El fantasma de lady Kendrik.

Introducción.

Puckley, Condado de Kent, Inglaterra 1857.

Los rayos de luna llena iluminaban el interior de su cuarto, donde dentro la hermosa jovencita de ojos verdes y cabello castaño caminaba en círculos, desesperada con una vela en mano donde la mecha amenazaba por apagarse pronto. Lita Kendrik contaba ya con diecinueve años, desde su tierna infancia había escuchado a su padre echarle en cara a Hellen, su madre, que le hubiera dado solamente dos hijas y ningún varón. Obviamente Lita por ser la primogénita, vendría a ser la primera de las decepciones para su padre. No obstante, para la época, Lita ya era algo grande de edad, sus padres, especialmente el jefe de la familia, el honorable y distinguido señor Joseph Kendrik, estaba preocupado de que su hija ya con 19 años aun siguiera sin casarse. Todo era su culpa, problema de ella que desde los 15 años se había encargado de fastidiar a aquel primer prometido, aquel hombre viejo, gordo y asqueroso, como ella lo llamaba, haciéndole infinidad de desplantes. Aquel hombre tenía 45 años para ese entonces, pero Lita era una chica, tierna, soñadora, romántica que vivía anhelando casarse única y exclusivamente con aquel caballero apuesto y romántico que según ella algún día llegaría a su vida.

Así, un día sin más ni más, resignada a que no encontraría a aquel hombre que ella idealizaba, acepto finalmente el compromiso que su padre le arreglo con el distinguido Sir Sapphir Carlyle, hombre apuesto de 25 años de edad, piel blanca, cabello negro azulado y hermosos ojos color zafiro. Mentiría Lita si dijera que su prometido no era guapo, claro que lo era y bastante joven, por ello Lita era la envidia de muchas jovencitas de la alta sociedad, muchas no corrían con la suerte de que sus padres les eligieran por prometido a sir adinerado, apuesto y joven.

Mas sin embargo hacía cinco meses atrás, cuando el frio invierno y la nieve comenzaba a cubrir el pueblo de Puckley, después de salir de la iglesia de Saint Nicholas, una pequeña iglesia construida al estilo gótico a las afueras de la ciudad, después de abordar el carruaje que era tirado por dos hermosos corceles, ordeno la respetable señora Ellen Kendrik al cochero detenerse en una de las avenidas donde ya a esas horas de la mañana, mujeres y hombres respetables de la alta sociedad en la Gran Bretaña entraban y salían de los distintos comercios de la avenida. Inmediatamente Lita, Molly y su madre entraron a la tienda de telas de Lady Dorothy, donde a la hermosa hija mayor de los Kendrik, le elegían las telas para el vestido de novia de su próxima boda con Sir Sapphir Carlyle. Pasaban los minutos, y Lita tan curiosa, como sintiendo que el viento de afuera la llamara, opto por salir de la tienda sin avisar a su madre y su hermana que estaban emocionadas eligiendo las telas más finas, encajes y listones para su vestido.

Ese día Lita llevaba un hermoso en color verde, corset apretado que ceñía su delgada cintura, lo cual a veces llegaba a sofocarla y hacerle sentir que el aire le faltaba, falda amplia con incomoda crinolina por debajo para hacer que el vestido luciera más vaporoso, lleno de detalles y encajes por aquí y por allá, su cabello ondulado lo llevaba suelto cubriendo su cabeza con un sombrero de ala ancha en color verde decorado con listones y flores vistosas, mientras en una de sus manos llevaba un paraguas en tonos verdosos y un pañuelo. Muchas veces se preguntó porque era tan elaborada la vestimenta de una mujer, pero tenía que aceptarla, no estaba en disposición de oponerse. Aun recordaba también, como después de haber dado unos cuantos pasos fuera de la tienda de telas de Lady Dorothy, en un descuido su hermoso pañuelo bordado con su nombre salió volando por los aires y ella que tenía cierto apego sentimental a aquel pedazo de tela salió corriendo entre la multitud hasta que se tropezó con alguien accidentalmente y cayo sentada en el piso. Se miraron un par de segundos como si se conocieran de vidas pasadas y después aquel apuesto hombre rubio de hermosos ojos azules se levantó ofreciéndole la mano para ayudarla a levantarse mientras se disculpaba, su nombre: Anthony Rumsfeld.

