Disclamer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, si no al gran Masashi Kishimoto

"―recuerdos o frases importantes―"

"pensamientos"

―diálogos ―.

―Diálogos externos ―.

Énfasis en algo ―.

Palabras* - significado abajo.

… - Cortes de escena, incluso entre recuerdos. (Excepto cuando los recuerdos son intermedios de escenas)


Capitulo 39: Pasado

Parte 1

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Hace mucho tiempo, incluso antes de que existiesen los shinobis o siquiera existiera el sabio de los seis caminos, la tierra estaba unida, sin ninguna autoridad humana que la dividiese, solo era regida por dos grandes "Deidades" o al menos así es como las consideraban los aldeanos de esa época. Era una época pacifica, al menos hasta que la avaricia humana comenzó a crear divisiones entre ellos…

Cuando Izanagi e Izanami rodearon por primera vez el pilar de Amenomihashira* fue Izanami quien hablo primero en saludo, pese a que fue la manera apropiada en que debieron haber iniciado la ceremonia de unión, de ese acto nacieron Hiruko —infante del agua— y Ayawashima —isla de burbujas—. Como la forma de ambos no era perfecta no pudieron ser considerados como dioses y fueron embarcados al mar.

Mientras la humanidad poblaba el mundo también alababan a Izanagi e Izanami, así como a sus hijos y miles de leyendas fueron escritas sobre ellos. Muchos ignoraban el sufrimiento que aquellos dos pequeños renegados habían pasado en el inmenso océano e ignoraban que aún pese a las adversidades ambos habían encontrado un lugar en el mismo sitio al que fueron confinados… Nadie sabía que uno de ellos, Hiruko, había logrado procrear una hija con una humana, misma que fue llamada Mizuryu. Dotada con una enorme belleza, de platinos cabellos y ojos tan azules como el cielo y capaz de controlar el agua que habitaba tranquilamente sus días a las afueras de un pequeño pueblo a la orilla del mar.

Nadie de entre los aldeanos sabía de su verdadera naturaleza, ni siquiera parecían sospecharlo. Él único que pudo ser capaz de notar su condición como un ser hibrido, fue aquel quien también logro cautivar su corazón. Uno de los descendientes del desterrado dios del viento y las tormentas Susano'o. De ojos color ámbar y azabaches cabellos, tan oscuros como la noche, capaz de controlar los rayos y el fuego, Raikami, nunca se considero así mismo como una deidad, le bastaba con saber cómo había sido en el pasado su padre en el Takamanohara*, para pasar a llamarse así mismo un Youkai*.

Cuando Raikami llego a aquel pueblo a la orilla del mar en uno de sus muchos viajes de exploración, jamás imagino que sería cautivado por la belleza de aquel ser mitad humano que cantaba sobre el puente… Los aldeanos de aquella época fueron testigos de una hermosa historia de amor, aún sin saberlo. Pues a sus ojos, no eran más que una pareja común y corriente… Sin embargo, no todo es para siempre…

Pronto las luchas por poder se hicieron más grandes, afectando a los pueblos pequeños como el lugar donde habitaban Raikami y Mizuryu. Confrontaciones que pudieron ser evitadas tan fácilmente si alguno de ellos hubiese usado sus poderes… Pero no pudo ser así…

La condición de Mizuryu se había vuelto delicada al punto en que no podían ir en contra de los humanos, al menos si querían sobrevivir, ellos y aquellos pequeños seres que ahora se formaban en el interior de Mizuryu…

Estas deidades procrearon a dos hijos, un niño y una niña, a quienes decidieron llamar… Yoru (Noche) El mayor y Tsuki (Luna) ambos hermanos eran muy unidos, al punto que odiaban siquiera la idea de separarse, siempre tomados de la mano, una unión que al final podía ser peligrosa.

Debido a la condición de Mizuryu, su presencia como hibrida era más notoria y atrayente para otros youkai que buscaban alimentarse, así que en poco tiempo era habitual ser atacados por ellos, debilitando lentamente a la pareja, Raikami tuvo que aliarse a los humanos para que estos pudiesen brindarles un refugio, apoyándose en su descendencia como deidad, misma que en el pasado negó, logró que algunos terratenientes lograsen construirle un templo. A cambio el solo debía ayudarlos a triunfar en medio de los enfrentamientos.

