Epílogo

Harry abrió los ojos, dándose cuenta de que aún era de noche. La luz de la luna entraba por la ventana, llenando a Ginny de un brillo hermoso, muy particular. Se sintió tan afortunado de tener a una mujer tan especial descansando a su lado, que se resistió por un momento a besarla y hacerla suya esa noche. No quería despertarla. Debía descansar.

Se puso en pie cuidadosamente, confiando en que Albus y James estuvieran dormidos. Si lo encontraban despierto a ésa hora, ninguno de ellos podría dormir. Armarían tanto jaleo los tres que Ginny terminaría despertando y regañando a todos por jugar a esas horas de la madrugada. La última vez que Harry se había levantado en la noche y encontrado a sus hijos despiertos, habían terminado jugando un partido de Quidditch improvisado, a pesar de ser tan pocos. Ginny se había despertado hecha una fiera.

Llegó a la cocina con el propósito de tomar un poco de agua, cuando escuchó unos pequeños jadeos. Se extrañó y se dio cuenta de que había dejado su varita en la mesa de noche, al lado de Ginny. Gran error por parte del Jefe de la Oficina de Aurores. Los jadeos se repitieron y Harry se adelantó un par de pasos.

Sintió tanto alivio al ver a su hija, Lily, jadeando por el esfuerzo que hacía al alzarse, tratando de agarrar con una manita el tazón de galletas sobre una encimera, mientras que con la otra aferraba su osito de peluche contra su cuerpecito. Jadeó una vez más, alzándose de nuevo, pero sin conseguirlo por su baja estatura. Su pelo rojo brillante refulgía bajo la luz de la luna.

-Lily –dijo Harry, sobresaltando a la niña, que se volvió rápidamente y abrió los ojos de par en par, asustada.

-Papá, y-yo… -tartamudeó. Bajó la vista, causando que su pelo cubriera sus mejillas encendidas. Harry sonrió. Era tan parecida a su madre. Muchas veces ese pensamiento lo acosaba, pues sabía que tendría problemas cuando creciera y los chicos empezaran a fijarse en ella. Pero por ahora, podía disfrutar de su niñez, sabiendo que lo único que quería en ese momento era sujetar su osito de peluche disfrutando del sabor de una galleta.

-¿Todavía quieres esa galleta? –preguntó Harry, ensanchando su sonrisa cuando Lily asintió, aliviada y entusiasmada. El mago la cargó en sus brazos, tomó una galleta y se la ofreció. Colocó a Lily sobre la encimera y fue a por su vaso con agua, cuando Ginny llegó a la cocina, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

Harry y Lily se miraron, ambos con expresión asustada. "Atrapados" pensó el mago, que se sorprendió cuando Ginny rió, caminando hacia Lily.

-Tenían que ver sus caras… -afirmó entre risas, compartidas ahora por su esposo e hija.

-¡Ey! –exclamó James, con los brazos en jarras-. ¡Albus, te dije que ellos vendrían a por las galletas antes que nosotros!

Se oyó un correteo por el pasillo, y los ojos verde esmeralda de Albus brillaron con el resplandor de la luna, reflejándose en ellos la escena.

-Siempre podemos compartir, ¿no, James? –sugirió el chico, que, seguido por su hermano, reclamaron una galleta, sonrientes.

Nadie pudo explicarse por qué los Potter poseían unas grandes ojeras, acompañadas de una gran sonrisa al día siguiente.


Muchas gracias por leer. Este fue mi primer mini fic. Si quieres dejar review, bienvenido. Sino, ya será en otra ocasión. ¡Hasta otra historia!