Ese fue el día que conoció a su amor, al príncipe azul con el que siempre había soñado, al principio quiso negárselo así misma, rehuir, pero hombre había logrado enloquecerla con sus besos prohibidos. Pronto comenzaron un romance clandestino a escondidas de todos, las clases sociales a las que pertenecían eran diferentes y seguro sus padres se opondrían a aquel amorío. Hasta que un día Joseph Kendrik, su padre la descubrió con aquel hombre besándose en un bosque a poca distancia de la mansión, desde ese día la encerró en casa y su única comunicación con su amado era por medio de carta, que amablemente su hermana Molly llevaba y traía. Desde entonces ella había luchado por romper su compromiso con Sir Saphir Carlyle, pero eso no convenía a los intereses de los Kendrik, la fiesta de compromiso ya se había realizado y la distinguida familia Kendrik lo que menos quería era un escándalo.

-Anthony, tienes que llegar.- Pensaba la chica asomándose por la venta mientras una lagrima corría por su mejilla hasta que finalmente se dejó caer pesadamente en el piso de su habitación llorando.

Esa noche era la víspera para el gran día de su boda, que sería el día siguiente, Anthony, su amado Anthony le prometió raptarla, llevársela lejos, pero jamás permitiría que ella fuera obligada a casarse con otro hombre, mucho menos a ser tocada.

Lita aún era virgen, jamás había estado con un hombre, con Anthony a lo mucho había llegado a los besos, a las caricias prohibidas que seguramente sus padres hubieran reprobado. Muchas veces estuvo a punto de entregar su cuerpo virgen a aquel hombre, lo cual no se había dado no por falta de deseo, sino porque los momentos que pasaban eran breves. Afortunadamente así había sido, pues aquella noche en que su padre la miro besándose con aquel "muerto de hambre", inmediatamente su madre le metió la mano entre las piernas asegurándose que su virginidad aún estaba intacta. Aquello sí que había sido humillante. Jamás estaría en la cama ni le daría su cuerpo virgen a Sir Sapphir por muy apuesto que fuera, ella solo seria para Anthony.

De pronto la hermosa chica castaña que vestía esa noche, la víspera al día de su boda, un vaporoso vestido en color rosado se asomó por la ventana al escuchar una piedrita que entro por su balcón abierto. Sonrió al ver parado a Anthony en aquel lugar. Sabía que tenía que darse prisa, tenía que ser rápida y huir con su amado antes de que los guardias que resguardaban la mansión Kendrik llegaran.

Agradeció en ese momento haber sido tan intrépida de niña, pues tiro primero el bulto de ropa y después comenzó a bajar desde el segundo piso donde se encontraba su habitación apoyando sus pies en los cuadros de mármol y las enredaderas que se aferraban a las paredes , aunque había recibido clases de etiqueta, para aprender a leer, clases de piano y dominaba tres idiomas: Inglés, Francés y Español, dentro de ella llevaba a una chica osada que gustaba en su infancia de juegos rudos, correr y montar a caballo, cosas que su madre más de una vez le reprendió diciéndole: "Las señoritas de sociedad no corren, caminan con delicadeza", "No montes a caballo, mejor ve en el carruaje, podrías acabar con tu virginidad".

-¡Ten cuidado amor!.- Decía Anthony que la miraba asustado y temeroso de que ella pudiera resbalar y lastimarse.

La idea de él era llegar montado a caballo el día de la boda con Sir Sapphir Carlyle y raptarla enfrente de todos, pero Lita pensaba que esa era una idea peligrosa, la guardia de su padre y su futuro marido los perseguirían y terminarían obligándola a regresar y hasta podían matar a Anthony, ella no quería que el saliera dañado, así que después de mucho discutir termino convenciéndolo de que era mejor saltar por la ventana.

Nada más saltar, corrió al lado de su amado y este la recibió con los brazos abiertos estrechándola con fuerza a su cuerpo masculino, besándola con premura pasional en los labios.

-¡Ya estoy a salvo Anthony!... ¡Larguémonos de aquí!.- Dijo ella.

Ambos echaron a correr logrando burlar la guardia de la familia Kendrik y se internaron por un bosque espeso cubierto de árboles hasta que llegaron al lugar donde anteriormente habían tenido sus encuentros, donde se encontraba un hermoso lago y amarrado al grueso tronco de un árbol, estaba "Thunder" el caballo negro de Anthony al que Lita había bautizado bajo ese nombre por su adoración a la lluvia, la tormenta y los truenos, gusto que después descubrió compartía con Anthony.

