Ante todo:

DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.

Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.

Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".

La historia está escrita desde el punto de vista de Bella Swan.

Los personajes son humanos. HUMANOS.

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- Tú vas a aprender a bailar? – exclamó, llamando la atención de todo el mundo. – Quien eres y que has hecho con mi hermana?

- Jacob quiere que vayamos a dar algunas clases. Quiere que bailemos en nuestra boda. – dije. Yo también había empezado a jugar con la servilleta. Era como una manía para nuestra familia. – Alice, porque estás tan nerviosa?

- Últimamente James está de lo más raro. Creo que me está poniendo los cuernos. – susurró.

- Qué? – exclamé, clavando mi vista en ella, en la lágrima que recorría su sonrojada mejilla. – Porque crees eso?

Quería abrazarla, secar sus lágrimas, pero cada vez que tenía un gesto así hacia alguna persona, todos parecían sorprenderse y, para que se callaran la boca, no hacía nada, pareciendo una mujer fría y sin sentimientos.

- No se. Apenas nos vemos, y cuando estamos juntos, recibe muchas llamadas de una chica, aunque podría ser cualquiera. – dijo secándose las lágrimas con la servilleta.

- Anda, ven aquí. – "a la mierda con la imagen de chica dura." – abracé a mi hermana con fuerza y ella se derrumbó en mis brazos.

Dejé que llorara. El camarero ni siquiera se acercó a preguntarnos lo que queríamos. Nadie nos molestó durante la casi media hora que Alice estuve llorando. Cuando se separó de mí, sequé sus lágrimas con mis dedos y besé su mejilla.

- Gracias, Bella. – dijo haciendo una señal a Seth, el camarero, para que se acercara. – Lo necesitaba.

- De nada.

- Buenas tardes, chicas. – dijo Seth, sentándose a nuestro lado, cogiendo nota de todo lo que íbamos a comer.

Como siempre, Alice consiguió que me saltara la sesión del gimnasio de ese día, y me acompañó al estudio de baile. "Maldito Jacob." Me resistí bastante a entrar, aunque solo lo hice porque Alice me empujó. Hablé con una chica, que tomó mis datos y cobró la primera clase, que me iba a dar ella porque el profesor habitual estaba de vacaciones. "Menos mal. No quiero que un desconocido me vea hacer la pena."

La clase no hubiera sido tan mala si no fuera porque me tropecé cuatro veces y pisé a Victoria, mi profesora de baile, otras tantas veces. Aunque ella fue tan amable que quitó importancia a mi torpeza, alegando que pronto empezaría a coordinar mejor mis pasos.

- Gracias, Victoria. – Dije cuando me acompañó al vestuario de los clientes. - y perdona por…

- Tranquila, Bella. Bueno, voy a mi siguiente clase. Volverás mañana?

- Lo intentaré. – dije, empezando a quitarme la camiseta. Había aprovechado la ropa que tenía para ir al gimnasio para bailar ese día. Me desnudé y me metí en una de las duchas.

No sabía si contarle a Jacob que al final había ido a las clases de baile o guardarme la sorpresa. Mmm… vaya dilema. Bueno, de momento no diría nada. Sino, Jacob empezaría con esa sonrisita suya de suficiencia. Saludé a Victoria antes de salir de la escuela de baile y fui hacia mi casa, donde ya encontré a Jacob. Le había dado una llamé de mi apartamento en cuanto nos prometimos.

- Hola. – dije besando su mejilla. Estaba frente al ordenador, así que fui hacia el dormitorio y me puse mi chándal de estar por casa.

- Hola, cariño.

Salí del dormitorio y volví con Jacob, que me recibió con un abrazo. Me senté en su regazo y le besé de nuevo.

- Que haces?

- Acabando un informe, pero ya estoy. – sus brazos rodearon mi cintura y, aun no se como, me puso a horcajadas cobre él.

- Bella…

- Si?

Sus grandes manos iban levantando mi falda hasta la cintura, colocándome sobre el enorme bulto de su pantalón, consiguiendo que empezara a humedecerme, y él lo sabía.

