"Por quién espere"

Queridas Lectoras, hemos llegado al fin de esta maravillosa historia, agradezco a todas y cada una de mis queridas lectoras por su apoyo a lo largo de esta historia, sus palabras me llenaron de dicha y me animaron a seguir adelante, aun con mi recaida la cual por cierto sigue indefinidamente =( , para ustedes un gran abrazo a la distancia, gracias por todo.


Capitulo 11

—¿No puedes dormir? —Albert habló en voz baja y grave, pero me sobresalté al verlo aparecer detrás de mí en el salón en sombras.

Después de una velada tan emotiva, regresamos al apartamento a las dos de la mañana, pensé que con tan solo llegar a la cama me quedaría dormida de inmediato.

Pero, cuando me quede sola en mi habitación, me encontré con que en mi cabeza zumbaban miles de imágenes, miles de palabras, miles de escenas fragmentadas, y que, por mucho que lo intentara, no podía dejar de dar vueltas por el dormitorio. A las cuatro renuncie a la idea de dormir y abrí la puerta suavemente para salir al pasillo con el camisón y el albornoz, fui hacerme un café en la silenciosa cocina. Cuando me senté en mi silla favorita del salón en sombras, un asiento grande y cómodo desde el que veía todo el pueblo, me tape los pies con el albornoz y con las manos en torno a la taza dejé que mis pensamientos vagaran a placer.

Había encontrado a mi madre, y ni en mis sueños más increíbles había imaginado que me amase tanto y más aun que me necesitase de la misma manera que yo a ella. Dante me llevo a un lado durante la velada para decirme, en voz baja y con suavidad, que creía que el dolor mortificante que había sentido su esposa al dejar a su hija le había vuelto el pelo blanco a su llegada a Yorkshire.

—No ha habido un solo día en el que no haya pronunciado tu nombre —me dijo pasándome el brazo por los hombros—. No puedo expresarte lo que significa para nosotros tenerte aquí, Candy. Hemos rezado por este día durante veintiún años.

Sí, no había duda de que me querían y me necesitaban, que las puertas del corazón de mi madre y de su casa estaban abiertas de par en par. Entonces, ¿por qué, cuando todo había salido bien de forma tan milagrosa, me sentía como si se me hubiese perdido algo en el camino?

Me volví en la silla para mirar a Albert, mi corazón salto dando una sacudida gigantesca al verlo, alto y bronceado, justo detrás de mi. Todavía llevaba la ropa que se puso para la cena, y dije lo primero que se me vino a la cabeza.

— ¿No te has acostado?

— No —dijo Albert, y pasó delante de mí para apoyar una pierna en el alféizar de la ventana y luego se volvió para mirarme. La brillante luz de luna hacía que la estancia fuese un duro contraste de formas y sombras oscuras—. He estado en el jardín desde que volvimos… pensando.

— Ah… —No me atreví a respirar.

— ¿Y sabes en qué? —me preguntó con suavidad, y la expresión de su rostro hizo que se me acelerara el corazón, mis labios se secaron y tuve que humedecérmelos antes de poder hablar, y él con los ojos entornados siguieron el movimiento turbándome con su brillo sensual.

— No.

— En ti. En ti, mi pequeña hada insensible.

— ¡No soy insensible!

Su sincera indignación le hizo sonreír con ironía.

— ¿No? —Albert deslizó la mirada por mi rostro, mis ojos, mis labios, mi cuello, y experimente el efecto como si realmente me estuviera acariciando, no lo pude evitar me ruborice y comencé a respirar con agitación—. No me hace falta tocarte, ¿verdad? Ni siquiera tengo que tocarte para que te deshagas por mí —dijo con voz gruesa—. Y hablas de irte de aquí.

— Eso es sólo sexo.

— ¡Y un cuerno! —dijo Albert mirándome con enojo antes de sacudir la cabeza y hablar con más suavidad—. Te amo, Candy. Te amo más de lo que podría haber imaginado que se puede amar a una mujer, y no voy a permitir que salgas de mi vida.

— Albert…

— No, deja los «Albert» y los «No puedo» —gruñó—. No me vas a seguir manteniendo alejado con ellos. Te conozco, Candy. Sé cómo eres aquí dentro —dijo golpeándose el pecho con enfado—. Sé qué clase de mujer eres y en ningún momento reaccionarías conmigo como lo haces si no sintieras algo por mí más allá del deseo de darte un revolcón. Y te lo diré con franqueza, si no hubiese necesitado de ti más que para desfogarme, te habría llevado a la cama hace semanas. Porque te deseo, Candy, físicamente te deseo muchísimo. Las cosas que imagino hacer contigo… Créeme, no te cabría ninguna duda de que te deseo.

