Summary: Ella es afortunada, es una estrella, pero llora, llora y llora y su solitario corazón piensa: si no me falta nada en la vida entonces ¿por qué estas lágrimas vienen cada noche?

Disclaimer: La mayoría de los personajes son de mi adorada Meyer.


Lucky

03

Lost in a image, in a dream, but there's no one there to wake her up

And the world is spinning, and she keeps on winning, but tell me what happens when it stops?

They go…

"Isn't she lovely, this Hollywood girl?"


Estaba tan triste y decepcionado que de esa chica que solía brillar con luz propia no quedara ni una pizca, que tuvo que controlar el impulso de dejarlo todo y olvidarse de la frívola e insensible Rosalie Hale.

Escucharla en la limosina fue un ataque directo a sus recuerdos, pero verla a los ojos en la habitación y escucharla decir que nada era suficiente para ella, lo hizo hervir en lo más profundo de su ser.

Esa maldita mujer no era ni una pizca de lo que una vez había sido la estudiante Rosalie Hale.

Ella no era la mujer que él admiraba.

Era una mujer como cualquier otra del medio, una maldita ambiciosa y repulsiva. Podía seguir siendo una belleza, pero su alma estaba más podrida que nada.

Recargó su cabeza contra la puerta tratando de relajarse e intentando recopilar las suficientes fuerzas para soportar los escasos días que la haría de guardaespaldas. Escuchó el ruido del picaporte, se hizo a un lado y vio salir a la simpática representante que le decía algo a Rosalie desde la puerta. No le prestó atención y se mostró serio cuando la mujer pasó a su lado.

—Disculpa, Emmett…

Sacudió levemente la cabeza y miró a la representante de la muñequita de cristal. Ella le sonreía con picardía y lo observaba fijamente.

—Sabes… ella ha perdido la noción de lo que realmente vale la pena en la vida.

Frunció el ceño desconcertado y miró a la rubia mujer de cabello corto. No era tan hermosa como Rosalie, pero sin duda era muy guapa. Quitó un poco la rigidez de su cuerpo y se acercó levemente a ella.

—No tiene porque justificarla ante mí. Yo no soy nadie.

Y sí, eso era totalmente cierto, él no era absolutamente nadie más que un ex barrendero que había dejado tirado su trabajo para convertirse en un guardaespaldas de una semana o menos, todo para poder estar cerca de la diva del momento.

Era un soberano estúpido.

—Eres un apuesto guardaespaldas, si me permites decir.

Emmett le sonrió de lado. La chica le estaba coqueteando descaradamente y aunque era simpática y bonita… su corazón latía por la maldita bruja que estaba detrás de la puerta que vigilaba.

¿Qué idiota podía amar a un amorío de adolescente después de tantos años?

¿Qué idiota podía amar a tan frívola mujer?

Él, él era ese idiota.

—Tú también eres hermosa, si me permites decir —repitió él, sonriéndole.

Vera se mordió el labio y caminó dos pasos.

—No pierdas la cabeza con ella, sé que es pesada y completamente fastidiosa, pero es mi mejor cliente y está muy confundida con lo que a la vida se refiere.

—Sería bueno que alguien le enseñara un poco de la vida.

—Sí, sería bueno.

Vera se acercó a él y le puso una mano en el hombro.

—Si además de cuidar su espalda, cuidas su corazón, serás mi héroe.

Ahora sí que Emmett la vio extrañado y con ojos entrecerrados.

—Vi como la ves. Y déjame te digo que conociéndola… creo que a ella también le gustaste.

Sí claro, seguramente ella había quedado fascinada con su traje de segunda mano y sus lentes marca patito. O de seguro la rubia descerebrada creía que usaba calzoncillos de ositos cariñositos y ponys… cielos, eso de seguro era sexy para esa loca.

—Quita ese ceño fruncido —dijo Vera, regresándolo a la realidad—, es verdad lo que te digo. Me urge que Rosalie se divierta un poco y que pase un momento agradable. Si tú eres el encantador macho que lo logre, te estaré eternamente agradecida.

—Está bien, pero creo que mi trabajo era de guardaespaldas, no de gigoló semental a domicilio.

Vera se carcajeó y se talló los ojos.

—¡Para acabarla eres simpático! Si Rose no se aprovecha de ti, puede que yo haga mi lucha.

Sonrió un poco abochornado y sacudió la cabeza.

—Mi trabajo se limita a cuidarla.

