Advertencia: Spoilers del final de la segunda temporada.


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Imposible

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No podía ser. No podía acabar así. Así no. Casi prefería la profecía de la Bestia. Morir luchando era mejor a simplemente abandonar. Pero tampoco había abandonado. No era nada de aquello. No era un final honroso, ni mucho menos un final feliz aunque era tonta por aún tener esperanzas por tener uno así; ni siquiera podía decirse que era un final.

Tenía una vida, tenía una familia: a su lado estaba su padre muerto, bañado de orgullo en aquel mundo. Al otro estaba Jackie, feliz de recuperar una familia. Y Mike. Y era Londres: no era un Londres como el que conocía pero se parecía, casi eran iguales, tan solo variaban pequeños detalles… Y estaba ella.

Debería ser feliz, pero no podía. Faltaba lo más imprescindible.

Él.

El Doctor.

Ni siquiera era un final. Él seguía vivo, en algún sitio, viajando, solo de nuevo. Y ella, en cambio, estaba allí donde siempre había estado antes de conocerle, donde antes su vida le gustaba, no era perfecta pero le servía, pero ya no era así: ahora aquella vida le venía pequeña, estrecha, insoportable de vivir después de todo lo que había visto, olido, escuchado… vivido. Sin todo aquello y sin lo más imprescindible de todo, no servía de nada todo lo demás, carecía de sentido, de matiz, de color.

Aún quedaba la esperanza, sin embargo. Una esperanza que no podía permitirse por si se rompía, por si quedaba en nada, pero igualmente era incapaz de matarla. Era más feliz despertándose con la incertidumbre de quizá hoy… a despertarse sabiéndose condenada a aquello.

Había sido estúpida, lo sabía. Había creído que estarían juntos para siempre, pese a que ella moriría algún día y él no. Pero al menos habrían estado juntos toda su vida y para ella era lo único que tenía, y al final resultó que no sería así. Preferiría haberse perdido en el vacío, no por sus padres, Mike o su futuro hermano, si no por ella misma, por esa otra parte de sí que solo podía compartirla con él. Porque entonces, aunque fuese malo para ella, al menos habría sido cierto: habría sido para siempre, aunque fuese su siempre y no el del Doctor. Era algo. Lo que podía ofrecerle. Y no había podido hacerlo.

¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Buscar trabajo, expectativas, ¿volver a su vida anterior?

¿A otra persona? …

No podía. Por eso tenía que mantener viva aquella esperanza, por inútil e imposible que fuera. Era mejor a la alternativa.

Y un día esa esperanza se vio sonreída. Su voz. La asustaba olvidarle, olvidar su voz, pero en cuanto le oyó supo quien era, sin error, y también supo que no era u engaño. Era él, de verdad. No sabía cómo pero lo era.

Tierra y aire, lo que hiciera falta, nada se interpondría.

Solo para que su esperanza fuese rota. Era un adiós. No podían hacer otra cosa. Por supuesto ella ya lo sabía pero eso no hacía más fácil el verlo confirmado. Verle. La última vez. No podía serlo, no podía ser la última vez, no podía ser que ambos siguiesen existiendo y nunca pudieran volver a verse…

Era absurdo. Idiota. Inútil.

Y, sin embargo, era.

Y, a pesar de todo, él supo qué decirle. Qué palabras escoger para hacer que su corazón temblase y se convirtiesen en las más hermosas de su vida, las que más recordaría…

Rose, estoy quemando una estrella para decirte adiós.