An addiction for a escort.


Summary: Bella Swan había tenido un pésimo día y tenía que buscar un reemplazante que cumpliese con el perfil de Gigoló, nada fácil. Todo se complica cuando encuentra al candidato indicado y no sólo para ese trabajo.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pues fueron creados por Stephenie Meyer. Y mi inspiración para esta trama fue extraída de la novela mexicana Las Aparicio, en especial de Alma Aparicio, aún así la narración es mía por lo que queda estrictamente prohibida la copia parcial o total del texto sin mi autorización.


Capitulo V

Enamorada de un Escort.

Regalito para mi queridísima hermanita AnneHilldweller, a decir verdad amo esta idea y me alegra que te este gustando, aunque realmente lamento esta gran tardanza :)


Esto no podía estarme pasando otra vez, enamorarme del hombre equivocado, un momento, Isabella Swan… ¿Enamorarme? ¿Realmente esa es la palabra correcta? ¿Enamorada?, era absurdo, no podía estar enamorada en tan sólo unas semanas de Edward Cullen, no sabía de él más de lo que él mismo me había confiado, no conocía a su familia ni su pasado, ni siquiera sabía si realmente debía confiar en él… quizá enamorada era una palabra súper estimada, pero me sentía como una, tal cual adolescente llena de feromonas, así me sentía y sin duda cada vez que Edward estaba de por medio esa sensación parecía incrementarse.

Deseando olvidar el mal rato que pasé y quizá también pensando en todo lo difícil que se venía ahora, me fui a dar una ducha de agua tibia, aunque rápidamente fui interrumpida por la llamada de Alice.

Bella, estás en tu apartamento ¿verdad? Rose y yo vamos para allá, es urgente, código rojo, no puedes fallarnos, estaremos en veinte minutos, espéranos con un buen vodka —dijo mi amiga sin darme tiempo para responder.

¡Ouch! Código rojo… si Alice fue la que llamó, ¿en qué problema se habría metido Rosalie? Usualmente mi amiga no era de grandes problemas, quizá era uno de sus colapsos nerviosos al ver que algo no cuadraba o algo así, aunque en tal caso no debería usarse el código rojo… de seguro Alice exageró las cosas.

Ya una vez fuera de la ducha lo único que me quedaba por pensar era en mis amigas que no tardarían en aparecer frente a mí, no sabía si evadir el tema de "Edward Cullen" fuese bueno, pero lamentaba tener que ocultar esta doble vida con Rose y también lamentaba tener a Alice involucrada en este asunto. Mi vida era complicada, era dos Bella y a la vez ninguna. La imagen de la exitosa abogada, llena de una vida de lujos y glamour era sólo parte de la parafernalia de esconder a esa Bella sensible y tímida, de esa que fue rechazada mil veces cuando pequeña, la que molestaban por ser fuera de los estándares de belleza, pero eso no era realmente una espina en mi corazón, el dolor que me atormentaba era vivir y no haber experimentado el amar, si, porque nunca amé y nunca he amado, sexo, mi vida se limita a sexo, algo en lo que soy perfectamente deseada, pero jamás he pasado a una segunda cita por miedo a sentirme rechazada o quizá por miedo a escuchar, de la boca de ese hombre especial, que sólo soy un objeto sexual. Aunque no debería engañarme a mí misma con esos miedos, después de todo era yo quién trataba a los hombres como objetos sexuales, una mujer que los usa y los vende a otras mujeres, incluso Edward, incluso él era un objeto sexual en la lista de hombres a los que vendía…

A veces, cuando puedo verme desde el exterior, logro ver una vida insípida y vacía.

Sequé la lágrima fugitiva que corría por mi mejilla, me vi al espejo una vez más y esperé en el sofá que el bendito timbre sonase de una vez. Tal cual creí no tardaron en llegar, aunque jamás imaginé que en esas circunstancias, Alice sostenía a Rose quién parecía desfallecer sobre ella en cualquier momento, mi rubia amiga estaba tan pálida que hasta sus perfectas facciones parecían difuminarse en su tersa piel, dándome un aspecto nada alentador.

—Ayúdame —dijo Alice.

