Adaptacion de Los árboles mueren de pie de Alejandro Casona


CANDY: Si la locura es eso, bendita sea la locura. Benditos los ojos que me miran aunque no me vean. Bendita su mano en mi cintura aunque no sea más que un sueño. Escuche, Abuela... (Se arrodilla a su lado.) El otro día me preguntaba usted por qué no quería hablar otro idioma que el de su nieto. ¿Comprende ahora por qué? Un idioma no son las palabras, son las cosas, es la vida misma. Cuando yo era niña mi madre me decía "querida"; era una palabra. Cuando iba a la escuela la maestra me decía "querida"; era otra palabra. Pero la primera vez que él:, sin voz casi, me dijo "¡querida!", aquello ya no era una palabra: era una cosa viva que se abrazaba a las entrañas y hacía temblar las rodillas. Era como si fuera el primer día del mundo y nunca se hubiera querido nadie antes que nosotros. Por la noche no podía dormir. "¡Querida, querida, querida!..." Allí estaba la palabra viva rebotándome en los oídos, en la almohada, en la sangre. ¡Qué importa ahora que él no me mire si él me llena los ojos! ¡Qué importa que el ramo de rosas siga diciendo "mañana" si él me dio fuerzas para esperarlo todo! Si no hace falta que nos quieran... ¡si basta querer para ser feliz, Abuela, feliz, feliz!... (Ha ido exaltándose con sus propias palabras hasta terminar llorando en el regazo.)

ELEANOR: Basta, criatura, basta. La verdad es que no sabe una a qué carta quedarse. Hace un momento tenía la preocupación de que no le querías bastante y ahora casi me da miedo verte quererle tanto. Pero de esto ni una palabra a él, ¿lo oyes? Aprovecha ahora que eres joven para subirte al carro; y que tire él un poquito, que para eso es hombre. (Vuelve Albert Candy se levanta.)

ALBERT: ¿Confidencias de suegra y nuera? Malo para el marido.

ELEANOR: ¿Por qué supones que estábamos hablando de ti? ¿No hay otras cosas de qué hablar en el mundo?

ALBERT: Desde luego, y mucho más importantes. ¿Puedo saber cuáles?

CANDY: No vale la pena; cosas de mujeres.

ALBERT: Me lo imaginé. Hablando de trapos; seguro.

ELEANOR: Seguro. Dios te conserve el olfato, hijo. A los hombres tan inteligentes como tú no les vendría mal de vez en cuando bajar de las nubes... (Mirando a Candy.) y darse una vuelta por esta pobre tierra.

ALBERT: ¿Candy te ha dicho algo contra mí?

CANDY: Al contrario; le estaba contando todo lo feliz que soy.

ALBERT: Ya. ¿Y por eso has llorado?

ELEANOR: Algunas mujeres tienen una extraña manera de ser felices. Aprende tú, que estás demasiado acostumbrado a que todo te caiga de arriba.Y ojo cómo la tratas en adelante, que no está sola; ahora ya somos dos. (Saca del armario una cajita de cartón.) Toma, hija; por si te hace falta.

ALBERT:¿Qué es esto?

ELEANOR: Contra los mosquitos. (Sale al jardín.)

ALBERT: ¿Qué mosquitos?

CANDY: Unos que he tenido que inventar. Esta mañana Annie te encontró durmiendo en la habitación de huéspedes.

ALBERT: ¡Tenía que ser! El único día que se me olvidó echar la llave.

CANDY: No te preocupes, que ya está arreglado.

ALBERT: ¿Seguro? ¿No habrá sospechado nada?

CANDY:Nada. A tu lado se aprende a mentir con tanta naturalidad.

ALBERT: Es una manera muy delicada de llamarme embustero.

CANDY: Imaginativo. Era un elogio profesional.

ALBERT: Supongo que habrás pasado un mal rato de nervios, como siempre.

CANDY: A todo se acostumbra una.

ALBERT: Afortunadamente ya queda poco. Tengo una gran noticia para ti.

CANDY. Menos mal.

ALBERT: Mañana temprano recibiremos un cable del Canadá, y por la tarde dos pasajes de avión.

CANDY:(Se estremece.) ¿No?... ¿Quieres decir que nos vamos ya?

ALBERT: Ya. Eliza se encarga de todo.

CANDY: ¿Y ésa era la gran noticia?

ALBERT: Si te parece poco. Se acabaron los sobresaltos y esa especie de remordimiento que no te dejaba dormir. Ahora, la última velada familiar, una despedida llena de promesas... ¡y al aire libre otra vez! Misión cumplida. ¿No estás contenta?