- Cuando hoy… bueno. Cuando te llamé… y pasó lo que pasó…

- Porque estás tan nervioso? – dije, rodeando su cuello con mis brazos, acariciando su nuca.

- Tuve una idea que… no se… tal vez no sea buena idea.

- Dímelo. – dije intentando sonar sensual, moviéndome sobre el cada vez más duro bulto de sus pantalones.

- Pensé que sería muy excitante que nos grabáramos.

Que me estaba diciendo? Quería que nos grabáramos mientras follábamos? Era flipante. Nunca creí que Jacob me ofreciera algo así. Él, que era tan reservado en el tema del sexo. La verdad era que aun no me creía lo de nuestra sesión de sexo telefónico de esa mañana.

- Quien eres tú y que has hecho con mi Jacob? – dije ahora acariciando su pecho por debajo de la camiseta.

- Creí que, después de lo de esta mañana, no estaría nada mal. – dijo con timidez.

Me volví, cogí el ratón del ordenador y conecté la web cam. No podía negar que la idea de Jacob me había excitado. Cuando vi nuestra imagen en la pantalla, le di a grabar y me volví de nuevo hacía Jacob y, sin darle tiempo a decir nada, me quité la camiseta y empecé a besarle.

Terminamos gritando al mismo tiempo al llegar al orgasmo, después de lo que había sido la experiencia más excitante que había tenido en mucho tiempo. Casi media hora de sexo ininterrumpido.

Paré la web cam, pero no me levanté de encima de Jacob, aun sintiéndole dentro de mí.

- Me voy mañana. – dijo cuando me senté sobre sus rodillas, con su palpitante miembro entre mis manos.

- Que?

- Me voy una semana a Florida.

- Y me lo dices ahora? – vale, ya volvía a entrarme la histeria. Me levanté de encima de él y me encerré en el baño, sin siquiera mirarle.

- Bella, no te enfades. – sabía que estaba al lado de la puerta. – es que no sabía como decírtelo.

- Tampoco lo has intentado.

- Lo siento.

- Y entonces que ha sido eso? el gran polvo de despedida?" – ya me había puesto a gritar y, como siempre, no estaba gritando nada bonito.

- Bella, por favor.

- Vete. Me quiero ir a dormir. – mentira. No quería que se fuera, pero no podría soportar el verle marchar por la mañana.

- Vale. Ya me voy.

La voz con que Jacob dijo eso, otra vez, logró que me sintiera la persona más miserable de la tierra. Dejé mi orgullo a un lado, salí del baño y fui corriendo a abrazar a Jacob, que ya estaba vestido y a punto de irse.

- No quiero que te vayas. Quédate conmigo esta noche.

- Entonces no me voy a ir. – Jacob me cogió en brazos, con mis piernas alrededor de su cintura, y me llevó a la cama.

Nos tumbamos juntos y así nos quedamos dormidos. Al menos yo, sintiendo la mano de Jacob acariciando mi espalda. Tal y como había temido, me desperté sola.

Jacob me había tapado con una sábana, ya que seguía desnuda. Me levanté de la cama y me fui directa a la ducha, de la que no salí antes de veinte minutos. Otro día más, de camino a la oficina, pasé media hora en un atasco. Llamé a Rosalie.

- Hola Rose.

- Llegas tarde?

- Si.

- El señor McCarty me ha dicho que te espera en su despacho.

- Que expresión tenía? – dije, recordando como le había dejado tirado el día anterior. – Estaba enfadado?

- Apenas ha hablado.

- En menos de diez minutos llego. – pobre ilusa de mí. Llegué a los cuarenta minutos, debido al desfile que estaban preparando para la semana siguiente.

Llegué corriendo a mi despacho, dejé mi bolso allí y fui a toda prisa al despacho del jefe. Llamé tímidamente a la puerta y esperé a que me invitara a entra, lo cual no sucedió.

- Señor McCarty?

- Pase, Swan. - "Ese tono de voz no me gusta nada. Está enfadado."