Tomé a Rose de la cintura y caminamos juntas al sofá, luego me devolví a cerrar la puerta, mientras que Alice le daba aire con una de las revisas que tenía sobre la mesa de centro.

—¿Qué pasó? —dije choqueada, no era para menos jamás, del tiempo que conocía a Rose, la había visto así.

Alice solamente me miró, volteó los ojos y fue por un vaso de agua, Rose, por su parte, parecía recuperar lentamente el color.

—Daniel —sollozó Rose cuando intentó explicarme qué era lo que le ocurría. Pude sentir como el nudo en la garganta le impedía hablar.

—Ese estúpido…—interrumpió Alice —, ni siquiera se llama Daniel.

—¡¿Qué? —dije sorprendida.

Rose bebió del vaso de agua y se tranquilizó lo suficiente como para comenzarme a narrar su historia. Había estado trabajando hasta tarde en la oficina cuando la llamó Daniel para que se juntasen, por lo que mi amiga decía, parecía una relación bastante seria. Él la invitó a cenar y luego de eso se fueron al departamento de Rose para terminar la noche allí, Rose mencionó que toda la velada lo notó intranquilo y que constantemente le decía que tenía que conversar seriamente con ella, pero en la situación en la que estaban era poco favorable ponerse a conversar seriamente, más cuando Rose estaba estresada y con ganas de bajar el estrés de una manera saludable.

—Entonces, luego de estar juntos, él se quedó dormido y yo me levanté por un jugo de frutas porque moría de sed, y al llegar a la cocina vi toda nuestra ropa tirada por la casa, así que comencé a ordenarla, estaba en eso cuando se cayó su billetera del bolsillo y la curiosidad me pudo…—continuó Rose.

Como lo supuse mi amiga no se resistió a averiguar un poco más del sujeto con el que mantenía casi una relación estable, así que estuvo hurgueteando sus documentos y allí vio la verdadera identidad de "Daniel".

—Cuando vi esos documentos bajo ese nombre, me dije: de seguro esta no es su billetera, es de otra persona, pero no podía ser, porque la fotografía del carnet de identidad era él con un terno y una corbata roja, fue entonces cuando me di cuenta que mi "Daniel" realmente se llama Emmett McCartney —sollozó.

¿Emmett McCartney? Sentí como todo color abandonaba mi rostro… ¿Rose estaba saliendo con uno de mis Escort? ¡Qué mierda! Alice obsesionada con Jasper y ahora Rose con Emmett, mi negocio se iría a pique si esto continuaba así.

—¿Te pasa algo? —Alice interrumpió mis pensamientos—, usualmente aquí viene la parte en donde dices: "ese malnacido, hijo de la …" bueno ya sabes…

Pero ¿Qué iba a decirle? Con qué cara le diría a mi amiga que esto que le estaba pasando era lo mejor para ella porque ese hombre trabajaba sexualmente conmigo, bueno no conmigo, si no para mis clientas. ¿Qué diría si se entera que me acosté con él hace cuatro años? ¡Dios, Alice no ha asociado a Emmett con el Escort que le presenté el otro día! ¡Demonios! ¡¿Qué diría Rosalie cuando se enterara que Alice y yo nos hemos acostado con su "Daniel"?

—¡Esto es el infierno! —pensé en voz alta.

—Al fin dices algo—interrumpió Alice.

—Aún no lo creo —dije evitando mentir —, esto parece una broma televisiva de mal gusto.

Intenté calmar a Rose sintiéndome la más desvergonzada de las amigas, de hecho ni siquiera debería llamarme así, fuese o no inconsciente todo lo que ocurrió, había pasado y ya nada cambiaría eso.

Una vez que Rose se propuso comer, llamé a Alice a la cocina con la intención de apartarla un poco para ver cuánto realmente sabía de toda la situación.

—¿Sabes quién es ese tal Emmett? —le susurré.

—Si, el hijo de la puta madre que tengo que asesinar a sangre fría —dijo mi amiga con una sonrisa angelical, que realmente en esta ocasión parecía diabólica.

—No, ese malnacido es el mismo con el que estuviste la semana pasada, el Escort al que le decías osito. Alice, ese es uno de mis Escort, lo que implica que tú y yo tuvimos sexo con él —susurré.

