que el chaval estuviera observándoles desde la barra mientras ella le arrastraba hacia la salida con sospechosa alegría. La verdadera víctima había sido el propio Tony que, sin comerlo ni beberlo, se encontró en medio de una trifulca doméstica mientras trataba a duras penas de ponerse la camisa que la chica le había quitado nada más llegar al apartamento que compartía con su prometido. Aquella pareja tenía problemas antes de su entrada en escena y él simplemente había sido la excusa que necesitaban para separarse. Pero como en muchas otras situaciones, la culpa recayó sobre aquel que se había quedado para apagar la luz.

Navegando entre estos pensamientos pasaron los diez minutos y Tony se encontró ante la puerta del edificio que albergaba la morgue. Sólo dos de las cuatro farolas que iluminaban la entrada funcionaban y una de ellas parpadeaba a intervalos irregulares dando a la escena un aire tétrico que Tony consideró de mal auspicio. Salió del coche, encogiéndose dentro del abrigo al notar como el frío le envolvía y corrió hasta las puertas de acceso bendiciendo la cálida atmósfera que le recibió dentro. No tardó en quitarse el abrigo mientras buscaba con la mirada a Marcus. Lo encontró examinando con atención una máquina de chocolatinas al fondo del pasillo. Con pasos calculadamente silenciosos se acercó hasta su amigo hasta colocarse casi a su lado.

- ¿Decidiendo cuál va a ser la afortunada? - susurró en la oreja de Marcus.

- ¡Jesús! - exclamó Marcus echándose a un lado de un brinco. - Dios que susto me has dado. ¿De dónde diablos has salido?

- He utilizado una cosa que se llama puerta, - repuso Tony con una enorme sonrisa. - Deberías probarlas, son muy útiles.

Marcus hizo una mueca y procedió a insertar un billete dentro de la máquina para sacar una enorme barrita de chocolate que le tendió al muchacho.

- Vaya gracias - dijo Tony aceptando el presente y procediendo a abrirlo.

- No es para ti, - dijo Marcus dándole un golpe seco en la mano. - Sabía que no traerías el café.

- Estás en todo.

- Quizá no lo parezca, pero a Jan le encanta el chocolate.

- Yo habría apostado más por el arsénico, - murmuró Tony. - Oye, no crees que es un poco parco como chantaje.

- Se le llama ofrenda de paz, DiNozzo, y a veces lo que importa es el gesto.

- Todo un culmen de sabiduría.

- Tampoco vendría mal que atases más en corto a esa lengua tuya, - repuso Marcus con un gesto austero.

- Mi lengua es uno de los artículos más valorados entre el género fem-

- No sigas por ahí, - exclamó el hombretón dándole un codazo. - Ni me importa, ni quiero saberlo, y ahora haz el favor y compórtate.

- Si mami.

Tony sujetó la puerta haciendo una pequeña reverencia cuando Marcus pasó a su lado con una sonrisa burlona de oreja a oreja. Cuando entró en la sala y vio a la doctora Rawdon pudo ser testigo de cómo una cara puede transformarse de sincera alegría a frío desinterés en tan solo unos segundos.

- Buenos días doctora Rawdon, - dijo Tony con su más encantadora sonrisa al tiempo que le tendía la chocolatina con una ligera floritura.

Janet alzó una ceja rubia sin mover un sólo músculo más de su angulosa cara y dirigió unos oscuros ojos hacia Marcus que trataba en vano de ahogar una carcajada.

- Muy gracioso, Marcus, - dijo la mujer cogiendo con un gesto seco el ofrecimiento y tirándolo a la basura.

- Ey, - exclamó Tony sorprendido, pero sin atreverse a ir en rescate de la chocolatina.

- No te preocupes DiNozzo, ha cumplido su cometido.

Janet se dio la vuelta indicándoles con una mano de delgados dedos que la siguieran. Era una mujer alta de rostro severo y mirada seria oculta tras unas pequeñas gafas de media luna que llevaba sujetas al cuello. Llevaba el pelo teñido de rubio ocultando unas canas prematuras que se obstinaban por asomar por todos lados y a las que parecía haber decidido dejar de combatir hacía tiempo.

