Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 16

Antes de que el tiempo fuera tiempo y que el espacio fuera espacio, se produjo una explosión que desencadenó todo lo que existe y existirá. Con sólo centésimas de segundo, los primeros elementos químicos comenzaron a formarse. Ahora con el universo recién creado, se daba rienda suelta a todo lo que fuere.

Con el pasar de los millones de años, el universo se expandió exponencialmente sin detenerse. Gracias a la materia, las primeras estrellas comenzaron a brillar y girando en una danza circular a su alrededor, los primeros planetas se formaban. Siglos más tarde en varios de ellos, la vida pronto apareció.

Los organismos unicelulares evolucionaron hasta ser pluricelulares, formando a los primeros seres complejos del universo. La evolución y la selección natural se encargaron de desarrollar a las especies, pronto esos seres vivientes se preguntaron sobre su papel en el cosmos, el cómo y el por qué de las cosas.

Alejados unos de otros por millones de kilómetros, cada raza emprendió su propio camino. Algunas desarrollaron más su intelecto, mientras que otras su físico. El contacto entre especies era inevitable, era sólo cuestión de tiempo para que alguna de esas razas tuviera el suficiente nivel tecnológico como para viajar por la galaxia.

Tristemente la fuerza se impuso sobre la razón, y las formas de vida con gran poder fueron esclavizando y extinguiendo a las más débiles. Una de esas razas es la que se autodenomina como los saiyajin, quienes robaban las tecnologías de otros para su conveniencia. Irónicamente los temibles conquistadores alguna vez fueron los conquistados, pero cuando la tiranía de su opresor se acabó la propia inició.

Huyendo de un planeta muerto, los saiyajin partieron buscando en toda la galaxia un nuevo mundo donde habitar, mientras tanto una ingenua especie, los humanos, miraban al cielo y se preguntaban si estaban solos en el infinito universo. En un intento inocente de responder a dicha pregunta, enviaron un saludo al espacio.

Tiempo después su llamado fue escuchado pero no como lo esperaban, su mundo fue invadido y ellos casi llegaron al abismo de la extinción. Los humanos pelearon con todo lo que tenían, pero sus enemigos los superaron en todos los aspectos. Derrotados, los pocos sobrevivientes se ocultaron, mientras los saiyajin tomaban por completo el planeta que alguna vez se llamó Tierra.

Meses luego y sumergidos en la clandestinidad, un grupo de científicos al notar el parecido de los humanos y los saiyajin, intentaron mezclarlos en uno, teniendo como resultado un rotundo éxito. De esta forma nació una inaudita simbiosis entre dos adversarios, mitad humano y mitad saiyajin, el bebé bautizado como Marcus, se convirtió en el primer ser que ni siquiera la evolución consideró.

Y aquel tercer planeta azulado, continuó indetenible su andar alrededor del sol. Durante todo ese lapso de tiempo, una fuerza rebelde se formó y batalló contra el imperio saiyajin. El Rey Vegeta en el fondo de su ser escondía su preocupación más grande, la muerte. Sabía que algún día moriría y su imperio sería gobernado por otras manos, el saiyajin simplemente no aceptaba la idea.

Él se enteró de la existencia de las esferas del dragón, con ellas podría gobernarlo todo por siempre y para siempre. La Resistencia al enterarse de sus planes, escondió las esferas evitando así su inmortalidad. Los rebeldes sabían que se les agotaba el tiempo, tenían que actuar y eliminar al tiránico emperador.

Los planes y estrategias se completaron, y una gran fuerza de soldados de inmediato se desplazó hacia la última gran guerra. El campo de batalla sería el planeta Tierra–como solían llamarlo los humanos–en el aquel mundo los saiyajin construyeron la capital de su imperio, mundo tras mundo, colonia tras colonia…nuevos planetas se unían a su supremacía.

– ¿Qué haces papá? –Gohan le cuestiona a su padre.

– Miro aquella galaxia que se ve allá–le señala Kakarotto a su hijo, ambos contemplan el distante cúmulo de estrellas a través de una ventana–he luchado con los más fuertes que he conocido en este lado del universo, así que me pregunto qué seres vivirán en aquella lejana galaxia–dijo emocionado–sólo imagina los sujetos poderos que deben vivir allí.

– El universo es infinito, y las posibilidades también son infinitas–respondió Gohan–en alguna parte en este mismo momento, existe un individuo que es más fuerte que tú, yo y el mismo Vegeta.

Kakarotto sintió la emoción de sólo pensar, que en alguna parte exista una persona más fuerte que él. Pero antes de sobreexcitarse ante esa idea, primero debía derrotar al enemigo más poderoso que conoce. Gohan junto a su padre, miraron a la gran flota de naves que los acompañaban las cuales llevaban varias horas de viaje.

Gohan aún asimilaba la idea de ser padre, Videl y Milk se quedaron refugiadas en el planeta Romulus, si algo llegara a pasar, estarían seguras allí. Si no lo hacían ahora, tal vez nunca tendrían otra oportunidad para eliminar de una vez por todas a Vegeta. Quien en su desesperación por conseguir la inmortalidad, envió en su búsqueda a más de la mitad de sus fuerzas militares.

El nuevo planeta Vegeta quedó debilitado ampliamente, aunque seguía siendo vigilado. Normalmente las fuerzas de los saiyajin patrullaban el sistema solar, y de inmediato atacaban a cuanto invasor entrara sin permiso en el sistema planetario. Pero ahora, el sistema solar era vigilado únicamente por una red de satélites que flotaban en el vacío del espacio.

Si alguien quiere entrar en dicho sistema, debía identificarse por medio de una contraseña. Kakarotto les dio a la Resistencia dichas claves para entrar, luego se esconderían en el lado oscuro de la Luna que escoltaba a la Tierra, desde esa posición prepararían a Orión para disparar. Y si llegara a ser necesario, las fuerzas conformadas por distintas especies entrarían en acción.

– ¡Oigan ustedes, Lord Balkan los espera en el puente de mando! –un soldado de menor rango, les informa al verlos juntos–estamos a punto de llegar.

"Realmente esto está pasando"–pensó el hijo de Kakarotto–"no es un sueño, ahora formo parte de los rebeldes".


En completo silencio su cuerpo levitaba, el namek mantenía una perfecta postura de meditación. Bañado por la calma y la oscuridad de la habitación, el soldado de piel verduzca buscaba algo de paz antes de la tormenta. Luego de mucho tiempo lejos de su gente, Picorro se reunió con los demás nameks quienes se escondían con la ayuda de los rebeldes.

Su ceja derecha se levantó lentamente, al sentir que una presencia se le acercaba por la espalda. Un rayo de energía estuvo a punto de golpearlo, pero en una demostración de gran velocidad Picorro se movió esquivando el mortal ataque energético. Seguidamente se desvaneció sólo para reaparecer frente a su evasivo atacante, al cual logró conectarlo con un puñetazo al rostro.

Fue allí cuando Picorro se encontró frente a…él mismo. Las dos versiones de Picorro comenzaron con un rápido intercambio de golpes, que a su vez eran igualmente bloqueados y esquivados. Un Picorro le lanzó un derechazo, pero el otro Picorro lo atrapó con sus manos deteniendo el golpe. Al mismo tiempo ambos desaparecieron, reapareciendo varios metros más arriba.

Al ser la nave más grande de la flota rebelde, estaba equipada con una amplia sala de entrenamiento. Adicionalmente esa zona estaba construida con materiales resistentes a los golpes, de no ser así, la nave sufriría graves daños internos. Continuaron atacándose, dándose golpes con todo, con sus puños, rodillas, antebrazos y cabezazos.

A la distancia se podía ver sus estelas chocando una contra la otra, persiguiéndose mutuamente. Un Picorro le disparaba a su gemelo una lluvia de esferas de energía, mientras el otro Picorro saltaba hacia atrás esquivando los proyectiles de ki. El segundo Picorro respondió arrojándole sus propios ataques de ki, tal cosa hizo que los rayos de ambos impactaran llenando de explosiones la habitación.

Ambos guerreros se precipitaron uno contra el otro, pero antes de atacarse se detuvieron en seco. Una tercera presencia se hizo presente, los dos Picorro voltearon al mismo tiempo viendo a un namek parecido a ellos.

– La vieja técnica de división, siempre haces lo mismo cuando entrenas Picorro–una gruesa voz le habló–mejor deja de hacer tonterías, y luchemos de verdad.

– Neil, no esperaría nada menos de ti–le respondió, antes de unirse con su gemelo–me gustaría ver qué tanto has mejorado desde que nos separamos.

De inmediato Neil notó como el poder de Picorro aumentó, debido a que se había unido con su otro yo, la técnica de división dividía el poder a la mitad, pero al reunirse su ki se completaba de nuevo. Cuando menos lo esperaba, Neil se vio rápidamente acorralado por las arremetidas de su oponente, quien lo mantenía a raya con sus puñetazos.

Para alejarse de él, Neil saltó con fuerza pero Picorro pronto lo alcanzó golpeándolo con su codo derecho a lo que Neil, simplemente recibió el impacto con su antebrazo. Múltiples explosiones y destellos se hicieron visibles, todos provocados por la fuerza de sus golpes. Las ondas de choque resonaban dentro de la habitación, haciendo que una fuerte vibración hiciera estremecer el casco de la nave.

Ambos hombres de piel verde se tomaron de las manos manteniéndose inmóviles, los ojos de los dos brillaron potentemente antes de que se arrojaran delgados pero poderosos rayos, a través de sus globos oculares. Los delgados rayos se empujaban, al mismo tiempo que los dos aún se sujetaban de las manos.

Gruesas gotas de sudor corrieron por sus frentes, a causa del esfuerzo para mantener la técnica. Neil se vio superado y para soltarse de Picorro lo pateó en el estómago, pero sin darle oportunidad para responder lo atacó de nuevo. Sus puños se estrellaron con violencia en el rostro de su rival, quien sólo atinó a soportar los golpes.

No obstante, Picorro contraatacó elevando su ki cosa que causó una fuerte corriente de aire que empujó lejos al guardián del patriarca. Neil aceptó en silencio que era superado en poder, así que se le ocurrió usar todo lo que le quedaba en un sólo ataque, lentamente llevó su mano derecha a su frente y en la punta de sus dedos reunió su energía.

"¡Esa técnica es…!"–Pensó Picorro–"¡esa es mi técnica!".

Neil sonrió al ver el rostro asombrado de Picorro, y cuando estuvo listo abrió fuego contra él. El rayo de energía pura salió directo hacia él, Picorro en segundos cambió su rostro de sorprendido por una sonrisa confiada. Cuando el ataque estuvo frente a él, con un simple y llano manotazo desvió el rayo que se estrelló metros atrás.

– El Makankosappo–exclamó Picorro– ¿cuándo lo aprendiste?

– Hace meses antes de que la Resistencia nos evacuara, te seguí para ver cómo entrenabas–le confesó Neil, quien respiraba con dificultad al ver que su ataque fue inútil.

Usualmente la mayoría de los nameks siendo pacíficos, se dedicaban a cultivar plantas para restaurar la vegetación de su planeta, la cual casi desapareció a causa de un fuerte fenómeno climatológico. Sin embargo, algunos nameks usaban su tiempo para entrenar y perfeccionar sus habilidades de pelea.

A Neil se le encomendó la tarea de ser el ayudante del anciano patriarca, pero un día sintió una presencia cercana a la casa del patriarca. Al investigar descubrió que se trataba de Picorro, interesado lo siguió mientras cambiaba de lugar de entrenamiento. Lo vio dividirse en dos, peleando contra él mismo.

En un momento determinado de la pelea, se dio cuenta de que Picorro concentraba su poder en la punta de sus dedos mientras los colocaba en su frente. Segundos más tarde, le disparó a su copia un fuerte ataque de energía que lo derrotó. Neil se sorprendió con la técnica, y en completo silencio intentó imitarla hasta conseguirlo.

– Ya veo, con que fue así–puntualizó Picorro, antes de mover lentamente sus manos más cerca una de la otra, hasta hacer que las puntas de sus dedos se tocaran.

Neil miró que entre las manos de Picorro una luz comenzó a brillar, instantes luego un aura blanca lo rodeó por completo y una brisa comenzó a soplar hasta tocar el rostro de Neil. Un par de gruesas venas se marcaron en su rostro, mientras incrementaba rápidamente el poder de su ataque. El cual cuando estuvo listo fue arrojado contra Neil, la habitación diseñada para adsorber los impactos hizo su trabajo, reduciendo el impacto a una pequeña vibración.

Un agotado Picorro aterrizó cerca del herido Neil, ambos al verse rieron levemente. Extendiéndole su mano Picorro lo ayudó a ponerse de pie, pero al verlo tambalearse lo sujetó para darle apoyo.

– Vamos con Dende, él te curará–dijo suavemente el namek.

– Tienes que enseñarme esa técnica, es muy poderosa–replicó Neil.

