DISCLAIMER: Es la traducción de una historia escrita en inglés llamada "Walking Away". Su autora es Jayeliwood.

Regreso al hogar

Prólogo

Presionó sus labios contra los míos ávidamente, su tacto era el del terciopelo más suave y su sabor era el de la fruta más dulce. No teníamos mucho tiempo pero no podía apartarme, no de ella, no cuando la sentía así. Su lengua se deslizó en mi boca y yo la absorbí con ansia, queriendo tener cada vez más. Nunca tenía suficiente. Entrelazó sus dedos en mis cabellos, tirando mi sombrero al suelo, de forma muy sutil. Deslicé mis manos por detrás de su cuello y la atraje hacia a mí dulcemente.

—No quiero que te vayas— murmuró entre lágrimas, apartando mínimamente su boca de mí para hablar

—Sabes que tengo que hacerlo— dije suavemente, besándola una vez más.

Noté el sabor salado que dejaban las lágrimas en sus labios, odiando el saber que lloraba por mí. Nunca quise hacerla sufrir y menos por mí. Era demasiado preciosa para llorar.

Bella movió la cabeza bruscamente mientras dejaba escapar un sollozo antes de contestar:

—No, hay otros soldados. No te necesitan, ¡pero yo sí!

—Sabías que esto era lo que quería. Lo que realmente quería hacer— dije con poco entusiasmo. No sabía qué decir, si es que había algo más que pudiera decir.

—¿No me quieres? ¿Acaso no me amas? — empezó a llorar más intensamente mientras sus dedos se aferraban a mi uniforme.

—Bella, ¡sabes que sí te quiero! Te amo más que a nada en este mundo y cuando la guerra termina volveré aquí y me casaré contigo— le dije mientras mis dedos acariciaban sus mejillas.

Negó con la cabeza una vez más y su vista se perdió en el horizonte. Sabía que se estaba volviendo irracional pero no había nada que yo pudiera hacer para impedírselo.

—No, no puedes ir.

La besé de nuevo sin saber que más decir. Solo tenía una hora para llegar a la estación donde me tenía que reunir con mi compañía. No quería desperdiciar ni un minuto de ese tiempo. Bella me devolvió el beso, dándome tanto como yo le había dado a ella. Agarró firmemente mi chaqueta, apretándome contra su cuerpo. Dejé escapar un leve gemido cuando me besó mientras mis brazos envolvían su cintura.

—Te quiero— susurré apenas imperceptiblemente y la volví a besar —Volveré a ti. Eres mi vida

—Más te vale— contestó Bella casi enfadada acercándose a mi boca otra vez.

La cogí en brazos con facilidad, dejando que sus pies desnudos oscilando en el aire. Acerqué su cálido cuerpo al mío e pude sentir sus formas incluso a través del grueso vestido. Sólo había visto su delicado cuerpo una vez y había sido hacía una semana cuando me enteré de que me destinaban lejos. Se entregó a mí por completo y me pidió que la tomara. Creo que ella esperaba que el encanto de su cuerpo hiciera que me quedara. Y, ¡por Dios!, era más que tentador, pero no podía hacerlo.

Necesitaba hacer esto o, al menos, eso es lo que no paraba de repetirme. Mientras sus piernas se enrollaban alrededor de mi cuerpo era cada vez más difícil de convencerme a mí mismo de eso.

—Por favor…— suplicó dulcemente —Por favor…

—Por favor, ¿qué? — le pregunté besando suavemente su cuello

—Tómame— murmuró —Quédate, no puedo estar sin ti.

Eran las mismas palabras que pronunció el día que estuvieron juntos, el día que la reclamó para él. La misma respuesta:

—No puedo, cariño

—Tómame —entonaba una y otra vez buscando mis labios. Gemí al contacto y la llevé hacia la cama en el rincón de la pequeña habitación. No era gran cosa, pero era su hogar. Este lugar guardaba muchísimos recuerdos felices para mí y no quería hacer del último algo triste. Así que hice la única cosa que sabía… la tomé.

La tumbé suavemente sobre la cama y me incliné sobre ella. Empecé a desabrochar los botones de su camisa con urgencia pero enseguida desistí frustrado. Bella tomó el relevo guiando mis manos hacia su falda.