Entré en el despacho y me senté en la silla que había frente a la mesa de Emmett. Nunca le había visto así. No se había molestado en peinarse, tenía ojeras y no se había afeitado. Rectifico, le había visto así una vez. Cuando le había dicho que me iba a casar con Jacob.

- Se encuentra bien? – me aventuré a preguntar.

- No es evidente? – en ese momento vi que tenía un vaso en la mano con un líquido transparente. Él y su vodka. – No. No estoy bien.

- Por?

- Porque aun no me creo que te vayas.

- Oh!

No lo había dicho? En cuanto me casara con Jacob, no podría seguir trabajando en esa empresa. Jacob me lo había pedido. No quería que continuara trabajando con mi ex novio. No había podido negarme.

- No se porque te vas.

- Sí que lo sabes.

- Pero que trabajemos juntos no quiere decir que vayamos a acostarnos. – dijo poniéndose en pie. – y no será porque no lo haya seguido intentando.

- Ya… por eso Jacob quiere que me vaya a trabajar con él. – Emmett se arrodilló a mi lado.

- Prometo no volver a tocarte.

No pude evitar soltar una risita. Emmett era un mujeriego y no creí que no tocara a una mujer.

- Emmett, ya está hecho. Yo… tengo que irme. – me levanté y fui hacia la puerta, pero Emmett me sujetó por la cintura, pegando mi cuerpo al suyo.

- Te necesito aquí.

Tenía su barbilla apoyada en mi hombro, pegando su pecho a mi espalda, acariciando mi tripa por debajo de la blusa. "El que había dicho que no volvería a tocarme."

- Te necesito conmigo.

- No te lastimes así. – susurré. Me dolía ver a mi amigo así. – Esta locura no puede continuar. Yo…

Me quedé sin habla al notar su mano metiéndose por debajo de mi falda. Quise huir, pero Emmett me estrechó aun más contra su cuerpo y empecé a sentir su erección contra mi trasero.

- Para.

Cogí fuerzas y me hice a un lado, apartándome de él. El maldito imbécil había conseguido que me humedeciera ante sus caricias y su enorme… bueno. Eso debía terminar.

- Emmett, creo que… durante las próximas tres semanas, no deberíamos pasar tiempo juntos. – no me atreví ni a mirarle.

Aprovechando su silencio, me alejé más de él, salí del despacho y fui hacia la mesa de Rosalie.

- Ve al despacho de Emmett, pero se delicada.

- Para qué? Que pasa?

- No preguntes.

Dejé a una alucinada Rosalie atrás y me metí en mi despacho. Jacob tenía razón. No podía continuar trabajando en ese lugar. No con Emmett provocándome a cada momento.

Me senté en mi mesa y revisé mi correo. Jacob me había mandado un e-mail, pero no había ningún mensaje, sino un video. Intrigada, lo puse a cargar. Era un video de unos trenita minutos de duración. Cuando empezó a reproducirse, casi me caigo de la silla. Era Jacob.

- Bella, siento lo que ocurrió anoche. Te echaré mucho de menos estos cinco días. Y como no vamos a poder estar juntos todas estas noches, te mando algo para que te acuerdes de mí. – Jacob estaba sentado en un butacón de despacho, mirando directamente a la cámara y, cuando quise darme cuenta, ya estaba de pie y se estaba quitando la camisa.

"Puede ser esto lo que yo creo que es? Jacob haciéndome un video porno?"

Mis sospechas se confirmaron cuando empezó a desabrochar el botón de sus vaqueros negros. Porque se empeñaba en ponerme a cien cuando no podía desahogarme con él? Maldito Jacob.

Sentía como la humedad hacia acto de presencia de nuevo, viendo como Jacob se quedaba en boxers, acariciando su miembro, que empezaba a cobrar vida propia, excitándome aun más. Cogí el teléfono y llamé a Jacob. Tenía el móvil parado, saltó el buzón de voz y le dejé un mensaje. Bueno, un mensaje… más bien era la reacción que me había provocado su video.

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Ring, ring.

Terminé de escribir el trabajo que tenía pendiente y respondí.