– Ya habrá tiempo para eso–le contestó.

Los dos hombres de piel verde salieron de la habitación de entrenamiento, aquella no fue más que una simple disputa. La verdadera pelea estaba a punto de iniciar.


Gris y estéril, la Luna de la Tierra orbitaba silenciosa. Como las dos caras de una moneda, la Luna mostraba un lado distinto al otro. El movimiento de rotación y translación lunar están sincronizados, por lo que siempre le muestra la misma cara a la Tierra. Una cara hermosa y callada, pero su otro rostro mostraba el impacto inclemente de cientos de meteoritos durante millones de años.

Y justamente tal como se planeó toda la flota había llegado al lado oscuro de la Luna, hasta el momento los saiyajin no se percataron de la presencia rebelde cerca de ellos. Todas las naves se detuvieron en un momento silente, frente a ellos se encontraba un mundo lleno de color azul. A pesar de la considerable distancia, la Tierra se veía hermosa como siempre ha sido.

– Bien llegó el momento, redirijan la energía de los generadores de los motores a Orión–ordenó Lord Balkan.

– De inmediato–Makuo le respondió, siendo él el creador de tal pieza de tecnología sería el encargado de encenderla–iniciando con la acumulación de energía, uno por ciento completado.

Para alimentar la gigantesca antena parabólica de la nave, se necesitaba de casi toda la energía disponible de los generadores. Pero al desviar la potencia a Orión, los demás sistemas de la nave nodriza como los propulsores, escudos y demás mecanismos de armas se desactivaban, sin embargo ya se había pensado en ello y en cómo remediarlo.

Poder generar grandes cantidades de rayos Bruits negativos requería de un gran esfuerzo, ante esto, las demás naves de la Resistencia protegerían a la nave nodriza en caso de ser atacada.

– Que todos estén en sus puestos, si algo llegara a pasar quiero que se encuentren preparados para actuar.

– Orión está al cinco por ciento de su capacidad–dice en voz alta Makuo, mientras lee las lecturas de una pantalla.

– Espero que esté pedazo de chatarra funcione–comentó Gohan, quien aún es un poco escéptico sobre Orión.

– ¡Orión funcionará, yo mismo la creé…ya lo verás! –Alega Makuo–como los rayos Bruits positivos hacen que los saiyajin se transformen en Ozarus, las ondas negativas harán lo contrario, en lugar de fortalecerlos estos los afectarán físicamente, haciendo que su corazón y demás órganos internos comiencen a fallar, matándolos a los pocos minutos…

– Pero como ya te diste cuenta, Orión sólo funciona si el saiyajin que recibe los rayos negativos tiene su cola…ya que es la cola quien percibe los rayos–Gohan le puntualizó al científico–si un saiyajin no trae su cola, Orión no le hará ni cosquillas.

– Aunque eso es cierto, no es común que un saiyajin no porte su cola…por lo que es casi segura la efectividad de Orión–una vez más el creador defendió su creación.

Continuaron debatiendo sobre la efectividad de la máquina, mientras lentamente ésta se preparaba para disparar. Al mismo tiempo pero volando a una tremenda velocidad, una pequeña nave esférica de los saiyajin ingresaba en el sistema solar terrestre. Dentro una mujer dormía, había viajado por dos semanas intentando encontrarlo, pero al parecer Gohan es imposible de alcanzar para Lime.

Lo siento pero no puedo permitir que mates a mi compañera, si intentas herirla de nuevo tendré que intervenir…incluso si tengo que matarte, lo haré–dentro de Lime, aquellas palabras dichas por Gohan la persiguen.

Ella abrió los ojos de golpe, él se había atrevido a amenazarla con matarla si era necesario. En su último encuentro ella lo vio irse con la humana, cuando finalmente despertó dentro de un tanque de recuperación supo que no se sabía nada de Gohan. Se presumía que había escapado de alguna manera, ya que no se encontró su cuerpo, era fácil presumir que aún vivía.

Cuando sus heridas sanaron, sin pedir permiso alguno se subió a su nave en forma de esfera y partió en su búsqueda. No tenía idea de qué dirección tomar, así que voló sin rumbo definido. Al contemplar mientras volaba la espectacular mancha roja de Júpiter, Lime sintió que su corazón era como aquella tormenta que azota en el planeta más grande del sistema solar.

Nunca negará que amó a Gohan desde su niñez, lo idealizó tanto que llegó a pensar que era perfecto en cada faceta de su persona. Pero la imagen que tenía de él se cayó de su pedestal, Gohan no era como siempre creyó. Él prefirió escoger como compañera una simple hembra humana, en lugar de una mujer de su raza.

Él había violado las leyes, era una deshonra para su pueblo. Lime era una mujer muy orgullosa de su raza, se enorgullecía de cada rival que logró matar. Desde que era una niña cuando mató a un débil Saibaiman hasta la fecha, Lime era digna de ser llamada una guerrera saiyajin. Pero lo que Gohan hizo no tiene perdón, como le era bien sabido a la mujer, todo aquel que se atreviera a cruzarse con otra especie merecía la muerte.

Lime llevó su mano a la parte baja de su espalda, en aquel lugar alguna vez tuvo la cola que la identificaba como saiyajin. Ahora no era más que una burla, un chiste viviente a los ojos de los demás de su especie. No sólo fue despreciada ante una humana, sino también, que le arrebataron la cola que la hacía ser quien es.

Del amor al odio sólo hay paso, y el odio que ahora siente por Gohan y su compañera terrícola es tan grande, que ni Júpiter ni Saturno juntos lo igualan en tamaño. Si Gohan no era para ella, entonces no sería para ninguna. Ella misma se encargaría de eliminarlo, pagaría caro su desprecio. Lime ajustaría cuentas con él y Videl.

– Perturbación térmica detectada–Lime escuchó la voz del ordenador de la nave.

– ¿Perturbación térmica? –preguntó la mujer saiyajin sin entender.

– Afirmativo, se detecta un objeto en el lado oscuro de la Luna del nuevo planeta Vegeta–explica la computadora de abordo–la temperatura del objeto continúa elevándose, se desconoce el origen de dicho objeto.

– Será mejor dar un vistazo–Lime cambió las coordenadas, y su pequeña nave de inmediato se dirigió a la Luna terrestre.

El pequeño vehículo fue ganando más y más aceleración, al no tener ningún tipo de resistencia en el vacío del espacio alcanzó una tremenda velocidad. En minutos dejó atrás al gigantesco Júpiter, luego pasó al lado del rojizo Marte, y finalmente como destino se dirigió hacia la tercera roca desde el sol.

Con la velocidad que llevaba, pronto llegó a la órbita circular de la Luna. Los sensores de su nave, pronto confirmaron la presencia de no sólo un objeto, sino de muchos más los cuales estaban posicionados en el lado oscuro del satélite natural. Lime pronto al tener contacto visual, distinguió claramente que dichos objetos se trataban de una gran flota de naves.

– ¡Pero qué diablos! –exclamó Lime, al admirar a toda la flota rebelde a pocos kilómetros de su planeta.

Cuando Makuo diseñó y construyó a Orión, se le olvidó un pequeño pero crucial detalle: el calor. En la antena donde Orión concentraba los rayos Bruits negativos, a causa de dicha acumulación de energía, la antena se iba calentando poco a poco hasta alcanzar altas temperaturas. Y precisamente, los sensibles sensores de la nave de Lime detectaron tal temperatura.

– ¿Cómo lograron llegar hasta aquí, sin ser detectados por los sistemas automáticos de vigilancia? –se preguntó Lime.

Sabiendo que ella sola no podría contra todo un batallón, se desvió hacia el planeta para dar la alerta. Los rebeldes usualmente atacaban naves de carga, pero ahora tuvieron el valor de ir directamente hacia la cueva del lobo. Casualmente, la Resistencia no se percató de la presencia de aquella diminuta nave.

Al parecer, las hostilidades comenzarían antes de lo planeado.


Un grito estruendoso llenó una de las cámaras de entrenamiento, las cuales eran normalmente usadas por los soldados saiyajin para su mejoramiento físico. No obstante, no era cualquier soldado quien entrenaba en dicha cámara. Era ni más ni menos que el mismísimo soberano del imperio, el Rey Vegeta.

La gravedad aumentada lentamente desintegraba la habitación, que a pesar de haber sido diseñada para tolerar tal nivel extremo de gravitación, con el tiempo esta comenzaba a ceder. Las grietas se extendían por el piso y el techo de la recámara, pero eso no era nada importante para el orgulloso saiyajin que allí se ejercitaba.

Mientras Vegeta luchaba con un enemigo imaginario, pequeños trozos del techo comenzaron a caer sobre su cabeza. La debilitada estructura ya no podía soportar la gravedad aumentada cien veces la de la Tierra, y en cuestión de segundos todo se desplomó cayéndole encima al tiránico emperador.

Pero no habían pasado ni cinco segundos, cuando otra explosión se produjo. Vegeta literalmente se quitó de encima todo lo que le cayó, y los escombros salieron volando en todas direcciones. Un intacto Vegeta miró a su alrededor, ahora necesitaría otra cámara de entrenamiento.

– ¡Estúpida tecnología terrícola, si tan sólo la gravedad de este planeta no fuera tan débil! –Dijo malhumorado–aquella mujer de cabello azul tenía razón, con el tiempo la cámara se desintegraría.

Vegeta mientras caminaba de regreso al interior del castillo, recordó cuando pisó por primera vez ese mundo de cielo azul. Los humanos que allí vivían eran miserablemente débiles, cuando pelearon contra ellos demostraron ser oponentes de muy bajo nivel. Fue una invasión fácil y muy aburrida, pero lo que realmente importaba era apoderarse del planeta.

No me gusta este cielo azul, es un color muy enfermizo–comentó el Rey con desprecio–además la gravedad es muy débil, así no podremos entrenar como es debido.

Al menos ya tenemos un lugar mejor donde vivir–respondió Nappa–ya me estaba cansando de estar siempre en esa nave.

Será mejor comenzar a colonizar esta planeta cuanto antes, es buena idea usar mano de obra esclava… ¿aún quedan humanos vivos?

Creo que sí, no muchos pero aún hay–le contesta el otro saiyajin–según escuché, algunos humanos se refugian en una ciudad en ruinas, podríamos atraparlos y traerlos para trabajar.

Pues entonces tráelos cuanto antes, captura a todos los que puedas.

También hay informes que confirman que varios humanos se esconden en las montañas, por mano de obra no nos tenemos que preocupar, hay muchos esclavos a los cuales usar.

Un contingente de saiyajines fue enviado hacia el Oeste, donde se encontraban las ruinas de lo que fue alguna vez una enorme ciudad. La destruida Capital del Oeste era el fantasma de su antigua gloria, los saiyajines lo devastaron todo. Al llegar, los conquistadores encontraron a una gran cantidad de humanos escondidos en lo que era la Corporación Cápsula.

La captura de los humanos fue muy sencilla, no todos opusieron resistencia. Los que sí lo hicieron fueron eliminados sin rodeos, pero de entre los terrícolas que atraparon a los saiyajin les sorprendió la rebeldía que tenía una mujer. No era usual para ellos ver algo así.

¡Quítame tus sucias manos de encima, mono asqueroso!–una mujer humana y su peculiar cabello azulado, se hacía notar entre los invasores.

¡Guarda silencio humana insolente, estás frente al Rey Vegeta! –Nappa le grita.

La mujer peliazul vio frente a ella con el ceño fruncido, a un hombre de baja estatura pero con un peinado curioso. Su mirada sólo le demostraba maldad, aunque no se veía muy musculoso como los demás saiyajin, estos le demostraban respeto.

¡No me importa quién diablos sea, si es uno de ustedes es otro mono salvaje!

¡Pero qué insolente! –Nappa iba a golpearla, pero el Rey se lo impidió.

No pierdas la cabeza por esa terrícola Nappa, de todas formas no vale nada.

Mi Rey, en el lugar donde los atrapamos encontramos muchas tecnologías que nos pueden ser útiles…

Frente a Vegeta varios de sus soldados le mostraron las cosas que encontraron, habían armas, vehículos, unos pequeños objetos que lograban almacenar muchas cosas llamadas cápsulas, entre otras cosas. Bulma intentó persuadir al Rey diciéndole que crearía para él cuanta tecnología quisiera, sólo pedía a cambio que liberara a los humanos hechos prisioneros.

Los saiyajin nunca han sido una especie que se dedique al desarrollo tecnológico, toda la avanzada tecnología que poseen, como sus naves espaciales, rastreadores y demás cosas. Las han obtenido porque se las robaron a otras especies que fueron conquistadas por ellos, y aunque algunas tecnologías humanas les eran inútiles, una en especial llamó la atención del Rey Vegeta.