Mi intento de que esto quedase en absoluta reserva se vio roto cuando mi amiga, bajo el shock de la sorpresa, dejó caer el vaso que estaba lavando y este se hizo trizas una vez que chocó contra el suelo. A decir verdad no me extrañaría que mi amistad con Rosalie tuviese ese mismo final trágico.

—¿Pasa algo? —dijo Rose desde el sofá.

—Nada, sólo Alice que anda distraída, ya vamos para allá —expliqué.

—¿Qué haremos? —dijo mi amiga asustada.

—Creo que debemos esperar a que Emmett le explique su parte, luego explicamos la nuestra, el resto dependerá de Rosalie, ya no podremos hacer nada más.

Si en algún momento de mi ducha con agua tibia, pedí olvidar o entretenerme en otra cosa para no pensar en Edward Cullen, esta no era una opción.

Al día siguiente, no tenía por qué ver el rostro de Edward, pero era necesario citar a Emmett, así que rápidamente fui al departamento de los Escort para encontrarme allí con él y exigir una buena explicación del asunto. Una vez que llegó, nos sentamos en el sofá y escuché toda la versión de los hechos, parecía tranquilo, pero muy dolido, expresó sus más profundos sentimientos y me ofreció su renuncia.

—Ahora no me interesa la parte legal y/o laboral del asunto, me interesa mi amiga ¿has hablado con ella? —él respondió negativamente con un simple movimiento de cabeza —. Bueno, Rosalie no sabe nada de este negocio, ni siquiera sabe que nos conocemos, no sabe que mantuvimos relaciones sexuales y tampoco sabe que también estuviste con Alice, esa es la parte más difícil del asunto y yo se lo diré, sólo quiero que le expliques tu verdad, esta vez completa, dile en qué trabajas, pero no para quién trabajas, eso lo haré yo.

—Gracias —respondió Emmett.

Comprendí que fuese todo lo que era capaz de decir y realmente no era para menos, comprendía su situación, aunque la gravedad del asunto es que nadie comprendía la mía, mi mundo se estaba viniendo a bajo desde el mismo momento en que apareció Edward Cullen en mi vida.

Saqué el vodka del mueble y me serví una buena copa, no tenía apuros en ir a mi departamento aún, esperaría que Rose nos reuniera para contarnos sobre su cita con Emmett, luego de eso soltaríamos la bomba y no quedaría más que esperar el perdón.

—Trabajando los sábados —una voz conocida susurró tras mi oído.

—¿Qué haces aquí?

—Anoche la clienta se excedió en las horas y me quedé durmiendo en una de las habitaciones —explicó Edward.

—Que no se te haga costumbre —dije levantándome del sofá.

—Tengo otro tipo de costumbres, my lady —me susurró.

—Si, como dejar a una dama sola en un taxi —dije con suspicacia.

—Si hubiese habido una dama en el taxi de seguro no la habría dejado sola —rió.

Me volteé para encararlo, realmente odiaba su maldito juego de palabras, ¿Dónde había quedado ese Edward tierno y amoroso que se declaró a mí hace tan sólo unas horas?

—Claro, olvidaba que para ti soy una bestia —arqueé una ceja —, a decir verdad, mejor para mí que tú pienses ese tipo de cosas de mí, me libras de un peso innecesario, no sabes cómo detesto a los hombres arrastrados.

Edward me miró con sus intensos ojos, con esa mirada que me desnudaba y me dejaba pérdida bajo su control. Parecía derretirme en el acto o más que derretirme, parecía encenderme como si hubiese fuego en mi interior, una llama caliente de pasión que me recorría por cada centímetro de mi cuerpo.

—Si enamorarse es arrastrarse, entonces…—no finalizó la frase.

Me tomó con fuerza, quizá con más de la necesaria y me apegó a su cuerpo, pude sentir como su entre pierna estaba activa, quizá dolorosamente activa.

—¡¿Entonces qué? —dije forcejeando.

—Entonces jamás me veras enamorado, porque yo no me arrastro, yo sólo me declaré, pero eso no implica que esté muerto por ti, Isabella Swan, no creas que eres la única mujer que pisa esta tierra—susurró en mi oído.

