Disclaimer: Elfen Lied no me pertenece.

.:: Y llegaste ::.

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Otra noche más.

Otra noche más que pasaré sola.

Otro día más en esta cruel soledad.

No lo soporta más. No puede más. Lo que siempre temió, ahora estaba haciéndose realidad. Wanta se había ido, así sin más, no había tenido tiempo siquiera de despedirse. Aquella dueña desdeñosa se lo había llevado.

Ahora estaba completamente sola en este mundo. Quedarse sola. Era lo que más había temido desde que Wanta había aparecido. Mayu había pensando que él siempre estaría con ella, pero no había sido así. No volvería.

Ella quería morir. Ella quería desaparecer. Se sentía tan sola como aquel día en el que dejó aquel infierno llamado hogar. No había nada que la retuviera aquí. No había por qué seguir soportando esa soledad, ese gélido viento que le azotaba todas las noches, esa hambre que la iba debilitando, esa tristeza que la iba consumiendo día con día.

Lágrima solitaria recorrió su mejilla.

Ella ya no quería llorar, sólo quería acabar con esto. Está tan sola. Tan sola. No lo soporta. Es tan doloroso. Solloza roncamente, le duele la garganta de tanto hacerlo. Es tan doloroso pensar que Wanta no estará más con ella. Ella le había amado. Le había amado demasiado. Quizá más allá de lo que los demás podían entender.

Ella se queda las horas mirando hacia el frente, aunque solo mira sin mirar. Sólo piensa que quiere a Wanta de regreso, que lo necesita, porque si no morirá.

—Hola —se escucha tan distante que apenas Mayu lo nota. Ella apenas y puede despegar la mirada, dirigiéndola a donde creyó haber escuchado la voz.

Y ahí está. Una chica de unos hermosos cabellos rosas que increíblemente brillan con intensidad bajo la tenue luz de la luna. Es menudita, lleva un vestido negro algo maltratado y va descalza. Mayu puede darse cuenta de lo hermosa que es.

Pero se da cuenta de su mirada. Está triste, vacía, perdida como loa suya. Ella lo siente en ese momento, se da cuenta y lo sabe. Está sola como ella. Ella podría reconocer esa mirada en cualquier persona.

—Hola —musitas, sin apartar la mirada de ella.

—Nana —dice simplemente.

—Mayu.

Sin más se sientas a un lado tuyo, sientes una extraña sensación en el estómago, pero no dices nada. No hay palabras que decir o quizá no son necesarias. Ella se queda, se quedan juntas a mirar la noche hasta que, sin darse cuenta, amanece y los rayos del sol cálido hacen su aparición. Ella se queda allí contigo. En realidad, jamás se va. Se dan cuenta de que simplemente se tienen una a la otra y es por eso que jamás se vuelven a separar. Viven juntas todo lo que puede, dejando a un lado los recuerdos amargos de los días solitarios e infernales que tiempo atrás pasaron.

Nunca se separarán, prometen algún tiempo después. Y así será.

N/A:

+Ahh, bizarro, lo sé muy bien. Quería escribirlo desde hace tiempo, pero apenas hoy me salieron las palabras que quería. Quizá el final no fue muy bueno, pero lo demás me gustó :)

Leon.