La idea de servir a los humanos de esa forma le resultaba desagradable, pero la barrera del templo le ayudaba a mantener a salvo a Mizuryu y a sus futuros hijos, así que conteniendo su orgullo y desagrado por aquellos deplorables y ambiciosos seres, continuaba ayudándolos.

Basto un solo instante para que Raikami confirmara que todos sus esfuerzos valían la pena... Fue a mitad de aquella noche, la nieve golpeaba con fuerza contra las ventanas y entre los quejidos de su amada logro darle un sentido más a su existencia… Aquel momento en que un llanto inundo el lugar, seguido por otro.

—S-Son… Son gemelos… mi señor…

La suave y débil voz de Mizuryu logro devolverlo a la realidad, sus ojos brillaron al igual que los de su esposa cuando sostuvo por primera vez a aquellos dos seres aún cubiertos de sangre… los limpió cuidando de no lastimarlos, sus manos temblaban mientras lo hacían pero es que eran tan pequeños, tan frágiles que temía poder dañarlos si siquiera intentaba apretarlos, cuando por fin logro terminar de hacerlo, su corazón bombeo con fuerza al distinguir el tono ámbar dorado en sus ojos… Sus ojos…

Cuando por fin logro calmar su corazón y vislumbró la sonrisa desbordante de amor de Mizuryu, lo tuvo claro…

—El mayor se llamara: Yoru, y la más pequeña será: Tsuki.

Mizuryu lo observo confundida— Pero… mi señor…

—Tranquila, se a lo que te refieres —le sonrió al ver a los pequeños. El varón tenía el cabello plateado y la pequeña lo tenía de color negro— Aún si su cabello es diferente a su nombre, quiero que Yoru sea el manto nocturno que proteja a su hermana, mientras Tsuki será como la luna, la luz que guíe a su hermano cuando este se pierda… —explicó aún absorto en los pequeños.

—Entiendo, mi señor —sonrió ella.

—Son gemelos, así que deben protegerse mutuamente.

Esto último se lo había dicho a los pequeños, quienes parecían verlo como si realmente entendiesen todo lo que les decía y le sonreían en respuesta.

Los años pasaban y la época de guerras parecía disminuir, aunque solo por pequeños lapsos de tiempo, sin embargo, aún así Raikami lograba mantenerse tranquilo al ver que su familia se mantenía segura.

Sin embargo…

Había algo que parecía inquietarlo… Sucedió cuando había llevado a Mizuryu y a sus hijos al mar… los pequeños se habían entretenido jugando en un risco con una pelota, podía distinguirlos desde su lugar y al estar Mizuryu cerca de donde se encontraban, no consideraba que debiese estar muy preocupado por ellos.

Pero cuando vislumbro un aire oscuro en los alrededores se percato de su equivocación, no podía bajar la guardia… No era un aura muy fuerte por lo que imagino que sería algún youkai de bajo nivel que había sido atraído por el aroma de Mizuryu, no obstante, desapareció al poco tiempo, así que imagino que había huido.

Aunque aquella aura oscura no era muy fuerte, la sensación de ser observado por ella volvió a repetirse en diferentes ocasiones y eso empezaba a preocuparlo, pues eso significaba que algo o alguien podría atacarlos y la barrera del templo no sería suficiente para proteger a su familia.

—Padre…

La voz de su hijo lo saco de sus divagaciones.

— ¿Si?

— ¿Ocurre algo? Parece preocupado

Pese a tener tan solo ocho años de edad, Yoru era muy observador.

—No es nada, descuida —le sonrió— ¿No estabas jugando con tu hermana?

Yoru arqueó ligeramente una ceja al ver que su padre había cambiado de tema, pero prefirió no comentar al respecto.

—Lo estaba, pero madre se la ha llevado para bañarse juntas —respondió, hubo un pequeño lapso de tiempo antes de que Yoru volviese a hablar— Padre… ¿por qué no podemos salir del templo?

La pregunta lo tomo por sorpresa. Resultaba extraño que su hijo hiciese esa pregunta, pero a juzgar por su mirada, debía responderle con honestidad.

—Tu madre tiene una salud delicada, así que no puedo exponerla ni a ella ni a ustedes a los peligros que hay afuera —le explicó.

—Es por mi culpa, ¿cierto? Cuando nací absorbí gran parte de su energía espiritual… Si madre nunca me hubiese tenido su salud no sería tan delicada y no habría tantos riesgos si un youkai intentase algo…

—Tonto

Yoru libero un pequeño quejido al sentir un golpe en su cabeza.