Mientras seguían a la doctora Tony le dio un codazo a Marcus para llamar su atención al tiempo que indicaba con un gesto de la cabeza el cubo de basura.

- Yo tampoco empecé con muy buen pie con la buena doctora, - le confió Marcus entre susurros. - Estuvimos trabajando un caso en el que cometí un error que ella subsanó. Como acto de disculpa le traje una enorme caja de chocolatinas de distintos tipos.

- ¿Qué pasó? - preguntó Tony con curiosidad.

- Soy diabética, - respondió la doctora sin girarse.

Llegaron hasta la última mesa-camilla de la habitación donde estaba el cuerpo de la muchacha cubierto púdicamente con una sábana.

- Pero me pareció un bonito detalle, - continuó la doctora con una ligera sonrisa que suavizó su rostro. Después descubrió un poco más del cuerpo de la chica. - Pasemos a lo importante. Creo que sé exactamente lo que mató a esta chica.

- Wow ¿Qué es eso? - exclamó Tony al ver unas manchas negras que aparecían en uno de sus brazos.

- Son abrasiones por congelación, - respondió la doctora sin darles importancia.

- ¿Esto nos puede pasar a nosotros? - dijo Tony ligeramente alarmado al pensar en el frío que estaba haciendo últimamente en la calle.

- Si te meten dentro de un congelador y tu piel entra en contacto con una superficie helada, es bastante probable.

- ¿Congelador? Un momento, ¿Alguien congeló a esta chica?

- Alguien la asesinó, la guardó en un congelador durante bastante tiempo y después la enterró, - explicó la doctora con paciencia.

- Pero en tu informe decías que sólo llevaba dos semanas muerta, - siguió Tony cada vez más agitado.

- Yo no puse en ningún sitio eso, - dijo Jan entrecerrando los ojos con frialdad, como si hubiera sido acusada en falso. - Lo que escribí es que posiblemente llevara dos semanas enterrada. Eso lo pude saber por el grado de descongelación y porque miré las temperaturas de estas últimas semanas.

Tony abrió la boca para replicar, pero en lugar de eso cogió la copia del informe que estaba al pie de la camilla y se puso a ojearlo en busca de los datos que la doctora mencionaba. Para su desconcierto y desesperación era tal como ella decía.

- Debido al estado del cuerpo en ese momento no podía establecer una fecha exacta para su muerte y ahora mismo sigue siendo bastante complicado, - continuó Jan, pasando al lado de DiNozzo sin prestarle atención mientras éste seguía inmerso en el informe comprobando si había más datos que había malinterpretado. - No sé a qué temperatura estaba esa cámara frigorífica, asi que tan sólo puedo hacer suposiciones y desde luego que no las pondría por escrito.

- Entonces, - dijo Marcus capturando la mirada de la doctora con la suya. - ¿Cuándo 'crees' que fue asesinada?

Janet no se dejó amilanar ante la intensidad de las palabras de Marcus. Con calma cruzó los brazos sobre el pecho, apoyándose ligeramente contra la camilla y guardó silencio. No le gustaba para nada aquella situación. Dar datos a la ligera podía llevar a conclusiones equivocadas y a una pérdida de tiempo que nadie se podía permitir. Miró al muchacho, que había cerrado el informe y la miraba con la misma intensidad que su amigo, pero en sus ojos había una ligera súplica. La doctora se dio cuenta de los rasgos cansados y de la pose tensa de alguien que tiene que recurrir constantemente a su fuerza de voluntad para no darse por vencido. No le debía nada a aquel chico y en realidad tampoco le debía nada a Marcus. Bajó ligeramente la vista hacia el cadáver que descansaba en la mesa. Pero a aquella chica... Suspiró y se quitó las gafas, dejándolas colgar contra su pecho.

- Esta es mi suposición, - dijo alzando la mirada y fijándola en ambos hombres. - Esta chica debe de llevar muerta entre uno y dos años, yo diría que más bien cerca de dos. Fue asesinada con un veneno que en dosis bajas es una especie de tranquilizante, pero tomado con asiduidad o en una alta concentración lleva inevitablemente a la muerte.

Alzó la vista con lentitud y una mirada profunda que taladró a los dos hombres.