—No tengo tiempo de jueguecitos, tengo que pensar cosas más importantes, ¿me harías el favor de soltarme? —exigí.

—A usted, my lady, le haría otro tipo de favores —dejó su halito tibio sobre mis labios sin rozarlos.

—Lástima que no te los pida, realmente no son necesarios, me gusta que me cumplan a cabalidad los favores y no a medias —clavé mi mirada fija en la suya, odiándole quizá por motivos que no eran su culpa.

Edward me sostuvo con mayor fuerza, lazó mi copa de Vodka contra una pared, pude ver como se hizo trizas y me tomó del cabello, tironeando de él y sin más me besó con ardor, impaciencia y una fuerza que jamás antes había experimentado. Por un momento dudé si corresponderle, pero mi cuerpo respondió sin más. El deseo aumentó en mi, tanto así que dejé recorrer mis manos por todo su cuerpo, pero esas caricias no fueron correspondidas pues él me apartó.

—No me interesa saber qué demonios te pasa con los hombres, no sé por qué me alejas de ti, pero cada vez que me demuestro tal cual contigo, resulto rechazado, la única forma de demostrarte mis sentimientos es a la fuerza ¿Cuándo vas a entender que las cosas no son a lo bruto, Isabella?

Me quedé sin palabras, ¿realmente yo buscaba que me dominasen bruscamente?, jamás me había dado cuenta hasta que Edward lo mencionó.

—No soy agresivo, ni soy el hombre perfecto y esto no es por el sexo, no estoy interesado en recalcar tus defectos ni tampoco en halagar tus virtudes, no contribuiré ni a tu ruina ni a tu ego, pero si no eres capaz de ver que frente a ti tienes a un hombre normal y sencillo, simple y sin complicaciones que lo único que pide es seriedad, entonces después no te quejes que te traten como una cualquiera porque sólo sabes dar buenos servicios en la cama—recalcó lo último.

Eso era realmente lo que me atemorizaba y él había sido capaz de verlo por sí sólo, él había sido capaz de romper mi hielo, mi barrera de protección, él, que se hacía decir un hombre normal y simple, para mí no era eso, quizá todavía no sabía qué demonios era para mí, pero sin duda era especial, alguien a quién quería atesorar en mi vida, alguien a quién no osaría perder.

—Edward —dije mirando a sus ojos —, yo no sé cómo llevar una relación estable, no sé si sería capaz, puede que te termine fallando y después me odiarás.

—Un buen hombre jamás le da motivos a su mujer para que falle, así como su mujer jamás deja que él le falle a ella —sonrió tiernamente mientras sostenía mi rostro con sus suaves manos.

Seguridad, en sus brazos cómo amaba, esa sensación, desde ese momento comprendí que no debía alejarlo nunca más de mi vida.

Por decisión de Edward esta vez no terminamos enredados en las sábanas, era su manera de demostrarme que era un hombre serio y realmente la respetaba.

—Estoy pensando en dejar de trabajar para ti, por lo menos no con otras clientas—sonrió—, pero con el dinero que gané en este trabajo podré remontar algunos negocios y si todo sale bien podría volver a mi antiguo trabajo.

—Ya habrá tiempo para pensar en eso, por ahora, dejémoslo así, tengo que pensar cosas más complicadas ahora —dije pensando en Emmett, Rosalie y Alice.

—Si te refieres a lo de Rosalie, lamento haber escuchado, creo que lo mejor que podrías hacer es esperar que las cosas cuadren solas —dijo acariciando mi rostro.

Mientras regaloneábamos en el sofá, sonó mi celular. Era un mensaje de Alice, quedábamos todas en el café de siempre a las 17:00 hrs.

Me despedí de Edward sintiéndome tranquila, satisfecha, no podía pedir más de lo que ya había obtenido, no era un príncipe azul, pero era perfectamente suficiente para mí.

Rose, Alice y yo nos sentamos en un privado, las cosas que se hablarían ahora no debían ser escuchadas por nadie. Rose comenzó a narrar una historia que Alice y yo conocíamos demasiado bien, una historia que tarde o temprano nos involucraría.