A los saiyajin les encantaba incrementar su fuerza, usualmente utilizaban la gravedad de su planeta natal, la cual al ser muy grande, les ayudada en sus entrenamientos. Sin embargo, la gravedad terrestre era muy baja y eso no les permitía practicar como ellos estaban acostumbrados, pero siendo Bulma una mujer brillante, se le ocurrió una idea innovadora.

Les dio a los saiyajin unas cámaras especiales que podían aumentar la gravedad, con ellas los saiyajines entrenaron a su gusto con la gravedad que desearan. Pero a pesar de su gran intelecto, fue muy ingenua al pensar que los saiyajin liberarían a la gente que atraparon. Pronto los conquistadores reanudaron la matanza y la esclavitud de la humanidad, haciéndose de oídos sordos ante los gritos de Bulma.

Como ella ya no era útil para ellos, Vegeta asqueado de escuchar sus reclamos y su voz, ordenó que la mujer de cabello azulado fuera ejecutada…y así se hizo. Antes de morir, ella les advirtió a los salvajes saiyajin que no se excedieran con la gravedad, ya que de hacerlo con el tiempo forzarían la estructura de la cámara con lo que provocarían la destrucción de esta última.

– ¡Pedazo de chatarra!... ¿ahora dónde se supone que entrenaré hoy?

Cuando pensaba en qué hacer, escuchó una serie de gritos y explosiones que provenían del interior del castillo. Vegeta curioso entró, encontrando a la causante de tanto ruido.

– ¿Por qué tanto alboroto mujer?


Luego de atravesar la atmósfera terrestre, la nave espacial chocó violentamente contra el suelo. Al abrirse la puerta la mujer saiyajin salió de inmediato, Lime corrió hacia el cuartel del ejército saiyajin. Allí era normal ver a los soldados entrenar unos con otros, además de que los oficiales de alto rango esperaban cualquier orden para actuar.

Cuando Lime entró en la oficina de uno de los tantos militares, le informó sobre su descubrimiento. Pero este se burló de ella, primero por no llevar su cola y segundo porque según él era imposible que una armada enemiga, lograra llegar hasta ellos sin ser detectados previamente.

Lime molesta lo llamó estúpido por su incredulidad, y sin ser atendida corrió hacia el único que tal vez sí le creería y fue en busca del mismísimo Rey Vegeta. Nadie le creía, todos se reían de ella al no verle la cola. Si un saiyajin perdía su cola era sinónimo de ser un fracasado, y no era digno de pertenecer a la raza más poderosa del universo.

Ella atravesó todo obstáculo que se encontró, pasó por encima de los guardias hasta llegar a las puertas del salón principal del Rey. Cuando llegó al salón no vio al soberano, continuó con su búsqueda frenética de Vegeta, hasta que por fin lo halló. Vegeta al ver como sus guardias intentaban contener a la mujer, les ordenó soltarla.

– ¿Por qué tanto alboroto mujer?

– Mi señor, una escuadrilla de rebeldes se oculta detrás de nuestra luna…debemos eliminarlos.

– ¿Una armada enemiga dices? –Preguntó el monarca.

– Sí mi Rey.

– ¿Pero cómo es posible tal cosa?...nadie puede entrar en nuestro sistema planetario sin ser detectado.

– No puedo responder a eso, pero yo los vi con mis propios ojos…los rebeldes están a pocos kilómetros de nosotros.

– ¿Cómo puedo saber que dices la verdad y que no me estás quitando mi tiempo?

– Ya perdí todo lo que tenía, mi honor, mi cola…a Gohan–susurró para que no escucharan eso último–no me crea si no quiere, pero cuando los rebeldes vuelen sobre nuestras cabezas no se arrepienta por no haber actuado a tiempo.

Vegeta en un movimiento veloz la tomó por el rostro, y con sus dedos apretó la cara de Lime.

– ¡Yo no me arrepiento de nada! –Dijo comprimiendo sus dientes– ¡envíen una patrulla a la Luna, si encuentran algo infórmenme!

– ¡Sí señor!

– Y en cuanto a ti, si no hay nada en la Luna…yo personalmente te quitaré lo único que te queda, tu inútil existencia–Vegeta la soltó antes de alejarse.


Todo parecía ir según el plan, llegaron al lugar indicado y Orión muy lentamente se preparaba. Pero era ese el detalle que comenzaba a impacientar a los demás, quienes odiaban esperar. Definitivamente no tenían nada de paciencia.

– ¡Orión está al cuarenta y dos por ciento! –una vez más, Makuo habló en voz alta.

– Esto está tardando demasiado–dijo Kakarotto– ¿cuánto falta para que Orión esté listo para disparar?

– Paciencia, nadie dijo que esto sería rápido–contestó Lord Balkan–tomará algo de tiempo antes de que Orión esté listo.

– Yo iré a caminar un poco, no soy bueno esperando–Gohan le dice a su padre–cuando todo comience vendré.

– Está bien–le respondió Kakarotto.

Gohan caminó hacia la puerta, al salir del puente de mando avanzó silencioso por los corredores. Los pasillos estaban poco iluminados, Orión necesitaba tanta energía que otros sistemas como los de iluminación apenas funcionaban. Sin embargo, era posible ver gracias al tenue alumbrado. Él se detuvo frente a una ventana, desde allí se podía vislumbrar a lo lejos aquel punto azulado que flota sereno en el espacio.

– Sé que estás detrás de mí Seesh–Gohan habló, aunque parecía que estaba solo es ese pasillo, en realidad no lo estaba–no tiene caso que uses tu camuflaje, siento tu presencia.

– Así que aprendiste a sentir la energía vital de los seres vivos–respondió el leireano, antes de hacerse visible.

– Sí Seesh, no soy el mismo que luchó y perdió contigo en el planeta Leire–acotó el soldado.

– Puedo verlo, tu poder se incrementó–dice el lagarto mientras se paraba a su lado–cuando esto termine, me gustaría continuar con la pelea que tuvimos.

– Estaba pensando exactamente lo mismo–Gohan sonrió–ni creas que he olvidado la golpiza que me diste, ni la cicatriz que me hiciste en el ojo.

– Ni yo la que me hiciste a mí–respondió el líder de los leireanos–te advierto que no te ataco, porque somos del mismo bando ahora…pero cuando hayamos matado a los saiyajin, lucharemos de nuevo.

– Así será Seesh, así será–comenta firmemente el sobrino de Raditz.

El lagarto humanoide lentamente se volvió a camuflar hasta hacerse invisible, Gohan frunció el ceño al verlo, esa habilidad realmente era útil. El semisaiyajin miró de nuevo por la ventana, pero notó algo nuevo en el paisaje. Una luz se acercaba, al principio no supo que era hasta que se dio cuenta de lo que se trataba.

– ¡Maldición! –Exclamó al salir corriendo de regreso al puente de mando, tan apresurado iba que chocó con alguien que salía al mismo tiempo que él entraba– ¡una nave viene hacia nosotros!

– ¿Qué has dicho? –pregunta su padre.

– Vi a una nave acercándose a la Luna, y no es de las nuestras–contestó apresuradamente–nos verán antes de atacar.

– ¿Estás seguro? –cuestiona Lord Balkan.

– Compruébelo usted mismo–le dijo al líder de la Resistencia.

Y así lo hizo, Lord Balkan ordenó abrir las escotillas que protegían la gran ventana que permitía mirar hacia el exterior. Mirando por medio del cristal vieron frente a ellos la grisácea superficie lunar llena de cráteres, pero más allá de la órbita se distinguía una pequeña fuente de luz que se iba incrementando a medida que se acercaba.

– ¡Todos a sus puestos, hemos perdido el elemento sorpresa! –gritó a sus subordinados.

– ¿Pero cómo nos descubrieron? –se preguntó en voz baja Kakarotto.

– ¿Qué hacemos? –Cuestionó el Doctor Makuo–Orión aún no está listo para disparar.

– Que las demás naves de la flota se coloquen en posición defensiva, y si es necesario que abran fuego–dijo Lord Balkan mientras observaba a la nave saiyajin acercarse– ¡qué ingenuo fui al creer que no nos descubrirían!


La distancia entre la Tierra y la Luna era muy corta, una nave podía recorrer esa distancia en menos de cinco minutos sin la necesidad de acelerar a fondo. El destructor del imperio saiyajin pronto se encontró sobre el satélite natural, sus sensores enseguida percibieron la misma singularidad térmica que detectó la nave de Lime.

El crucero de combate saiyajin rodeó la Luna, llegando finalmente a su lado oscuro donde increíblemente para la tripulación saiyajin, se toparon de frente con una gran cantidad de naves. La flota rebelde estaba conformada por alrededor de ochenta naves, algunas eran muy pequeñas pero otras tenían un tamaño considerable.

El capitán de la nave saiyajin se quedó perplejo, al no comprender cómo toda una flota enemiga entró en su territorio sin ser detectados, pero ya era tarde para lamentaciones así que ordenó abrir fuego contra los rebeldes invasores. Vaya ironía, los que normalmente eran los que invadían ahora eran los invadidos.

Las naves de los rebeldes debieron separarse, al recibir las descargas de las baterías antiaéreas del crucero saiyajin. Los rebeldes respondieron de manera sincronizada, concentrando la potencia de sus cañones contra el casco de la nave del imperio. Mientras se disparaban mutuamente, en el planeta, Vegeta era informado sobre lo acontecido. Estaba confirmado, los rebeldes los atacaban.

No era la típica pelea a la que estaban habituados los saiyajin, es decir, una pelea cuerpo a cuerpo, los hombres con cola no podían respirar en el vacío del espacio ni los rebeldes tampoco. Tal detalle, obligó a ambos bandos a luchar dependiendo del poder de fuego de sus naves. Con sus gruesas armas, el crucero del imperio hizo que las endebles naves espaciales rebeldes explotaran casi al contacto, quienes respondían con todo lo que tenían.

Pero algo llamó la atención del capitán del destructor, le parecía extraño que la nave más grande de la armada de la Resistencia no participara en el combate. Por el contrario, las naves más pequeñas la defendían mientras esta simplemente se mantenía quieta. Curioso, ordenó redirigir el fuego hacia esa nave.

– ¡Informe de daños! –gritó Lord Balkan, mientras se sujetaba a la consola de mando frente a él.

– ¡Con unos cuantos impactos más como esos, y nos harán pedazos! –respondió Makuo.

Orión se sacudía con violencia, los disparos del crucero saiyajin lo impactaban repetidamente. En el exterior de la nave, las fuertes explosiones comenzaron a causar daños en el casco. Unas grietas comenzaban a recorrer el metal de la nave, por medio de esas aberturas el oxígeno interno se escapaba.

– ¡Maldita sea, tenemos que salir a luchar! –Exclamó Kakarotto– ¡si nos quedamos aquí dentro nos matarán!

En ese instante, otro disparo impactó en el puente de mando justo en la gran ventada de cristal. La ventana explotó, permitiendo que el vacío del espacio succionara todo lo que se encontrara dentro. La succión era muy fuerte, cualquier persona encontraría la muerte si era succionado hacia la nada.

– ¡Sujétate papá! –dijo Gohan, quien se aferraba de una pared para no ser halado.

– ¡Ahhhhhhh! –un desdichado soldado rebelde, pasó al lado de Gohan mientras era absorbido por la ventana rota. Al salir se congeló instantáneamente, y su cadáver flotó sin rumbo en el espacio.

– ¡Cierren las escotillas, cierren las malditas escotillas! –Kakarotto grita con todas sus fuerzas, al mismo tiempo que intentaba tomar la mano de su hijo.

En el panel de control Makuo presionaba desesperado cuanto botón veía, pero cuando logró activar el cierre de las escotillas la succión lo haló hacia la ventana dañada. Cuando creía que moriría, las escotillas de las ventanas se cerraron, cosa que hizo que la aspiración se detuviera. El científico chocó contra la escotilla cerrada, se había salvado por poco.

– ¿Todos están bien? –pregunta Kakarotto.

– Tenemos que atacar el planeta cuanto antes… ¿cuánto falta para que Orión esté listo?

– Los impactos nos causaron muchos daños, y la energía disminuyó–indica Makuo, creador de Orión–estamos a un cincuenta y dos por ciento, aún nos falta mucho.

– ¡No hay más alternativa, Kakarotto ya sabes que hacer! –el saiyajin asintió con la cabeza.

El hermano de Raditz fue hacia el intercomunicador de la nave, con el cual procedió a girar instrucciones:

– ¡Todos los soldados a la bahía de carga, salimos hacia el planeta en dos minutos!

Todos escucharon la orden, desde los diferentes puntos de la nave los rebeldes corrieron hacia la sala de desembarques. Los nameks, los leireanos, los saiyajin y las demás especies presentes, todos sin importar su origen corrieron juntos hacia la batalla. Dentro de la bahía de carga, se encontraban muchas pequeñas naves de transporte las cuales se fueron llenando rápidamente, al estar listas salieron hacia la Tierra.

– ¡Capitán, una gran cantidad de naves rebeldes se dirigen hacia el planeta! –le dice un soldado a su comandante en jefe.

