Summary: Ella es afortunada, es una estrella, pero llora, llora y llora y su solitario corazón piensa: si no me falta nada en la vida entonces ¿por qué estas lágrimas vienen cada noche?

Disclaimer: La mayoría de los personajes son de mi adorada Meyer.


Lucky

Parte 01

Early morning, she wakes up: knock, knock, knock on the door

It's time for makeup, perfect smile; it's you they're all waiting for

They go…

"Isn't she lovely, this Hollywood girl?"


La hermosa, imponente, famosa y exuberante actriz: Rosalie Hale, saludaba con aire despreocupado y sonrisa perfecta a las cámaras televisivas. Ninguna otra en el medio era como ella, ninguna podía destellar de la misma manera, ninguna tenía esa penetrante mirada azulada y esos carnosos labios rosados. Ninguna otra actriz le gustaba más que ella.

Ninguna.

Emmett McCarty suspiró ante el televisor de la recepción de su trabajo y siguió limpiando —con energías renovadas—el piso de mármol. Sabía que soñar con su artista predilecta no era pecado, pero podía ganarse una buena reprimenda por parte de su jefe si lo cachaba en la lela frente al aparato televisivo.

Emmett era un chico común y corriente… más corriente que común para su desgracia; la falta de dinero en su hogar lo había llevado a hacer todo tipo de trabajo desde muy temprana edad. Desde trabajar en varios restaurantes de comida rápida hasta ser el lavaplatos del prestigioso hotel en el que actualmente se encontraba laborando.

"Bueno —pensó resignado—, por lo menos ya llegue a barrendero".

Hizo una mueca y se encogió de hombros sonriendo por haber visto a su adorada Rosalie Hale en la pantalla. Hacía poco que la rubia había hecho una película de una exitosa saga de vampiros y su fama se había acrecentado mucho más; gracias a eso salía a cada instante en los noticiarios y revistas de moda. "La mujer del momento" eran los titulares más sonados en los reportajes de su actriz predilecta.

—¡Hey tú! ¡Grandote! ¡Deja de babear! —le acusó la pequeña recepcionista de cabello corto y negro como la noche. Su ancha sonrisa sólo logró robarle una mayor a Emmett.

—Es imposible dejar de babear con semejante mujer, Alice. Por lo menos para mí, sí que lo es —confesó encogiéndose de hombros.

Alice se carcajeó de él. Emmett siempre la hacía reír… a ella y a todos por lo regular.

—Sí —dijo ella—, esa mujer debe tener en el trasero tatuada la palabra Lucky y un pacto con el diablo. Tiene demasiada suerte.

Emmett regresó la vista al televisor y volvió a perderse en los ojos azules de la mujer tras la pantalla.

—Sí —suspiró él—, es muy afortunada. Lo tiene todo.

—¡Y qué suerte que venga en unos cuantos días a nuestro hotel! ¿No lo crees?

A Emmett se le cayó la escoba de las manos y volteó a ver a Alice con rostro incrédulo.

—¿Qué acabas de decir?

—Que tu rubiecita viene en tres días.

—¿A este hotel? ¿Aquí?

—Sí —canturreó Alice, como si lo que dijera no fuera de mayor importancia—. Yo estoy a cargo de todo lo que conlleve su estancia en la ciudad, pero no puedes decírselo a nadie. No quieren que los medios se enteren, por eso todo está siendo manejado con toda la discreción posible.

Rosalie Hale, en el mismo hotel en donde él trabaja. Si su sonrisa era grande, la noticia la transformo en una enorme.

—Tengo que conseguir verla de nuevo —susurró Emmett sonriendo.

Rosalie Hale había sido su compañera de colegio cuando eran solamente unos críos. Siempre la había admirado; capitana de porristas, reina del baile, brillante en clase, sublime actriz en las obras teatrales. La mujer era todo un estuche de monerías.

Todavía recordaba la primera vez que se hablaron… y la única.

Emmett en ese entonces no era tan fornido ni musculoso y aunque hacía su mayor esfuerzo en el equipo de futbol, no era lo suficiente bueno como para que los populares lo tomaran en cuenta. Había sido a finales de mayo —lo recordaba bien porque estaban todos melancólicos por cursar el último día en aquel triste colegio—, Emmett se había agarrado a golpes contra un cretino que se burlaba de los rizos oscuros que se formaban detrás de su cabeza y de su ropa de segunda mano. En sí se estaba burlando de su pobreza. Emmett siempre había sido muy enérgico y buen amigo, pero no era de los que soportara burlas… no mientras pudiera defenderse. Le rompió la nariz a aquel cretino y le dejo un esplendido ojo cárdeno. Con lo que el chico bonachón no contaba era con que lo iban a reprender limpiando inmobiliario a la salida de clases y con que no podría asistir al baile de graduación. ¡Con lo que le importaba aquel baile! Todo mundo asistiría a pompearse delante de los demás con sus mejores harapos. Él no era un chico de dinero, su madre y apenas podía mantenerlo, así que de todas formas ya había decidido no asistir.

