Disclaimer:Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Y esto no me reporta ni un triste peso.

¿Te ayudo?

Josephine March maldijo entre dientes y contó por milésima vez la cantidad de pasos entre la masa más cercana y ella. Doce. Maldijo de nuevo al profesor de historia por asignarles un ensayo larguísimo, a la antigua. Sin internet. Se maldijo a ella misma por no haber pensado en lo que hacía. ¿Cómo no se le había pasado por la cabeza hacer varios viajes para llevarse todos los libros que necesitaba? Dio otro paso. Si seguía con ese ritmo iba a llegar a su mesa en cuestión de meses.

—¿Te ayudo? —susurró una voz desconocida a sus espaldas. Jo giró la cabeza para ver quién era. Su mirada se encontró con un joven rubio, muy alto y ancho de espaldas que le sonreía. Antes de que Jo respondiera le quitó casi todos los libros que ella llevaba en las manos y con un par de pasos los dejó en la mesa donde estaba la mochila de Jo.

Jo lo siguió y tiró los dos libros que llevaba.

—Eh… gracias —titubeó. El joven se dio vuelta para irse, pero ella lo tomó del brazo, obligándolo a detenerlo y volverse hacia ella. Sin subir el volumen de su voz, mal que mal estaban en la biblioteca del colegio, le tendió la mano —. Me llamo Josephine March. ¿Cuál es tu nombre? Es primera vez que te veo por aquí.

—Bhaer. Friedrich Bhaer. Un placer conocerla, señorita March —tenía una voz bonita, con acento extranjero. A Jo la sorprendió mucho oírlo llamarla "señorita". El chico parecía ser muy formal.

—Prefiero Jo, si no te molesta— sonrió —. ¿Tú eres el alumno nuevo, verdad? Tu familia se mudó de Alemania…

Él sonrió. Tenía los ojos más azules que Jo hubiera visto en su vida.

—Te vi el otro día. Te caíste en tu skate —Jo sintió como se ponía roja.

—Laurie me retó —respondió ella, tocándose el codo. Un moretón enorme oscurecía parte de su brazo, y varias heridas a medio cicatrizar marcaban su antebrazo. El chico no preguntó quién era Laurie, si no que se limitó a sonreír.

—Eres valiente —susurró él.

—Ni tanto —contestó ella con el mismo tono de voz —. No me dolió mucho, aunque mi mamá casi se murió cuando Laurie me llevó a casa.

—Me lo puedo imaginar, cuando era pequeño jugaba fútbol, y siempre volvía a casa hecho una pena. Mi mamá se volvía loca.

—Shhh —la bibliotecaria apareció tras una estantería cercana —. Esto es una biblioteca, señorita March. ¿Qué cree usted? ¿Qué estamos en una feria? Y usted, señor Bhaer, me parece que ya le expliqué las reglas.- La mujer desapareció tras la estantería de la misma forma repentina en que había aparecido.

—Bueno, creo que me tengo que ir —sonrió el chico antes de darse vuelta para irse —. Adiós.

—Adiós —susurró Jo. El chico volteó antes de desaparecer.

—Por cierto, prefiero que me digan Fritz.

—Ok… —murmuró Jo, sin estar muy segura de lo que decía. Fritz desapareció por la puerta de la biblioteca y Jo se sentó dispuesta a empezar su trabajo.