Ranma no me pertenece pertenece a Rumiko Takahashi, no hago esto con fines de lucro etc etc…

Gracias por lo rewies y mil perdones por la tardanza. La verdad es que no sé si es porque me daba pena escribir un final a esta historia a la que le he cogido tanto cariño o es que no sabía como acabarla, si hacer que Meiko era hija de Kasumi o de Akane… bueno leed y lo sabréis.

Os vuelvo a pedir perdón y os dejo con un mini capítulo que es el final de la historia…


Capítulo 11

He perdido la noción del tiempo y ya no sé ni llevamos en el hospital. Parece que el niño que viene es más cabezón que la niña y se niega a salir. Será que se está muy bien dentro de Akane.

Aquí traigo la pastilla para el dolor que me han pedido – dice una enfermera bajita y rechoncha que entra dando saltitos en la habitación.

Yo no he pedido ningunaaaaaah pastilla, pero graaaaaaaahhhhciaaaaaahhs – contesta Akane entre gritos.

Es que no es para ti, es para mi – le digo – me has roto un hueso de la mano mientras me la cogías viniendo en la ambulancia. Y ahora sigue haciendo las respiraciones.

No recuerdo eso que me dices – susurras mientras respiras.

Genial, así tampoco recordarás que me dijiste que ya no volvería a tocarte nunca más – suelto mientras respiro contigo. Entonces me miras fijamente y dejas de respirar.

Eso lo recuerdo perfectamente – parece que hablas en serio. Aunque lo mismo me dijiste con Meiko y al final ya ves…

Seguimos con las respiraciones cuando entra una doctora y me pide que le acompañe para examinarme la mano.

Reina – te digo dándote un beso en la frente – vuelvo en seguida. Procura que el niño no salga hasta que yo llegue ¿de acuerdo?

Salgo de la habitación esquivando todo tipo de objetos que vas tirando. Nota mental: "no es momento de hacer bromas".

Cinco minutos más tarde salgo de la consulta de la doctora con la mano vendada. Aprovecho para sacar una botella de una máquina expendedora y tomarme la pastilla. Estoy en una gran sala de espera con un reloj y veo que son las doce en punto de la noche. Las doce de la noche. Las doce de la… ¡Meiko!

Cojo el teléfono y veo treinta llamadas perdidas. Deben de estar todos preocupados. Llamo y coge el teléfono mi madre.

Hijo ¿dónde os habéis metido? Nos tenéis muy preocupados. La fiesta ha seguido adelante porque no queríamos que Meiko lo pase mal – su voz muestra verdadera preocupación.

Hemos tenido que venir al hospital – escucho un gritito, antes que me avasalle a preguntas sigo explicándole – Akane ha roto aguas y aquí estamos esperando a que el niño se decida a dar la cara.

¡Oh! ¿Quieres que os lleve la maletita con las cosas del niño? – había olvidado por completo la bolsa del bebé.

Yo creo que esto va para largo, mejor me acerco a buscarla yo. Como desaparezcas de la fiesta de Meiko no te lo perdonaría.

Ya y a vosotros tampoco…

Tranquila mamá, ya encontraré como hacerme perdonar – aunque no tengo ni idea de cómo hacerlo.

Bueno, bastará con traerle un buen regalo, porque supongo que le habréis comprado algo – ufff no se por qué pero me suena a reproche.

Mamá tú procura que Meiko no se dé cuenta de nuestra ausencia que yo me ocupo de todo lo demás. Y ahora voy a ver qué tal está Akane. Hasta luego – cuelgo sin que le dé tiempo a decir nada más.

Entro en la habitación donde te encuentras y veo algo que me deja sin aliento. Me acerco lentamente y os abrazo…

¿No te había dicho que procuraras tenerlo dentro hasta que volviera? – frase tonta en un momento perfecto. ¡Así soy yo!

Es que tenía muchas ganas de ver a mi niñito y pensé que su papá estaría ligando con la doctora esa tan guapa, ¿o te crees que no me fijé?

He tardado porque estaba hablando con mi madre, ¡sí sí! con tu abuelita – le digo al niño y parece que me sonríe – Intentará que Meiko no se enfade, pero habrá que pensar un buen regalo – bajas la mirada y por un momento veo tristeza en tus ojos – Por favor princesita, olvídate de la doctora no tienes que ponerte celosa – digo cogiendo a mi hijo. Ni tus celos estropean mi felicidad.

No me llames así… – dices poniendo morritos. ¿Será verdad que ya no te voy a poder tocar? – creo que he dejado de ser tu princesita.

Akane por favor sabes que sólo te quiero a ti – todo esto me parece surrealista.

No es eso tonto… es que antes de irte me llamaste reina. Me gustó mucho y me di cuenta que nuestra princesita es otra y que quizás este sea el mejor regalo que podamos darle – veo como te quitas la cadena y me la das – Y ahora ve a casa a buscar la maleta del bebé y a traer a nuestra princesita.

Salto por los tejados y me siento el hombre más afortunado del mundo. Siento que hasta puedo volar. Al llegar a casa veo luz en el dojo. Cuando me acerco oigo música y muchas voces. Parece ser que la fiesta transcurre sin ningún problema. La música de repente deja de escucharse y suena mi teléfono. ¡Oh si es mi pesada favorita!