Habían corrido mucho hasta llegar a aquel lugar y se sentían a salvo, se tumbaron en el pasto para descansar unos momentos y recuperar energías.

-¡Que hermosas son las estrellas!.- Murmuro Lita observando el firmamento.

Anthony se acercó a ella y se acomodó encima de ella apoyando sus brazos en el pasto para no dejar caer su peso encima de ella.

-¡Más hermosa eres tú "my beauty".- Respondió el mientras con su dedo índice acariciaba las delicadas facciones de la chica.- ¡Más lindos son tus ojos color esmeralda que el firmamento!

-¡Anthony!.- Balbuceo la chica con las mejillas sonrosadas, estaba acostumbrada a que su adorado chico rubio la elogiara, que la tratara con gentileza, pero sentir su cuerpo encima de ella era demasiado, más de lo que hubieran hecho antes.

De pronto sintió como el joven rubio besaba sus labios abriéndose paso entre ellos, acariciando su legua húmeda, poco a poco sus besos fueron tornándose más pasionales hasta que sintió los labios de su amado sobre su cuello.

-¡Oh!.- Suspiro ella.- ¿Qué estamos haciendo Anthony?.- Cuestiono ella que se sentía excitada ante aquellas sensaciones, pero extraña por experimentar aquello que nunca había sentido, aquello que a la vista de la sociedad será algo sucio.

-Te amo, quiero hacerte mía.- Susurro el en su oído mordisqueándole la oreja.- ¿Puedo tomar tu cuerpo?...Te prometo que siempre seré tuyo nada más, siempre estare a tu lado.

Lita no respondió nada pero sonrió, con lo que le dio respuesta a su amado de que continuara. Anthony la obligo a sentarse y se acodo detrás de ella mientras con manos firmes comenzó a desatar los cordones del vestido de la chica removiendo su cabello a un lado para besar su cuello y la piel que se iba descubriendo conforme abría más el vestido de la chica.

-¡Oh Anthony!.- Gimió ella extasiada de placer.

Estaban tan ansiosos de amarse, de compartir su cuerpo y su alma, saciarse de placer y lujuria, que no se dieron cuenta de que estaban perdiendo tiempo valioso hasta que escucharon cada vez más cercas las pisadas de varios caballos que se acercaban en aquella dirección.

-¿Escuchas eso?- Ceso Anthony de besar el cuello de la chica y se paró alarmado.

-¡Dios mío, esos deben ser los hombres de la guardia de mi padre!.- Alarmada la hermosa señorita de ojos verdes.

-¡Tenemos que irnos y ocultarnos, mañana mismo partiremos en un crucero a América, por hoy tendremos que ocultarnos bien!

-¿A América?...¿De dónde sacaste dinero para irnos a América?.-

-¡Luego te explico eso amor, ahora tenemos que huir!.- Exclamo Anthony que subió al caballo y enseguida la ayudo a subir.- ¡No me sueltes y sujétate con fuerza, Thunder correrá a su máxima velocidad!.

Lita asintió con la cabeza y se aferró al cuerpo de su hombre, de su amante que en pocos momentos empezó a correr velozmente, sintiendo el aire rozar su rostro. El corazón se le encogía, temía que los hombres de su padre le dieran alcance y la separaran de su amado Anthony, o peor aún que lo acusaran de secuestro y lo mataran, sabía que su padre podría hacerlo, era influyente, y que decir de Sir Sapphir Carlyle, cuando le pidió a este para que desistiera del matrimonio la ignoro amenazándola con matar a Anthony, a aquel muchacho rubio que era un don nadie, por quien nadie clamaría justicia.

El apuesto hombre rubio hacia correr a Thunder como nunca lo había hecho, sintiendo cada vez más cercas aquellas pisadas de caballo, sintiendo un dolor en su pecho cada que las lágrimas de su amada mojaban sus hombros.

-¡No tengas miedo "My beauty", nadie nos separara!.- Le prometió.

Para su mala suerte Thunder soltó un relinchido, al parecer algo lo había lastimado y fue bajando la velocidad, ambos se sentían perdidos, el galopar de varios caballos se escuchaban cada vez más cerca.

-¡Thunder ya no da para más!...¡Tendremos que correr!.- Sugirió Anthony que enseguida ayudo a Lita a bajarse para después el poner pies en tierra.

