Holaa! Para quienes esperabais este tercer capítulo, aquí lo tenéis y espero que os guste. Por cierto, no se si os habréis fijado pero me he dignado a hacer un dibujo para representar el fic jajaja, es un poco cutre pero al menos algo es algo :) ¡a leer se ha dicho!

Aquella noche no había vuelto a pegar ojo, algo en su interior se oprimía al recordar el momento. ¿Quizás todo lo que había vivido anteriormente la habría marcado de por vida? Le habría afectado lo suficiente como para no poder acercarse demasiado a un chico. De todas formas no le hacía gracia el comportamiento que tenía, ya le había dicho lo agradecida que estaba pero de ahí a hacerla sentir miedo e inseguridad como si fuera un ratoncillo asustado… había un abismo. Se había pasado. Aunque con el empujón que le había dado, ahora también se sentía avergonzada como para volver a cruzarse con el por la mañana.

Eran las siete y media y comenzaba a amanecer. Yumi se asomó por la ventana manteniendo su mirada fija en el horizonte durante unos segundos. Sería el momento idóneo para desaparecer, hizo la cama y bajó las escaleras sin hacer ruido. Quizás debería dejar una nota o avisar de que se iba, pero no tenía la suficiente confianza en sí misma como para hacerlo. Deseaba con todas sus fuerzas comenzar de nuevo y rehacer su vida.

No supo orientarse muy bien, ya que cuando la trajeron estaba inconsciente. Se decantó por el camino de la izquierda y se puso en marcha andando durante unas pocas horas.

Sin embargo, por muy silenciosa que ella fuera, aquella noche no había sido la única en desvelarse. En una de las ventanas más altas de la casa, apoyado en el marco de madera, permanecía Ulrich tomando el aire refrescante de la mañana. Su rostro mostraba preocupación, aunque muchos no lo habrían notado o lo habrían negado por su forma de ser. Sentía curiosidad por aquella chica, su procedencia y su manera de actuar. No todos los días se encontraba a una joven perdida en el bosque y sin las suficientes fuerzas como para seguir adelante. Quizás huía de algo o de alguien.

Pero simplemente se dedicó a observar como se alejaba a medida que el sol calentaba más y más. Permaneció ahí estático hasta que la delgada figura desapareció en la lejanía.

Al ver que el viaje llegaba a su fin o, al menos, a la que sería una de sus primeras paradas, provocó una gran sonrisa en su boca. Se acercó hasta las murallas de piedra traspasándolas lentamente y mirando con cuidado todo a su alrededor. Una leve y alegre musiquilla llegaba a sus oídos a medida que se adentraba más en el interior del pueblo. Había guardias vigilando la entrada y una gran plaza adornada con entre quince y veinte puestos con repletos de productos, era el día del mercadillo y el ambiente que se respiraba la hacía sentir realmente libre. Como si hubiera vuelto a su niñez y esta vez tuviera la oportunidad de aprovechar todo lo que no había podido.

Paseó lentamente mirando a ambos lados, había fruta y verduras de diversas clases, también tenían pequeños corrales a la vista con animales; gallinas, patos, conejos y otros vendían productos caseros como leche, huevos y miel.

Este último le llamó especialmente la atención, le costaba un poco andar entre la gente porque la mayoría de los aldeanos parecían ajetreados. Aunque más de uno se paraba a observarla, lo que llevó a Yumi a pensar que no vestía adecuadamente.

Se acercó como pudo hasta quedar en primera fila y ver a una chica delicada y de pelo rosa. No paraba ni un segundo, se sincronizaba a la perfección para atender a todos los clientes pero cuando se hubo calmado un poco la cosa y solo había un par de personas más a parte de Yumi, se dirigió a ella.

-¡Hola! ¿Tu eres nueva, verdad?- preguntó con una sonrisa. Llevaba bastante tiempo trabajando en el puesto y a la mayoría de sus clientes los veía más de tres veces por semana.

-Em… si, acabo de llegar- entonces la chica le cortó y terminó por ella.

-Y supongo que no sabes donde estás ni tienes ningún sitio en mente donde pasar la noche- dijo mientras se limpiaba las manos con un trapo viejo, justo había estado cortando un poco de queso fresco para una chiquilla. Yumi asintió con la cabeza algo avergonzada, ¿tan evidente era que estaba perdida? –No te preocupes, aquí la gente es más simpática de lo que parece, te irás dando cuenta con los días.

-No se cuanto tiempo me quedaré- respondió ella –se podría decir que voy sin rumbo fijo.

-Interesante… si te soy sincera, me has llamado la atención desde que te has acercado, es extraño pero me inspiras mucha confianza- Yumi sonrió al escuchar eso.

Entonces, en unos segundos el puesto comenzó a llenarse hasta arriba como si de una ola de gente se tratase.