Lo amaba, ¡cómo lo amaba!, pero no me atrevía a creer que sus sentimientos hacia mi llegaran a durar. Parte de lo que estaba pensando debió reflejarse en mi rostro, porque Albert se acercó a mí y me levantó para estrecharme entre sus brazos antes de que pudiera reaccionar.

— No voy a dejarte ir, Candy, métete eso en la cabeza —dijo con una voz ronca que me hizo estremecer—. Si te vas de aquí te buscaré y te haré volver, así de sencillo. Además, ahora tienes familia aquí, no puedes escaparte.

No quería hacerlo, era lo que menos deseaba hacer.

— No funcionaría —repuse tratando de apartarlo, pero pude sentir los fuertes latidos de su corazón bajo la palma de mi mano y supe que no estaba tan tranquilo como parecía.

— La única forma de convencerme de eso es que me digas que no sientes nada por mí —declaró con suavidad—. Dime, Candy, dime que sólo te excito, que no hay nada más, y si te creo te dejaré. Te lo prometo.

— Albert, esto es ridículo…

— Dilo, dime que sólo quieres divertirte y no quieres ningún vínculo emocional, que te mueres de ganas por subir en la escala profesional por encima de cualquier relación personal. Yo no te impediría que estudiaras si eso es lo que quieres, Candy —me dijo, y me tomó la cara entre sus manos para mirarme con ojos cálidos—. Claro que quiero una familia, hijos, algún día. Pero pueden pasar años hasta que eso ocurra, décadas, si es lo que quieres…

— No es mi profesión lo que me importa, ¿no lo entiendes? Soy yo —dije sintiendo como si me arrancaran aquellas palabras. El tumulto emocional que viví en las últimas horas minaron todas mis defensas. El miedo me envolvía como una densa niebla, me estrangulaba, y el pánico de sentirme inadecuada era tan real que podía sentirlo, amargo y ácido, en la lengua—. No puedo ser lo que tú quieres, Albert. Todo saldría mal y tú… acabarías decepcionado.

— ¿De qué estás hablando? — Albert me lo dijo de una manera que me hizo suponer que no se esperaba nada de aquello—. ¿Es algo que ha ocurrido en tu pasado? ¿Es eso? No me importa, ya te lo he dicho.

— No, no es nada del pasado. Ya te lo conté todo ayer. Es que nunca… nunca he estado con ningún hombre, y tú podrías tener a cualquier mujer —murmuré con torpeza.

— Pero la mujer que quiero es una joven de pelo rubio platino con unos ojos en los que me podría ahogar —dijo con suavidad—. No quiero a ninguna otra, nunca lo haré.

— Eso lo dices ahora…

—Candy, ¿qué quieres de mí? —Dijo agarrándome por los hombros para sacudirme con suavidad—. Estoy haciendo lo imposible…

— De eso se trata, ¿no lo entiendes? —lo interrumpí con urgencia, separándome de él—. Necesitas a una persona menos complicada, con la que sea fácil convivir y que pueda hacerte feliz.

— ¡Deja de hacerte la mártir!

Esas palabras, y el tono que usó, fueron como un cubo de agua helada, me quedé inmóvil mirándolo con ojos muy abiertos antes de dar un paso adelante y abofetearlo con fuerza.

— ¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a decirme eso? —Le grite con furia—. Te odio…

— No, no me odias, me amas —dijo Albert, y me sujetó las dos muñecas con una mano mientras que con la otra me estrechaba contra su cuerpo aunque me resistía—. Y yo te amo, y no voy a permitir que eches a perder la única oportunidad que tenemos los dos de ser felices por lo que ha ocurrido en tu vida. Podría matar a tu familia por lo que te han hecho, pero ellos son tu pasado y yo tu futuro, ¿me entiendes?

Deje de forcejear y Albert me apartó para agarrarme por los hombros.

— No voy a permitir que pase eso. Juntos vamos a superar lo ocurrido, no vas a dejar que esa maníaca que te crió eche también a perder tu vida. No puedo prometerte que vaya a ser el marido perfecto. Soy humano, cometo errores: me absorbo demasiado en mi trabajo y asumo demasiadas responsabilidades, soy desordenado y no cierro el tapón de la pasta de dientes. Pero una cosa sí te puedo prometer… Que siempre te amaré, siempre estaré a tu lado, siempre te necesitaré y te desearé, hasta la muerte e incluso después.

No me di cuenta que estaba llorando en silencio hasta que se inclinó hacia delante y me besó los labios, sentí el sabor de su boca mezclado con el sabor salado de mis lagrimas, Albert me besaba dulcemente mientras sus manos acariciaban todo mi cuerpo.