– Alerte de inmediato a todos en el planeta, si los malditos rebeldes quieren pelea… ¡se las daremos!

Huyendo a gran velocidad de la batalla espacial, las naves pronto alcanzaron la atmósfera terrestre. Esparciéndose por todo el globo, las naves comenzaban a desplegar a sus hombres quienes no tardaron en divisar al enemigo. Cientos de saiyajines les brindaron una cálida bienvenida al estilo saiyajin, con golpes y ataques mortales.

– ¡Dispérsense y maten a esos monos malnacidos! –Seesh, líder de los leireanos, le habla a su pueblo.

Usando su camuflaje, todos los leireanos se volvieron invisibles para los ojos de los saiyajin. Los hombres de Vegeta no veían nada, sus rastreadores no localizaban a sus oponentes, los cuales los atacaban fácilmente al no ser visibles. Mientras tanto, los nameks liderados por Picorro y Neil se movilizaron hacia la capital del imperio, Gohan y su padre por su parte con la ayuda de sus soldados atacaron las bases militares de los saiyajin destruyendo las naves allí guardadas, esto para evitar que otras naves atacaran a Orión.

No muy lejos de allí, escondidos en las junglas los humanos miraban las explosiones que bañaban el cielo. El suelo bajo sus pies temblaba como si el mundo mismo se destruyera, los terrícolas se miraron unos a otros al sentir las presencias de energía de tantos individuos poderosos. No sabían quiénes eran, pero si comprendían que luchaban contra los saiyajines.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo, esa idea pasó por sus mentes. Sin importar la diferencia de poder, las tribus humanas se organizaron. Las mujeres y los niños fueron escondidos en cuevas, mientras que los mejores guerreros de cada tribu corrieron hacia el combate. Decorados con pinturas y tatuajes de guerra, los humanos primitivos guiados por un sentimiento de venganza gritaron al unísono.

Los humanos oficialmente se unían a la pelea, ellos recuperarían el planeta que alguna vez les perteneció.


Muerte, ese es el final para todo ser vivo. Por más poderoso o temible que se sea, al final se debe morir. Él no tenía herederos ni compañera, sólo estaba él. Su orgullo era inmenso, poseía la confianza suficiente como para derrotar a cualquiera en una pelea, pero en el fondo sabía que no podría vencer a la muerte.

Su especie tiene la virtud de contar con una larga juventud, pero esta en algún momento se le terminará. Mientras en completo silencio se resignaba, Vegeta escuchó algo que le hizo dudar de la línea que divide la vida de la muerte. Se decía que en un lejano planeta, existían unas esferas que concedían la inmortalidad.

Tal rumor existía desde los días de Freezer, se dice que el antiguo soberano del mal las buscó más nunca las halló. Y ahora mismo, al contemplar el cielo lleno de explosiones y destellos. Vegeta vio como su ciudad principal, la capital de su imperio, era devastada pedazo a pedazo por los seres que tanto buscó.

Cientos de nameks luchaban contra sus hombres, ellos eran la clave de su inmortalidad. De inmediato dedujo que por lo menos un namek debe sobrevivir, ya que si los mata a todos perderá para siempre la posibilidad de saber dónde están las esferas. Una gran explosión cayó sobre él, su castillo se desmoronaba.

Un par de disparos fueron directo hacia él, pero ni siquiera se molestó en esquivarlos y permitió que estos dieran con él. Un namek apareció frente la nube de humo recién formada, miró pacientemente hasta que el humo se disipara. Cuando se aclaró su visión no había nada frente a él, desconcertado no se percató que Vegeta se materializó en su espalda, el saiyajin le sujetó la cabeza con sus manos y segundos luego se la giró con fuerza para matarlo.

Mientras el cadáver del namek caía hacia el suelo, Vegeta emprendió el vuelo hacia la guerra. Detrás de él su castillo se derrumbaba, su capital era destruida.


Los hangares ardían envueltos en llamas, las naves dentro de ellos explotaban una la vez y las llamas que ardían embellecían la destrucción. Kakarotto y su hijo al conocer como la palma de su mano la ciudad, guiaban a las hordas de rebeldes mientras lo devastaban todo. Muchos saiyajin salieron para hacerles frente, los hombres del imperio creían que sería fácil pero se vieron sorprendidos ante la buena organización de los rebeldes, después de todo Kakarotto los lideraba en plena batalla.

Gohan por su parte también comandaba un pequeño grupo, un viejo sueño de su infancia se cumplía. Él era el líder de un escuadrón, sus palabras eran órdenes para sus hombres. Pero pronto vio que no era un juego, cualquier mala decisión causaría la muerte de alguno. Intentando hacerlo lo mejor posible, fue destruyendo algunas instalaciones de comunicación, así mantendría a los saiyajin incomunicados y no podrían pedir ayuda a sus colonias en otros mundos.

Cuando acabó con su primera tarea, pensó en su tío desaparecido y en sus amigos, tenía la esperanza de que estuvieran con vida, por lo que comenzó con su búsqueda. Si ellos habían sido capturados, tenían que estar encerrados en alguna de las celdas ya sea o en el castillo de Vegeta o en cualquier cárcel normal.

– Este ki es de…–susurró el semisaiyajin, cuando una presencia salió de entre el humo de las explosiones–escúchenme con atención, vayan con mi padre yo me quedaré aquí por el momento, nos reuniremos luego.

– ¡Sí señor! –sus hombres se fueron volando.

– Me duele verlo, pero no puedo negarlo…nos traicionaste y ahora eres un vulgar rebelde.

– Lime, pensé que ya no seguirías con la idea de luchar conmigo.

– Por tu culpa mi corazón se destrozó, mi cuerpo fue mutilado–le señala donde antes tenía su cola–fui humilla al verte irte con una humana, te amo pero te odio Gohan, y si tengo que matarte para que ella no vuelva a verte… ¡así será! –Lime gritó cegada por su enfermizo amor, después de eso se lanzó contra él.

Lime pasó por encima de Gohan, y con un giro en el aire lo pateó a un costado. Continuó con un puñetazo al rostro, y un rodillazo al pecho. Con otra patada lo mandó a volar, con su velocidad lo alcanzó y le regaló golpe tras golpe tras golpe. Mientras lo golpeaba sin parar las lágrimas salían de sus ojos, sentía que se quebraba por dentro.

Gohan no se defendía, sólo dejaba que ella lo atacara, que se desahogara, que dejara salir el rencor acumulado. Cuando la vio desconcentrada respondió con un derechazo, la tomó por uno de sus brazos y la arrojó por encima de su hombro. Al acercársele trató de patearla pero ella giró en el suelo e imitó su ataque. Sus patadas se cancelaron una a la otra, y por unos segundos se mantuvieron en esa posición con sus piernas cruzadas en el aire.

Desaparecieron instantes después, pero ahora Gohan respondía y no se dejaba como al principio. Como ella había estado al borde de la muerte en su pelea pasada, al recuperarse su poder se incrementó y Gohan lo notó con la fuerza de sus golpes. Tanto ella como él corrían en forma paralela, no miran al frente sino directo a los ojos del otro.

En perfecta sincronía extendieron sus manos lanzándose energía, la explosión los cubrió por completo, aunque Gohan podía sentir el ki de Lime y así saber su ubicación. La pelea pasó a hacer algo engorrosa, sin detenerse ni un momento los dos se atacaban. Gohan luchaba sin deseos de hacerlo, quería buscar a su tío pero Lime estaba determinada en acabarlo.

Los minutos pasaban, y la intensidad disminuía. Cansada corrió con las fuerzas que le quedaban contra él, el hijo de Kakarotto hizo lo mismo. Al estar cerca Lime saltó y cayó sobre él sujetándolo con sus brazos y piernas, reunió lentamente su poder de pelea a su alrededor. Gohan se dio cuenta de lo que planeaba, era su movimiento final.

– ¡Si debo morir que así sea, pero tú vendrás conmigo!

– ¡Detente Lime, has perdido la cabeza!

– ¡No le temo a la muerte, todo se termina justo ahora! –gritó a todo pulmón mientras liberaba la energía que acumuló, una aura rojiza los cubrió antes de explotar.

El silencio llegó, el humo se fue con lentitud. El cuerpo maltrecho de una mujer yacía ensangrentado en el suelo, agonizante ella lloraba por su derrota, no en el campo de batalla sino por perderlo a él. El vencedor en la pelea se arrodilló a su lado, después de haber escapado de la explosión antes de que ocurriera. No había nada que pudiera hacer, el ki de ella se desvanecía.

– No puedo morir aún Lime, seré padre y quiero conocer a mi hijo–Gohan le masculló al abrazarla.

– No me sueltes Gohan–le dijo temblando–abrázame fuerte.

– Lime yo…

– Ella es muy afortunada, se llevó todo lo que me importaba…ya no me queda nada.

– ¿Por qué nunca entendiste?...siempre te dije que te quería como una amiga o hermana, si tan sólo hubieras comprendido.

– Hazme un último favor Gohan, bésame…bésame como la besas a ella.

– Pero Lime…

– Por favor Gohan…lo necesito.

Viéndola en su lecho de muerte, lentamente se inclinó y posó su boca en la de ella. Toda su vida espero por eso, y fue sólo hasta llegar a agonizar que Lime recibió el beso que tanto deseó. Se lo correspondió, mientras lo besaba imaginó la vida que nunca tuvo. Ellos dos juntos, con un par de hijos, viviendo la típica vida saiyajin. Una mera ilusión, un capricho de percepción.

Gohan notó como los labios de ella se pusieron rígidos, Lime se fue a un lugar donde él no la acompañará. Se puso de pie cargándola en sus brazos, para luego disparar un rayo de ki al piso donde cavó una tumba. La colocó con respeto dentro del sepulcro, luego de limpiarle las lágrimas del rostro la cubrió con tierra con sus propias manos.

– Siento el ki de mi padre, debo ayudarlo–antes de irse miró por última vez la tumba, una muerte más en la batalla. Una guerra que aún no termina.


En el espacio no hay sonido, si lo hubiere se podrían escuchar las brutales explosiones que causa la contienda. Para compensar la desventaja numérica, el crucero de combate saiyajin desplegó pequeñas naves de combate, quienes se encargarían de destruir la flota rebelde. Estas naves abrieron fuego ante las tropas de rebeldes, todo se volvió un caos, era todo un enjambre de naves espaciales.

Volando a gran velocidad, los cazas saiyajin se colaron por la parte trasera de la formación rebelde. Al tener a Orión en la mira le dispararon en el acto, algunos tiros dieron en la nave mientras otros fueron bloqueados por otras naves rebeldes. Orión era un blanco fácil, no se defendía ni atacaba. Sólo se mantenía flotando acumulando energía, todo esa energía convergía en su antena principal.

– ¡Orión está al setenta y cuatro por ciento de su potencia!

Otro impacto sacudió la nave, haciendo que todo dentro de ella comenzaba a flotar.

– El generador de gravedad artificial está dañado–dice un oficial del puente.

– Hay otra abertura en el casco justo en el sector quince–habla otro oficial.

– Cierren las escotillas de esos niveles, envíen personal al área de ingeniería para reparar la gravedad–ordena Lord Balkan–tenemos que abrir fuego o moriremos, activen los sistemas de armas…cañones a toda potencia.

– ¡Pero si hacemos eso, Orión tardará más tiempo en cargarse! –exclamó Makuo en desacuerdo.

– Si no respondemos nos van a matar, tenemos que reaccionar.

Una serie de compartimientos se abrieron en el casco de la nave, de ellos salieron numerosos cañones y torretas de armas. Al ser sistemas automáticos, su precisión era perfecta. Sus disparos fueron dirigidos al crucero de combate saiyajin, quien no tardó en responder a la nave insignia de la flota de la Resistencia.

Un escuadrón de cazas saiyajin se dirigían a Orión, pero sus torretas al tener la movilidad de girar en cualquier ángulo los derribó uno a la vez, repeliendo así otra arremetida. Aunque estaban separados por una considerable distancia, tanto Orión como el crucero saiyajin estaban en una posición paralela, cosa que les facilitó dispararse mutuamente.

Los saiyajin lentamente tomaban el control de la batalla, arrinconando a sus rivales mientras los acribillaban con sus cañones. A pesar de ser más, los saiyajin los aventajaban en cuanto a poder de fuego, y gracias a eso la armada rebelde se redujo a casi la mitad de sus fuerzas. En ese momento explotando a causa de los daños, una nave de carga rebelde se hizo pedazos en segundos.

Las naves sobrevivientes al verse rodeadas arrojaron un tipo distinto de arma, no era basado en la energía sino que se trataba de un proyectil sólido de gran penetración. Eran parecidos a los antiguos misiles que usaban los humanos en sus fuerzas aéreas, estos atravesaban los gruesos blindajes de las naves para una vez en su interior detonar potentemente.