- Creo que va siendo hora de que me contéis qué es exactamente lo que pasa aquí, - dijo con suavidad. - Deduzco que hay más chicas como esta.

- Cuatro para ser precisos, - respondió Tony sentándose sobre una de las mesas de autopsias que estaban vacías y saltando al instante al tiempo, que se frotaba el trasero. - ¡Está helada!

Janet dejó escapar un suspiro mal contenido y miró al techo en busca de paciencia, después su vista descendió hasta Marcus.

- Puede ser que haya cuatro víctimas más.

- ¿Puede?

- No estamos seguros...

- Yo sí estoy seguro, - intervino Tony y alzó un dedo para silenciar las protestas de su amigo. - Déjame continuar, por favor. Verás, este hombre, nuestro asesino, secuestra a una chica, la mantiene encerrada durante aproximadamente dos año, luego la mata y la entierra en algún parque de Baltimore. Estoy pensando, que tal vez utilizara ese veneno que has encontrado en esta chica con el resto. Eso explicaría como ninguna de ellas trató de escapar. Es mucho más sencillo controlar a una persona saturada de tranquilizantes.

- ¿Cuál es la causa de la muerte en el resto?

- Fallo respiratorio, - contestó al instante Tony.

- Sí, cuadraría con tus suposiciones, - dijo la doctora de forma pensativa. - Los pulmones habrían dejado de trabajar llegado cierto punto. Dependiendo de la constitución y de la edad tardan más o menos, pero el desenlace sería siempre el mismo. Sin embargo en esta víctima la dosis es mucho más alta.

Janet comenzó a jugar con sus gafas, retorciendo el cordón que las mantenía en su sitio.

- Supongamos que tienes razón, y no estoy diciendo que la tengas, - añadió al ver como la cara de Tony se iluminaba ante estas palabras. - Haré un salto de fé y diré que al resto de chicas se le suministró ese mismo veneno en pequeñas cantidades a lo largo de sus años de cautiverio. La asimilación por parte del propio organismo, la poca concentración de la sustancia y el tiempo que se tardó en encontrar los cuerpos en alguno de los casos, ayuda a enmascarar los síntomas propios de este veneno.

- ¿Y cómo no se ha descubierto ningún rastro hasta ahora? - preguntó Marcus mesándose la barbilla.

- Porque no sabíamos qué buscar, - dijo Tony con la mirada perdida en algún punto por encima del hombro de la doctora. Soltó un prolongado suspiro que parecía llevar conteniendo días y bajó la vista. - El cuerpo humano es un equilibrio químico que se puede alterar con bastante más facilidad de lo que nos gustaría pensar. Cuando se hacen análisis de sangre y de tejidos, el margen entre lo que es normal y lo que está fuera de rango es un espacio demasiado grande en el que caben demasiadas conjeturas. Las pruebas de venenos son infinitas, y si no buscas algo específico es como intentar encontrar una gota de agua en el mar.

- Exactamente, - dijo la doctora, ligeramente sorprendida por las palabras del muchacho. Dejó que una sonrisa curvara sus labios en aprobación y Tony le correspondió con cierta humildad.

- Vale de acuerdo, - dijo Marcus acercándose también a la mesa, pero con cuidado de no apoyarse en ella. - ¿Entonces porqué en esta chica sí que has podido encontrar ese rastro?

- Primero; porque la dosis fue muy elevada y la llevó a una muerte casi instantánea. Y segundo; porque fue congelada nada más morir. La degradación de las células es mínima y la concentración de elementos extraños es muy acusada y fácil de visualizar.

- Entonces ahora sí que sabes lo que tienes que buscar, - exclamó Marcus. - Puedes encontrarlo en el resto de cuerpos.

Jan asintió con la cabeza y por un momento se dejó llevar por el entusiasmo que veía en los ojos del hombretón, hasta que una voz sombría les hizo a ambos volver su atención hacia el joven detective, que se había apoyado con ambos brazos contra la mesa y tenía la cabeza hundida entre los hombros.

- Mierda.

- ¿DiNozzo? - Marcus lanzó una corta mirada a la doctora, pero parecía que a ella también le había pillado por sorpresa la reacción de joven.

- Necesitas los otros cuerpos ¿Verdad? - dijo Tony alzando la vista hacia la doctora.