—Si ustedes no estuviesen aquí, ni tu madre ni yo seríamos tan felices como lo somos ahora —le cortó— Aún si hay peligros, yo seguiré luchando para protegerlos, Soy tu padre —bufó— Además si tu no estuvieras aquí, ¿Quién protegería a tu hermana? Eres el mayor, no lo olvides.

Yoru observó la figura de su padre por un momento antes de bajar la mirada avergonzado por sus pensamientos.

—Perdona mi comportamiento —fue lo único que el pequeño atino a decir.

No paso mucho para que el silencio entre ellos volviese a reinar, bueno, aunque no era como que alguno de ellos fuese muy conversador, siempre habían sido reservados en palabras.

—Padre, hay otra pregunta que me gustaría hacerle

Raikami asintió, dándole a entender que podía continuar.

— ¿Cómo supo que quería pasar toda la vida con madre?

Aquella pregunta era aún más inusual que la primera, se dijo el mayor.

—Lo supe desde la primera vez que la vi —respondió con la mirada perdida en el pequeño estanque de peces Koi— No era solo su belleza física, su mirada era profunda y enigmática, pero a la vez rebosante de calidez y amor que me vi atrapado —estaba hablando como un adolescente enamorado, se burlo internamente, eso no era propio de él— Cuando nuestros ojos se conectaron por primera vez, me dije a mi mismo que haría lo imposible por hacer que camináramos juntos por la eternidad.

Yoru miraba atentamente a su padre, casi tan absorto como él mayor mientras evocaba aquellos recuerdos.

— ¿Por qué lo preguntas? —le miró con cierta curiosidad.

El pequeño aparto la mirada de su padre y la dirigió al mismo estanque que el había estado viendo hasta hace un momento.

—Cuando sea mayor… por favor, permítema casarme con mi hermana

Pocas veces el rostro de Raikami perdía la compostura, ¿Cómo no hacerlo? ¡Su hijo le estaba pidiendo casarse con su propia hermana! ¿Es que acaso se había caído de cabeza sobre una piedra la última vez que habían salido del templo?

— ¿C-Casarte con ella? Oye… Es tu hermana, ¿sabes?

—Lo sé, pero si me caso con ella podre protegerla siempre

Una sonrisa nerviosa se dibujo en los labios de Raikami ante la seriedad de su hijo. A veces podía ser tan ingenuo.

—De acuerdo —suspiró a sabiendas de que en ese momento le costaría hacer entender a su hijo que aquel matrimonio no era exactamente la solución, de hecho ni siquiera era posible.

De todas formas, bastarían un par de años para que su hijo recapacitara de la locura que estaba pensando, o eso esperaba… Quizá debería hablar con Mizuryu, tal vez ella podría ayudarlo en esta situación… ¿cierto?

Ambos habían prometido siempre estar juntos, sin importar lo que pasara, aún así ellos se habían separado durante la mayor parte de su vida, por azares del destino sus padres, aquellos que parecían tan unidos, se habían separado, dejando a Yoru bajo el cuidado de su madre y a Tsuki con su padre.

—Necesitamos que nos brindes tus poderes en el próximo enfrentamiento

Un suspiro discreto escapo de los labios de Raikami tras escuchar la petición de aquel soldado, pues no era la primera vez que aquel hombre acudía a él "pidiendo" ayuda para expandir su territorio.

— ¿Acaso no tienen suficientes tierras ya? —le cuestionó con desagrado.

—Es una orden del Daimyo* —respondió el otro.

—Entonces dile a ese anciano que si quiere mi ayuda, que venga personalmente a pedirla —masculló irritado.

— ¿Estas intentando desobedecer las órdenes de tu señor?

Un par de hombres alistaron sus armas.

— ¿Señor?

Raikami arqueó una ceja, alertando aún más a los soldados, sin embargo, antes de hacer cualquier movimiento, el capitán de ellos ya tenía el rostro contra el suelo y el pie de Raikami sobre su cabeza, despidiendo pequeñas chispas eléctricas en el aire.

—Que no se te olvide que soy una Deidad, yo no tengo ningún "Señor" —Siseo con frialdad— Si tu amo quiere tanto conquistar tierras, dile que deje de holgazanear dentro de su castillo y salga a luchar en vez de atragantarse de comida —gruñó al darle una patada al hombre haciendo que se impactara con los otros soldados que lo acompañaban.