Estaba en el aula de teatro quitando chicles de debajo de los pupitres cuando escuchó un portazo e inmediatamente escuchó un sollozo. Como estaba hasta atrás del salón, la persona que había entrado no se había percatado de su presencia. El fornido se debatió internamente si exponerse delante de quien lloraba o mejor hacerse tonto y esperar a que se marchase. Pero cuando espió por debajo de las patas del mesa-banco y vio que era Rosalie Hale… no pudo evitar brincar.

—¿¡Quién está ahí! —gritó ella asustada.

Emmett se rascó la cabeza y levantó las dos manos, como si fuera un ladrón atrapado por la policía.

—Lo siento.

—¿Qué haces aquí? Las clases terminaron hace una hora —le acusó.

Aunque él podía haberle contraatacado con la misma pregunta, decidió simplemente contestarle.

—Estoy castigado y ando limpiando éste salón.

Los ojos de la rubia aún estaban inundados de lágrimas, pero eso no la detuvo para escrutarlo intensamente.

—¡Haz como que nunca me has visto así! Si me entero que le dijiste a alguien no vivirás para contarlo.

Emmett frunció el ceño, puso la mano extendida en su frente —simulando saludar a un general— y juntó los pies.

—Sí, señora. ¿Y no quiere de una vez que le dé un masaje en los pies?

El rostro sorprendido de Rosalie fue todo un poema. Emmett botó la carcajada y ella pareció enfurecerse.

—¿Qué es lo gracioso?

—Tú rostro.

—¿Desde cuándo mi rostro es gracioso? He escuchado a hombres decir que mi rostro es una oda la belleza, pero jamás que fuese un chiste.

—Quizás nunca te han visto bien.

Los ojos de Rosalie se entrecerraron con mayor intensidad y sus mejillas se encendieron.

—No puedo creer que me estés insultando. Ni siquiera nos conocemos.

—Pues qué raro. Llevamos juntos la clase de acondicionamiento físico, y que yo recuerde, te llegué a ayudar con tus ejercicios. Bueno… fue solo una vez.

La mirada de Rosalie se suavizó un poco. No había rastro de lágrimas.

—¿Cuál es tu nombre?

—Emmett. Emmett McCarty.

—Ros…

—Rosalie Hale —la interrumpió él—. Todos sabemos quién eres.

Ella sonrió con suficiencia y se acercó a él.

—¿Puedo saber por qué estás castigado?

—Por pelearme con el junior más grande de todos.

—¿Tú fuiste el que le partió la cara a Royce King?

—Sí. Ese malnacido me la debía. Tenía burlándose de mí toda la temporada.

Royce King era el quarterback del equipo de futbol, la estrella del colegio… el novio de Rosalie Hale. ¡Ouch! Lo había olvidado por completo.

Cerró los ojos esperando una reprimenda de la rubia, algo como: ¡Cómo te atreves a arruinar a mi pareja de baile a sólo un día! ¡Cretino, cerdo inculto! Pero en vez de eso escuchó un aplauso.

Emmett abrió los ojos confundido y vio a Rosalie sonriendo y batiendo sus palmas. Ahora fue ella la que se soltó a carcajadas.

—¿De qué ríes? —preguntó él, confundido.

—De tu cara.

—¿Ahora mi cara es la graciosa?

—Sí, y mucho —la rubia se acercó hasta él y le dio un beso en la mejilla—. Gracias.

El sonrojo que Emmett mostró sólo logro enternecer más a la popular Rosalie Hale y volvió a darle otro beso, pero en la otra mejilla. Emmett trató de reponer la postura. Ya de cerca, los ojos azules de la rubia parecían dos inmensos lagos.

—¿Puedo saber a qué se debe eso? —profirió él, confundido.

—A que por fin alguien puso en su lugar a ese idiota. Bueno, alguien más aparte de mí.

—¿De ti?

—Sí. Acabo de rematarlo, reventándole la boca con una bofetada —dijo y le mostró su mano enrojecida.

Emmett sonrió resplandecientemente.

—Con que… chica mala. ¿eh?

—Algo así —dijo ella, con una mirada un poco distante.

—¿Y se puede saber por qué le diste el pilón a ese junior?

Ella lo escrutó por un momento, pero después se encogió de hombros. ¿Qué podía perder?

—No pude… hacerlo.

El rostro confundido de Emmett le dio a entender que no estaba comprendiendo lo que le estaba tratando de explicar.

—Tú sabes —retomó ella—, ha-cer-lo —remarcó cada silaba—. No estaba lista y a él no le gustó mucho la idea. Acaba de dejarme y se burló de mí delante de todo el equipo de futbol y las porristas. Mi vida se ha ido por el caño en un abrir y cerrar de ojos.

Emmett empuñó las manos y sintió unas irrefrenables ganas de correr contra el imbécil aquel y partirle la cara… de nuevo. Pero se controló cuando vio a Rosalie Hale enjugarse las lágrimas de nuevo.

Sin poder evitarlo, Emmett estiró un brazo y juntó a la rubia a su pecho.