—Emmett, me explicó todo, no sé si aceptarle la verdad de todo lo que me dijo, pero esto no deja de doler —susurró mientras revolvía su café.

—Espera, dale tiempo a todo, ya verás cómo, más tranquila, serás capaz de tomar una decisión —dijo Alice.

El silencio se adueñó de nuestra mesa, no sabía cómo comenzar a abarcar el tema, realmente tenía miedo de perderla.

—Rosalie, yo… tengo que decirte algo, algo que quizá te haga daño, pero si aún me considero tu amiga debo decirlo, aunque quiero que sepas y recuerdes que nada de esto lo sabía hasta el momento en que tú me contaste todo —dije con un nudo en la garganta —. Yo conocía a Emmett, de hecho la persona para quién trabaja soy yo.

Miré a los ojos a mi amiga quién parecía espantada, su mirada era suficiente para reconocer que me despreciaba con todo su corazón. Se levantó de su silla y golpeó con fuerza la mesa, todo lo que en ella había vibro, mientras que por mi parte no tenía cara para decir o hacer nada más que soportar su ira.

—¡¿Qué demonios estás diciendo Isabella? —chilló.

—Cálmate, Rosalie, por favor, Bella no sabía que Daniel era Emmett y tampoco quiso contarte de este negocio por miedo a que reprobases todo este asunto —intentó explicar Alice.

—¿Tú también lo sabías? —dijo exasperada.

—Me lo dijo ese día en la cocina —susurró Alice.

—Lindas las amigas que me gasto, ¿cómo demonios puedo confiar en alguien que estuvo utilizando a mi cita para ofrecer todo tipo de servicios con otras mujeres? —chilló.

—Yo no sabía, Rosalie —alcé la voz—, yo no tenía ni idea que Daniel era Emmett, si lo hubiese sabido de inmediato le suspendo las citas hasta que lo aclare contigo y hubiese sido la primera en que le hubiese insistido en decirte la verdad. Rosalie, nosotras somos amigas desde hace mucho y sería una idiota si dejara que esto lanzara por la borda todos esos años de amistad —nuevamente una lágrima recorrió mi mejilla.

—Ya —añadió no muy convencida —, puede que eso sea verdad, pero ¿por qué no confiaste en mí el secreto de tu negocio?

—Siempre has reprobado esa parte de mí, aquella parte liberal, siempre me has reprochado el ser una liberalista y no quería que reprochases el resto de cosas, complicaría todo aún más, de verdad que no valía la pena.

Rosalie palideció, parecía no escuchar lo que le decía.

—Si eras tú la jefa de Emmett ¿Te acostaste con él? —Parecía pensar en voz alta —, ¿Verdad? —mi voz no era capaz de salir por mi boca —, ¡reconócelo de una maldita vez!

—Si —fue todo lo que logré decir.

Molesta y comprendía por qué, se levantó de su silla, dejó el dinero para pagar su café y se marchó.

—Será mejor que la dejes ir —dijo Alice.

Esa noche me refugié en Edward, en sus brazos y caricias olvidé todo tipo de problemas, su suave piel y su exquisito aroma fueron la droga necesaria para aparentar que nada ocurría detrás de esas puertas. Sus exquisitas formas amatorias, sus manos delicadas recorriendo cada centímetro de mi piel, sus suaves labios rozando mi clavícula y su intimidad haciendo juego con la mía. Exquisito, simplemente divino, la suavidad con la que me tocaba me hacía sentir de cristal, tan delicada que podría destrozarme si ejercía demasiada fuerza, pero pronto comenzó a acelerar el ritmo, jugando conmigo e intentando hacerme olvidad todo lo acontecido. Mi corazón latía con fuerza, la desesperación de tener sus labios junto a los míos crecía cada vez que el roce de ellos me producía un goce de placer único en mis pechos.

La gloria de su sexo prominente era cada vez más creciente y más perfecta, el roce divino de nuestros cuerpos no tardó en dejarme exhausta en la cama, ambos nos besamos tiernamente y descansamos al lado del otro, mientras que las imágenes de la discusión de hoy volvían a mi mente.