Los soldados intentaron levantarse contra Raikami, pero fue inútil, pues él ni siquiera hizo el menor esfuerzo en derribarlos y dejarlos apenas conscientes pero con la suficiente fuerza para que pudiesen escapar de ahí. Una vez se marcharon, pudo permitirse suspirar con indignación ante la insolencia de aquellos humanos.

Era cierto que había accedido a ayudarlos cuando hubiese un ataque de guerra, pero no para iniciar otras.

— ¿Por qué los dejaste escapar?

La voz de Yoru capto su atención, tenía que reconocer que las habilidades de su hijo para esconder su presencia eran notorias.

—Son solo humanos

—Pero son ambiciosos y solo te buscan porque piensan que pueden usarte

—Acepte ayudar a los humanos de esta región solo si eran atacados nunca dije que podían venir a mi cuando se les diera la gana y menos con cualquier tonta petición.

—Ellos no parecen verlo así… son nuestros enemigos

—No lo son —cortó Raikami— Quizá el feudal y sus soldados sean unos idiotas ambiciosos, pero no el resto del pueblo, es gracias a ellos que tenemos el templo.

—Pero no fue hecho para nosotros, fue hecho para que ellos pudieran tener nuestro poder a su servicio

Raikami reprimió un pequeño gruñido en lo bajo, no podía creer que estuviese discutiendo algo así con su propio hijo de diez años. Lo que era aún peor, esta no era la primera vez que tenían ese tipo de confrontaciones…

—Escucha, Yoru, este templo es importante para nosotros, es gracias a él que podemos vivir tranquilos.

— ¿Vivir tranquilos? Este no es un lugar para vivir, ¡Este lugar es una prisión! …Es una jaula que los humanos hicieron para nosotros.

—Yoru…

—Padre, entiendo que quieras protegernos, pero confinarnos a esta casa no es la solución. ¡Tenemos que salir y enfrentar el mundo!

— ¿Enfrentar al mundo? Yoru, entiendo lo que estas pensando, pero ni tu madre ni yo estamos huyendo del mundo, solo queremos mantenerlos a salvo hasta que ustedes sean capaces de protegerse a si mismos

— ¿Y cuándo será eso? Mañana, en una semana, un mes… ¿Qué tal en 100 años?

—No tiene caso seguir con esto, es obvio que aún eres muy joven —suspiró, dando por terminada la discusión, para frustración del menor— Mejor vuelve adentro y ve a ver a tu hermana, hace un momento estaba buscándote.

Y sin más, el mayor se retiro, dejando al albino solo en aquel lugar.

Una semana había transcurrido desde aquella discusión entre su padre y él. Aunque las cosas parecían haberse solucionado entre ellos, Yoru se aferraba a la idea de que aquel templo era una jaula de la cual debían salir.

—Onii-sama

La voz de su pequeña hermana logro sacarlo de sus pensamientos.

— ¿Qué ocurre Tsuki? —cuestionó observándola.

—Tu rostro hace gestos extraños —respondió ella— ¿te duele algo?

Una sonrisa enternecida se dibujo en sus labios, la inocencia y pureza de su hermana menor siempre lograba calmarlo. Eran gemelos, pero el cabello de ambos era diferente, el suyo era blanco, el de ella negro y aunque el color de ojos era el mismo, para Yoru esos ojos siempre serían completamente distintos a los suyos… Toda ella era diferente a él.

Tenían solo diez años, pero la calidez y bondad que emanaba de su hermana le aseguraba que en un futuro se convertiría en una mujer hermosa.

No sabía explicarlo, pero Tsuki era como un rayo de luz en la oscuridad de ese asfixiante templo para él. Estaba feliz de tenerla a su lado. Por ello se había prometido que cuidaría de ella, independientemente de que su padre le recordara que era su responsabilidad. El realmente deseaba poder proteger la sonrisa de su hermana.

—Lo siento, solo pensaba en cosas.

— ¿En cosas? —Ella ladeo el rostro con gesto inocente— Te pareces a padre cuando dices eso —sonrió divertida.

El solo pudo suspirar ante la mención de su padre.

—Tsuki

La menor lo observó con curiosidad.

— ¿Alguna vez te has preguntado que hay afuera de este templo?

Ella lo observó con sorpresa— Onii-sama, sabes que eso está prohibido.

—Lo sé, pero… ¿no crees que es extraño? Entiendo que lo hagamos por el bien de madre y por el nuestro, pero… ¿tendremos que estar encerrados por toda la eternidad? ¡Es frustrante!

