Eccesso

Romeo prende una lámpara en el establo y piensa que Juliet es bella como una llama, que sus preguntas podrían apagarla, que querría besarla sin sentir que se quema, que se conforma con verla a veces y que le alumbre el camino con su aroma a lirios y su pureza de virgen guerrera. Alcanza y sobra, quizás sea amor. Vale la pena llevarla al Palacio, vestida con sus prendas de campesina rica, para que su padre lo mire horrorizado mientras habla con certeza acerca de deshacer su compromiso con Hermione. Si, desde luego que no será fácil concretar tamaña hazaña. Quizás los guardias pretendan detenerlo en la puerta cuando vean que ella no tiene título nobiliario, pero él es capaz de disolverles con una mirada llena de fervor.

Y esos eran los mayores problemas que pensó tendría que afrontar.