DISCLAIMER:
Esta historia es la traducción de la historia en inglés llamada "Bleeding Love". Su autora es safariwriter.

AMOR SANGRANTE

Excursión de fin de semana

Había una cosa que a mí, Cerys Freeman, no me gustaba y era estar atrapada. Odiaba estar dentro de un edificio y sentirme atada a una estúpida mesa de despacho. Mis peores pesadillas eran las mesas de trabajo: sólo pensar en ellas me hacía encogerme. Todavía estaba en el instituto, y ya estaba encadenada detrás de un escritorio. La vida apesta. Todo lo que puedo decir es que casi es viernes y eso significa que iré a acampar este fin de semana. Podía verlo desde las ventanas de mi clase y deseaba estar allí ahora mismo.

Mi padre solía llevarme de acampada a todas horas cuando era más pequeña. Heredé el cabello oscuro y los ojos dorados de mi madre pero el espíritu de mi padre. Él tampoco podía sentirse atrapado. Terminó trabajando como guardabosques, de esta forma siempre estábamos al aire libre. Me enseñó cómo sobrevivir en la naturaleza si la necesidad se presentaba en algún momento.

—Cerys, por favor, presta atención— mi profesor, el señor Sheridan, me llamó desde el frente de la clase. Maldita sea, me había pillado soñando despierta.

—Lo siento—respondí suavemente mientras volvía mis ojos hacia la pizarra. Estaba en último año en el instituto pero me sentía de este curso desde que estaba en primaria.

Estaba planeando tomarme un año libre antes de entrar a la universidad para viajar a lo mochilero. No estaba muy segura de adónde me dirigiría, pero sabía que no sería a ninguna ciudad abarrotada de gente.

—Quiero que escribáis una reseña de Trampa 22 para el lunes— dijo el señor Sheridan justo antes de que sonara la campana.

Por fin, ¡libre! Fui la primera en salir del aula. Había guardado los libros en mi mochila de color canela y había estado moviéndome inquieta en mi asiento. Fui casi la primera persona en llegar al aparcamiento, pero sí que fui la primera en sacar el coche de él.

—¡Mamá! ¡Estoy en casa!— grité. Tiré mi mochila contra una pared y corrí escaleras arriba a mi habitación.

—¡Cerys, baja de ahí! Necesito hablar contigo— mi madre me devolvió el grito.

Gruñí, pero bajé las escaleras y me encaminé a la cocina. Mi madre estaba sentada en la mesa repasando facturas. Alcancé a ver las bolsas de sus ojos fruto de las largas noches en vela: era cocinera jefa en uno de los restaurantes de la zona y estaba casi siempre fuera.

—¿Sí? — respondí mientras buscaba en el frigorífico algo de comida.

—Gerald me está cubriendo así que tengo esta noche y mañana libres. ¿Quieres que hagamos algo mañana? ¿Quizá ir de compras? — me preguntó esperanzada. Gruñí ante la idea.

—Estaba pensando en ir de acampada. Puedes venir conmigo. Iba a ir a la Roca del Lobo— repliqué

—No, no, estoy bien. Creo que haré algo en la casa y pondré al día mis horas de sueño.

Mi padre había fallecido de cáncer hacía unos cinco años. Intentó combatirlo pero para cuando se lo detectaron era demasiado tarde. Desde entonces mi madre no se ha acercado al bosque. Tenía demasiados recuerdos de él en ese lugar. Yo era todo lo contrario, adoraba esos recuerdos y el bosque que los guardaba.

—Odio decir esto, mama, pero parece que lo necesitas— contesté —Estaba pensando en irme bastante pronto. Quiero tenerlo todo listo antes del crepúsculo.

—¿Tengo que asumir que lo tienes todo preparado?

—La mayoría de las cosas están en la camioneta— dije con una amplia sonrisa

—De acuerdo, ¿quieres que te ponga algo de comida?

—Puedo hacerlo yo. Tú empiezas tu día y medio de vacaciones ahora así que ve a descansar y a ver la televisión. Si sientes el impulso de cocinar échale un vistazo al Canal Cocina— respondí

—Llámame cuando llegues a la Roca del Lobo— me dijo mi madre con un bostezo

—Lo haré.

Cogí unas cuantas cosas del frigorífico así como algunas bolsitas de frutos secos y M&M's. Voy a necesitar el chocolate.

Después de dos horas de caminata había llegado a la Roca del Lobo. Era un conjunto de rocas al lado de saliente de granito que tenía la forma de un lobo aullando a la luna. Rápidamente dejé mis cosas abajo antes de empezar a trepar hasta la nariz del lobo y miré las copas de los árboles y el cielo infinito. Se veía un trozo del océano en el horizonte.

—Esto es vida— dije sonriendo

Aún tenía unas dos horas antes del crepúsculo y estaba preparada para disfrutarlo al máximo. Deshice algunos bultos pero llevé la mochila que tenía mi ropa conmigo mientras descendía de la montaña hasta un pequeño lago que casi podría llamarse laguna.

Solo fue un paseo de unos diez minutos, nada parecido a la caminata necesaria para llegar a la Roca del Lobo. Antes de desnudarme para darme un baño, caminé hacia la orilla y deslicé mi mano por la superficie cristalina. Comenzaron a surgir ondas y la quietud de las aguas desapareció. Creo que no hay muchas cosas que los humanos puedan hacer sin interferir en la paz de la naturaleza.

Coloqué mi mochila en una roca junto a la orilla y saqué mi toalla. Miré alrededor y escuché cualquier sonido que indicara que había alguien más por allí. Estaba segura de que no había nadie. Sólo había visto rastros de ciervos durante su ascenso al lugar de acampada.

Rápidamente me quité la ropa y me acerqué al borde del agua. Antes de que mi mente pudiera procesar lo fría que podría estar el agua, me zambullí en ella. Estaba fría pero refrescante, como una piscina a mitad de verano. Nadé hasta el centro antes de sumergirme en el agua otra vez. Un pececito pasó rozando el fondo del lago y se alejó cuando traté de nadar hacia él. Había unas cuantas rocas, pero aparte de eso todo era fango y musgo.

Me encantaba esa laguna, pero el viento me recordó lo cerca del crepúsculo que estaba el día. Me zambullí en el agua una vez más, dejando que el agua mojara mi cabello por última vez hoy antes de salir y acercarme a la toalla. Me sequé antes de envolverme en ella. Mientras me peinaba creí haber oído algo entre los arbustos, pero rápidamente decidí que sería algún tipo de animal. Después trencé mi cabello y me pareció que no iba a terminar nunca: necesitaba un buen corte.

Me giré para mirar el bosque que me rodeaba pero vi algo más que árboles. Descubrí un par de ojos que pertenecían a la imprecisa figura de un hombre entre los árboles más próximos a mí. Abrí la boca para gritar pero antes de que pudiera hacerlo, él estaba detrás de mí y tapándomela con su mano.

—Hola— dijo la voz suave y profunda del hombre. Podría decir que estaba sonriendo. Bien, ahora estaba realmente asustada.