Pero los rebeldes disponían de muy pocas de estas armas, por lo que no las utilizaban todas a la vez. Con unos cuantos disparos, algunos de estos proyectiles dañaron los motores de la nave saiyajin, aunque no se podía mover ésta seguía peleando. Los restos de naves destruidas flotaban en el espacio, los cuerpos sin vida de sus tripulantes también lo hacían, y con cada segundo que pasaba más naves se destruían.

– ¡Orión está a un ochenta y seis por ciento de su capacidad!

– Lord Balkan, detectamos una transmisión desde la nave saiyajin–dijo en voz alta un miembro de la tripulación.

– Póngala en la pantalla–contestó.

Frente a ellos en la pantalla principal del puente de mando, apareció el rostro de un saiyajin. Por su armadura, parecía ser el capitán de la otra nave. Mientras eso pasaba, las aeronaves tipo caza de los saiyajin se colocaban en posición de disparo.

¡En nombre del imperio saiyajin, y del Rey Vegeta les ordeno que se rindan! –Dice el hombre con cola–están completamente rodeados, sus posibilidades de sobrevivir son mínimas.

– No nos rendimos, pelearemos hasta morir.

Si la muerte es lo que desean, pues eso recibirán–con esas palabras la transmisión se terminó.

– ¡Señor, Lord Balkan!...detectamos otra nave, y se aproxima a gran velocidad.

– ¿Es de los saiyajin?

– ¡No señor, es de las nuestras!

Los saiyajin por su parte, hablaban de lo mismo.

– ¿De dónde salió?

– No lo sabemos, pero tiene un curso de colisión contra nosotros.

– ¡Qué todos los cañones abran fuego! –gritó el capitán del crucero de combate.

La nave rebelde era de carga, su tamaño era un poco menor a Orión pero aún así era respetable. Sus sistemas de comunicación se dañaron durante la batalla inicial, por lo que no pudieron informar la decisión que tomaron, no obstante, sus motores funcionaban a toda potencia. El crucero del imperio le disparó con todo, en un intento por destruirla antes de chocar.

Los disparos la fueron destruyendo poco a poco, pero no lograban detener su avance. La nave de carga se precipitaba sobre ellos cada vez más cerca, su tripulación había decidido sacrificarse por la causa. Además que la idea de morir llevándose a unos cuantos saiyajin al inferno, bueno, para ellos, era una idea tentadora.

En completo silencio, los rebeldes restantes vieron como la nave de carga se estrelló contra el crucero. La fuerza del choque partió la nave a la mitad, mientras era envuelta en una explosión intensa pero sin sonido. Viendo el sacrificio de sus camaradas, los demás integrantes de la Resistencia acabaron con las restantes pequeñas naves saiyajin.

Sufrieron muchas bajas, sus naves estaban dañadas y no soportarían otro enfrentamiento como el anterior. Ya no quedaba tiempo, Lord Balkan ordenó enviar de nuevo toda la energía a la antena de rayos Bruits de Orión.

– ¡Ochenta y nueve por ciento, y continúa subiendo!

– Ya casi lo logramos, coloquen la nave en posición de disparo, una vez que estemos listos activen a Orión.

Cuando la tripulación acataba las órdenes, todos que se encontraban flotando cayeron de repente al suelo. La gravedad artificial de la nave había sido reparada, pero eso no los distrajo. Toda la nave había sufrido numerosos daños, pero aún vivía. Lentamente apuntó su enorme antena parabólica hacia la Tierra. Un par de minutos más y podrían disparar, si todo salía como se planeó Orión mataría a los saiyajin y se librarían de ellos para siempre.

– ¡Noventa y seis por ciento!

"¡Kakarotto resiste sólo un poco más!"–meditó el líder de los rebeldes.

– ¡Noventa y ocho por ciento!

"¡Ya casi está lista!"–pensó Makuo sobre su creación.

Todos esperaron ansiosos, hasta que por fin llegó el momento:

– ¡Orión está al cien por ciento de su capacidad!

– ¡Abran fuego! –gritó apresuradamente.

Y dentro de la nave, en ese mismo instante todo se congeló…era como si el tiempo se hubiera detenido.


La cama era suave, estaba más que cómoda. Una gran cantidad de almohadas le sostenían la cabeza, varias frazadas le brindaban calor. Todas esas muestras de sobreprotección, sólo veían de una mujer en particular.

– ¿Tienes hambre Videl? –Milk le preguntó a la joven, quien seguía reposando en cama.

– Sí gracias–le contestó.

Ambas mujeres humanas estaban a salvo del conflicto, lejos y ocultas en el planeta Romulus. Milk seguía con la idea de volver a la Tierra, pero con la noticia del embarazo de su recién conocida nuera, no le quedó más opción que cuidar de ella. Su reencuentro con su hijo no duró mucho, al igual que su padre debió partir a la invasión.

– ¿Cómo les estará yendo?

– Mejor no pienses en eso, intenta relajarte un poco y descansa.

– ¡Estoy cansada de estar acostada todo el tiempo! –Se quejó–yo no soy así, necesito mantenerme ocupada con algo.

– Pero ahora no es el momento para eso, sería peligroso para mi nieto si algo te pasara–argumentó con voz firme, aún no terminaba de absorber la idea de ser abuela–si quieres entretenerte, comienza a pensar en algunos nombres para el bebé o para la bebé.

– No se me ocurre ninguno, ni siquiera sé si será niño o niña.

– Eso no es problema, puedes ir pensando como llamarlo dependiendo de su género–Videl asintió–sólo te ruego que no le pongas un horrible nombre saiyajin, ese bebé tiene sangre terrícola y merece un nombre de humano.

– Pienso lo mismo… ¿qué clase de nombre es Kakarotto? –ella le dio una mirada de complicidad a la madre de su compañero.

– ¡Es horrendo, por eso le puse Goku! –las dos rieron juntas, al menos ambas se divertían, mientras que a millones de kilómetros de distancia la muerte cobraba muchas vidas en la guerra.


En el suelo se podían ver los cuerpos inertes de los soldados caídos, saiyajines y nameks por igual bañaban con su sangre el terreno. Lentamente las cifras comenzaron a inclinarse a favor de la Resistencia, los saiyajin heridos no podían recuperar sus miembros amputados por la encarnizada lucha, pero los nameks se regeneraban casi de forma infinita.

Aunque al principio estaban separados, los rebeldes pronto se reagruparon para continuar luchando. Los saiyajin se replegaban, estar siendo derrotados en su propio territorio era inconcebible. No podía ser verdad, pero era cierto…estaban perdiendo. Alrededor de doscientos saiyajin que al principio eran más de quinientos, se reunieron para intentar contraatacar.

Pero el cansancio también atacó el bando rival, muchos nameks no acostumbran a pelear tanto, por lo que se detuvieron por unos minutos. Picorro vio como la lucha se detuvo por un instante, era como una tregua temporal sólo para recuperar el aliento. El namek percibió como muchas presencias se acercaban, no eran saiyajines…sino humanos. No estaban lejos, llegarían pronto.

– ¡Ya es suficiente descanso, no los dejen ni respirar! –gritó Seesh, quien seguido por más leireanos reiniciaron las hostilidades.

Pero Picorro se quedó quieto en su lugar, cuatro presencias más le llamaron la atención. Eran saiyajines, pero estos le eran familiares. Voló hacia una especie de cuartel parcialmente destruido, y al entrar en la endeble estructura buscó a los dueños de esas presencias. Fue removiendo los escombros y dentro de una celda los vio, eran Raditz, Nattan, Galvan y Kaden.

– Así que no estaban muertos, nos serían muy útiles.

Les quitó los collares anuladores que traían, los cuatro saiyajin sintieron sus fuerzas regresar y lograron ponerse de pie. Algo aturdidos pero conscientes, escucharon la explicación rápida del namek, la invasión ya había comenzado y estaban en medio de una batalla. La débil cárcel empezó de repente a derrumbarse, el combate que afuera se libraba hacía templar la estructura debilitada.

– ¿Dónde está mi hermano?

– Debe estar peleando en otra parte junto con Gohan.

– Tenemos que ayudarles–dialogó Kaden.

Al regresar al exterior vieron a los humanos que Picorro detectó antes, aunque eran más débiles cientos de humanos salieron de los bosques y atacaron a cuanto saiyajin veían. Los nameks y los leireanos se asombraron con las numerosas técnicas de los terrícolas, sobre todo por el gran control que tenían sobre su ki.

Kaden vio que en aquel lugar su ayuda no era requerida, así que junto a Raditz y a lo que queda de su escuadrón salieron a buscar a Gohan y a su padre, pero Picorro se quedó para continuar luchando. Los humanos no sabían quiénes eran esos hombres verdes ni esos lagartos extraños, pero mientras ellos mataran a los hombres mono, no les molestaba ayudarlos. Los saiyajin viéndose casi derrotados, recurrieron a su último recurso.

Unos cuantos saiyajin crearon lunas artificiales, haciendo que estas los transformaran en simios enormes. Al estar como Ozarus su poder se incrementaba, los rebeldes junto a los recién llegados humanos abrieron fuego. Sus ráfagas de ki chocaban contra los monstruos cuerpos de los Ozarus, quienes los rechazaban con los potentes rayos salidos de sus bocas.

– ¡Vamos, sin miedo! –Picorro alentó a sus camaradas al salir volando.

Eran como abejas picando a una persona, se veían diminutos en comparación de los gigantescos primates. Los Ozarus para quitarse de encima a esos molestos seres, dispararon descarga tras descarga hasta que todo en ese lugar fue devastado. La destrucción generada por doscientos Ozarus era increíble, con su arremetida mataron a muchos nameks y leireanos. Los humanos también sufrieron bajas, pero la mayoría logró sobrevivir.

Los Ozarus caminaban hacia los rebeldes tirados en el suelo, sus intenciones eran aplastarlos con sus pies. Seesh se levantaba con torpeza, cuando vio un pie gigante colocarse sobre él, el Ozaru estaba por pisotearlo cuando…


Kakarotto vio satisfecho como sus hombres destruían todo, mientras miraba un potente ataque de ki mató a más de la mitad de sus soldados. El saiyajin buscó al responsable, y lo encontró flotando sobre las llamas, era el mismísimo emperador Vegeta.

– Admito que tienes las agallas suficientes como para volver, aunque tus hombres eran una basura.

– Vegeta…

– Si me dices dónde están las esferas del dragón, perdonaré su miserable vida.

– Sé que aunque te lo dijera me matarías luego, pero de todas maneras no pienso decírtelo…pero lo que sí puedo decir es que nunca conseguirás cumplir tu deseo.

– ¡Qué!

– Las esferas están ocultas muy lejos de aquí, por más que las busques nunca las hallarás–Kakarotto se ríe–no importa si matas a todos los rebeldes, nunca serás inmortal Vegeta…la muerte te atrapará algún día.

– ¡Cállate insecto de clase baja!... ¡no eres nadie para hablarme así!

– Puedes insultarme cuánto quieras, eso no cambia el hecho de que debes morir.

– ¿Yo…morir? –Pregunta en tono de burla– ¡por favor Kakarotto, tú no puedes matarme!

– Eso no lo sabremos hasta que lo comprobemos–aseguró con voz desafiante mientras se colocaba en posición de lucha.

– Veo que tienes muchos deseos de morir, con todo gusto te voy a complacer–Vegeta también se preparó para entablar combate.

– Pagarás todo lo que me hiciste en estos años, por tu culpa me mantuviste alejado de mi familia…mi hijo tardó años en conocer a su madre.

– ¡No me interesa tu trágica vida! –al decir eso Vegeta notó algo en su rival– ¿dónde está tu cola?

– Me la tuve que quitar.

– ¡Eres una vergüenza para nuestra raza, cómo es posible que perdieras tu cola! –grita furioso el Rey saiyajin– ¡una basura como tú no merece vivir, eres un insecto Kakarotto! –ya no eran necesarias más palabras, así que el padre de Gohan le respondió con un puñetazo.

Vegeta sonrió mientras sostenía el puño de Kakarotto, quien apretaba los dientes ante el fracaso de su ofensiva. Al lograr liberar su mano le lanzó una lluvia de golpes, pero el monarca saiyajin simplemente los esquivaba con mucha facilidad. Elevándose cada vez más en el aire, su lucha se vio rodeada de docenas de explosiones y brillantes destellos, todo en ese planeta se había vuelto caótico.

El saiyajin de clase baja tuvo éxito al sujetar a su rival por una de sus piernas, al sujetarlo lo hizo girar varias veces hasta lanzarlo al suelo. Sin embargo, Vegeta aminoró su caída hasta mantenerse estático en el cielo desde donde voló de regreso como un cohete. Kakarotto al verlo elevó su poder creando una aura azulada a su alrededor, el juego del gato y el rato comenzó. Una persecución inició a gran velocidad, mientras atravesaban un cielo oscurecido.