El joven ideo un ardid, hizo correr al caballo que tanta compañía le había hecho durante años, alguna vez prometió no separarse de él, cuidarlo con su vida si era preciso, pero si tenía que elegir entre él y su amada, escogería a ella, la dueña de su corazón.

-¡Vamos Thunder, no me falles!.- Se despidió el joven dándole un golpecito haciéndolo correr en una dirección para el echarse a correr con Lita tomada de la mano en sentido contrario.

Mientras tanto, el padre de la hermosa chica, se detuvo en seco sin saber qué dirección tomar. Por una parte se escuchaban los pasos del caballo hacia la izquierda, pero hacia la derecha se miraban las pisadas de algunos zapatos y a lo lejos el sombrero rosado de su hija que seguramente había salido volando de su cabeza.

-¡Por alla Señor Kendrik!...¡En aquella dirección se escuchan los pasos del caballo!.

-¡Espere George!.- Detuvo a uno de sus hombres mientras recogía el sombrero de Lita.- ¡Aquí hay unas pisadas de zapatos que siguen aquel camino y el sombrero de mi hija, pudieron bajar del caballo y huir a pie!. Nos dividiremos.

-¡Como usted diga Señor Joseph Kendrik!

Los hombres de la guardia de la familia Kendrik se dividieron en dos grupos, unos hacia la izquierda siguiendo los pasos del caballo y otros hacia la derecha encabezados por Joseph Kendrik, padre de la chica raptada.

Lita y Anthony corrían entre los matorrales tropezando con piedras y ramas de árboles que encontraban a su paso, hasta que de pronto la hermosa chica ojiverde se resbalo torciéndose el tobillo.

-¿Estas bien mi amor?.- Cuestiono el chico rubio preocupado.

-¡Sí!.- Respondió la jovencita tratando de levantarse, pero su pie dolía, lo cual el dedujo.

-¡No te esfuerces en correr!...¡Te cargare sobre mis hombros!.

Anthony se agacho y Lita enredo sus piernas en la cintura de él, mientras sus frágiles brazos de doncella lo abrazaban con fuerza. El hombre rubio corría velozmente, pero el hecho de que llevara a su amada cargando en su espalda y que los hombres que los perseguían fueran a caballo lo ponían en desventaja.

-¡Deténgase ahí ladrón de doncellas!.- Se escuchaba el grito de Joseph Kendrik.

-¡No te detengas amor, no permitiré que nos separen!.- Susurraba Lita entre lágrimas.

-¡Yo tampoco mi amor, ni aun muerto me separarían de ti!...¡Te protegería hasta después de mi muerte!.- Justo acabando de decir aquello se escuchó un fuerte disparo dirigido hacia el hombre rubio, que por llegar cargando encima de el a la chica, fue a parar en el cuerpo virginal de ella.

Lita soltó un quejido de dolor y Anthony alarmado la bajo recostándola en el piso, pensando únicamente en el bienestar de la joven sin importarle lo que sucediera con él.

-¡Estarás bien amor!...¡Nada te sucederá, tu padre hará que te curen!.- Decía el muchacho alarmado que sería capaz de renunciar a ella con tal de que la salvaran.

-¡Vete mi amor, huye!.- Suplicaba la chica.- Sé que moriré y no quiero que te culpen que te maten, vete a América…-Decía la chica con dificultad.

-¡No digas eso "My beauty"!.- Suplicaba el hombre con lágrimas en los ojos, mientras le arrancaba un pedazo de tela del vaporoso vestido para cubrir la hemorragia que la chica tenía en la espalda y le había perforado el estómago.- ¡Sabes que no podría vivir sin ti!.

La chica haciendo uso de la poca fuerza que le queda lo toma del rostro y lo acerca a ella besándolo en los labios, sintiendo como las lágrimas de él mojaban su rostro.

-¡Que le has hecho a mi hija maldito rufián!.- Exclama Joseph Kendrik asustado al ver el cuerpo de su hija malherido, culpando al hombre rubio a pesar de que sabía que el mismo era quien había disparado.

El hombre rubio apenas levanto la vista, cuando un disparo salió de la escopeta de Joseph Kendrik atravesando su corazón.

-¡No!.- Grita la chica.- ¡Que has hecho papá, te odio!.- Gritaba la chica mientras miraba a su amado retorciéndose en el piso de dolor.