— Vamos a hacer nuestra vida, con nuestra propia familia, y aprenderás a creerlo. También te prometo eso —me dijo con voz trémula después de dulces minutos de caricias—. Verás a tus hijos jugar con su abuela y harás que su mente se sane, devolviéndole los años que le ha robado la tragedia. Todo eso pasará, Candy, te lo prometo.

— Tantas promesas…

Trate de sonreír, pero las lágrimas volvieron a aflorar.

— Pero primero tienes que decir que me amas, nunca lo has hecho, ¿sabes? —dijo con voz ronca, y por un momento vi un retazo de inseguridad, una necesidad desesperada de que lo tranquilizara, en el rostro de aquel hombre corpulento, controlado y autoritario que tanto amaba, y eso venció el resto de mi resistencia.

— Te amo, te amo tanto, pero no puedo evitar tener miedo.

— No importa —dijo Albert, y me estrechó con tanta fuerza que pensé que me iba a romper las costillas—. Tengo todo el tiempo del mundo, el resto de nuestras vidas, para convencerte de lo mucho que te quiero.

Lo dijo con tal arrogancia, la misma arrogancia que tanto me había irritado en nuestro primer encuentro, que quise sonreír, pero Albert me volvió a apresar con sus labios y me estaba llevando al cielo.


Epílogo

El único lugar en el que consideramos casarnos fue la antigua parroquia del siglo trece del pueblo de Towerby, y a mi me pareció que todos sus habitantes se habían presentado a la boda al recorrer el largo y serpenteante sendero que conducía a la iglesia del brazo de Dante.

Albert quiso casarse en diciembre porque decía que el mejor regalo de Navidad del mundo sería despertarse a mi lado el día de Navidad. Y la madre naturaleza había conspirado para añadir un toque de magia a la ocasión, envolviendo los árboles y los setos con un centelleante manto de escarcha bajo un cielo azul sin nubes para crear a su alrededor un paraíso tachonado de diamantes.

— ¿Estás bien?

Cuando llegamos a lo alto del sendero, me volví para sonreírle a Rosse, que iba detrás de mí y estaba resplandeciente con su atuendo de dama de honor de color malva y marfil, pero la voz suave de Dante hizo que lo mirara a los ojos.

— Creo que sí —dije con voz trémula.

La joven que mire en el espejo minutos antes de salir de casa de mi madre no parecía familiar, ya que el vestido de color marfil de vaporoso satén y encaje, y la capa con capucha y rebordes de color malva me conferían una belleza etérea bastante sobrecogedora y digna de admiración, nunca pensé verme y menos sentirme así, me sentía hermosa. Mi tez era de un color crema translúcido y el pelo parecía oro hilado.

— Creo que te está esperando —dijo Dante sonriéndome, y sentí una oleada de amor por aquel hombre tranquilo que había sido una fortaleza para mi madre desde que se conocieron. Y además, me acepto en su familia como su propia hija sin pensarlo dos veces, convirtiéndose en el padre que nunca tuve de forma tan natural como si fuera su hija de verdad.

Al oír los acordes de la marcha nupcial, sentí una ráfaga de pánico, y luego cuando atravesé la pequeña puerta con arco junto a Dante y empecé a caminar hacia el altar, vi todos los pilares, todos los antepechos de la hermosa iglesia que estaban decorados con guirnaldas de flores, impregnando en el ambiente su fragancia, todo era maravilloso pero yo sólo tenía ojos para el hombre alto, rubio y bronceado que estaba de pie junto a Michael, delante del altar.

¿Lo haría feliz? ¿Podría olvidar el pasado y entregarme al futuro? Me pregunte, pero en cuanto Albert se volvió y me miro, supe que no importaba nada mas que él, que no importaba cuan inexperta o poco calificada estaba para ser la esposa de un ser tan maravilloso como William Albert Andrew, con solo tenerlo a mi lado bastaba, y decidí que sin importar nada, debía hacerlo el hombre mas feliz de la tierra. Todavía estaba a unos metros de distancia, le sonreí, y él también a su vez, quería decirle que no necesitaba que me demostrase nada. Albert me amaba, me amaba más de lo que había imaginado que podrían amarme, y yo lo amaba con la misma intensidad.

Vi a mi madre al otro lado; sus ojos centelleaban con lágrimas de alegría y felicidad, y su rostro estaba iluminado de amor.

Estaba cubierta de amor, sumida en él, envuelta en su delicioso calor, y fue así como llegué junto a Albert. Dante nos juntó las manos y Michael nos sonrió desde donde estaba.

— Unos minutos más y eres realmente mía —me dijo Albert al oído, en voz baja y grave.

—Soy tuya —repuse con una sonrisa, lágrimas de felicidad brillaban como diamantes en el verde intenso de mis ojos—. Siempre lo he sido.