Una semana casi perfecta corría con rapidez, Alice y yo hablábamos recurrentemente, Rosalie aún no nos perdonaba, Edward había viajado para arreglar algunos negocios y ver si podía volver al círculo en donde se manejaba decentemente, mientras que mis Escort estaban preparándose para hacer un test de futuros integrantes de este selectivo grupo, ya que no volvería a probar personalmente mis Escort. Alice y Jasper estaban saliendo y este estaba encargado del negocio ahora por mí, por lo que ya no trabajaba como un chico del staff, si no que era el administrador y mi portavoz. Emmett había decidido esperar lo que Rosalie determinase, mientras tanto estaba buscando trabajo, por lo que le facilité el camino moviendo alguno de mis contactos y pronto entraría en un trabajo bastante bien remunerado.

Todo marchaba bien, menos mi amistad con Rosalie, pero sabía que debía darle tiempo.

—¿Vas a hacer algo hoy antes de ir al aeropuerto? —sonrió Alice quién se había quedado en mi departamento.

—Quizá una sesión en el salón de belleza ¿te apuntas? —dije entusiasmada.

Ambas fuimos a un salón, una tarde de regaloneo juntas antes de ir al aeropuerto a buscar a Edward que volvería de su viaje de negocios, espero que con buenas noticias. Alice me dejó a medio camino para su cita con Jasper. No demoré en llegar a la puerta de desembarque en por la que Edward aparecería, pero una cabellera rubia me fue inconfundible, Rosalie estaba caminando hacia la zona de embarques y llevaba una maleta.

—Rosalie —grité.

Ella se volteó a mirarme, pero fingió que no me había visto, por lo que corrí hasta ella y la tomé por el brazo.

—Suéltame si no quieres que haga un escándalo —susurró.

—¿Para dónde vas?

—No te incumbe —respondió.

—Maldita sea, Rosalie, esto es casi lo mismo que cuando rompiste mi caja musical en segundo de la universidad, es algo que tarde o temprano tendremos que afrontar, dime una cosa ¿realmente vas a dejar que Emmett se vaya de tu vida así como así? ¡No está muerto mujer y realmente está arrepentido! Le conseguí un buen trabajo y está comenzando a solventarse muy bien, ese hombre te adora y tú a él, no importa si no me perdonas, pero él realmente se está jugando todo un cambio de vida por ti ¡date cuenta! —chillé.

—No te metas en lo que no te importa.

—Soy tu amiga y te guste o no me importa, hay veces que realmente resalta el color de tu cabello… sí que eres rubia para algunas cosas —bufé.

Contrariamente a lo que pensé, Rosalie comenzó a reír, reía de una manera descontrolada, incluso se apoyó de mi hombro y sonrió.

—Lo siento, pero ese comentario me recordó a mi diciéndote que en las castañas jamás hay que confiarle secretos amorosos —sonrió.

En ese momento supe que había recuperado una amiga, una muy importante. Me pidió que la acompañase a deshacer su estupidez, eliminó la reserva de los pasajes y me acompañó para esperar a Edward, que al vernos tuvo una amplia sonrisa.

Las cosas en mi vida tomaban un rumbo completamente distinto, tenía una pareja estable, mis amigas sabían realmente quién era, no necesité nunca más volver a comprobar que era una mujer sensual, porque mi femme fatale pertenecía a un solo hombre, uno que era capaz de hacerme perder la razón por él, uno que no era el príncipe azul a caballo blanco, pero si tenía eso que te hacía perder la razón, eso que no solamente estaba en su entrepierna, si no más allá del corazón, sentimientos que ahora me pertenecían y que felizmente yo respondía a ellos.


FIN


Hola chicas ¿Cómo están?

Si, lo sé lo sé... he tardado un montón en actualizar, pero mi Universidad me colapsaba al punto de llegar muerta a dormir sólo unas horas y a estudiar de nuevo...

ahora tengo un examen de repetición el 7 de enero, así que me dí el lujo de escribir un capítulo de esta historia, espero pronto tener más tiempo para actualizar.

Las quiere mucho.

ManneVanNecker

(ex- ManneSkarsgard)