Disculpenme por la tardanza y el hecho de que esta incompleto (me falta la version en inglés) pero disfrutenlo :3

Soon the english version update, wait for it. (sorry T^T)

Una celda pequeña, con una mesita, una silla y una cama donde apenas cabía su cuerpo a lo largo; así pasó 15 años de su vida, en la oscuridad del chateaux d'If.

Uno.

Dos.

Tres.

Los días pasaban en el mismo silencio y en la misma duda. Intentó que el carcelero le ayudara a contactar a Madmoiselle de Villefort, pero fue en vano. –Ríndete niña, si la jueza Villefort te mandó aquí, será mejor que pierdas las esperanzas.- Fueron las tristes palabras que el carcelero pronunció a Eriz. Pero siguió creyendo que la jueza podía acordarse de su promesa. Así lo creyó durante varios meses, hasta que, efectivamente, perdió la esperanza de ver la luz del día.

Un año después de su encarcelamiento, perdió la razón: al no querer aceptar que la habían traicionado, dejó de comer. Al dejar de comer, su cuerpo iba perdiendo poco a poco las fuerzas. Al perder las fuerzas, perdió la esperanza. Un día el carcelero la encontró tirada en el suelo, por lo que le obligó a comer y le hiso prometer que no volvería a hacer eso. Eriz le dijo que la muerte era la única solución, pero el guardia le dijo que era más un castigo por algo que ella no había hecho, que mejor lo olvidara. Y simplemente se fue. La dejó sola de nuevo.

Se puso a pensar qué le había hecho a Madmoiselle de Villefort, si se había mostrado tan amable con ella, si le había prometido su libertad, si Eriz apenas y dijo palabra la única pregunta que se hacía en ese momento era -¿porqué?-

No resistió. Gritó por días. Perdió la voz por bastante tiempo y se convenció que no volvería a hablar.

Todo pasaba con el mismo ritmo que al principio. Sólo que ahora no hablaba.

Al siguiente año, un hombre de traje visitó el chateaux d'If. Él era la persona encargada de verificar que los prisioneros fueran tratados de la forma correcta. Siempre eran las mismas quejas: horrible estancia, horrible comida. Sin embargo al llegar con Eriz, se encontró a una mujer con el cabello muy largo, con los ojos que veían al hombre como si fuera un espejismo y con la voz casi deshecha. Sin embargo, habló igual que su padre: de la manera más correcta posible. El hombre se quedó muy impresionado por la incoherencia de los hechos y más aún por la petición de la prisionera

–Por favor, dígame cual fue mi delito-

Su respuesta, al contrario de lo que Eriz esperaba, fue muy decepcionante

–Lo siento, pero yo solo vengo a mejorar su estancia aquí. Encontrar el motivo de su encarcelamiento no está en mis labores-

Eriz se sentó en la cama y agachó la cabeza.

-Sin embargo, puedo prometerle señorita, intentar encontrarlo en algún momento y le mandaré una respuesta lo más pronto que lo encuentre.-

La segunda parte de la respuesta del hombre le devolvió un poco de esperanza a su espíritu.

Al salir de la celda de Eriz, ella le oyó decir al carcelero que el siguiente prisionero ya estaba loco. Que le contaría una historia acerca de un tesoro en una isla desierta y que le ofrecerá mucho dinero si lo sacaba del chateaux.

–Cada vez aumenta por 1000 la cantidad. Esta vez le ofrecerá 1,000,000,000. Ya lo verá.-

Eriz sólo podía escuchar, pero eso le bastó para saber más de la celda contigua a la suya.

–Bienvenido sea caballero. ¿Qué lo trae por esta horrible celda?- preguntó el hombre, al parecer por su voz, de avanzada edad.

–Buenas tardes tenga usted, sólo vengo a hacerle unas preguntas- dijo el hombre.

Recibió las mismas respuestas que los demás encarcelados. Pero antes de que pudiera despedirse, el prisionero pidió hablar y ser escuchado:

-Verá usted, buen hombre, quiero salir de aquí. Hablé con el gobernador, mueva sus influencias; y yo le prometo 1,000,000,000 piezas de oro.- dijo el hombre con un tono tan natural, tan real, que su receptor dudó si realmente estaba loco. En cambio, el carcelero no pudo evitar soltar una risita burlona.

-Lo lamento mucho mi estimado, pero solo vengo a hacer mi rutina-

-Usted tampoco me cree. No importa. Alguien me creerá. Y si no, ¡hay de ustedes que han rechazado el tesoro que les prometo!-

Y asi, salió el hombre con sus notas acerca del estatus del chateaux. Y así terminaron las voces que Eriz habría de escuchar en mucho tiempo, hasta esos pequeños soniditos.

El tiempo pasaba, y Eriz seguía reclusa. Sus ropas se desgastaron poco a poco, dejó de hablar al temerle a su propia voz y poco a poco comenzó a planear su próximo intento de suicidio. Una semana había pasado desde que decidió intentar dejar de comer. Poco a poco fue dejando el plato con más comida. Poco a poco, la muchacha gitana que tanto encantaba a los hombres con su silueta, perdió su figura, su cabello creció y sin cuidados parecía una bola desordenada de cabello, su cara fue afilándose poco a poco y sus ojos se acostumbraron a la oscuridad.

Estando una noche en su cama, pensando en la muerte, escuchó un sonidito. Primero pensó que eran las ratas. Pero ya había durado bastante tiempo como para que fueran esos animales. Imaginó que debió de ser un prisionero. Buscó el lugar más cercano al ruido y golpeó tres veces.

-Si es un prisionero, no continuará su labor- pensó ella.

Y efectivamente, cesaron los ruidos. Eriz se sintió infinitamente feliz al saber que no estaba sola. Ahora debía de poner más atención a escuchar de nuevo esos ruidos, ya que el otro estaría más al pendiente de que no lo atraparan.

Pasó unos ochos días antes de que Eriz pudiera escuchar de nuevo esos ruiditos llenos de esperanza. Y pronto sería una esperanza enorme.

El plan de la venganza