Eres tú, solamente tu.

Por Quién Espere...

Fin


Gracias por estar aqui al final de esta bella historia y este Albert tan decidido que me fascina... chicas las quiero a montones...

Mona pecosa... a poco a una no le llena de ternura ese capitulo? pues yo pienso que el amor.. vence cualquier cosa..

Galaxylam84: espero que este final te haya gustado igual que el anterior... y si albert es precioso

Nakeyla: mil gracias tus palabras y cuanta razon tienes pues si toca seguirme cuidando pues no solo ha sido estas semanas .. Rayos! de nuevo estoy en tratamientoi =p pero se que saldre de esta.. y gracias.. me tendran pronto por aqui..

Leticia de Ardley: me encanta tu emotividad. y pa que veas este final llego como debia.. y jeje espero que el epilogo sea la cereza del pastel

Camila Andley : jajajjaj pues me lo reservare... de pronto revisa tu imbox y de pronto encuentres un telefono jajajja ay! es tan bello que me conviero en animal para que me revise jijijijij

Paolau2: pues si ya llego al final y mil gracias esas palabras... y quien no se va a enamorar mas de albert,,, es imposible... mmm

Anilem: aca este este cap señorita.. que lo disfrute..

starwhitedeandrew: jajajaj STAR.. que bueno que te suscribiste... asi no te perderas de nada.. y si es una belleza este albert.. yo lo adoro y me alegra de sobremanera que tu lo quieras mas.. me llena mucho el corazon de alegria

Moondan: oh ooh oh ! Valgame! mil gracias esas palabras... me llenan mucho de emocion que una fan de territo llegue a este humilde lugarcito dedicado a mi princie... mil gracias esas palabras.. y me alegra que quieras a nuestro waporro de Albert... a poco no es lindo? =p.. sabes tengo un proyecto para territo por ahi... asi que ... cuando lo forme de seguro lo traere..

Magdy ! amigaza! pues sabes que todavia sigo malita.. me dijeron que todavia no puedo desmandarme como antes sigo en observacion.. que mala onda .. pero ya no toy tan betada... pero sigo en tratamiento.. pero bueno lento pero seguro se llega a roma no? asi que ahi sigo.. y si buuuuu se acabo la historia de este veterinario hermoso... no sabes.. cuanto lo quiero... y me encanat que te encante... amiga cuidado con desvelarte no vez a mi y a mismo me declaran legalmente loca ! jaja broma,,, pero si acaba con la salud.. asi que a cuidarse a mix!

Cota ! wiiiiiiiiii una de mis escritoras favoritas elevando mi ego wiiiiiiiiii mil gracias amiga las porras y por pasarte po aca besos!

Amigas bellas mil gracias por leerme y tomarse el tiempo de dejar mensajitos... agradezco desde el fondo de corazon que lean las locuras de esta servidora.. eso las incluye a ustedes mi s bellas lectoras anonimas...

Pd: bueno como a mi no hay quien me pare ni siquiera el doc jijij ni saben tengo otro proyecto ya hechito y espero traerlo despues de terminar CELOS, este albert nuevo en lo personal me eriza toda.. ya sabran de que les hablos.. bueno aca les dejo un pequeña presentacion de mi nuevo delirio... mi delirio por Albert jajja sone a gupo jiji besos a todas.


Presentación

(Habla el pintor)¡Será que!

Decir que mi vida es genial y todo pinta color de rosa todos los días de mi existencia. Que nunca he tenido necesidad de nada, ni hasta de la mas mínima relación sociológica básica… Es aseverar en algo verdadero y fundado en los preceptos de los más altos niveles de credibilidad… ¡Absurdo!

Con mi Sweet & Coffe (doble americano sin azúcar), mis pinceles que van desde triple 0, doble 0… 0… y de ahí al treinta y dos… creo que tengo parte de mi vida llena… recalco una parte por que en el día mi lienzo me eleva mentalmente a los placeres sentidos en la noche (hasta aquí habló el pintor)…

(Ahora habla el artista) Cuando el crepúsculo avanza mis horas se detienen y congelan mis escrúpulos, me siento el comandante de los elementos sutiles de la seducción, sin inhibiciones, ni limitantes… un vestido negro, floreado, azulado o puramente claro me incita a sacar al artista, al delineador, al escultor de cuerpos, al complaciente de momentos indescifrables… enorme, duro y turbulento… al catador de fluidos de varios sabores y calores… suaves o espesos, claros u oscuros…

Un momento….un solo momento de debilidad, uno de duda es suficiente… para crear obras maestras no solo esta noche… esta madrugada… uno basta para plasmar en mi lienzo en la mañana… las pieles saboreadas hasta el amanecer…

El Artista de Glosgow