- McCarty security's. Bella Swan al habla.

- Bella. Soy Victoria.

- Ah, hola! – exclamé, guardando el documento.

- Solo te llamaba para decirte que hoy no voy a darte la clase. – dijo entre interferencias. – el profesor Cullen ha vuelto de sus vacaciones.

- Ah. – mierda, un tío. – Y cuando estarás?

- Bella, Edward es muy bueno. Y no te preocupes por nada, es muy profesional.

- Vale. – me rendí. – comeré algo e iré… no se. A las cinco.

- Te apunto a las cinco entonces.

- Adiós. – colgué el teléfono y fui a buscar a Rosalie. – donde estará? – pensé en voz alta.

Recorrí las oficinas de arriba a bajo durante casi media hora, pero no la encontré por ningún lado. Siempre íbamos a comer juntas, a no ser que…

Fui hacia el despacho de Emmett y, en cuanto puse la mano en la maneta para abrir la puerta, oí la voz de mi jefe.

- Escóndete debajo de la mesa. – susurró.

Pegué la oreja a la puerta, intentando captar alguna palabra más, pero Emmett no volvió a hablar.

- Puedo pasar? – quería comprobar algo.

- Si.

Emmett estaba sentado en su silla, fingiendo trabajar en el ordenador. Tenía mejor cara, aunque tenía la ropa echa un asco. No pude evitar sonreír al ver una pequeña prenda de ropa roja debajo de una de las sillas.

- Solo venía a decirte que me voy a comer. Volveré en una hora.

- Muy bien.

- Rosalie, te vienes? – dije, provocando que mi amiga se quejara al golpease la cabeza contra la mesa.

Rosalie salió de debajo de la mesa de mi jefe, que se subió la cremallera del pantalón, y me miró avergonzada. Sonreí de nuevo al ver la expresión de los dos. Es que era para descojonarse ahí mismo.

- No quería molestar.

- Tranquila. Idos a comer.

- Rosalie. – dije cuando ésta iba a salir por la puerta. – Tú tanga. – señalé debajo de la silla y salí del despacho.

Fui a mi despacho, cogí mi bolso y fui hacia los ascensores. Rosalie llegó a mi lado a los pocos segundos. Ninguna de las dos dijo nada, hasta que llegamos a la cafetería y Rosalie no pudo contener por más tiempo la emoción.

Al parecer, cuando Rosalie había entrado en el despacho de Emmett, le había pillado en su silla, masturbándose. Se había armado de valor, se acercó a él y le tomó el relevo. Incluso habían tenido sexo encima de la mesa del despacho y en una de las sillas.

- Te veo feliz.

- Lo soy. Dios, Bella. Es que además la tiene tan grande! – exclamó en un susurro, para que nadie pudiera oírnos. – Pero eso tú ya lo sabes.

- Aquí lo único importante es que os habéis acostado.

- Y hemos estado hablando también.

- Lo cual es más importante aún.

- Y todo gracias a que me dijiste que fuera. Te debo una.

- No lo olvides. – dije tomándome ya el café. – Jacob me ha mandado un video.

Rosalie insistió en que se lo contara todo con pelos y señales. Y lo hice.

- Creo que en esta empresa necesitamos ayuda. – dijo tocándose la sien con un dedo, riendo a carcajadas. – Esta tarde te toca baile?

- Si- y luego iré con Alice a ver los vestidos de las damas de honor. Vente a probar tu vestido.

- Vale.

- A las seis y media?

- Muy bien. Vas a volver al despacho?

- Si.

- Yo no. He quedado.

- Pásalo bien con Emmett. – dije poniéndome en pie.

Fui a pagar la comida de las dos y volví al despacho, que estaba a menos de diez minutos. Encontré a Emmett sentado en mi silla, mirando la pantalla de mi ordenador.

- Como estés viendo lo que yo creo que estás viendo, no te hablo más en mi vida. – dije desde la puerta. – Emmett?

Parecía estar hipnotizado. Me acerqué a él y logré ver lo que estaba viendo. Estaba en mi facebook, viendo fotos de Rosalie.