Kakarotto inesperadamente se volteó con la intención de atacar, lo que no esperaba es que Vegeta hizo lo mismo, así que cuando sus puños chocaron una gran explosión los cubrió a ambos. El Rey de los saiyajin reaccionó rápido y lo sujetó por su rostro, sólo para tener la oportunidad de golpearlo con un rodillazo a la cara.

Mientras el padre de Gohan se inclinaba hacia atrás por la inercia, Vegeta le brindó un certero derechazo al estómago. Seguidamente con su otra mano lo golpeó en la cabeza, precipitándolo contra el piso. Cuando Kakarotto se estrelló el suelo se estremeció, haciendo que grandes bloques de piedra se levantaran de sus cimientos.

– ¿Pero qué te sucede Kakarotto? –le pregunta desde las alturas, antes de dispararle una inmensa esfera de ki que impactó contra el piso, Vegeta rió triunfante pero su radar de poder pronto se activó– ¡cómo escapaste!

– Sólo aumenté mi velocidad, nada más–le responde Kakarotto detrás de él.

– ¡No está mal Kakarotto, considerando que eres un soldado de clase baja! –En menos de un parpadeo, Vegeta ya había cambiado de lugar colocándose a espaldas del hermano de Raditz– ¡pero es algo muy simple de hacer!

Una vez más los dos desaparecieron, la pelea continuó pero a una velocidad sobrehumana. Sólo las detonaciones hacían notar sus golpes, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha. Se fueron alejando progresivamente del resto de la batalla, dejando solos a los nameks con los demás saiyajin.

Vegeta atrapó el pie derecho de Kakarotto y sin soltarlo, lo estrelló de lleno contra un risco que se hizo trizas. Sin detenerse prosiguió con su ofensiva pero cuando iba a conectarlo de nuevo, Kakarotto atrapó la mano de Vegeta. Simultáneamente a que hacía eso, en su puño derecho reunió un poco de su poder y así le dio un puñetazo al rostro, pero no fue un golpe normal sino un puñetazo explosivo.

El líder del imperio salió disparado hasta enterrarse levemente en el suelo, Kakarotto lo tomó por el rostro y lo arrastró por el piso cavando una zanja con su cabeza. Después de eso lo arrojó con todas sus fuerzas, cosa que hizo que el cuerpo de Vegeta traspasara tres montañas de lado a lado una tras otra.

Agotado y adolorido, el padre de Gohan aterrizó cerca del lugar. Respirando con problemas recuperó el aliento perdido, al mismo tiempo que miraba el cráter que formó Vegeta al chocar. Mientras dejaba que sus pulmones se llenaran de aire, un tremendo dolor lo agobió. Sintió como sus órganos internos se comprimían, todo su ser se estremeció.

Unas pequeñas gotas de sangre cayeron en el rostro de Vegeta, él salió de la nada para regresarle el golpe a Kakarotto. Fue directo y preciso, su mano se enterró en el abdomen de Kakarotto.

– ¿Qué pasa Kakarotto?... ¡aún no hemos terminado de jugar! –le dice para burlarse de él– ¿qué pasó con las energías que tenías?

Al sacar su mano, el soldado de clase inferior cayó de rodillas ante el dolor. Por su parte el Rey estaba a punto de embestirlo de nuevo, pero una patada en la cabeza lo hizo caer al piso. Gohan ayudó a ponerse de pie a su malherido padre, quien aún se estremecía por el golpe recibido. Justo en la zona del impacto, un gran agujero se hizo notar en la armadura de Kakarotto.

– ¿Estás bien papá? –le susurra.

– Sí, pero ese golpe casi me mata…me dolió mucho–respondo mientras escupe algo de sangre.

– Gracias por venir Gohan, así me ahorras la molestia de tener que buscarte–comenta Vegeta mientras se sacude el polvo de sus ropas–los dos traidores, padre e hijo compartirán una linda tumba familiar.

– La única tumba que se cavará será la tuya…

– No tienes el poder para matarme, eres una basura al igual que tu patético padre…me da asco al verlo, no sólo traicionó a su raza al unirse a los rebeldes, sino que procreó a una bestia híbrida con una humana–habla con desprecio en su tono de voz–pero cuando sepa su ubicación lo eliminaré.

– No hace falta buscarlo, él está muy cerca.

– ¿Qué?

– Ahora lo sé todo Vegeta, incluso sé cosas que tú no sabes…y una de esas cosas es dónde está Marcus–le responde.

– ¡Ehhh!

– Eres la persona más ciega del mundo, durante años Marcus estuvo frente a tus ojos, él te sirvió, se arrodilló varias veces ante ti, pero nunca lo notaste.

– No entiendo lo que dices…un momento–lentamente abrió sus ojos aún más– ¡no me digas que!

– Correcto Vegeta, yo soy Marcus y soy un semisaiyajin…por muchos años lo desconocí pero ahora lo sé.

El Rey guardó silencio, mientras asimilaba todo.

– ¿Qué se siente ser el Rey, y ser humillado por un par de soldados de clase baja?... ¿qué se siente ser tan estúpido como para no darse cuenta de todo?

Temblando no por miedo sino por la rabia, el saiyajin extendió su mano hacia ellos.

– ¡Ataque Big Bang! –usando una de sus emblemáticas técnicas, intentó silenciar para siempre a Marcus…o como prefiere hacerse llamar, Gohan.

– ¡Ahhhhhhhh! –cuatro rayos más salieron desde el cielo, y entre los cuatro interceptaron el ataque de Vegeta.

Gohan sonrió al reconocerlos, su tío y amigos estaban vivos.

– Kakarotto, estás hecho un desastre.

– A mí también me alegra verte–respondió con sarcasmo.

– Kaden…

– Hola Gohan.

– Me alegra verlos con vida a todos.

– Me encantaría que charláramos, pero tendremos que dejarlo para después–Nattan los interrumpe, para señalarles a Vegeta quien sigue de pie.

– ¡Así que todos me traicionan, pues entonces morirán juntos! –el Rey se colocó para preparar su mejor técnica, con sus brazos extendidos comenzó a incrementar su poder.

La tierra temblaba y las rocas flotaban, ante tanto poder el cielo se abrió y las nubes se despejaron. El rastreador que Kaden llevaba no soportó y estalló, ese era el verdadero poder de su Rey.

– ¡Hay que irnos de aquí! –Raditz vociferó.

– ¡Ahhhhhhhh! –Vegeta luego llevó sus manos hacia delante, y entre sus dedos se formó una esfera de poder, cuya luz era tan intensa que cegó al mismísimo sol.

– Es como el Taiyoken pero mucho más intenso–dijo Gohan al no poder ver nada por la luz.

– ¡Los mandaré a todos al infierno! –Los demás sólo atinaron a cubrirse con sus brazos– ¡Resplandor final! –gritó antes de lanzar su técnica.

Extrañamente el súper ataque nunca los golpeó, la luz se fue debilitando y el ki enorme de Vegeta se hizo pequeño de un segundo a otro. Kakarotto recuperó la visión, y frente a él vio a su enemigo tirado en el suelo revolcándose del dolor. Gohan lo divisó también, pero otra cosa que vio fue que el cielo tomaba un inusual color verde.

– ¿Qué le pasa? –dijo Kaden.

– ¡Es Orión, al fin activaron a Orión! –Kakarotto respondió.

– ¡Ahhh! –Gohan se volteó, su tío estaba igual que Vegeta.

– ¡Rápido, hay que cortarle la cola! –Sin entender del todo, Galvan fue hacia Raditz y le arrancó la cola– ¡sin la cola somos inmunes a Orión!

Lejos de allí, los Ozarus se vieron igualmente afectados. Seesh miró como el Ozaru que estaba a punto de aplastarlo caía de espaldas, los otros saiyajin también colapsaron. Los rayos Bruits negativos alcanzaron la Tierra con éxito, los cuales ionizaron las partículas de la atmósfera terrestre haciendo que se creara una aurora boreal en todo el globo.

En toda la Tierra los saiyajin caían de rodillas, un dolor inexplicable les retorcía las entrañas. Vegeta sentía como si le fuera a estallar el corazón, era una sensación terrible. Muchos no soportaron y fueron cayendo sin vida, otros intentaban levantarse pero no lo lograban. Mientras tanto la nave rebelde tenía energía suficiente para otro disparo, y sin dudar lo hicieron.

Los humanos miraban perplejos como los seres que los esclavizaron morían, no entendían cómo pero se alegraban. Vegeta escupía sangre sin parar, qué diablos le pasaba. Su pulso se elevó por las nubes, sus venas y arterias se hinchaban, había perdido el equilibrio, no podía respirar. Pero su orgullo lo obligó a ponerse de pie, tambaleante voló a donde sea sin embargo no llegó muy lejos.

Kakarotto vio como el cuerpo de Vegeta se estrellaba en la lejanía, y no lo vio levantarse. Cuando el cielo recuperó su color natural, los rebeldes vieron los cadáveres de sus enemigos esparcidos por el suelo. Incrédulos los nameks fueron a examinarlos, no tenían pulso ni aliento. Sus miradas se cruzaron, humanos, nameks y leireanos…todos gritaron extasiados.

– ¡Están muertos, los muy malnacidos están muertos! –un leireano dijo con voz alta.

Los lagartos del planeta Leire comenzaron a tomar los cadáveres, los lanzaban por los aires, los desvestían despojándolos de sus armaduras, les escupían y los insultaban.

– ¡Aún no celebren! –Picorro les arruinó la fiesta–recuerden que aún hay saiyajines en colonias en otros planetas, matamos a los de este mundo pero todavía nos faltan muchos.

– Busquemos a Kakarotto–Neil le propuso y él aceptó.

Un humano primitivo caminó hacia un saiyajin muerto, al verlo de cerca miró al cielo sin poder decir palabra alguna. Sus antepasados habían sido vengados, ahora él y sus futuros descendientes podrán decir con seguridad que ese planeta era suyo. Luego de veinte años, la Tierra regresaba a manos humanas.


– ¡Lord Balkan, nos informan desde la Tierra que Orión funcionó…los saiyajin están muertos!–dijo emocionado el soldado rebelde.

Todos en la nave celebraron el logro, alzando los puños en señal de victoria festejaron la caída del imperio. Lo que sobrevivió de la flota tomó rumbo al planeta, la energía en la nave estaba en niveles críticos. Haber disparado a Orión dos veces redujo sus capacidades, haciendo que funcionara con la energía auxiliar.

Mientras tanto en el tercer planeta, los rebeldes incineraban los cuerpos de los saiyajin limpiando aquel mundo de ellos. Neil y Picorro encontraron a los demás, estaban heridos y agotados pero al menos con vida. Raditz con calma se puso erguido, el terrible e inesperado dolor se había ido pero aún se sentía algo mareado.

Kaden y lo que sobrevive de su destrozado equipo se vieron sin decir nada, habían nacido y vivido en ese planeta, pero ahora se sentían como unos extranjeros en su propia tierra. Ya no podían vivir allí más, tenían que buscar su propio destino. Gohan se dirigió a ellos al verlos solos, con honestidad les reveló todo sobre el deceso de Lime.

Sus compañeros no lo creyeron al principio, Gohan les explicó con detalles todo desde el principio. Para nadie era un secreto la loca obsesión de Lime con él, así que comprendieron cuando él la rechazó, pero lo que sí los asombró fue saber que Gohan se había emparentado con una humana y que esta estaba embarazada.

En una pequeña deliberación condenaron la muerte de Lime, aunque aceptaron que ella misma se encaminó a tan fatídico resultado. Gohan aseguró que siempre cargará su muerte en la conciencia, y que nunca la olvidará. Los cuatro reunidos llegaron a un consenso, su escuadrón ya no existía más, el equipo que Nappa formó años atrás se disolvió.

Al ver caer el sol en el horizonte, los rebeldes se reunieron para pasar la noche. Picorro tenía razón, no había nada que celebrar, había muchos otros planetas ocupados que esperaban por ser liberados, mañana otra batalla comenzará para ellos. Sin embargo mientras unos cierran los ojos, otra persona los abre.

Tirado, levemente herido y muy furioso. Así estaba Vegeta al despertar, su muerte estuvo a milímetros de él, pero se niega a morir. Cuando Orión surtía efecto en él, escuchó lo que Gohan dijo:

– ¡Rápido, hay que cortarle la cola!

Con dificultad vio que a Raditz le arrancan la cola, siendo un hombre astuto y sumamente inteligente entendió todo en segundos. En ese momento salió volando y al comenzar a descender él se amputó su propia cola, cuando se estrelló perdió el conocimiento por unas horas. Pero al librarse de los rayos de Orión, logró sobrevivir.

Vegeta rió al sentir que su poder regresaba a la normalidad…y mucho más. Cuando un saiyajin se recupera de estar al borde de la muerte, su poder aumenta. Como una bala despegó, y desde el cielo nocturno vio una leve luz en medio de la oscuridad de la Tierra. Al verse solo dedujo que era el único que quedaba, era él solo contra los rebeldes.