—Y no espero menos —dijo Vera sonriente—, no espero menos.

Le dio la espalda y se fue hasta su habitación dejándolo solo y con una cara que reflejaba un semblante lleno de dudas.

¿Qué rayos había sido eso?

0*0*0

Terminó de ponerse el labial y aventó un beso al espejo. Salió del baño y fue hasta el balcón que adornaba su habitación. La vista no era muy llamativa pero se sintió bien al contemplar las luces de la ciudad. Era una noche agradable y el viento soplaba suavemente meciendo los pocos cabellos sueltos que se habían soltado de su coleta.

Cobró valor y se acomodó el escueto vestido rojo que había escogido para salir.

"Bueno, allí voy"

Entró a su recamara, se colocó la peluca castaña que tenía para situaciones especiales —esa era sin duda una situación especial—, tomó su pequeño bolso de mano y movió las caderas seductoramente hasta llegar a la puerta.

Cuando la abrió, echó un rápido vistazo y vio a Emmett recargado en la pared viéndola con rostro confuso. Ya no traía puestos las gafas y pudo ver claramente sus hermosos ojos.

Tenía que ser él. El parecido era increíble.

—¿Señorita Hale? —preguntó él con el ceño fruncido.

Sexy, sin dudas.

—Sí, soy yo.

Emmett la devoró con la mirada, eso sí, sin perder la pose de hombre fuerte y decidido.

—La peluca no me queda muy bien, ¿verdad?

—Creo que a usted todo le queda bien.

A Rosalie le complació escuchar ese comentario y le sonrió coquetamente.

—Eso es lo que todos me dicen.

—Supongo —dijo Emmett entre dientes.

Rosalie notó el disgusto en el varonil rostro. Se encogió un poco de hombros al no entender el porqué de su actitud y comenzó a menear las caderas con camino al elevador. Él marchó a su ritmo en cuestión de segundos.

—¿Puedo saber a dónde va? Debería de regresar a su habitación.

—Creí que sólo eras mi guardaespaldas, no mi carcelero.

Ella picó el botón del elevador y las puertas se abrieron. Se colocó en el centro del diminuto cuadrado móvil y vio complacientemente que él se colocaba a su lado.

—No quise sonar impositivo. Sólo me preocupa su seguridad.

—Y para eso le pago, debe de asegurarse de estar a mi lado, siempre. Parece ser bueno en su trabajo, y yo me merezco lo mejor. ¿Cree poder dar el ancho?

Emmett bufó mientras las puertas corredizas se cerraban.

—Lo mejor para la mejor.

Esa respuesta le gustó y sonrió seductoramente. Tan seductoramente que Emmett se estremeció de cuerpo entero y mejor se dedicó a verse las suelas de los zapatos.

Cuando el ascensor se detuvo, el musculoso guardaespaldas la siguió hasta la salida del hotel, no sin antes saludar desapercibidamente a la recepcionista que lo miraba con expresión pícara.

Rosalie le ordenó detener un taxi. Él no tenía ni idea de lo que la loca rubia se proponía, pero no le quedaba más que esperar a ver qué sucedía. Un taxi se detuvo minutos después y él en un gesto caballeroso le abrió la puerta. Cuando le ofreció la mano para que entrara, ella se la estrechó de una manera extraña y familiar, como si por un momento ella lo hubiera reconocido. Él se extrañó, pero se apuró para ir a acomodarse al otro lado de la famosa actriz.

Estaba seguro que ella no lo recordaba… ¿como iba a hacerlo si él era un don nadie y ella se merecía lo mejor? Los don nadie no entran en la categoría de "lo mejor".

—¿A dónde? —preguntó el taxista.

Ella en vez de responder, volteó a ver a Emmett y levantó una ceja.

—Dile a donde.

Emmett se quedó congelado sin saber que responder. ¿Era una maldita prueba por parte de la rubia? ¡¿Él qué carajos iba a saber a donde quería ir la loca esa?

Al ver que no contestaba nada, ella le puso una mano en la pierna.

Maldición, ese mero gesto lo había exaltado como si fuese un adolescente.

—Dile al taxista al antro al que me llevaras.

La miró con fijeza y ella lo miró con la misma fuerza. La rubiecita estaba jugando a un juego que él no comprendía y no sabía hacia dónde los dirigiría, pero ella era la jefa, así que volteó al frente con el taxista y dijo con voz fuerte:

—Al Eclipse.

El conductor asintió y puso el auto en marcha.