- Nunca me había fijado en lo guapa que es.- dijo, aun sin apartar la vista de la pantalla. En ese momento, estaba viendo una de las fotos que nos habíamos hecho Rosalie y yo la vez que fuimos juntas a Canadá. – Y tiene una voz tan dulce… y es tan inteligente…

- Te ha dado tiempo a darte cuenta?

- Claro que si. No todo en este mundo es follar. – dijo ahora mirándome a mí. – La he tenido delante más de tres años y no la había visto.

- Me alegro de que al fin la hayas visto. Pero sigue viéndola en tu ordenador. – conecté el USB y grabé en él el video que me había mandado Jacob.

- Bella…

- Si? – dije yendo hacia la puerta.

- Deseo que todo te vaya muy bien en tu nuevo trabajo.

- Nos vemos mañana. – dije recibiendo una de esas sonrisas que tanto me gustaban.

Ya había llegado el momento de la verdad. Me iba a encontrar con el tal Cullen, mi profesor de baile. Entré tímidamente en la escuela de baile y llamé a la puerta de mi clase. Ya eran las cinco.

- Si aun no se ha cambiado de ropa, váyase a los vestuarios y vuelva cuando esté lista. – dijo una voz de hombre al momento.

Empezábamos bien. El muy cretino era un borde de cuidado. Respiré hondo y me fui hacia los vestuarios. Me puse unos vaqueros negros y una camiseta de tirantes de mi grupo favorito. Me calcé con mis sandalias de tacón y volví hacia la clase, donde llamé a la puerta de nuevo.

- Señor Cullen? – dije, abriendo un poco la puerta. Allí ya no había nadie.

Entré en la clase, recogiéndome el pelo en una cola alta y empecé a pasearme por la clase, así durante los siguientes diez minutos., hasta que me cansé de esperar y fui hacia la recepción. Allí tampoco había nadie, pero oí unos golpes en la puerta que había detrás del mostrador.

Estaba muy claro lo que estaba pasando, y no me quedó ninguna duda cuando empecé a oír gritos de 'Edward más' y 'Edward más fuerte'. El muy cabrón se había ido de la clase para follarse a la niñata de la recepción. "No pienso soportar esto."

Me fui a toda prisa hacia el vestuario, cogí mis cosas y me marché a tiempo de ver salir a la parejita del armario. Una rubia, bastante guapa y… madre mía! Un dios de penetrantes ojos verdes, que se clavaron en mí en cuanto salí del edificio.

- Señorita! – exclamó la muchacha, y me detuve al tiempo que abría la puerta de mi coche. – Señorita, disculpe. Pero el profesor Cullen la espera en la clase.

Podía ser posible tal desfachatez?

- Como se llama?

- Irina.

- Escúcheme, Irina. – dije cerrando con demasiada fuerza la puerta del coche. – Dígale al señor Cullen que no voy a ir.

- Pero…

- He llegado hace casi veinte minutos. No puedo perder el tiempo de ésta manera. – dije con bastante bordería, aunque la chica no tuviera la culpa de nada. – Tal vez venga mañana. Si tengo tiempo. – dije bajando la voz.

- Como quiera.

- Adiós. – me metí en mi coche, viendo como la chica volvía a entrar en el edificio.

Llegué a la tienda en la que había quedado con Alice y Rosalie tres cuartos de hora antes de la hora acordada. Maté el tiempo leyendo el libro que solía llevar en el bolso. Bueno, mejor dicho, intentado leerlo, ya que todo el rato aparecían en mi mente esos ojos verdes. Los preciosos ojos del hombre más idiota que había conocido. Y eso que apenas me había dicho tres frases.

- Maldito seas Edward Cullen.

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Not so happy today: no te asustes todavía. Si es un E x B. lo que pasa es que aun tienen que conocerse. Nada de B x J. Créeme.

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Hola! Otro capítulo llegó.

Gracias: Not so happy today, E. Cullen Vigo, supattinsondecullen. Gracias por leerme y por dejarme sendos revews. Por vosotras es que actualizo hoy. Besitos.