El beso del disfraz

Era una broma, solo una broma y Sizer se reía con crueldad y dulzura en el aire, tan lejos que no podía verlo sonrojarse. Empezó a jalarse los cabellos y a gritar para disimular. Hamel también se sonreía, triunfal, por debajo del maquillaje y Flute contenía las carcajadas por su deber de princesa recientemente ascendida a Reina. Pero lo que más molestó a Raiel fue su propia reacción y el hecho de que ahora no podía volver a mirar al pequeño Ha que un día había cuidado y que fue en su momento su mejor amigo y que de a ratos era el causante de todas sus penurias cuando no el hermano que no quedó bajo los escombros de su aldea. Porque besarlo le gustó y eso es una especie de pecado contra la pureza que ostentaba su relación, siempre que la ira y el resentimiento no la manchaban inútilmente.