—Onii-sama

Yoru pudo sentir como ella posaba su mano sobre la suya, gesto que le hizo girarse hacia ella sorprendiéndose ante la expresión de seriedad que mostraba su rostro.

—Entiendo lo que sientes —confesó con pesar— yo también quisiera saber lo que se siente estar afuera, conocer el mar, poder jugar con los cerezos cuando florezcan, visitar las montañas del norte, pero… Madre nos necesita, igual que Padre, no podemos abandonarlos.

—Padre es fuerte, el puede cuidarse solo —masculló en respuesta.

—Lo sé, se que Padre es muy fuerte porque siempre cuida de nosotros… Pero nosotros no lo somos.

Aquello lo tomo por sorpresa, no le gustaba admitirlo, pero tenía que reconocer que su hermana tenía razón.

Suspiró resignado. No importaba como fuera, él siempre perdía las discusiones contra su hermana, aún si ni siquiera ella era consciente de que eso fuera una discusión. Él no podía contradecirla.

—Entonces… ¿Quieres jugar bajo los cerezos?

Las mejillas de su hermana adquirieron un tono carmín ante las palabras del mayor.

—No sabía que tenías gustos tan aterradores.*

—B-Bueno, yo… es que… son lindos… oh eso he leído…

— ¿Lindos? Son solitarios y aterradores, sin contar que conducen a las personas a la locura

—N-No es cierto… el libro decía…

La discusión entre ambos continuo sin que ambos notaran un par de ojos blancos entre la oscuridad de los arboles más altos que se alzaban detrás del templo, mismos que los observaban con sigilo.

—Tsuki

Yoru suspiro el nombre de su hermana, mientras ella acariciaba su cabeza recostada sobre su regazo, era un gesto común entre ellos. Algunas veces era Yoru quien acariciaba la cabeza de su hermana, otras era ella, como ahora.

— ¿Qué ocurre, Onii-sama?

Su "discusión" sobre los árboles de cerezo los había dejado cansados, por extraño que sonara. Pero gracias a eso, ahora su hermano lucía más calmado que antes.

—Cuando seamos grandes… —la voz de Yoru era cada vez más apagada, apenas y estaba despierto— Cuando seamos grandes… casémonos, ¿sí?

Tsuki dejó escapar una suave risilla al ver que su hermano se había quedado dormido.

—Sí, Onii-sama, estaremos siempre juntos

Volvió a sonreír. Desde que su hermano le había prometido que siempre estarían juntos, aquella vez en la cima del risco, también se había vuelto natural la idea de que cuando fuesen mayores se casarían y se protegerían entre ellos. Toda su corta existencia la había tenido en aquel templo, contadas eran las ocasiones en las que su padre los había llevado fuera de ahí. Había muchas cosas del mundo exterior que le causaban curiosidad y que solo conocía gracias a los libros que su padre traía de los humanos. Aún así, entendía la preocupación de sus padres por salir afuera. Es por ello que se había prometido a si misma ser más fuerte, ser capaz de protegerse ella y ayudar a su hermano para que sus padres no tuviesen de que preocuparse a futuro.

Sus oídos zumbaban dolorosamente por las vibraciones en el aíre producidas por aquellas explosiones, una tras otra se dejaba escuchar abruptamente sin dejar espacio para siquiera tranquilizarse… ¿Cómo es que había ocurrido aquello?

Yoru aún no alcanzaba a entender cómo es que aquel templo que hasta hace un par de horas tachaba de aburrido por la constante y asfixiante calma que siempre mantenía, ahora se derrumbaba entre las llamas y las explosiones de una batalla… Había sido un ataque tan sorpresivo que incluso su padre había sido tomado con la guardia baja y aún cuando ahora se mantenía fiero en la batalla y los protegía, el mayor de los gemelos solo tenía algo claro en su mente y que le hacía hervir la sangre…

Los humanos los habían traicionado.

Las razones de aquella traición eran desconocidas, sin embargo, el ataque duro toda la noche… Aún cuando eran simples humanos, sus armas no lo eran, aquellos artefactos parecían estar hechos de alguna clase de hueso que ni siquiera sus rayos lograban destruir. Cuando Raikami por fin encontró una brecha entre el combate, pudo crear una ilusión con su fuego para engañar a los soldados y así escapar junto a su familia.

— ¡Maldición!

