Disclaimer: Nada mío.


De Cuentos De Princesas Y Plebeyas

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No se puede —debe— quejar, porque en su vida si hubo un cuento de hadas, o lo más parecido a ello, con todo esos trucos de magia y hadas madrinas que convierten las tinieblas en luz, sólo le tuvo que poner un poco de imaginación y mucho de que esto síi es realidad, lo malo, quizá, fue que la varita que hacía realidad los hechizos, se rompió y las rosas se volvieron cardos con espinas. Espinas que resultaron clavos punzantes incrustados con fervor en el corazón y se lo sangraron, se lo drenaron por dentro, la inundó su propia sangre y ella seguía viva, aún.

Lo que ella siempre le pidió en secreto a las estrellas fue ser princesa y bueno, lo fue. Plebeya, por una noche dejó de ser para que en ella, Cenicienta pudiese renacer, con los mismos sueños de príncipes azules y chispas que vuelan, con sus faldones amplios convertidos en vestidos largos que destellan.

Y entre trastos rotos y medias remendadas su cuento fue así. Papá consentidor que a escondidas de mamá — porque a mamá no le gustaba malcriar— le contaba los cuentos por las noches antes de dormir, le prometió que un día su príncipe encantado, sus sueños rosados realidad se los podría hacer. Baile en el que haría realidad su actual sueño, ese que dictaba que ella sería la que a todas las damas de la alta sociedad vistiera y en el que triunfaría con la ayuda de una mala hada madrina. Y príncipe azul, invitado de honor allí sería.

Pero no dieron las doce campanadas, ningún hechizo hubo que romper, ella era real pero no había zapatilla de cristal por encontrar.

El príncipe encantado ya la había buscado y ahora, entre besos y sueños cumplidos, con él estaba. Más feliz no podía ser. Cenicienta ella era y de la mano de Nate, el salón recorría, escuchando las felicitaciones por tan fascinante desfile de modas. Ni siquiera hubo Blairs malvadas, que apartarla de él quisieran. No. Hubo una hermanastra fea y entrometida, como Vanessa Abrams que su sueño pisoteó y rompió.

Su príncipe él dejó de ser para en el novio de la mejor amiga de su hermano convertirse. Pero que no creyera Vanessa que sería feliz por mucho tiempo, ella tampoco era la princesa de él. Ni Aurora ni Bella era también. Alguien más estaba por encima de ellas dos, la verdadera Cenicienta de Nate.

Serena.

Así fue como Dan ofició de verdadera hada madrina. Llevó la cabeza de su hermana a su regazo y allí, con chocolate caliente y papá afuera, él le volvió a contar de los príncipes azules que sí existían.

Y la pequeña Jenny lloraba, como cuando niña fue y la oscuridad de su recámara la envolvió. Aquí, otra vez, cuando grande ya es, esas brumas le agitaban el corazón.

Plebeya siempre sería, y aunque amara los cuentos de hadas con príncipes azules, para ella no eran. Las princesas siempre fueron rubias y de ojos azules, algo así como Serena y aunque Jenny Humphrey poco le faltaba, de noble linaje no era. Las princesas siempre estuvieron por encima de ella, como Blair y su mejor amiga, otra vez Serena. Y de Nate —príncipe azul convertido en sapo espantoso — eran favoritas.


Hallo, people! Well, aquí estoy, again. Nop, no hago bashing con nadie, seriously u.U .

Ya saben. Likes, dislikes, sugerencias, etc, reviews, en el botoncito y que me hacen muuuy feliz :)

Madame. 17/09/10

REEDITADO: 27/12/10