Pensó continuar donde estaba antes de ser atacado por ese dolor misterioso, lentamente preparó de nuevo su mejor técnica. La luz que creaba pronto despertó a algunos humanos que dormían, ellos reconocieron su ki maligno. El viento soplaba con violencia y se arremolinaba por culpa de su poder, pronto los demás rebeldes se dieron cuenta de todo.

– ¿Cómo es posible que aún siga con vida?

– ¡Debería estar en el otro mundo!

– ¡Ese desgraciado es invencible!

– ¡Despierten a los demás!

Una sádica mueca cruzó sus labios, su técnica estaba lista y no dudó en lanzarla.

– ¡Resplandor final! –su voz se escuchó en todas partes, y su monstruoso ataque cayó sobre el campamento compartido por los rebeldes y los humanos. Desde la órbita las naves vieron al planeta brillar como un sol en miniatura, la corteza terrestre se estremeció hasta sus cimientos. Muchos que aún dormían no esquiaron el ataque, ni siquiera lo sintieron, murieron desintegrados en segundos.

Varios nameks perecieron, junto a ellos fallecieron muchos humanos y leireanos. Kakarotto y su familia por poco y no lo logran, Kaden escapó de milagro pero vio morir a sus dos camaradas. Nattan y Galvan no lo consiguieron. El campamento donde horas antes habían convivido y compartido las mieles de la victoria, ahora se había convertido en un enorme cráter de varios kilómetros de diámetro, era como si un asteroide se hubiera estrellado.

Flotando entre las columnas de humo, los sobrevivientes miraban como una figura cubierta de luz iluminaba el cielo, era como si el sol hubiera salido en plena medianoche. Múltiples descargas de energía salían de la luz en dirección de los rebeldes, algunos las esquivaban mientras otros las rechazaban.

– ¡Kakarotto cuidado! –Raditz gritó, al ver como un rayo se acercaba por la espalda de su hermano menor.

– ¿Ehh? –él se volteó muy tarde, el ataque lo impactaría.

– ¡Ahhh! –Raditz empujó a su hermano menor, antes de que el ataque le atravesara la armadura de un lado a otro.

– ¡Tío Raditz! –Gohan vio paralizado como el cuerpo de su tío se precipitaba a tierra.

Tanto padre como hijo fueron hacia él, Kakarotto sostuvo con sus brazos a su hermano, quien escupía mucha sangre por la boca. Gohan cayó de rodillas a su lado, y luego dirigió una mirada enfurecida hacia el causante de todo quien seguía flotando en el aire.

– Raditz…

– Mi pequeño hermano menor, siempre fuiste muy descuidado con tu defensa–habla muy pausado.

– Hermano yo…

– ¡Acaba con él Kakarotto, actúa como un saiyajin, como lo hubiera hecho nuestro padre!

– El abuelo Bardock–Gohan dijo suavemente.

– Gohan, cuida al tonto de tu padre…

– ¡Raditz! –padre e hijo, lo vieron partir sin poder evitarlo.

Gohan con furia salió volando hacia Vegeta, pero no llegó muy lejos, Kakarotto le atrapó el tobillo para detenerlo. Si lo atacaba solo sería como haber aceptado la muerte, era una estupidez. Kakarotto miró a su hermano, suavemente lo acostó en el suelo. A lo lejos, una risa se escucha muy cerca.

– ¡Me alegra verte con vida insecto, así podré matarte!

– ¡Vegeta! –Kakarotto expresó apretando sus dientes.

– Papá mira.

Picorro iba hacia ellos para ayudar, Neil a la distancia siguiendo las indicaciones que Picorro le dio, evacuaba a los nameks que aún vivían, comprendían que enfrentar a Vegeta era la muerte. También aparecieron Kaden junto a Seesh, quienes se reunieron con los demás.

– No importa cuántos sean, igual los voy a matar–él observó como sus rivales se colocaban a su misma altura.

Kakarotto, Kaden, Picorro, Seesh y Gohan lo rodearon, el Rey sin reino permaneció estático al ver a sus enemigos tomar posición. Sin avisar, Vegeta elevó su poder provocando una corriente de viento muy fuerte que los expulsó lejos de él. Sin detenerse voló hacia Kaden y lo tomó por su cabello, para luego estrellarlo contra el piso.

Kaden rebotó levemente hasta quedar inmóvil, Gohan mientras tanto se lanzó contra Vegeta, pero al estar cerca de él fue recibido por un puñetazo que lo mandó a volar. Vegeta aterrizó al lado de Kaden y apuntándole con su mano le disparó, la explosión lo hizo ser sepultado en el suelo. Sin que lo notara gracias a su camuflaje, Seesh se le acercó por un costado para conectarlo en el rostro.

El saiyajin y el leireano comenzaron con un intercambio veloz de golpes, aunque Vegeta poco a poco le llevaba ventaja. Kaden resurgió para contraatacar y ayudar a Seesh, pero el saiyajin Vegeta bloqueaba a ambos guerreros. Para quitárselos de encima, al lagarto lo despachó con un rodillazo al vientre, y a Kaden con una patada al pecho.

Al ver sus oponentes temporalmente indefensos, Vegeta arremetió contra ellos con puñetazos a una velocidad vertiginosa. Los dos parecían muñecos de trapo, los golpes con su fuerza y su rapidez no les daban tiempo de mover ni un dedo. Ambos terminaron cayendo al suelo, cubiertos de heridas y de rocas.

– Kakarotto, terminemos con lo que empezamos.

Kakarotto miró al namek y a su hijo, con sólo la mirada entendieron lo que él quería. Parecía un suicidio, pero el compañero de Milk se enfrentó solo a Vegeta, apenas si le podía seguir el ritmo. Los dos saiyajin aparecían y reaparecían en un sitio y después en otro, Vegeta posó su mano en la cara de Kakarotto sólo para poder lanzarle una ráfaga de ki, que le quemó parcialmente el rostro.

– ¡Papá! –Gohan gritó ante la impotencia, no soportó más y fue en su ayuda.

– ¡Muere Kakarotto! –Vegeta volvió a lanzarle uno de sus poderes, pero Gohan con un manotazo consiguió desviarlo.

– ¿Papá estás bien?

– Sí, cansado pero bien.

El ki de Vegeta no había disminuido nada, su poder se mantenía estable y a un nivel más alto que el de los demás. Los restantes rebeldes que aún vivían, se dieron cuenta de que no eran rivales para él. Los humanos comprendieron que eran nada en comparación con Vegeta, así que lentamente se retiraron del área de la lucha.

– No sé qué cosa hicieron para matar a los demás, pero a mí me hizo más fuerte–Vegeta se jactó de su fuerza–se los demostraré desmembrándolos pieza por pieza… ¡vamos peleen, este lugar será su tumba!

Los demás sólo permanecieron en silencio.

– Bueno, sino vienen a mí yo iré a ustedes–y con eso desapareció.

Gohan sintió su ki demasiado tarde y no pudo reaccionar, en un pestañeo Vegeta reapareció frente a ellos y con sus brazos estirados los enganchó por el cuello, sin soltarlos continuó volando atravesando varias montañas hasta dejarlos incrustados en una.

– ¡Makankosappo! –el namek salió desde las sombras, y empleó uno de sus mejores ataques. Vegeta no se movió y recibió el golpe, sin embargo no recibió daño alguno.

– ¡Ataque Big Bang! –el saiyajin respondió, Picorro cruzó sus brazos para resistir el ataque. Pero este alcanzó a lastimarlo, amputándole los dos brazos.

Vegeta miró a sus alrededores, todos sus enemigos estaban tirados en el suelo con heridas. Mientras cruzaba los brazos al aterrizar cerca de Picorro, recordó a las esferas y la posibilidad de ser inmortal.

– ¿Dónde están las esferas? –le preguntó al sangrante namek.

– ¡Vete al diablo!

– ¡Dónde están! –él colocó su pie en el pecho del hombre verde, y con calma comenzó a hundirlo en su cuerpo.

Picorro no respondió.

– ¡Dónde están! –cuestionó más encolerizado.

Al no recibir respuesta alguna, lo pisoteó una y otra y otra vez. Pero de la boca del namek, lo único que salió era sangre. Como consecuencia de los fuertes pisotones, el cuerpo de Picorro se fue hundiendo en el suelo rocoso que se fue agrietando. Luego de lo que pareció una eternidad, las arremetidas del saiyajin cesaron.

Se agachó con impaciencia y lo tomó del cuello, al cargar ese moribundo namek le preguntó una vez más:

– ¿En dónde se encuentran las esferas del dragón?

Picorro parecía estar inconsciente, pero sorprendiendo al saiyajin abrió su boca y de allí un rayo de energía pura dio de lleno contra Vegeta. De sus heridas su sangre púrpura salía sin parar, pese a eso con un gran grito dos brazos nuevos salieron para reemplazar los perdidos. Sin dejar pasar la oportunidad, el namek fue ayudando a los demás a levantarse mientras soportaba su propio dolor.

– ¡Así que se esconden, bueno juguemos a las escondidas!

– No tardará en encontrarnos–Seesh les dijo.

– ¡Sino salen haré volar en pedazos este lugar!

Gohan escondido detrás de una roca vio que Vegeta los buscaba por todas partes, eso le hizo pensar en algo. Al mismo tiempo el lagarto leireano pensaba algo parecido, al final los dos intercambiaron miradas.

– Vegeta no sabe sentir presencias, si lo atacamos desde las sombras no nos verá.

– ¿Qué tienes pensado hacer Gohan?

– Seesh y yo lo distraeremos, ustedes preparen su mejor ataque y cuando estén preparados elimínenlo.

– Si esto no funciona, nos matará–Kaden habló desanimado.

– No moriremos–Kakarotto le replicó.

Gohan creó dos esferas de energía en sus manos, luego las lanzó al aire y al concentrarse en ellas logró controlarlas a distancia. Era el Sokidan, una de las varias técnicas que Videl le enseñó tiempo atrás. Vegeta vio un par de destellos volar, de inmediato comenzó a dispararles creyendo que eran los demás. Mordió el anzuelo, había caído en la trampa.

Seesh usó su camuflaje y se abalanzó contra el saiyajin, el leireano lo atacó con todo lo que tenía pero no surtía efecto. Gohan controló las bolas de ki para que chocaran con Vegeta, dándole la oportunidad a Seesh de usar sus garras, con ellas alcanzó a abrirle una que otra herida pero con eso no lo mataría. Vegeta le dio un derechazo directo al estómago, con un sólo pero potente golpe lo derrotó.

– ¡Lagartija asquerosa, vete al otro mundo!

– ¡Kienzan!

Cuando Vegeta se disponía a matar a Seesh, un disco cortante le pasó muy cerca de la cabeza. Gohan le salvó la vida al leireano, Seesh perdió el conocimiento y cayó a tierra. Vegeta se llevó una mano a la mejilla, su sangre real salía de un corte leve, sino se hubiera movido a tiempo, ese disco lo habría decapitado.

– Tengo que distraerlo–en su otra mano creó otro Kienzan, con los dos discos atacó al monarca. Viendo con el rabillo del ojo, se dio cuenta de que su padre y los demás no estaban listos.

Continuó persiguiendo a Vegeta, pero éste escapaba muy fácilmente. Gohan abandonó los discos para luchar directamente, simultáneamente a que lo hacía los Kienzan permanecían inmóviles esperando cualquier indicación de su creador. Las explosiones en el cielo eran causadas por la paliza que él recibía, Vegeta lo apaleaba sin piedad alguna.

– ¡Hay que ayudarlo o lo matará!

– ¡Aún no, sólo aguarden un poco más!

– ¡Picorro, Vegeta matará a Gohan!

– ¡Maldita sea!... ¡todos juntos!

Los tres se colocaron de tal forma que sus manos se unieron, en ellas todo su ki se concentró para formar un ataque de gran poder. Gohan a lo lejos sintió la energía, con la fuerza que le quedaba apareció a espaldas de Vegeta y se enganchó a él. No lo dejaría moverse.

– ¡Suéltame sabandija!

– ¡No!

– ¡Es ahora o nunca!... ¡aaahhhhhhhhhh!

Un enorme destello se produjo en la Tierra, las naves en órbita fueron capaces de verlo. El rayo energético subía veloz contra Vegeta, Gohan se aferraba a él, eran segundos decisivos. Las pupilas del Rey se abrieron, cuando vio lo que se le veía encima. Gohan lo soltó segundos antes del golpe, y éste dio contra su blanco.

– ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhh! –Vegeta gritó al ser impactado, su silueta se difuminó entre tanta energía de ki. El rayo continuó subiendo hasta salir del planeta, para perderse en el vacío del espacio.

La noche recuperó su oscuridad, y el silencio misterioso los rodeó. Kaden, Gohan y Picorro cayeron al suelo, estaban muy exhaustos. Kakarotto seguía de pie, pero las piernas le flaquearon y cayó arrodillado.