Tsuki se aferró a su madre ante el grito de su padre. Aún cuando poseía diez años, la inocencia de su mente le impedía entender todo lo que pasaba a su alrededor… Miles de preguntas se aglomeraban en su cabeza que ni siquiera lograba entenderlas ella sola, el miedo invadía su cuerpo y la inseguridad hacía temblar su cuerpo.

— ¡Esos estúpidos humanos!

Mizuryu abrazó con más fuerza el cuerpo de su pequeña ante la explosiva rabia de su esposo. Ella tampoco entendía porque los humanos los habían traicionado de esa forma. No obstante, solo podía ver con tristeza la expresión de ira en el rostro de Raikami, sabía que se sentía impotente por no poder salir victorioso del enfrentamiento, más aún de haber tenido que ser forzados a huir.

—Después de todo lo que hemos hecho por ellos… esos miserables…

—Son humanos… solo era cuestión de tiempo…

Hasta ese momento Yoru había permanecido en silencio.

—Te lo dije, ellos solo querían usarnos y luego desecharnos…

Raikami odiaba admitirlo, pero su hijo tenía razón. Los humanos nunca habían sido de fiar, ¡Demonios, el siempre lo había sabido mejor que nadie! Fue esa la razón por la que estuvo reacio a colaborar con ellos en primer lugar, pero cuando sus hijos nacieron y Mizuryu perdió gran parte de su energía vital durante el parto, no había tenido opción. Se dijo que aún trabajando con ellos no bajaría la guardia, pero aún así lo hizo… Vaya idiota que era…

—Y ahora… ¿Qué haremos, mi señor?

El aludido solo pudo suspirar con frustración… ¿Qué harían ahora? Esa misma pregunta se la estaba haciendo él… No podían ir con los humanos de nuevo, eso jamás volvería a pasar… Pero tampoco podían vagar por ahí así como así… ¿Qué podrían hacer…?

— ¿Qué tal si ustedes construyen su propio templo?

Los cuatro se pusieron en alerta ante aquella voz que se filtro entre los árboles.

— ¿Quién está ahí? —Cuestionó Raikami con frialdad— ¡Muéstrate!

—Los rumores eran ciertos, el descendiente de Susano; Raikami se le parece bastante, ambos tienen muy mal carácter

El pelinegro chasqueo la lengua, irritado por no poder encontrar la presencia de aquel sujeto.

—Descuiden, no soy un enemigo

Yoru ahogo una exclamación de miedo al sentir algo escabullirse justo detrás de él.

—Solo soy un espíritu errante

Tan rápido como un parpadeo, Raikami se había movido hasta llegar a donde estaba su hijo y lo había colocado detrás de él para luego apuntar su espada hacia aquella masa inconsistente y algo traslucida de color negro.

— ¿Quién eres? —demandó saber una vez más.

—Pueden decir que soy un amigo —respondió con tranquilidad y hasta cierta burla.

—No quiero

—Tsuki…

— ¡Me niego!

La voz de Tsuki resonó dentro de la sala.

—Tsuki, entiendo cómo te sientes, pero…

—Madre, por favor, no pueden hacernos esto —rogó con la mirada.

—Es la única alternativa, Tsuki

— ¿Onii-sama? —la menor observo con agonía a su gemelo, negándose a creer en sus palabras— Lo prometimos, dijimos que siempre estaríamos juntos, no pueden separarnos de esta forma…

—Yo tampoco quiero que nos separemos —Yoru le interrumpió al colocar su mano sobre la de ella— Pero solo así estaremos a salvo, ¿lo entiendes?

Lo entendía, claro que lo entendía, aún así se negaba a aceptarlo. Aquel día, cuando fueron traicionados por los humanos y fueron encontrados por aquel espíritu errante en el bosque, creyeron que serían atacados o quizá hasta devorados. Sus padres les habían dicho en el pasado que en el mundo existían muchos espíritus malignos que devoraban a otros para hacerse más fuertes, ella creyó que aquel espíritu sería así, sin embargo… Contra todo pronóstico aquel ser los había llevado a una aldea oculta en lo más profundo de la montaña. Al parecer con el avance de las guerras y las conquistas de tierras por parte de los humanos, muchos espíritus del bosque habían sido arrinconados a ese lugar con tal de mantener su pacifica existencia.