-¡Te amo Lita, siempre te amé!.- Susurra el hombre rubio antes de exhalar su último aliento alcanzando a tomar la mano de su amada.

La chica aun malherida y moribunda, sintiendo como su padre se acercaba para tomarla en brazos se arrastra casi hasta alcanza tocar el cuerpo de su amado con los ojos llenos de lágrimas, quería besar los labios del cuerpo inerte de su amado, pero la fuerza de su padre que la tomo en brazos no se lo permitió.

-¡Suéltame padre, te odio, quiero morir al lado de mi Anthony!.- Exclama con dificultad la mujer.

El hombre, reacio y sin sentir un poco de piedad toma a su hija mal herida, mientras ordenaba a uno de sus hombres que tiraran el cuerpo del joven rubio al rio, a final de cuentas era un pobre muerto de hambre, nadie reclamaría por su muerte y en todo caso podría abogar que fue por defender a su virginal hija, además contaba con la ayuda de Sir Sapphir Carlyle, prometido de su hija que lo apoyaría.

-¡Lo hice por tu bien Lita!...¡Ese tipo es un muerto de hambre!.- Exclamaba el hombre esperanzado a llegar al pueblo para encontrar un médico que salvara la vida de su hija.-¡Te curaremos y mañana te presentaras a la boda con Sir Sapphir, no queremos escándalos, esto sería abochornante!

-¡Te odio padre, te odio!.- Exclamo con dificultad la chica, con el corazón acongojado, y lágrimas en los ojos para después arrojar sangre por la boca.

El hombre, entonces vio aterrorizado como su hija después de decirle palabras poco cariñosas lo miro con sus verdes ojos llenos de tristeza y resentimiento para después cerrarlos.

-¡Hija, Lita, reacciona!.- Exclamaba el hombre que enseguida recostó el cuerpo de su hija en el suelo tratando de reanimarla. Uno de los hombres de su guardia se acercó al cuerpo de la chica para sentir su pulso.

-Lo siento señor Joseph, la señorita ha muerto.

-¡No, mi hija no, Lita no puede estar muerta!.- Se escucharon los gritos de dolor del padre de la doncella en el bosque. El cual ni en los últimos momentos de vida de su hija la había dejado ser feliz, todo por los estúpidos prejuicios, y por darle más importancia a la clase social, al nivel económico y al maldito que dirán de la sociedad de Gran Bretaña.

153 años después.

Vancouver, B.C., Canadá.

Lynn Canyon Park.

Era una agradable tarde de verano en la ciudad de Vancouver, un alto hombre rubio se encontraba enfocando el lente de su cámara mientras las dos chicas, una rubia de ojos color amatista y una rubia de ojos azules posaban sentadas en el tronco de un árbol de aquel hermoso bosque que era una de las atracciones del lugar y una sensación para los turistas, sobre todo por el hermoso puente colgante que parecía colgar entre los añejos árboles, el cual quedaba arriba de un lago a varios metros de distancia, el cual los visitantes tenían que cruzar para apreciar la belleza natural de aquella reserva ecológica.

-¡Perfecto, excelente fotografía, si hasta parecen modelos profesionales!.- Dijo el chico rubio después de tomar la foto.

-¡Si, lo se hermanito, yo, Mina Hansford soy una belleza y una futura modelo muy prometedora!.- Exclamo la rubia con tono de alegría.

-¡Supongo que esto es todo!... ¿Verdad Andrew?...Sabes que odio estar poniendo cara de idiota para tus fotografías.- Molesta la chica de cabello negro.- Solo consiento que me trates como tonta porque sé que estas triste por culpa de esa estupi…-

-Por favor Rei, no me menciones a Serena, no quiero hablar de ella.- Respondió el muchacho rubio cambiando su semblante antes alegre por uno de melancolía y tristeza.

La chica pelinegra agacha la mirada pues sabía que había puesto el dedo en la llaga haciéndole recordar a su hermano la infidelidad de su ex novia, con la cual había terminado hacia una semana. Rei Hansford era la hija adoptiva del matrimonio formado por Brandon y Catherine Hansford, tenía 20 años y a pesar de ser de ascendencia japonesa y no parecerse en nada a los miembros de su familia adoptiva, los cuales tenían rasgos occidentales, jamás sintió la diferencia en cuanto al trato, la mimaban y la reñían de igual manera, sin hacer diferencias. Su relación con su hermano mayor, Andrew, de 23 años era increíble, incluso el chico se llevaba mejor con ella que con Mina, la hermosa rubia, de 17 años quien si era su hermana biológica.