Ella se acercó al oído de Emmett y pudo oler la varonil fragancia que la hizo morderse los labios y saborearse al hombre en silencio.

—No me llames Rosalie Hale.

Él, que parecía congelado en el sitio, frunció el ceño.

—¿Puedo saber por qué?

—El chiste es andar de incógnita, si no ¿para qué me puse la peluca?.

—Cierto. ¿Y mínimo puedo saber cómo quiere que la llame?

Ella se lo pensó un momento con un dedo en sus labios. ¡Rayos, como deseaba ser ese dedo!

—Rose Cullen.

—¿Rose? ¡Qué original!

—¿Se le ocurre uno mejor?

Qué tal, víbora en traje de conejo. O, mamacita frívola. Cualquiera de los dos te viene a la perfección, así como ese escote.

—No, ninguno —respondió negando con la cabeza—. Supongo que la llamaré Rose —terminó volteando para susurrárselo muy, muy despacio al oído.

La escuchó tragar saliva y orgulloso infló su pecho. Menos mal que sí la podía hacer estremecer. Mediocre y pobre, pero con dotes para hacer temblar a la increíble diva del momento. Sonrió como niño.

Llegaron hasta el club nocturno que Emmett había escogido. Y él, como el caballero que era, la ayudó a bajarse, no sin antes darse una esplendida vista de sus kilométricas piernas.

Se maldijo así mismo. A pesar de darse cuenta de lo bruja que era, aún seguía latiéndole el corazón y no podía evitar sonreírle. Era un soberano idiota.

Avanzaron hasta entrar al club y trataron de hallar un asiento en el abultado sitio. El Eclipse, era el antro de moda, toda la crema y nata de la ciudad solía ir a ese sitio. Emmett no acostumbraba ir mucho a ese tipo de antros pero estaba familiarizado con el lugar. Alguna vez había ido a tomarse una que otra copa mientras se recreaba el ojo.

Entre el gentío encontró una mesa en la esquina y guió a la rubia actriz hasta ahí.

—Y ahora que estamos aquí, ¿qué?

—¿Qué de qué? —preguntó ella sonriente y con una ceja levantada.

—Sí, quisiera saber que haremos aquí.

—Pues yo pienso beber y bailar. No sé tú.

—¿Sola?

—¿Qué no se supone que para eso estás conmigo?

—Se supone que yo soy su guardaespaldas, yo estoy aquí para cuidarla. No para tomar y bailar.

—Es una lástima.

Rosalie le sonrió un momento y después llamó a un camarero para que le trajera una botella de vodka y una jarra de jugo de naranja. La música resonaba fuerte y ella ya no sabía cómo acercarse al musculoso guardaespaldas. Parecía que él estaba muy en su papel de guardaespaldas, pero estaba segura que era su Emmett, era el mismo chico que con palabras bonitas le había hecho triunfar y ser desdichada. Se tomó varias copas y se meneaba al ritmo de la música mientras que su acompañante la miraba parado y cruzado de brazos.

—¡Oh, vamos! ¡Venga y tómese una copa! ¡Realmente me está haciendo sentir como si estuviera sola!

Él levantó una ceja y la vio con una sonrisa burlona.

—Creí que ya había quedado claro que yo era el guardaespaldas. Estoy trabajando.

—Pues se supone que usted debe de obedecerme ¿no es así?

—Sí —gritó para que ella alcanzara a escucharlo—, supongo que sí.

—Pues bien. Le ordeno que tome a mi lado.

Emmett descruzó los brazos y se sentó a un lado de ella.

—Está bromeando ¿verdad?

—No suelo ser conocida por ser comediante.

Emmett enfrentó la azulada mirada unos segundos e inmediatamente tomó un vaso que la rubia había preparado momentos anteriores.

—Salud. Por la diva del momento —dijo Emmett y se empinó la bebida.

Ella le sonrió complaciente.

—Tómese otra —ordenó mientras la servía.

Emmett está vez no opuso resistencia. La tipa estaba loca y no valía la pena discutir más. A fin de cuentas la diva no iba a desistir hasta salirse con la suya. Tomó el nuevo vaso y volvió a beberlo de un trago.

—Muy bien. Hasta que lo hizo sin chistar —celebró Rose con una sonrisa.

—Supongo que está acostumbrada a que todo se haga como usted dice. No le da a los demás la oportunidad de decidir por sí mismos, así que para qué alegar con usted —dijo él, en cuanto dejó el vaso.

