Ranma ½ pertenece a la gran Rumiko. No hago esto por ganar dinero. Pero si alguien me quiere pagar… jajaja ¡es bromaaaaa!

Aviso: si alguien no ha leído mi fic "nada que perder" recomiendo ir a mi perfil, buscarlo y leerlo porque es la versión de Akane sobre esta misma historia y la historia tiene más gracia si primero se lee la versión de Akane.

Dicho esto aquí tenéis la versión de Ranma… la he titulado "todo por ganar" (contrario a "nada que perder") porque ya sabéis lo mucho que odia este chico perder. Habrá cosas que os sorprenderán, cosas que ya sabéis y cosas que sospechabais.

Gracias por los rewiews del capítulo 8 de "nada que perder". ¡Prometo contestar!


Capítulo 1

Hoy vuelvo a coger el tren que sé que coges cada día para volver a casa. Tu padre me dijo que hace casi un año que trabajas en esta ciudad y este es tu tren. Siempre que puedo subo en él. No sé por qué pero hoy me temo que va a ser otro intento fallido de encontrarte. Suelo subir expresamente para provocar un encuentro entre ambos pero hoy ha sido por necesidad. Si no te veo no me sentiré tan mal. Mi parada es dentro de unos veinte minutos.

Estoy deseando llegar a casa para coger mi moto e ir a verte. Llevo una semana fuera de casa y lo que más deseo es ir a la tuya. Aunque tú ni siquiera sabrás que te fui a ver. Me temo que tú no me querrías ver. Nabiki no tendría que haberme dicho nada. Sólo pensar que puedes estar con otro me hierve la sangre. Pero luego cuando te veo allí durmiendo y estoy tan cerca de ti soy feliz. Me gustaría saber qué sientes por mí o si sentiste algo alguna vez. A veces tengo la sensación de que quizás me odies, pero luego cuando en sueños dices mi nombre nace una pequeña esperanza en mí.

Casi seis años han pasado. Casi seis años y mis sentimientos todavía siguen siendo los mismos. A veces al subir al tren me imagino como sería nuestro reencuentro. Lo he imaginado cientos de veces. Incluso a veces me pongo delante del espejo y ensayo las caras que pondría al verte y qué te diría. Luego me siento ridículo, suerte que nadie me ha visto nunca. Pero gracias a esa tontería he aprendido a controlar bastante bien mi nerviosismo, no soy ya aquel niñato tímido. Me gusta imaginar que nos encontramos y yo te pregunto que qué tal te va y tú me responderías que te va fatal sin mí y que quieres volver conmigo. Imaginar… Dudo que las cosas fueran así de fáciles.

Estoy mirando por la ventana. Está oscureciendo y la ciudad se ve preciosa. En el cielo flotan nubes rosa. La gente empieza a encender las luces de sus hogares. Qué fácil es imaginar y qué distinta es la realidad. Suelto un largo suspiro. Si estuvieras a mi lado me dirías: "Saotome, ¿se puede saber por quién suspiras de esa manera? No estarás pensando en alguna estúpida ¿no?". Qué guapa estabas cuando te ponías celosa, nunca fuiste capaz de decirme que sentías celos pero yo siempre lo supe.

Echaré otro vistazo al tren. Tal vez te vea. Me ha parecido ver una chica que se parecía a ti. Va muy bien vestida, parece una ejecutiva. Acostumbrado a verte siempre en pijama no sabría decir si eres tú. Tengo tantas ganas de verte que te veo en otras caras. El tren empieza a funcionar. Miro mi reloj. Me quedan casi veinte minutos de trayecto. ¿Y si dejo que el tren me lleve a Nerima? Tan valiente que digo que soy y no soy capaz de presentarme en tu casa y hablarte.

Me muero por volver a hablar contigo. Han pasado casi seis años. Casi seis años sin hablarnos. Sin hablarte. Recuerdo aquel día con todo lujo de detalles. Lo recuerdo todo como si lo hubiera visto reproducido una y otra vez en una televisión.

Fue un bonito día de primavera. Tú y yo sentados en la mesa dando la espalda al estanque. Mis padres y tu padre al otro lado la de la mesa. Me miraste como intentando preguntarme algo que yo no supe contestar porque tampoco sabía de qué iba la cosa. Teníamos las mismas dudas.