– ¡Esto se terminó!

Goku como lo llama Milk, se arrastró hacia su hijo. Los dos sonrieron tranquilos, la pesadilla se acabó.

– ¡Esto tiene que ser una broma!

– ¿Qué pasa Picorro?

– ¡Él…él…él!

Con su agudo oído escuchó como algo caía hacia ellos, era como si fuera inmortal. Con su armadura y demás ropas destruidas, con su cabello incinerado, con sangre cubriéndolo, pero con el orgullo intacto. Vegeta caía hacia ellos, ya no le importaba nada, sólo quería matarlos cómo fuera.

– ¡Ahhhhhhhhhhhh! –su rostro era el de un demente, sus ojos estaban en blanco, su saliva se escapaba de su boca abierta. Con el poder que le quedaba formó una burbuja de ki, esta eran tan poderosa que estallaría el planeta entero al chocar.

– ¿Acaso no hay nada que podamos hacer?

No se podían mover libremente, ninguno podía luchar cuerpo a cuerpo. Arrodillado y sintiéndose derrotado alzó la vista al cielo, y vio un par de pequeñas luces. Eran los dos Kienzan de Gohan, aunque se desvanecían lentamente eran aún utilizables. Kakarotto recordó en ese momento cuando su hijo intentó enseñarle dicha técnica en el planeta Romulus, la había practicado muy poco pero creía poder usarla.

– Gohan despierta, necesito tu ayuda.

– ¿Qué?

– Usa esa otra técnica, la que ciega al rival…tengo una idea.

– ¿El Taiyoken, para qué?

– ¡No hay tiempo, sólo hazlo!

Al mismo tiempo que Gohan ponía sus manos frente a su rostro, Kakarotto extendía su mano hacia uno de los Kienzan. Con una inusual calma ante la inminente muerte, se apoderó del control del disco. Su dominio sobre el disco de energía era poco, así que rápidamente lo lanzó contra Vegeta.

– ¡Taiyoken!

Todo se volvió luz, y nadie pudo ver nada. Vegeta perdió la visión, eso hizo que no viera el disco que se le acercaba a gran velocidad. El Kienzan creado por Gohan pero lanzado por Kakarotto lo atravesó, el disco lo cortó de manera diagonal, partiéndolo en dos. Vegeta ni siquiera se dio cuenta de nada, murió en el acto sin sentir dolor. Fue un corte limpio y preciso.

Kakarotto y los demás se desmayaron minutos después, lejos de ellos las dos mitades de Vegeta cayeron. El hombre que deseaba ser inmortal, que anhelaba reinar para siempre, y nunca conocer a la muerte en persona…finalmente vio su sueño truncado, al final como a todo ser vivo la muerte llegó para reclamarlo.


– ¿Dónde estoy?

Sombras y siluetas distorsionadas, eso era lo que sus ojos le mostraban. Desconocía su ubicación, la desorientación lo reinaba. Las formas desfiguradas fueron tomando el aspecto de dos mujeres de cabello negro que le sonreían, su visión borrosa se fue haciendo nítida hasta reconocerlas.

– Mamá, Videl.

– Hijo.

– ¿Y papá?

– Aquí estoy.

Gohan se volteó y vio a su padre acostado en otra cama, una suave mano le acarició el rostro. Unos ojos azules le miraban llenos de paz, todo se terminó, realmente se terminó. Ella se inclinó para besarlo, mientras él le acariciaba el vientre. Un namek llamado Dende con sus poderes de curación sanó a los guerreros, habían estado así por dos días enteros.

Cuando Vegeta fue finalmente derrotado, los rebeldes los buscaron sin éxito hasta que al fin los hallaron. Videl y su suegra al saber las noticias de la victoria, volaron hacia la Tierra llegando horas después. La tribu de la ojiazul al verla celebró su embarazo, la raza humana tenía esperanza. Era la oportunidad de comenzar de nuevo.

Los nameks con tristeza admitieron que sus esferas no eran perfectas, estas no podían resucitar a un gran número de personas, estas fueron sus palabras al escuchar las peticiones de Lord Balkan para resucitar a todos los inocentes asesinados por los saiyajin. Lo que sí cumplieron las esferas, fue restaurar los daños ocasionados por la batalla final, pero sin regresar las edificaciones saiyajines destruidas.

Gracias a eso, los humanos podrían reconstruir su mundo a su manera. Milk se asombró al ver a los otros humanos, verlos vestidos con ropa rudimentaria, verlos vivir en chozas hechas con ramas. Esa no era la humanidad que conocía, una humanidad acostumbrada a los lujos y comodidades tecnológicas.

Kakarotto y su hijo al estar recuperados sepultaron el cuerpo de Raditz, también con la ayuda de Kaden escavaron tumbas simbólicas para Nattan y Galvan al lado de Lime, sus cuerpos fueron desintegrados por el Resplandor final de Vegeta, dejando nada para enterrar. Sin embargo, se les rindió tributo.

La Resistencia por su parte reparó a Orión, y se preparó para eliminar a los saiyajin que estaban en otros planetas. Los nameks, los leireanos y demás rebeldes partieron, dejando detrás de ellos un mundo liberado. La primera piedra en el camino de la libertad fue colocada, pero faltan muchas más.

Y los meses pasaron volando.


Los humanos estaban reunidos alrededor de la choza, desde adentro los gritos y quejidos de la mujer eran escuchados. Milk no había estado muy de acuerdo que Videl diera a luz en tal lugar, pero la joven madre quiso hacerlo rodeada de las personas que la vieron crecer, rodeada de su gente…su tribu.

Dos parteras la atendían, como en la tribu se acostumbraba. Gohan aguardaba desde las cercanías, sus padres y su viejo amigo Kaden le daban apoyo. El llanto del bebé resonó de repente, él tremendamente ansioso se levantó y entró en la cabaña. Una agotada y adolorida Videl respiraba con problemas, Gohan sonrió tranquilo al ver a su compañera y al hijo que procrearon llenos de vida.

Pero al sostener a su hijo notó un pequeño gran detalle, no es hijo…sino hija. Era una niña, la pequeña con sus ojos negros miró al rostro de su padre que le sonreía. Gohan sintió algo aferrarse de su muñeca, la cola de la bebé era la que se sujetaba a él demostrando su herencia saiyajin. Videl extendió sus manos, él le entregó a la recién nacida a su madre, quien la besó dándole la bienvenida al mundo.

Milk no aguantó más y corrió hacia la choza, su nieta frente a ella le llenó los ojos de lágrimas por la alegría. Una de las parteras le dio una semilla del ermitaño a Videl, el dolor y el agotamiento por el parto se hicieron humo en segundos. Kakarotto vio reflejado su esfuerzo, fue un padre que debió ocultarle la verdad a su hijo por años, con dolor lo hizo creer algo que no era. Y ahora, mirando la sonrisa de su hijo al sostener a su propia hija, vio que todo valió la pena.

– Goku y yo quisiéramos decir unas palabras–Milk dijo a los demás, quienes asintieron con la cabeza.

– No dijimos nada porque no deseamos abrumar a Gohan–el semisaiyajin arqueó una ceja–pero ahora que nuestra nieta ya nació, podemos decirlo–Kakarotto se detuvo para mirar a su compañera, quien llevó sus manos a su vientre.

– Gohan, estoy embarazada…tendrás un hermano o hermana–la humana le sonrió.

– ¡Ma…ma…mamá! –Él no lo creía– ¡papá!

– Nuestra familia sigue creciendo hijo.

Si la celebración era grande, pues ahora era enorme. Videl y Gohan nombraron a su hija Pan, siendo ella al igual que su padre un híbrido humano-saiyajin. Los dos se mudaron a la casa que Gohan tenía, la primera vez que Videl entró allí lo hizo como esclava pero ahora lo hace como dueña del lugar. Ambos aprenderían juntos los misterios de ser padres, de ser compañeros, de ser un todo. La había comprado por un puñado de monedas de oro, pero ahora ella es invaluable para él.

"¡Eras mi esclava, pero ahora yo soy tu esclavo!"–pensó al verla alimentar a Pan.

Milk y Kakarotto se fueron a vivir a una montaña lejana, allí encontraron la paz que por veinte años no tuvieron. Los humanos por su parte, lentamente repoblaron el planeta. Tardarían muchos años en recuperar el nivel tecnológico y social que antes tenían, pero eso no los hizo retroceder en su avance. Pronto abandonarían las selvas y cuevas, las ciudades se edificarían de nuevo con el tiempo.

– Gracias por venir Gohan.

– ¿Qué pasa Kaden? –él le pregunta.

– Te llamé para decirte que me voy, ya no me siento a gusto en la Tierra.

– ¿Por qué?

– Nuestro equipo ya no existe, tú has formado tu propio camino, tienes una compañera y eres padre–alegó el saiyajin–pero yo no tengo nada, y al ver como los humanos se dispersan por el mundo me siento fuera de lugar…debo irme.

– ¿Adónde irás?

– No lo sé, pero confío en forjar mi destino como lo hiciste tú…yo no dejaré de entrenar, me haré más fuerte y cuando haya formado mi vida, regresaré para que terminemos nuestra vieja pelea.

– ¿La que terminó en empate en la academia?

– Sí, debe haber un ganador…así que entrena mucho Gohan porque seré más fuerte que tú.

– Eso lo veremos Kaden, eso lo veremos.

Los dos se estrecharon las manos como despedida, Kaden saludó las tumbas de sus camaradas caídos: Lime, Galvan y Nattan, había escogido ese lugar a propósito para hablar con Gohan. Kaden le dio una última mirada a Gohan, quien lo vio subirse a su nave de forma redonda. La esfera despegó para perderse en el cielo, el semisaiyajin resopló al no poder verla más.

Volando de regreso a casa, Gohan recordó lo cruel de la guerra. La guerra causó la muerte de familiares y de buenos amigos, y allí rodeado de nubes prometió nunca más pelear en una guerra, sin un motivo real que lo justificara. Las antiguas colonias saiyajin eran destruidas una a la vez con la ayuda de Orión, así que esperaba que no fuera necesaria su intervención.

Gohan voló hasta desaparecer en la lejanía, la experiencia de ser padre y criar a una hija era nueva para él, pero con ilusión asumió el desafío. Y dentro de unos meses su hermano nacerá, dándoles la oportunidad a sus padres de criar a su segundo hijo juntos, y no separados a millones de kilómetros de distancia. Era una vida que merecía ser vivida, una vida sin batallas decisivas.

El universo se expandirá infinitamente y continuará creando galaxias, estrellas y planetas nuevos. Nuevas formas de vida evolucionarán para reemplazar a los seres que se extinguen, el proceso de la vida se repetirá como lo ha hecho por millones de años. Nuevos amigos y enemigos nacerán, todos conviviendo juntos en el mismo universo sin importar la distancia entre unos y otros. No estarán solos.

Y así fue, como la acción de la gravedad imperturbable y eterna, continúa haciendo que aquel tercer planeta azul...gire alrededor de su estrella sin detenerse.

Fin

Primero que nada, les pido disculpas a todos por haberme demorado tanto tiempo en actualizar. Mi trabajo me absorbió por completo en los últimos meses, cosa que me impidió totalmente escribir. Les doy las gracias a todas las personas que leyeron, a todas por igual, a quienes dejaron comentarios apoyándome y a quienes no lo hicieron.

Como ya leyeron, en Romulus agregué temas que no son originarios de DBZ. Por mencionar un ejemplo: el caso de batallas espaciales entre naves. Con esta historia quise agregar pequeños detalles de ciencia ficción, ya que éste género siempre me ha encantado. Y así se me ocurrió la idea de Orión: ¿y sí hubiera una manera de eliminar a los saiyajin usando la tecnología sin necesidad de pelear?

También plasmé un detalle que siempre me pregunté: ¿cómo es posible que los humanos y los saiyajines se parecieran tanto físicamente si son de mundos diferentes?

Basándome en ese hecho se me ocurrió el relato sobre Marcus, el cual ya leyeron. En la historia se habla de mensajes enviados al espacio, esto no es invención mía es algo que ha sucedido en la vida real. En varias ocasiones se han enviados señales de radio al espacio exterior, así como mensajes en sondas espaciales como en las sondas Voyager I y II.

Otra cosa que traté de mostrar, fue cómo sería la vida de Gohan y Goku si hubieran vivido una vida al estilo saiyajin, usando armaduras y rastreadores; invadiendo planetas y conquistándolos. Esto, para alejarme un poco de la conocida vida terrícola que nos muestran de ambos en DBZ. Siento que tal vez este capítulo quedó un poco sobrecargado de peleas, pero al ser el último y sumándose la batalla final debía haber acción. Ahora debo terminar mis otros tres relatos inconclusos: El Príncipe Gohan, Ávalon y Amadeus.

Espero que sigan leyendo las locas cosas que se me ocurren, muchas gracias a todos y hasta la próxima.