¡Hola mamá!

Ranma ven corriendo a casa – grita nerviosa – no encontramos a Meiko por ningún lado.

Veo que se enciende la luz en la antigua habitación de Akane que ahora compartimos.

No te preocupes mamá sé donde encontrarla – cuelgo y salto para colgarme de la ventana como tantas veces hice en el pasado.

Veo a mi pequeñaja poner el pestillo de la habitación. Lo tuvimos que poner para tener algo de intimidad en nuestra habitación… Nabiki… ¡qué pesadilla!

Si Meiko se cree que así evitará que alguien entre lo lleva claro. Hace años rompí el pestillo de la ventana y nunca lo arreglamos.

Te he dicho que me olvides – gritabas desde el otro lado de la puerta – ¿cómo se te ocurre llegar dos horas tarde?

Akane puedo explicártelo, déjame pasar vaaa – rogué para que me abrieras.

Después de mil negativas por tu parte me acordé de nuestro juego y de que tu ventana no se cerraba. Nació una esperanza en mí. Cuando llegué a la ventana me la cargué porque resulta que tú la habías cerrado.

¿Qué te crees que haces en mi habitación Ranma Saotome? – refunfuñaste poniendo las manos en tus caderas. Llevabas un vestido rojo que resaltaba todos tus atributos, rojo pasión, como tu pintalabios, morí de ganas por besarte y en lugar de eso… ¡te rapté!

Te levanté y te cargué en mi espalda. Bajé las escaleras mientras me pegabas y me decías que te bajara. Yo sólo podía reír, lo estaba pasando bomba y eso te enfadaba más. Entré al comedor donde estaban tu padre, Kasumi, el doctor Tofú y sus dos gemelos.

Me llevo a Akane a cenar y fuera hace frío – tú seguías pataleando y dándome puñetazos – ¿Me podéis decir donde está la chaqueta de mi futura esposa?– digo con una gran sonrisa y tú te quedaste completamente quieta.

Kasumi me da la chaqueta y yo seguí contigo a cuestas por miedo a que te escaparas. Al salir te encontraste una limusina enorme que nos esperaba, al entrar miles de rosas rojas te esperaban dentro…

Mis favoritas – susurraste con lágrimas en los ojos.

Akane siento haber tardado tanto pero preparar la cita perfecta requiere tiempo – no te dije que también me había pegado una gran siesta. Soy un bello durmiente.

Vas a tener que arreglar mi ventana – dijiste abrazándome dentro de la limusina.

Mejor no, así podré raptarte siempre que quiera.

Nos besamos dulcemente y fue el principio de la mejor cita que habíamos tenido. Luego en el restaurante te regalé la cadena…

Y ahora estoy aquí viendo llorar a Meiko mientras mira una foto nuestra el día de nuestra boda.

Zoy la niña máz infeliz del mundo, miz papaz ce han olvidado de mi cumple – dice mientras pone la foto en una maletita – aún ací loz quiero y nececitaré un recuerdo de ellos.

¿Y de verdad crees que voy a dejar que te marches sin darte tu regalo de cumpleaños? – digo mientras veo como Meiko se asusta porque no esperaba a nadie.

Padre – susurra mientras se gira para mirarme – le comunico que ya no zoy zu hija – dice muy seria y yo río. Es la niña más graciosa del mundo.

¿Entonces a quién le regalo yo esto? – pregunto enseñando la cadenita.

Pero ci ezo ez de mamá… – contestas confundida.

Mamá y yo hemos hablado y creemos que nuestra princesita eres tú – le pongo la cadena y sonríe mientras la toca – ¿sabes? Tu fecha de cumpleaños es muy especial para mi. Este día hace ocho años le pedí matrimonio a tu madre con esta cadena. Hace siete me casé con ella. Hace seis naciste tú.

¡Uala! Cuantaz cozaz que pazaron el día de mi cumple… – dice emocionada, se le pasan los enfados tan rápido como a su madre.

Y el año que viene tendremos algo nuevo que celebrar, el nacimiento del principito – abre los ojos, se echa encima de mí abrazándome y empieza a llorar.

¡Por ezo no habéiz venido! – su llanto se hace más y más fuerte – oh papi pencé que oz habíaiz olvidado de mi – la abrazo y noto que se va calmando.

¿Qué te parece si te lo presento? Es muy guapo, se parece a ti – le explico haciéndole una carantoña que la hace reír.

¡Cí! – dice dando saltitos.

Bajamos y le digo la familia y amigos que Akane y el niño están bien. Mañana irán a visitarlos. Cojo la maletita del niño al que habrá que ponerle un nombre… y subo a Meiko al coche. Está muy feliz y no deja de cantar.

Papi papi ¿zabez de qué me he dado cuenta? – pregunta mientras la acomodo en la sillita y le pongo el cinturón.

¿De qué princesita? – tendré que acostumbrarme a llamarla así. A ella le encanta.

De que ez una zuerte que mi hermanito ze parezca a mi y no a vosotros, porque cinó cería muuuuuuuy feo – ahora soy yo el que decide no volver a tocar a Akane, ten hijos para esto…

Arranco el coche mientras Meiko toca su cadena camino del hospital para reunirme con mi hijo y con la mujer que más felicidad me ha dado sin pedirme nada a cambio.

Fin :(