-Por cierto, ¿Cómo te llamas?- le preguntó sin levantar la vista de lo que hacía.

-Soy Yumi.

-Yo me llamo Aelita, oye Yumi, ¿te importaría echarme una mano con esto? Cuanto antes acabe antes podré recoger y antes nos iremos a casa.

-¿Irnos?- Aelita asintió. Yumi no se creía lo que escuchaba, ¿acaso la estaba invitando? De todas formas aunque no fuera verdad, aquella chica se había comportado muy bien con ella y no le costaba en absoluto ayudarla. Dio la vuelta al puesto y entró junto a ella dirigiéndose a los clientes.

-Yumi, bienvenida a Noia, la ciudad de piedra.

Estuvieron alrededor de media hora de un lado para otro atendiendo a todos los clientes. La verdad es que siempre era uno de los puestos que más clientela atraía por la buena calidad de sus productos y hasta los habitantes de la otra punta se acercaban de vez en cuando.

-Esta es la última clienta- dijo Yumi dándole una cesta de mimbre con dos docenas de huevos y obteniendo a cambio cinco monedas de oro.

-Has sido de gran ayuda- dijo Aelita contenta, se sentía más a gusto trabajando con Yumi, pero ahora tocaba recoger todo. Comenzó a meter los botes de miel que habían sobrado a una caja de madera, Yumi hizo lo mismo que ella. Fue entonces cuando nuevamente la gente comenzó a agolparse cerca de los puestos, a ambos lados.

-¿Otra oleada de clientes?- dijo Yumi alarmada.

-No, es él, el principe de Noia, vuelve de su marcha y los pueblerinos se apartan para que pueda pasar junto a sus caballeros- le explicó Aelita, aunque demostraba tranquilidad, se sentía algo nerviosa esperando el momento de poder verle la cara.

-El príncipe… -¿cómo sería? ¿Quizás tan arrogante como tenía entendido que los de la realeza solían ser? Aelita parecía totalmente sumergida en su mundo, así que se dedicó a esperar la llegada como todos los demás.

Le costaba bastante ver entre tantas cabezas pero por suerte iban montados en caballos, por lo que no tuvo problemas.

Las trompetas sonaron y entonces los caballos desfilaron con suma tranquilidad camino al castillo. La gente aplaudía y gritaba emocionada, mayormente las jóvenes del lugar que no paraban de susurrar y reirse con nerviosismo. Seguramente todas ellas estarían coladitas por él.

Unos segundo más tarde, finalmente apareció, con su aura de superioridad, fue el primero en adelantarse, ya que dirigía al resto del grupo. Sin embargo, el consejero de mayor confianza del príncipe, se acercó hasta él para comentarle un par de cosas.

-Ese es Jeremie, uno de los consejeros reales, es quien planea todas las estrategias de las batallas y desde que tomó ese cargo Noia y sus aliados no han perdido ni una de ellas- le explicó.

Yumi volvió la vista al príncipe y Jeremie, observándo que su alteza se disponía a quitarse el casco de plata y mostrar su rostro a la muchedumbre. Lo sostuvo con sus dos manos y al quitarselo agitó la cabeza para que su melena rubia cayera cual cascada. Normalmente solía atarla con una especie de cinta morada pero cuando salía, acostumbraba a dejárselo suelto pues de aquella forma era más cómodo.

Los ojos de Aelita brillaron con fuerza y Yumi tampoco podía apartar la mirada, miles de preguntas bombardeaban su cabeza pero solo podía dedicarse a observar aquel rostro y la amplia sonrisa que mostró cuando una pequeña se acercó a él con un ramo de flores. El príncipe lo aceptó de buen gusto dándole las gracias.

-¿Verdad que es amable? No es como otros príncipes ni nobles, no desprecia a los demás.

-¡A ti te gusta!- le saltó Yumi sorprendiéndola y provocando que se sonrojara al instante.

-¡N-no! ¡Claro que no! Me estaba fijando en su consejero, ¿qué te hace pensar que hablaba del príncipe?

-Cuando ha agitado su melena te han brillado los ojos- soltó convencida, aunque tampoco podía saber si era cierto, pues incluso ella misma no había podido evitar mirarlo fijamente. Entonces Aelita cogió un poco de paja que tenía en un montón para ponerla dentro de las cajas y asegurar los botes de cristal, y se la arrojó comenzándo una pelea.

-Eso ha sido mala idea…- Yumi al ver que sonreía, ella también continuó lanzando paja. Sus gritillos eran camuflados por los del resto de la gente, pero fueron suficientes para llamar la atención de Jeremie, quien giró la cabeza a su izquierda y vio a las dos chicas llenas de paja y con el pelo revuelto. No pudo ocultar una sonrisa. El príncipe, quién hasta hace un momento charlaba con él, advirtió que no contestaba y que estaba hablando solo, así que se asomó un poco para ver que era aquello que tanto le había llamado la atención a su amigo como para ignorarlo.

