Los personajes presentes en esta trama no me pertenecen.


Ya no es un Niño


El maldito tiempo pasó y ya no hay absolutamente nada qué hacer. Está perdido, preso de una decepción y un sentimiento de anhelo que desde hace tiempo tiene clavado en el pecho, dentro, dentro y más dentro. Una espina desgraciada que de a poco lo desangra. Ya nada sirve con desear… el tiempo pasó, ya no es un niño.

¡Estúpido! Viviendo en un mundo donde las fantasías pasan a ser cosas de sueños efímeros, que los hombres se encargan de mancillar sin contemplaciones. Un sitio donde al parecer la maldad es lo primero que las personas proyectan, sin dificultades siquiera, y en donde la magia es desechada como si de basuras y mentiras se tratase.

La magia no es mentira…

- Excelente historia, Peter. Pero debes saber que las hadas no existen.

Y en Nunca Jamás un hada yace inerte en algún lugar, fría, sin vida. Las bulliciosas e insoportables carcajadas de sus compañeros colegas rechinan en sus oídos, ocasionándole jaqueca. La espina se clava un poco más. Quiere gritarles unas cuantas palabras no aptas para menores… puede hacerlo, ya no es un niño.

Y lo hace… les grita improperios conforme se deshace del molesto nudo de la corbata. Nunca le gustó. Y al pensarlo no sólo se refiere al fastidioso traje ni a los pantalones de mezclilla… nunca le gustó esa vida. Nunca le gustaron los mayores. Nunca le gustó el trabajo, las reuniones de empleados…

¿Cómo pudo dejar un maravilloso paraíso en donde las risas y las canciones son el día a día? ¿Cómo pudo querer quedarse en un lugar, donde la fascinación por cosas extraordinarias es total y completamente nula? Un lugar donde no hay cabida para la imaginación, ni para los juegos divertidos que dejan a todo niño repleto de gloria y alegría. Un lugar donde el miedo es muy palpable y la crueldad, literalmente, también. Un lugar donde la gente parece entretenerse a buen grado con noticias catastróficas y desgracias monumentales...

Un lugar que no cree en las hadas, ni en las sirenas, ni en los niños que vuelan.

- Quiero volver… - rechina entre dientes. La mandíbula le duele ante la presión que ejerce. Sus nudillos se ven blancos y se clava la punta de sus uñas en la palma. – Quiero volver, Wendy. – la mujer frente a él muestra una mirada acuosa que le cala el espíritu, lo perforan; mas su expresión se mantiene endurecida, amoldada por la rabia y el coraje. Todos esos horribles sentimientos de adultos… de adultos.

Las risas ásperas siguen resonando a través de las paredes de la mansión. Patea una pequeña roca del jardín en una rabieta, una actitud bastante infantil, y se despeina el cabello en un gesto molesto.

- Si mi mente me hubiera mostrado que te sentirías así, hubiera cerrado la ventana – un par de lágrimas se deslizan por las mejillas femeninas. – Lo hubiera hecho, Peter.

- ¡Quiero volver! – refuta como un niño pequeño, desesperado, aunque ya no es un niño.

Sabe que lastima a la mujer que está junto a él, tratando en vano de confortarlo con unas afectuosas caricias en la espalda encorvada, achacada por los años. Lo siente de verdad, desde lo más profundo y recóndito de su ser, pero no puede evitarlo. No. Aquello le sale del alma, es su más ferviente deseo. ¡Quiere volver!

- ¡Está loco ese desgraciado! Mira que creer en las hadas, ¡JÁ!

Y las ganas de maldecir nacen con más ímpetu dentro de sí. Querer hacer daño no es cosa de niños, pero como bien le han dejado claro, él ya no es un niño.

Lamentablemente, ya no.


¡Gracias por leer!