- Eso sería lo mejor.

- Necesitamos una orden de exhumación ¿No es así? - siguió Tony, esta vez dirigiendo la pregunta al veterano oficial.

- Sí

- ¿Y por quién más tiene que pasar antes de llegar al juez? - terminó, alzando ambas manos como un prestidigitador ante la consecución de su truco.

- McPherson, - murmuró Marcus comprendiendo en el acto la desesperación de su amigo.

- No entiendo, - intervino la doctora cogiendo las gafas y mordiendo ligeramente una patilla.

- Verás, - dijo Tony con calma y un ligero retintín en sus palabras. - Para conseguir una orden de exhumación tienes que tener una muy buena excusa.

- Un asesino en serie me parece una excelente excusa, - repuso ella encogiéndose de hombros.

- Lo sería si fuera un asesino reconocido, - respondió Marcus. - Pero McPherson piensa que todo esto es una invención de DiNozzo.

Tony agitó ambos brazos en dirección a su amigo en un gesto exagerado. Aquello estaba agotando las pocas reservas que tenía y sus siguientes palabras sonaron en un tono agudo y no muy agradable.

- ¡Eso mismo! Encima resulta que esta chica no ha muerto exactamente como las otras, por lo tanto se podría considerar que no forma parte de la cadena. No podemos asociarla con el resto de asesinatos más que en teoría.

- Cálmate DiNozzo, esa actitud no ayuda en nada, - repuso Marcus en voz baja y serena. - ¿Quiénes llevaron los otros casos?

Tony suspiró en un vano intento por controlar sus emociones. Sentía que cada vez que conseguía subir un poco más en la escalera alguien se dedicaba a poner nuevos escalones en la parte de arriba. Se pasó una mano por la cara rascando la sombra que empezaba a aparecer en sus mejillas. Simplemente estaba cansado y hambriento, razones ambas que no ayudaban a su actual estado de humor, pero podía adivinar que un plan de acción estaba tomando forma en la cabeza de Marcus y se sintió infinitamente agradecido por no tener que ser él de nuevo quien tirara del carro. Carraspeó para ganar algo de tiempo, mientras buscaba en su cabeza los nombres de los investigadores.

- Carl Mongan, Russel Buczynski y Javon Hillmer. Son los que todavía están activos. El caso de Samantha Waters lo llevó en su tiempo un tal... Clasby o algo así. Se retiró hace dos años.

- Está bien, conozco a Carl y a Javon. A esos dos les podemos pedir los casos completos sin necesidad de rellenar una petición, - dijo Marcus. - ¿Eso te serviría?

Jan se encogió de hombros.

- Supongo que algo podría hacer, - repuso colocándose nuevamente la gafas. - Pero no puedo asegurarte nada, no sé cuánto quedará de material para hacer las pruebas necesarias, ni cómo se habrá conservado.

- Me vale con eso, - respondió agradecido Marcus.

- Quizá pueda hacer algo con el que te falta, - añadió Jan con una sonrisa pícara. - Si me dices quién fue el forense que realizó la autopsia, a lo mejor me saco un as de la manga.

- Si te conozco bien, - dijo Macus respondiendo al gesto. - Seguramente tendrás dos o tres más por ahí guardados.

Momentáneamente apartado de la conversación, Tony observó como Marcus y Jan bromeaban mientras establecían los siguientes pasos en aquella investigación, y aunque sabía que no estaban justificados, sintió ciertos celos de Marcus en aquel momento. Tenía una compañera que se dedicaba a vigilar su espalda, una amiga que estaba dispuesta a saltarse las normas para darle la información que necesitaba, varios compañeros de trabajo que le estaban echando una mano simplemente porque él se lo había pedido... De acuerdo que el hombretón llevaba muchos años en el cuerpo y que su carácter le hacía una persona de trato fácil, pero Tony sabía que aunque él se pasara la mitad de su vida en un mismo sitio no conseguiría ese grado de compromiso con otras personas. Tampoco es que hubiera dado a nadie la oportunidad de hacerlo.

Quizá estaba equivocando el enfoque de su relación con los demás, quizá fuera hora de empezar a cambiar, aunque sólo fuera un poco.

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Continuará