Dos años habían transcurrido desde entonces, su familia se había establecido en aquel lugar y aunque al principio les fue un tanto difícil acostumbrarse, lo habían logrado con el tiempo. Sin embargo, ahora…

Hacia una semana, su padre había llegado con la noticia de que el Takamanohara estaba enterado de la situación y los había citado. Su padre obviamente había desconfiado y se había aventurado al cielo, a su regreso, el día anterior, les comunico la decisión del cielo. Al parecer ellos tenían varias razones del porque no podrían ayudarlos; la primera de ellas era el hecho de que sus padres colaborasen con humanos a cambio de un templo sin su autorización. Otra era el haberse aceptado la ayuda de un espíritu errante y refugiarse en una aldea de espíritus del bosque. Sin embargo, al final habían accedido, pero con una condición.

Ella y su padre debían vivir en el Takamanohara, mientras que su hermano y su madre se quedarían en la aldea de los espíritus. Según pudo entender, al parecer cuando su hermano y ella estaban juntos su presencia era más notoria y eso podría atraer a espíritus realmente peligrosos. No entendía bien los detalles, pero su padre le había dicho que sus poderes eran algo especiales y debían ser entrenados correctamente, los de su hermano también lo eran. Aún así el cielo creía que estos se desarrollarían mejor en la tierra, por ello ambos debían alejarse un tiempo hasta que pudieran manejarlos correctamente.

Pero aún sabiendo eso…

—Tsuki, tu dijiste que nosotros éramos débiles y por eso no podíamos alejarnos de nuestros padres aún

La voz de Yoru la trajo a la realidad.

—Entonces, no hay alternativa —la mirada seria de él logró intimidarla un poco— Tenemos que hacernos fuertes si queremos protegerlos a ellos.

La habitación una vez más había quedado en silencio, sin embargo, esta vez Raikami observaba con orgullo la madurez que su hijo mayor estaba desarrollando.

Tenía que admitir que la decisión del Takamanohara lo tenía preocupado y más porque no sabía cuánto tiempo estaría alejado de su esposa y su hijo. Pero ahora… viendo aquella mirada seria y determinada en su hijo, sabía que todo estaría bien.

—Onii-sama… lo haces parecer fácil, pero, tengo miedo —admitió ella.

—Lo sé, yo también lo tengo —sonrió él torcidamente antes de retomar su expresión seria— pero cuando tu y padre regresen, seremos más fuertes y podremos vivir donde queramos, no tendremos porque seguir huyendo y veremos esos aterradores cerezos que te gustan, ¿sí?

Los ojos de Tsuki se tornaron ligeramente acuosos— Los cerezos no son aterradores —sonrió aguantando las lagrimas— cuando los veas, te darás cuenta —dijo limpiando una traicionera lagrima que había escapado de su control— Bien, lo hare, lo haremos…

Mizuryu sonrió enternecida por la actitud de sus hijos. Estaban creciendo tan rápido.

Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, Tsuki y Raikami se despedían de Yoru y Mizuryu prometiendo regresar pronto. Madre e hijo observaban la espalda de padre e hija perderse entre aquel camino cubierto de arboles y una ligera capa de neblina.

Mizuryu hacia una plegaría interna porque su esposo e hija regresasen sanos y salvos. Mientras Yoru se hacia un juramento interno.

"—Tsuki, prometo hacerme fuerte y cuando sea el momento estaremos juntos por siempre."

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Acogidos por las sombras del bosque Negro y dorado se encontraban fijos uno en el otro en cuerpos que no eran los suyos, ambos conectados pero a la vez distantes, ella dentro del cuerpo de la que alguna vez fue conocida como la princesa Hyuga, él, prisionero en el cuerpo del hijo de su antigua contenedora y el cuarto Hokage.

—No creas que he olvidado ese día, Tsuki

—Yo tampoco lo he hecho… Kurama.

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Amenomihashira: Según la mitología japonesa, los primeros dioses convocaron dos criaturas divinas, Izanagi e Izanami y les encargaron la creación de la primera tierra. Ya que deseaban unirse construyeron un pilar llamado Amenomihashira y alrededor de él levantaron un palacio llamado Yahirodono (la habitación cuya área es de 8 brazos). Izanagi e Izanami giraron alrededor del pilar en direcciones opuestas y cuando se encontraron, Izanami, la deidad femenina, habló primero con un saludo. Izanagi pensó que esta no era la manera apropiada, sin embargo se unieron de todos modos. Tuvieron dos hijos, Hiruko (infante del agua) y Awashima (isla de burbujas) pero fueron mal hechos y no se consideraron dioses.