Como un relámpago pasó por mi mente que tal vez nos habían descubierto. Sabían nuestro secreto y querían que les aclarásemos porque siempre nos estábamos negando cuando en realidad… nuestro secreto. Nuestro pacto. Nuestro juego…

Miré a mi alrededor. Vi como mi madre te miraba con ternura. Hace algún tiempo me dijo que te echaba mucho de menos. Tú eras la hija que nunca tuvo. Te quería con locura. Te sigue queriendo. Te echa de menos. En ese aspecto mi madre se parece mucho a mí. Seis años ya.

Me parece casi imposible que ya hayan pasado casi seis años de aquella tarde. Aquella tarde que nos separó. Sentados en aquella mesa nuestros padres nos miraban fijamente. Algo tramaban papá y tío Soun. Me sorprendí al ver que la que habló fue mi madre. Parece que fue ayer cuando mi madre nos hizo aquellas preguntas.

Akane ¿qué sientes por mi hijo? – te dijo mi madre. Pensé que estaba loca, no sé como se atrevió a preguntarte eso. Deseé con toda el alma que contestaras. Que dijeras que me querías. Yo sabía que me querías. Entonces yo podría estar contigo para siempre sin perder… siempre me costó perder y lo irónico es que perdí lo más importante de mi vida por no perder un asqueroso juego. Pero tú callaste. No dijiste nada ¿Tanto te costaba reconocer que me amabas? Supongo que tanto como a mi. No podías contestar. Mi mirada estaba fija en ti, deseando oír la respuesta que no llegó – está bien. Lo intentaré de otra manera – dirigió su mirada hacia mí, yo apreté mis puños con fuerza, sabía que quería decir mi madre con ese "lo intentaré de otra manera" – hijo ¿qué sientes por Akane? no hubo respuesta. Tampoco podía. No era por el juego, era porque me jodió que tú no respondieras. Yo no estaba preparado para contestar y ser rechazado. Empecé a dudar, talvez tú no estabas enamorada de mí. Me lo hiciste creer para ganar.

Tú callaste. Yo callé. La verdad no puedo reprocharte nada. No sé que habría pasado si mi madre me hubiera preguntado a mi primero. Quizás también habría callado. Ese era nuestro trato y es lo que quisimos. Ninguno de los dos queríamos perder en aquel estúpido juego donde nos habíamos metido solitos. Por orgullo y por miedo no perdimos el jugo pero nos perdimos el uno al otro.

El sonido de mi un teléfono móvil me vuelve a traer al presente. En la pantalla veo "mamá". Es la quinta vez que me llama desde que salí del avión.

¿Qué quieres ahora pesada? – no se me ocurre otra forma mejor de contestar al teléfono.

Hijo, esa no es forma de llamar a una madre – me recrimina. Yo me pongo a reír. Mi madre y yo hemos llegado a un nivel de confianza que nunca imaginé – ¿Estás en el tren?

– exactamente igual que hace 5 minutos cuando me llamaste.

Entonces vendrás a casa directamente ¿no? – sabe que a veces me pierdo. Entre nosotros hay mucha confianza pero nunca me he atrevido a decirle donde voy con mi moto casi todas las noches. Las noches que vuelvo de un viaje a veces ni siquiera ceno. Me voy directamente a Nerima.

Que sí… – tiene suerte. Tengo tanta hambre que me comería hasta las paredes. Iré luego más tarde a ver a mi princesita.

¿Más o menos cuanto tardarás? Recuerda que hoy viene a cenar Soun – es verdad, hoy es miércoles. Entonces tu padre no estará en casa. Nabiki me dijo que hace unas semanas que te ves con un chico. Como hoy lo lleves a tu casa me lo cargo.

Supongo que llegaré a casa a la hora de cenar – esa aura… no puede ser otra persona… haré una prueba – Me encanta tu comida y lo sabes – ¡es Akane! Mi corazón se para de golpe. Por fin hemos coincidido en el tren… es hora de poner en práctica todo lo que llevo practicando tanto tiempo… – ¿Qué? No te oigo bien, espera que me mueva – gracias al móvil tengo la excusa perfecta para acercarme a ti. Te veo como tapas tu cara con el pelo. Me gustaría tanto volver a acariciarlo como hice tantas noches hasta que te quedabas dormida. Me paro enfrente tuyo para provocar nuestro encuentro casual – ahora te oigo.