CANDY: Mucho... muy contenta.

ALBERT: Con esa cara nadie lo diría.

CANDY: Así de pronto duele un poco...

ALBERT: No pensarías que íbamos a quedarnos toda la vida. Tú misma me has dicho muchas veces que era una farsa cruel, superior a tus fuerzas.

CANDY: Así era al principio. Sólo yo sé lo que me costó entrar en esto; veremos añora lo que me cuesta salir. ¿Mañana?

ALBERT: Mañana.

CANDY: No podrías esperar un poco más, ¿un día siquiera?

ALBERT:¿Para qué? Todo lo que podía hacerse por esa mujer está hecho ya.

CANDY: No es por ella, Albert, ahora es por mí. Necesito acostumbrarme a la idea.

ALBERT: Cada vez te entiendo menos. Te he dado para empezar uno de los trabajos más difíciles; lo has hecho con una naturalidad pasmosa, como una recién casada feliz de verdad. Y ahora, cuando ya está cayendo el telón ¿vas a temblar otra vez?

CANDY: No sé... Me da miedo eso que tú llamas la gran escena final.

ALBERT: ¿La despedida? Es la más fácil de todas, un pequeño temblor al hacer los baúles, largas miradas a la casa como si fueras acariciando uno por uno todos los rincones... Ni siquiera es necesario hablar. De vez en cuando deja caer algo de las manos, así como sin querer, una cosa que cae en silencio tiene más emoción que una palabra. ¿Por qué me miras así?

CANDY: Te admiro.

ALBERT: ¿Ironías otra vez?

CANDY: Sin ironías; te admiro de verdad. Es asombrosa esa manera que tenéis los soñadores de no ver claro más que lo que está lejos. Dime, Albert: ¿de qué color son los ojos de la Gioconda?

ALBERT:. Aceituna oscuro.

CANDY: ¿De qué color son los ojos de las sirenas?

ALBERT: Verde mar.

CANDY: ¿De qué color son los míos?

ALBERT: ¿Los tuyos?... (Duda. Se acerca a mirar. Ella entorna los párpados. Sonríe desconcertado.) No lo tomes a á una desatención pero te juro que en este momento tampoco sabría decirte cómo son los míos.

CANDY: azules cielo, inundados de paz y tranquilidad. Con una chispita de oro cuando te rí una niebla gris cuando hablas y estás pensando en otra cosa.

ALBERT: Perdona.

CANDY: De nada. (Sonríe dominándose.) Y si mañana, al hacer los baúles, se me resbala algo entre las manos "así como sin querer" pierde cuidado que no será la emoción; sólo será porque he tenido un buen maestro. Gracias, Albert (Sale al jardí ido , las sombras largas de la tarde. Albert enciende pensativo un cigarrillo. Se oye la campanilla de la calle, y a poco la doncella cruza a abrir. El señor George viene de sus habitaciones, con un libro en la mano.)

GEORGE: Si son los diarios, páselos a mi despacho sin abrir.

PATY: Bien, señor. (Sale al vestíbulo.)

GEORGE: ¿No era éste el libro que andabas buscando? "Los últimos descubrimientos de la arqueología."

ALBERT: No tiene interés. He hecho yo uno más sensacional.

GEORGE: ¡Tú! ¿Cuándo?

ALBERT: Ahora mismo. Después de largas excavaciones, acabo de descubrir que soy un perfecto imbécil. (Tira el cigarrillo que acaba de encender y sale al jardín llamando.) ¡Candy!... (Vuelve la doncella.)


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Magdy: jeje si yo he pasado por varios... muchos momentos de esos... jijijiji mi "ma" dice que es porque la lengua no tiene hueso y es facil moverla... pero lo importante es darle la cara y enfrentar los hechos...

Noemi Cullen: bueno la Odisea tambien es un libro de caracter obligatorio en la lectura de la secundaria... fiuuuuuuuuuuuu y sobre sugerirte libro mis favoritos por que considero de gran mensaje o entretenido son 100 años de soledad de Gabriel Garcia MArquez, En una silla de Ruedas de Carmen Lira, Mo, Pantalones Cortos, Verano de Colores, Pantalones Largos de Lara Rios, El fantasma de Canterville de Oscar Wilde, El viejo y el Mar de Ernest Hemingway, Cuentos de Magon, una Burbuja en el limbo de Fabian Dobles, La casa de Daniel Gallegos uffffffffff... entre muchos pero estos son bellos...