-Lo siento, yo siempre tan impulsiva.- Apenada la chica.

-No te preocupes Rei, sé que no lo hiciste intencionalmente.- Respondió Andrew.

-Oh Rei nunca te mides.- Dice la rubia.

El joven rubio saco su celular que guardaba en una de las bolsas de su pantalón de mezclilla y se alarma al ver que ya eran las 7:30 de la tarde, había quedado en salir de fiesta a un centro nocturno con algunos amigos rumbo a la Ciudad de Victoria a las 9, ciudad que quedaba a casi una hora de distancia desde Vancouver, aunado eso, todavía tenía que conducir hasta su casa para darse una ducha, la cual no quedaba muy cercas.

-¡Tenemos que regresar a casa ahora mismo!...¡He quedado con Matthew y Jacob para salir de fiesta esta noche a Victoria!.

-¿Me llevaras?...Yo quiero ir.- Alborotada la rubia.

-Lo siento Mina, es salida de hombres, eres menor de edad y aunque fueras mayorcita no te llevaría, no conoces a esos dos.- Dijo el rubio adoptando su postura de hermano mayor celoso.

-Si seguro van de ligue Mina.- Responde secamente la chica de cabello negro.- Anthony vuelve a las andadas.- Término diciendo la pelinegra con rasgos asiáticos que distaba de tener un carácter muy distinto del de su hermana menor.

El joven rubio mira extrañado a su hermana la pelinegra, como era posible que ella conociera el nombre que utilizaba, bajo el que se ocultaba cuando salía de fiesta con sus amigos con la intención de ligar chicas guapas para después llevárselas a la cama con la única intención de tener sexo desenfrenado. Aquella actividad había cesado el día en que conoció a la distinguida Señorita Serena Anderson, pero aunque le dolía su traición estaba dispuesto a seguir con su vida, a largarse de juerga y ligarse a la primera chica guapa que se le ofreciera en la noche. Parecería como si al hablar de Andrew se hablara de un patán, pero no, nada de eso era, jamás se aprovechaba de ninguna chica guapa solo para tener sexo, siempre era claro y directo cuando una mujer le interesaba solo para la cama, jamás hacia falsas promesas de amor y casamiento, eso hasta que conoció a aquella rubia llamada Serena. Aquella que lo deslumbro y por la que había decidido cambiar y dejar de comportarse como un casanova de la época moderna, ella, como el la llamaba "su musa", había sido la chica que posara para la lente de su cámara sacándole hermosas fotografías que después fueron a adornar las paredes de su cuarto antes cubiertas por posters de mujeres y modelos desconocidas semidesnudas.

Pero parecía que la vida le había cobrado sus actos antes de conocer a la rubia y al triple, pues aquella belleza termino engañándolo con otro, aun recordaba como la encontró en el auto de aquel tipo totalmente desnuda y jadeante.

-¿Anthony?...¿De qué Anthony hablas Rei?.- Preocupado el joven.- No tengo ningún amigo que se llame Anthony, tan solo iré con Jacob y Matthew.

-¿Crees que soy tonta?...Por supuesto que sé que es el nombre que utilizas cuando vas de "cacería".- Dijo la pelinegra haciendo el ademan de comillas con los dedos, refiriéndose por conquistar chicas a la palabra cacería.

-Bueno Rei, tu eres mi hermana, mejor no hablemos de eso. Es hora de regresar.- Dijo el joven apenado cambiando de tema mientras sus hermanas reían al haberle echado en cara que sabían todo sobre él.

Minutos después de atravesar el puente colgante, los tres hermanos llegan hacia el estacionamiento donde se encontraban dos motocicletas una Honda DN01 en color negro y una Honda Fireblade 2008 en color rojo. La chica pelinegra se subió en la roja encendiendo el motor, mientras el hombre rubio subió en la negra donde Mina también sube abrazándose a él con fuerza, como siempre temerosa de no caerse.

-¡A que llego primero a casa en mi "Feuer"!.- Reta Rei que apenas decir aquello sale corriendo en la moto a la que había bautizado bajo el nombre de "Herd".- Venceré a Thunder.- Grito la sacerdotisa ahora refiriéndose al nombre de la moto de su hermano a la cual habían bautizado con ese nombre.

-¡Embustera, tramposa, vamos a ver si no te doy alcance!.- Respondió Andrew.