Digo que no vayas a coger la moto sólo llegar que hoy tu padre me ha dicho que llegarán muy puntuales – no escucho nada de lo que me dice mi madre. Sólo puedo pensar que te tengo ahí detrás y que lo último que supe de ti es que salías con un imbécil. Bueno no sé si será imbécil o no, pero para mí lo es…

Sí, yo también tengo ganas de verte – ya le explicaré a mi madre luego más tarde el por qué de esta frase. Me entenderá.

¿Ranma te encuentras bien? – me pongo a reír. Tu enfado está creciendo. Lo noto.

¿Cómo que lo digo por decir? Claro que no – vaya vaya Akane, nunca te había "sentido" tan celosa. En otros tiempos ya me habría ganado un puñetazo.

Ranma déjate de tonterías si no quieres que te vaya a buscar a la estación de tren y te lleve al médico en vez de a cenar – oh oh, mi madre se está preocupando demasiado. Mejor no sigo con esta tontería.

Vaaaale. Iré directamente a casa – la veo capaz de venir a buscarme y yo tengo hambre.

¿En serio estás bien? – luego si la llamo pesada le sienta mal…

Sí, sí – respondo rápidamente.

¿De verdad? – ¿existe alguna palabra para definir a "una persona que es mucho más que pesada"? De ahora en adelante será "Nodoka".

Que síííí – espero que le haya quedado clarito.

Pues hasta dentro de un rato – ahora es cuando viene la guinda final que hará que Akane se ponga más celosa todavía. Aunque si está con alguien… ¿no tendría por qué ponerse celosa no?

Veeeeenga. Yo también te quiero – cuelgo rápidamente sin dejar que mi madre diga nada. Sonrío al pensar que mi madre ha llegado a la conclusión que me he vuelto loco y que tú no has perdido detalle de la conversación.

¿Qué te pensabas Akane? ¿Qué tú serías la única que seguiría adelante sin mí? Lo mío será mentira pero al menos yo voy a ser capaz de controlar mis sentimientos. Tú estarás con otro pero por tu aura podría decir que sientes más por mí que por él. Siempre pensé que nos enamoramos los dos. Aunque a veces aún tengo dudas de si tú… Aquel estúpido juego no me permitía declararme. Yo no quería perder. No sé perder. Pensaba que me conocías lo suficiente para saberlo. Tendrías que haberte declarado tú. Es hora de aplicar lo aprendido.

Akane ¿eres tú? – bien. He logrado hablarte sin que mi voz flaqueara lo más mínimo. Además he conseguido soltar una sonrisa. Joder Akane, ahora que te tengo en frente, aquí cara a cara, con luz. Madre mía eres más preciosa de lo que recordaba. Nunca te olvidé, pero en mi recuerdo tenías rasgos más infantiles.

Ssssí – contestas nerviosa asintiendo con la cabeza. Y yo que me alegro de provocar todavía en ti ese nerviosismo. ¿Eso ha sido un intento de sonrisa? Sé que sabes hacerlo mejor. Estás nerviosa y yo me tranquilizo. Ese chico que dice Nabiki no existe. Apostaría mis gimnasios a que es una broma de Nabiki para hacerme espabilar. Sabe que lo pasé muy mal por ti.

¿Cuánto tiempo verdad? – cinco años, diez meses y seis días. Los he contado pero tú no lo sabrás nunca – ¿qué va a hacer ya… cinco años? – si tú los tienes contados me corregirás. Venga Akane hazlo.

Más o menos – no llevas la cuenta. Te conozco demasiado, si llevaras la cuenta me dirías casi seis. Me siento un idiota, yo aquí contando todos y cada uno de los días que no te he tenido a mi lado.

Oye… ¿qué tal te va? – te digo como quien no quiere la cosa. Venga ahora no me falles Akane. Dime la verdad. Dime que ese no existe. Dime que sólo estoy yo en tu pensamiento. Dime que me quieres tanto como yo a ti. A mi sólo me faltas tú…

Continuará…