-¿Quiénes son?- preguntó perplejo, a la chica con pelo de color rosa quizás la había visto antes, no estaba del todo seguro. Pero a la otra no la conocía, de haberlo hecho, dudaba que pudiera olvidar un rostro tan peculiar como el suyo. Era evidente que no pertenecía a Noia, tanto por sus rasgos como por su vestimenta.

Los caballos de ambos se pararon de golpe provocando a su paso que el resto se detuvieran. Toda la gente alrededor se giró también en dirección a las dos chicas sin saber qué ocurría. Algunas de las jóvenes se quejaban enfadadas, celosas de que hubieran captado la atención de ambos chicos.

Ellas dos se detuvieron en seco al de un rato de darse cuenta de que más de media ciudad les prestaba atención. Se avergonzaron inmediatamente y tan pronto como empezaron a pelearse, siguieron recogiendo todo.

Yumi, en cambio, se atrevió a mirar una última vez al príncipe, cruzando la mirada con la suya, fue cosa de tan solo unos segundos pues acto seguido continuaron con la marcha. Pero le sorprendía que ellas dos hubieran destacado de tal manera como para llamar la atención del mismísimo príncipe.

-Parece que le has gustado- comentó Aelita entre susurros. Le había dado tiempo a afirmar que ambos se miraban el uno al otro.

-Si, claro, seguro que lo que le ha llamado la atención es este vestido tan destrozado que llevo puesto, debe ser la monstruosidad mas horrible que haya visto en toda su vida- comenzó a reirse contagiándo a Aelita con su risa.

-Bueno, tenemos que acabar de recoger, que yo ya tengo hambre y seguro que tu también.

La marcha hacia el castillo se había acabado y la gente se dispersó en seguida. Yumi se volteó para recoger las últimas cajas pequeñas que quedaban y justo entonces distinguió a alguien que se acercaba. No se lo podía creer, era él, ¿la habría seguido hasta allí? No supo que hacer, así que corrió para esconderse tras las cajas más grandes.

Aelita no entendía nada, pero advirtió que seguramente querría librarse de aquel chico.

-¿Ya has cerrado?- preguntó él sin siquiera saludar.

-¡Eres un maleducado, Ulrich! Tienes que aprender a saludar a la gente. Y si, está cerrado.

-No hacen falta saludos, tu y yo nos conocemos de sobra, Aelita- con una de sus típicas sonrisas y a la que ella ya estaba acostumbrada.

-Que sepas que esas sonrisas ya no funcionan conmigo… y como no te dignas ni a decirme "buenos días" ya te estas marchando por donde has venido- entonces él se acercó algo más hasta ella.

-Venga, no seas así, sabes de sobra el viaje tan largo que hago para llegar aquí- con voz algo más suplicante pero que igualmente guardaba cierto tono arrogante y altivo.

-Esta bien, con tal de perderte de vista lo que sea- cedió, le dio lo mismo que solía ir a comprar cada dos o tres días.

-Si estas deseando que venga para verme- soltó de golpe cuando ya hubo obtenido lo que quería, dejándola al mismo tiempo descolocada y enfadada.

Antes de darle tiempo a contestar, desapareció. Aelita se acecó hasta Yumi sobresaltándola.

-Ya se ha ido, puedes salir de ahí- le avisó –si conoces a Ulrich, no me extraña que quieras esconderte de él, ¡es un creído sin remedio!- Yumi sonrió y finalmente acabaron de guardar todo. –Por cierto, ¿de qué lo conoces?

-Es una larga historia…

-¡Pues cuando comamos me la tienes que contar!- le insistió, Yumi asintió agradecida, aún le sorprendía como en un par de horas que había estado con Aelita, hubieran logrado tener tantísima confianza como para hablar de su pasado con ella.

-Por cierto, aún no me has dicho como se llama tu príncipe- dijo montándose en el carro guiado por dos caballos, habían metido todas sus cosas en la parte de atrás que estaba al descubierto y ellas irían guiando a los caballos.

-¡No es mi principe!- insistió.

-Está bien, como quieras- se dio por vencida al ver que no daría su brazo a torcer.

-Se llama Odd Della Robbia.

Hasta aquí el tercer capítulo, ¿qué os ha parecido? No sabía muy bien qué hacer y me cuesta bastante pensar en todo lo que vaya a pasar, pero bueno, si a vosotros os gusta, entonces supongo que tendré que continuarla. Muchísimas gracias a quienes comentais, no sabéis lo mucho que me animais para seguir escribiendo, sin comentarios estoy segura de que me costaría el doble ponerme a escribir. De todas formas gracias también a quienes se pasan a leer el fic. Espero poder actualizar dentro de unos pocos días. Un saludo! ;)