—No sé porque, pero eso me sonó a ofensa.

El ceño de la actriz se había fruncido y la boca estaba desdibujada en una mueca.

—Tómelo como quiera —dijo el guardaespaldas encogiéndose de hombros y sirviéndose otra copa. De nuevo, la tragó de un solo sorbo.

La rubia actriz estaba desconcertada. Quizás y se había equivocado, el Emmett que ella conocía era un caballero. Éste estaba al borde de convertirse en patán. Desilusionada se puso de pie y comenzó a menearse hacía la pista de baile.

—¿A dónde cree que va? —preguntó el musculoso, tomándola con fuerza del brazo.

—¡Suélteme! ¿A dónde cree usted que voy? ¡Voy a bailar!

—Puede ser peligroso, anda un poco tomada.

—Pues para eso lo tengo a usted, para que me cuide.

Jaló su brazo y él la soltó. Se dio la vuelta y en un caminadito muy digno se dirigió hacia el centro de la pista. Él venía detrás de ella.

¡Qué fastidio!

Se agachó y empujó a una que otra pareja para medio perderlo de vista. Estaba muy decepcionada de que nada saliera como ella había pensado. Había estado casi segura de que en ese ambiente, con una copita y solos, él le diría que era el mismo chico que había conocido en la preparatoria. Resopló molesta y vio por encima del hombro. Lo había perdido.

Sonrió con malicia y comenzó a bailar sola. Quizás y estaba medio loca pero se sintió extremadamente bien al dejarse llevar por la música. Sin cámaras y sin nadie que la estuviera atosigando, era como volver a sus inicios, se sintió libre. La peluca y la oscuridad de la noche eran buena compañía, sin duda. Vio a Emmett por encima del tumulto en varias ocasiones —era demasiado enorme como para pasar desapercibido— y corriendo, bailando y sonriendo como nunca se escondía para que no la encontrara. Era como jugar a las escondidas, claro que él no sabía que era un juego, ya que tenía el rostro totalmente afligido. Se sintió un poco culpable, pero se estaba divirtiendo muchísimo. Como hacía muchos años no lo hacía. Siguió moviéndose mientras el tic, tac del reloj seguía avanzando. Hubo varios chicos que bailaron con ella, pero a todos los dejaba botados porque corría para esconderse de su guardaespaldas. Sonriendo como niña y fue al baño para checarse la peluca, pero por estar vigilando que Emmett no la hallara chocó contra alguien.

—Lo siento mucho —dijo ella sonriendo como loca.

—¿Rosalie?

La rubia levantó la vista y vio a Royce King delante de ella. Los ojos se le desorbitaron y las piernas le temblaron. La habían reconocido, y no cualquiera, sino el patán de su ex novio.

—¿Qué tal Royce?

—¡Dios santo! No puedo creer que nos encontráramos aquí.

—El mundo es pequeño.

Royce dio un sorbo a su cerveza y la vio con lujuria. Reconocía perfectamente esa mirada en los hombres.

—Tengo que irme.

—¡No te vayas! —gritó él tomándola de un brazo—. Tómate una copa conmigo. Ya sabes, por los viejos tiempos.

Rosalie estuvo a punto de decirle que no, pero… ¿qué podía perder?. Lo que había pasado con él había sido cuando eran unos adolescentes, ahora eran adultos, dos personas completamente racionales. Y fuera lo que fuera de cada quien, Royce había sido su novio por tres años, habían compartido muchas cosas juntos.

—Creo que puedo tomarme esa copa.

La sonrisa de Royce le dio escalofríos, pero no le hizo caso a esa sensación de cosquilleo. Él le ofreció una cerveza y ella la tomó.

—¿Cómo te sienta la vida de actriz? Supongo que el dinero te llueve y los hombres también.

—Algo así.

Bebió unas cuantos sorbos cuando vio la cabeza de Emmett muy cerca. El tipo no se daba por vencido.

—Sabes qué, tengo que irme.

—¿Tan pronto? ¿Es que vienes acompañada?

—No, pero ando huyendo de mi guardaespaldas.

—Eso no es problema.

Royce agarró su mano y la jaló a la salida.

—¿Adónde me llevas?

—A cualquier sitio en el que podamos estar solos.

El comentario no le agradó mucho a la rubia. No estaba a gusto con la presencia de Royce, mucho menos sabiendo que él pretendía que estuvieran solos.

—No es buena idea. Creo que mejor regreso con él.