Takamanohara: Cielo. Raikami hace referencia al incidente entre Amaterasu y Susano'o, existen muchas variantes de esta historia, pero la más conocida cuenta que del comportamiento imposible de Susano'o contra Izanagi, cuando este estuvo cansado de las quejas repetidas de Susano'o, lo desvaneció hacia Yomi. Susano'o a regañadientes lo consintió pero tenía asuntos pendientes que atender primero. Él fue a Takamanohara (cielo) a despedirse de su hermana, Amaterasu. Amaterasu conocía que su imprevisible hermano no tenía ninguna buena intención en mente y se preparaba para la batalla. "¿Con qué propósito has venido aquí?" pregunto Amaterasu. "Para decir adiós," contestó Susano'o. Pero ella no creyó sus palabras y solicitó una competencia para probar su buena fe. Es suficiente con decir, que ambos dioses se declararon vencedores. La insistencia de Amaterasu en su demanda condujo Susanowo a campañas violentas que alcanzaron su clímax cuando él lanzó un potro medio desollado -un animal sagrado para Amaterasu- en la sala donde Amaterasu tejía, causando la muerte de uno de sus asistentes. Amaterasu huyó y se ocultó en la cueva llamada el Iwayado. Mientras que la encarnación del sol desapareció en la cueva, la oscuridad cubrió el mundo.

Youkai: Hace referencia a todas las apariciones, espíritus, demonios o monstruos.

Daimyo: Era el soberano feudal más poderoso desde el siglo X al siglo XIX dentro de la historia de Japón. El término "daimio" es utilizado también en ocasiones para referirse a figuras de liderado de los clanes, también llamados "señores". Este era usualmente, aunque no de forma exclusiva, el líder militar que un shōgun o regente seleccionaba.

Los arboles de Sakura (cerezo): Yoru menciona que los gustos de Tsuki por los cerezos son aterradores. Esto es debido a que en tiempos antiguos, los árboles de Sakura eran considerados como inquietantes y aterradoras, puesto que se decía conducían a las personas a la locura. Esto también es mencionado en el cuento: "Sakura no Mori no Mankai no Shita", escrito por Ango Sakaguchi. (Si desean conocer un poco más de él, pueden ver "Aoi Bungaku series" los capítulos 5 y 6) Yo solo me inspire un poco en él.


Ah… Se supone que en esta parte debería decir algo como… ¿hola? Y algo sobre disculpas, pero…

Seré sincera, lo siguiente que pensaba colocar aquí era una nota de disculpas tanto por el retraso como el oficial abandono que pensaba hacer a la historia.

Desde mi último capítulo escrito y publicado, así como el posterior inicio de otras historias, me di cuenta, conforme avanzaba con las demás, que esta historia no estaba yendo por el rumbo que esperaba, muy por el contrario, la historia había perdido sentido desde la mitad y el OoC del que pecaba cada personaje era inmenso.

Frustrada quise abandonar la historia y borrarla para volver a reescribirla. Tomo mucha meditación, así como el conversar con varias amigas para llegar a una conclusión. Tuve que considerar muchas cosas…

El hecho de que esta fue el segundo fic que escribí en mi vida y que si bien era cierto, tanto su inicio como el desarrollo de la historia era pésimo, también formo parte de mis bases para seguir creciendo como fanficker. No es que ahora sea una gran fanficker o haya mejorado considerablemente, pero era uno de mis inicios, la nostalgia que tiene esta historia en mi es inmensa.

Por otra parte, la historia no se desarrollo como debía ser o al menos, no por el rumbo que debía tener, el final para el cual torpemente la dirigía es realmente desastroso, pero sería aún peor que se quedara varada en el aire como hasta ahora.

Al final decidí continuarla. Desde ya digo que no la actualizare con frecuencia, puede que actualice mañana o quizá en una semana, un mes o hasta un año. No lo se realmente, pero la terminare, aún si mis retrasos son inmensos, la terminare. Creo que es lo mínimo que puedo hacer después de lo mucho que le he fallado a esta historia.

Agradezco sus reviews, ha pasado mucho desde que los publicaron y seguramente nadie recordará más esta historia, pero aún así, me gustaría que supiesen lo feliz que me hicieron mientras leían, el que dijeran que esta historia les gustara aún cuando era un desastre, es maravilloso y se los agradezco inmensamente, a todos.

No se me ocurre que más escribir, así que solo diré lo usual…

Cuídense!

Sayo!

Nos leeremos en otro capítulo!