—No importa —dijo ella mojando la varonil camisa. De hecho, no parecía sorprendida cuando él la apretujó a su cuerpo—. Sé que valgo mucho, pero eso no quita que mi orgullo haya sido pisoteado.

Emmett posó sus dos enormes manos en el rostro perfecto de la diva y la vio ardientemente a los ojos.

—No dejes que el orgullo te haga sentir así. Menos mal que te diste cuenta de la clase de patán que es ese junior hijo de papi y no le entregaste lo más importante que tienes. Tu entereza como mujer —no sabía de dónde fregados se había sacado esas cursis palabras, quizás tanta platica con su madre de cómo tratar a las mujeres le había servido de algo después de todo—. Tú vales más que cualquier acostón en el asiento trasero del auto o a escondidas en algún cubículo de aseo. Tu eres hermosa, una especie de ángel y mereces que alguien te trate con el respeto que tú te mereces.

La mirada acongojada de Rosalie fue sublime. Incrédula contempló los ojos del fornido y vio en ellos que el chico no le mentía, que le hablaba con la verdad y con una moral que jamás creyó que un hombre de su edad poseería. ¿Un hombre que la mereciera? ¿Un hombre que la trate con respeto? ¿Un hombre quizás… como él?

Las lágrimas seguían en los parpados azules, pero ya no eran causadas por el imbécil de Royce King, esas lágrimas eran de Emmett McCarty, el primer chico que Rosalie, conocía que no le hablaba al oído sólo para internar acostarse con ella, era el primer hombre que la había dicho una realidad un tanto cursi, pero a fin de cuentas realidad. El mundo no se acaba con un cretino como Royce, el mundo sigue girando y ella se merecía algo mejor. A fin de cuentas esa era su política, ella se merecía todo.

Se separó del bonachón y le sonrió con todo su corazón.

—Acabas de hacerme entrar en razón. Gracias Emmett, en serio.

—Soy un hombre serio —bromeó él, sonriéndole.

—Tengo que irme, tengo clases de actuación en una escuela privada —se acercó a él y volvió a darle un beso en la mejilla y le dio la espalda. Llegó hasta la puerta y de repente volteó a verlo de nuevo—. ¿Iras al baile?

Emmett estuvo a punto de contestarle pero ella lo interrumpió.

—Estaré sin pareja… espero verte ahí —dijo y después salió del aula.

—¡Emmett! ¡Emm! —Emmett sacudió la cabeza y vio a Alice parada delante de él, agitando las manos delante de sus ojos—. Hasta que reaccionas, por un momento pensé que te nos habías ido.

—Lo siento, estaba pensando.

—En Rosalie Hale, supongo.

—Sí.

Alice negó con la cabeza sonriendo.

—¡Eres increíble! Sí que estás obsesionado con esa mujer.

Emmett rascó su cabeza un poco abochornado. Miró a su amiga con ojillos rogones y juntó sus dos palmas.

—Ayúdame para verla.

—No sé si…

—Ayúdame y te presento con Jasper Whitlock.

El rostro de Alice se iluminó y se llevó una mano a la boca.

—¿Cómo lo sabes?

Emmett se carcajeó y la apuntó con un dedo.

—Eres muy obvia. Cada vez que pasa a dejar un paquete te pones a brincar… más que de costumbre y te pones a hablar como loca… más que de costumbre también.

Ella abrió la boca para rebatirlo… pero no dijo nada. Emmett sonrió con suficiencia y se encogió de hombros.

—¿Entonces qué dices? ¿Aceptas o no?

Alice entrecerró los ojos y después de unos segundos estiró una mano. Él tomó la diminuta mano y la estrechó firmemente.

—Sólo acepto porque sé que ese hombre es "el hombre"

—¿El hombre? —preguntó Emmett con rostro divertido.

—Sí, él es "el hombre". Mi destino esta trazado con él a mi lado.

—Estás loca brujita.

Alice le sacó la lengua y quitó su mano de golpe.

—Tenemos un trato Emmett, pero tendrás que hacer todo lo que yo te diga, ¿de acuerdo?

—Sí.

El fortachón dio un último vistazo a la pantalla y suspiró feliz. Siempre había estado enamorado de la diva escolar pero creyó que su amor estudiantil se borraría con el paso de los años. Pero el ver a Rosalie Hale en la pantalla grande, las marquesinas de los cines, en los periódicos y hasta en las malditas cajas del cereal se lo hacía más complicado.

Miró de refilón a Alice Brandon —que había regresado al recibidor— y los dos asintieron en complicidad. Él le presentaría al repartidor de UPS: Jasper, y ella se encargaría de que pudiera ver a Rosalie Hale. Quizás y con un poco de suerte, ella lo reconocería.

Ojala… pensó Emmett tomando su escoba y retirándose al cuarto de empleados.

Ojala.


Hola a todas, aquí les dejo éste mini-fic que constará de 3 capítulos. Millones de besos y espero sueñen con el bombón divino de Emmett *0* Las amoooo.

Kokoro