Royce la ignoró y la sacó del local nocturno a rastras. Ya afuera, vio que la calle estaba desierta, salvo por uno que otro par de borrachos. Rosalie sintió miedo.

—Voy a regresar.

—No —ordenó él y la jaló hacía el callejón de al lado del antro.

—¡Suéltame, Royce King!

Él comenzó a carcajearse y la recargó con rudeza contra la pared.

—Es bueno saber que recuerdas mi nombre, eso significa que aun te acuerdas de mí. Yo siempre pienso en ti. De hecho, cada vez que te veo en la tele me masturbo pensando en ti y en lo que me privaste.

La rubia puso una cara de espanto y el aire se le fue de los pulmones.

—¡Estás borracho Royce, no sabes lo que dices!

—Sé perfectamente lo que digo —dijo y se llevo la mano a la bragueta de su pantalón.

Rosalie vio con espanto como se la bajaba y se sacaba el pene.

—Ahora que te tengo aquí no dejare pasar la oportunidad.

—¡Estás loco! ¡Auxilio! —gritó pero fue interrumpida por una bofetada que le partió el labio.

Royce acarició su pene con una mano mientras que con la otra obligaba a Rose a que lo viera.

—Voy a follar con una estrella de Hollywood ¿quién lo hubiera dicho?

—Si no lo hice cuando eras mi novio. En éstas circunstancias mucho menos. Valgo mucho más de lo que tú podrías ofrecerme.

Royce volvió a abofetearla y después llevó la mano hasta su pierna. Ella volvió a gritar cuando sintió como esa asquerosa mano se deslizaba hasta su intimidad. No podía ser cierto de que la fueran a violar, ella era Rosalie Hale, diva, actriz y mujer del momento. A ella no le podía pasar algo así. Volvió a gritar y trató de arañar a Royce pero el muy imbécil le dio un puñetazo en la cara que hizo que se golpeara contra la pared. El golpe la dejo aturdida y sintió frio, mucho frio. Era probable que estuviera sangrando porque sintió mojado en la parte trasera de su cuello.

El patán arrancó sus braguitas y ella supo que lo haría, la iba a tomar en contra de su voluntad. La tiró al suelo y ella no pudo moverse. El dolor de cabeza la tenía mareada y era probable que perdiera la consciencia porque casi no escuchaba y la vista estaba demasiado nublada. Quizás y era lo mejor, ¿para qué querría estar consciente mientras el malnacido de Royce King la violaba?

Emitió un último gemido de dolor y escuchó un grito a lo lejos. Abrió los ojos con debilidad y vio a Emmett corriendo en su dirección. Era él, estaba salvada. Como pudo se aferró a la consciencia, no quería perderse de nada. No podía hacerlo.

—¡Que la sueltes! —gritó Emmett con furia y le aventó una patada en la cara.

El grito de dolor que emitió Royce la hizo sonreír. Estaba a punto de quedarse inconsciente.

—¡Maldito animal! ¡Te voy a matar desgraciado! Si no la tuviste antes, menos la tendrás ahora.

Royce se puso de pie tambaleándose, era probable que estuviera demasiado ebrio como para poder responder al ataque.

—Mira pobretón, si no te largas en éste momento lo pagaras.

Emmett sonrió sombríamente y le lanzó un fuerte gancho al estomago. A Royce se le fue el aire y el fortachón se acercó hasta el oído del cretino.

—Lo mismo dijiste en la prepa cuando te partí la madre. Rosalie te rechazó aquella vez, te rechazo hoy y te rechazará siempre, porque tú no eres más que un perdedor y ella no se merece a alguien como tú. Más bien, tú no te mereces a alguien como ella.

Lo sabía, era él.

Los ojos de Rosalie se llenaron de lágrimas. Era el mismo Emmett que había conocido cuando chica, era el mismo hombre ayudándola por segunda vez. Quiso saber cómo iban a terminar las cosas, pero no pudo… quedo inconsciente a los pies de la noche y de los dos hombres que se disputaban por su honor.


Hola, a todas. Sé que dije que eran 3 capítulos, pero como siempre parece que cambio de parecer XD Ahahahaha. En fin, les juro que no iba a meter a Royce de vuelta, pero después de pensármela mejor me dije… ¡Por qué no! Y pues esto fue lo que salió. Ahora sí, espero que el siguiente capítulo sea el último… a menos que se me prenda el foco y se me ocurra algo más. XD ¿A poco Emmett no es un amor? Un millón de besos.

Kokoro