-¡Andrew no tan rápido puedo lastimarme!.- Chilla la rubia.- Hubiera deseado traer mi hermoso auto.- Dice la rubia haciendo alusión a su VW Beetle Barbie, un auto que burlonamente Rei y Andrew decían que parecía el cochecito de la muñeca Barbie.

Algunos días después…

La hermosa chica rubia sentada en la sala de la lujosa Mansión Hansford lloraba abrazada a su hermana y a su padre mientras escuchaba los duros regaños de su padre y hasta su hermano, sobre todo de este último, que aunque era muy consentidor, cuando se ponía en su papel de hermano enérgico no había poder humano que lo hiciera olvidar que solo era el hermano de la chica y no el papá.

-¡Ese Yaten es un bueno para nada Minako!...¿Que es lo que quieres que te embarace igual como embarazo a Rose Adams?.- Cuestiona el señor.- ¡Hija no soy un puritano ni muchos menos, pero eres una adolescente!...¡No me gustaría verte embarazada el día de mañana a tan corta edad!.

-Pero Yaten ha cambiado el me prometió que…- La chica no termina de hablar pues su hermano la interrumpe.

-¡Te he dicho que ese Yaten es un imbécil Mina!...No quería repetírtelo pero, el sábado que fui a Victoria lo vi besándose con una latina despampanante, más tarde me lo encontré con dos mujeres sentadas en sus piernas y…-

-¡Calla Andrew que seguro tú también fuiste a lo mismo!.- Molesta la rubia.

-¡Pero yo no tengo novia, y anqué no te guste no voy a permitir que ningún imbécil bueno para nada se burle de mis hermanas!.- Molesto el joven.

Mina se echó a llorar, pues bien sabía que las amenazas de su hermano no eran en vano, ya en el pasado se había agarrado a golpes con Nicholas, un joven desaliñado y poco atractivo con el que Rei anduvo saliendo durante su etapa de estudiante en High School el cual termino rompiéndole el corazón. Afortunadamente los gusto de Rei habían cambiado, pues aquel tipo aparte de ser un patán era poco atractivo para ella, desde el punto de vista de la rubia y ahora también de la pelinegra.

-¡Muy bien dicho Andrew, nadie se burla de los Hansford!.- Apoyo la chica pelinegra sintiéndose orgullosa del apellido de su familia.- Además Mina cuando te leí el tarot te dije que Yaten no te convenía que era un patán.- Termino diciendo la chica pelinegra que gustaba de lo oculto y era una supersticiosa, quien investigando en internet y en libros había aprendido a leer las cartas, las runas, además de sentir fascinación por cosas fantasiosas como la creencias en fantasmas, espectros, duendes, el karma, la reencarnación entre otras cosas, de lo cual por supuesto Andrew siempre se burlaba.

El padre de los tres chicos, tan rubio y con unos ojos azules, vistiendo traje sastre camina irritado dentro de la sala hasta que posa sus ojos en el mayor de sus hijos.

-He comprado la Mansión Kendrik que se encuentra en el pueblo de Puckley en Inglaterra, la misma que viste en internet Andrew.- Dijo el hombre.- Es una verdadera obra de arte que nadie a querido comprar en muchos años y yo la adquirí a buen precio.

-¡Que compraste la Mansión!.- Impresionada la señora Catherine

-¡Que compraste la mansión Kendrik, la misma que encontré por internet y que se encuentra en Puckley!.- Dice el muchacho rubio sorprendido y emocionado, cuando vio aquella obra de arte por internet se sintió maravillado al igual que su hermana Rei, obviamente las razones eran distintas para cada uno, mientras Rei se sentía atraída por el misterio que desprendía aquella mansión, el escéptico de Andrewo veía en ella el escenario perfecto para sus fotografías, de alguna u otra manera sentía nostalgia y un poco de melancolía al mirar aquella mansión.

-¿Te gustaría ir a Inglaterra?- Cuestiona el señor a su hijo.

-¡Por supuesto que me gustaría papá pero no es momento para hablar de…-

-Bien, pues mañana mismo te iras con tus hermanas.- Decidido el señor.- Comprare los boletos de avión para los tres y se pasaran los dos meses de vacaciones allá, volverán hasta el inicio de clases en la universidad.- Dijo el señor.- A ti Andrew te aviso que tu madre y yo firmaremos una autorización para que puedas ejercer poder sobre Mina y controlarla.