Con una velocidad y agilidad que no pensé que poseía, se había desecho de la blusa. Cuando descubrí que no tenía nada bajo su falda me dí cuenta de que lo había planeado todo. Sabía lo que estaba haciendo pero no quería o no podía detenerla. Estaba tratando de retrasar mis planes y no podía culparla por ello. Estar con ella así hacía que quisiera posponerlo. Todo lo que quería era sentir su cálido y suave cuerpo amoldado al mío.

—Tómame— repitió de nuevo deslizando mi chaqueta por los hombros. No podía decirla que no.

Mis ojos se deleitaron contemplando su cuerpo. Reaccioné instantáneamente y me estremecí al ver su pecho perfecto, su abdomen plano y sus caderas pronunciadas. Era mía, completamente mía. No había vuelta atrás: tenía que reclamar su cuerpo.

Ni siquiera me molesté en quitarme la camisa, simplemente me bajé los pantalones. Sabía que no era romántico ni dulce, como ella merecía, pero no había tiempo para eso. Con un rápido movimiento estaba entre sus piernas y presioné mi cuerpo hacia el interior del suyo. Gimió suavemente, envolviendo mi cintura firmemente con sus piernas.

—Soy tuya para siempre— susurró mientras me movía dentro y fuera de ella a un ritmo que rápidamente se volvió frenético. Sabía que ninguno de los dos podría aguantar mucho más. Era demasiado: demasiada emoción y demasiadas sensaciones. Estaba apunto de explotar cuando me dijo:

—Nadie más. No amaré a nadie más. Tienes que volver a mí.

—Lo haré— contesté casi sin aliento, perdiéndome en la profundidad de sus preciosos ojos marrones.

Arqueó la espalda bruscamente, presionándome contra ella. Dejé escapar un jadeo al sentir cómo se aferraba a mí.

—Oh, Jasper…— suspiró mientras sus ojos se cerraban lentamente, diciéndolo casi en forma de plegaria. Mi precioso ángel gemía por mí, sólo por mí. Su cuerpo era sólo mío. Era demasiado: rápidamente perdí el control sobre mí mismo, derramándome en su interior.

Tras dejar pasar unos segundos me recosté sobre ella, descansando la frente en su hombro. Apretó el lazo con que sus piernas me mantenían unido a ella y me acarició el cabello. Se aferraba a mí, pidiéndome que me quedara con ella. Me rompió el corazón que no pudiera hacerlo. La besé en el cuello ligeramente y le susurré en el oído:

—Te quiero

Empezó a sollozar al escuchar esas palabras y su cuerpo tembló bajo el mío.

—Yo también te quiero.

—Confía en mí, los habremos derrotado en un mes, cariño. Esos norteños no tienen nada que hacer contra nosotros— intenté tranquilizarla.

Le dí un profundo beso, ofreciéndole todo mi amor antes de levantarme. Tenía que prepararme. Esperaba que no se hubieran ido sin mí.

Gruñó enfadada, tirando de la colcha y envolviéndola alrededor del cuerpo se dio la vuelta de cara a la pared. Suspiré metiéndome la camisa después de haberme subido los pantalones y de haber encontrado la chaqueta.

—No quiero decirle adiós a tu espalda— dije recogiendo el sombrero del suelo y colocándomelo.

—Entonces no me digas adiós— contestó sin moverse.

Suspiré. No, así no era como quería que sucediera, pero necesitaba hacerlo. Caminé hacia ella, colocando la mano sobre su hombro. Me incliné y susurré en su oído:

—Un mes. Eso es todo. Y después volveré y te convertirás en la señora Isabella Whitlock.

Dicho esto, presioné mis labios firmemente contra su mejilla, deslizando la mano por el brazo y tomando su mano durante un momento.

—Te quiero, Bella. Muchísimo.

Cuando se quedó callada, cerré los ojos suspirando pesadamente. Esto era peor que las lágrimas. Odiaba hacerle esto. Acaricié con los labios su cuello una última vez, recreándome en su suavidad antes de apartarme. Necesitaba el recuerdo de su piel contra la mía.

Estaba casi fuera de la habitación cuando la oí decir suavemente:

—Yo también te quiero, Jasper. Siempre.