-Pero y el hotel.- Dijo Andrew que aunque aún estaba en la universidad ya trabajaba en la corporación de su padre.

-¡Olvídate del Hotel Andrew, tómalo como unas vacaciones!..- Ordena el señor Hansford.- Lo importante de esto es alejar a Mina de ese bueno para nada.

La chica rubia rompe en llanto mientras es consolada por su madre y su hermana, lanzando injurias contra su padre y su hermano que decidían que hacer y a donde llevarla, no le parecía justo.

Andrew por su parte sonrió para sus adentros, que mejor que unas vacaciones para distraerse y dejar de pensar en Serena, su ex novia infiel, de paso aseguraría que Mina estuviera lejos de aquel patán y sin duda el estilo gótico y victoriano de aquella mansión le serviría para tomar más fotografías, un hobby que le apasionaba aún más que su carrera de Administración de Empresas en la Universidad y que estudiaba en una prestigiosa escuela de fotografía los fines de semana combinándolo con sus estudios de Administración en la universidad.

-¡Esa casa es horrible y da miedo, seguro debe estar llena de telarañas!.- Lloriqueo la rubia.

-Tranquila Mina, los fantasmas regularmente no hacen daño, tan solo buscan que se les ayude a cumplir algo que dejaron pendiente en vida.- Sonríe la pelinegra con malicia logrando asustar a su hermana.

-¡Por favor Rei, cállate, no estás viendo como esta Mina:- Reprende la señora Catherine.- ¡Si quieres ayudar a alejarla del patán no estas ayudando mucho!

-Lo siento madre.- Respondió la pelinegra soltando una carcajada.- Pero bueno, yo estoy encantada con el viaje, adoro ir a Inglaterra y papá ha comprado esa mansión victoriana me parece mucho mejor. Solo pido que Andrew no busque al idiota de su amigo, al odioso de Darien Shields.- Refunfuña la pelinegra recordando a aquel chico que en sus viajes a Inglaterra con su familia había conocido y al cual despreciaba por haberla llamado "Chinesse Girl" por sus facciones orientales, odiaba que le preguntaran si era China, ella era de ascendencia Japonesa, sus padres adoptivos siempre se lo dijeron, pero aun así no se sentía asiática, ni siquiera sabía hablar Japonés, solo Ingles y Francés que eran los necesarios para vivir en Canadá.

-Seguro esa viaje a Puckley será inolvidable, y esa casa es excelente para tomar fotografías, de paso podría ligarme a una que otra inglesa y olvidar un rato a Serena.- Pensó el chico rubio para sus adentros, así a su regreso a Canadá, en dos meses que reiniciara su siguiente periodo escolar en la Universidad y en la Escuela de Fotografía tendría algo hermoso que mostrarse a sus compañeros de la clase de Fotografía

Hola, aquí de nuevo Mademoiselle Rousseau con una nueva historia para el fandom de Sailor Moon y contribuyendo a engrosar los fanfics de Mako-chan.

Bien, si sé que no tengo vergüenza, que prometí no subir ningún fanfic ni escribir nada hasta que terminara amor inolvidable pero esta idea tenía semanas revoloteando en mi cabeza y no aguantaba más sin escribirla. Sentía algo así como si quisiera estornudar y algo me lo evitara hahaha.

Como notas finales aclarare algunos puntos:

Utilice apellidos ingleses, porque al no ser japoneses los personajes no quise utilizar ni Kino, ni Furuhata, ni Tsukino, ni Chiba ni nada de eso.

Si ven algún error o alguna cosa que no cuadre pueden decírmelo libremente no me enojo, este fic tendrá algunos tintes históricos y aunque he investigado puedo equivocarme.

Algo importante, Anthony y Andrew no son gemelos (obvio son de distintas épocas y lugares), no tienen nada que ver solo comparten un gran parecido físico y eso es todo.

El nombre de la moto de Rei "Feuer" significa fuego en alemán.

Disculpen si uso algunas palabras en inglés como "My beauty" o "Chinesse Girl" a decir verdad me pareció mejor hacerlo así.

Gracias a quienes pasen por aquí, aunque no les prometo ser constante con las actualizaciones, tengo que terminar primero Amor Inolvidable y darle seguimiento semanal a Tormenta de Fuego que escribo junto con mi amiga Nick River.

Atte:

Mademoiselle Rousseau.