Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Y esto no me reporta ni un triste peso.

Ya les dije que estoy decidida a terminar con esta historia cueste lo que cueste. Acá les traigo otra viñeta, ahora más concentrada en la vida cotidiana de las hermanas March.

De desastres hogareños y otras tonterías

—¡Joder, Amy! ¿Qué se supone que estás haciendo? —protestó Jo al entrar a la cocina. Había harina por todas partes y su hermana menor se encontraba (cubierta de harina, por supuesto) batiendo una mezcla enérgicamente—. No pienso limpiar esto, que lo sepas.

—No pensaba pedirte que lo hicieras —replicó su hermana menor alzando la cabeza con ademán orgulloso—. Estoy haciendo una torta para papá. Además, estoy segura de que tengo un gran talento para la gastronomía.

Más bien talento para dejar desastres en la cocina, pensó Jo pero se abstuvo de comentar. Recién la noche anterior se habían reconciliado por su última pelea (Amy le había sacado una blusa sin permiso) y no quería discutir de nuevo.

—¿Qué se supone que es eso? —preguntó con una mueca, señalando la mezcla azulada que su hermana batía con ahínco. A decir verdad el color la hacía sospechar un poco.

—Es parte de la cobertura —replicó la muchacha con una sonrisa. Estaba francamente orgullosa de su recientemente descubierta habilidad.

—Ajá —Jo levantó una ceja—. ¿Qué es ese olor? ¡Cristobal Colón! ¿No viene del horno?

Ninguna de las dos chicas había notado que una leve capa de humo estaba cubriendo la cocina y que un ligero, pero persistente, olorcillo a quemado estaba invadiendo el lugar poco a poco. Amy chilló al ver que el humo provenía del horno.

—¡Mi torta! —exclamó abriendo la puertecilla del horno. Jo se acercó a ayudarla a sacar el molde con los restos quemados del bizcocho de chocolate—. Está arruinada. Con la ilusión que me hacía regalarle una torta a papá —la menor de las March parecía estar a punto de estallar en llanto— ¿Qué haré ahora? Me gasté lo último de mi mesada en los ingredientes para la torta.

Jo arrugó el ceño. Por una parte, le apetecía mucho salir porque había quedado con Fritz y por otra, Amy de verdad se había esforzado en el regalo de su padre. Seguro que entre las dos podían hacer otra torta.

—Tranquila —dijo poniéndole una mano en el hombro—. Yo te ayudaré y verás que torta haremos para papá.

-o-

—Lo siento mucho —se excusó la chica al llegar al café donde había quedado con Fritz. Le había mandado un mensaje para decirle que estaría ocupada por un par de hora—. Amy quería hacer una torta para el cumpleaños de papá y no le resultó demasiado bien. No podía dejarla sola.

Fritz sonrió y apartó el libro que se había llevado para esperar (ya estaba acostumbrado a que su amiga llegara tarde a todas partes). Ésa era una de las cosas que más le gustaban de Jo. Siempre estaba lista y dispuesta para ayudar a cualquiera de su familia que necesitara ayuda. Incluso a Amy, aunque la muchacha se quejara de su vanidosa hermana menor. Porque Fritz intuía que Jo quería mucho a la persistente chica.

—Está bien, no pasa nada —replicó con un encogimiento de hombros—. Por cierto, tienes harina en la nariz.

Jo sólo sonrió.


Me apetecía hacer algo más cotidiano, en lugar de algún "gran momento" en la vida de Jo. Lo que más me gusta de las March es que siempre están listas para ayudarse las unas a las otras. Y supongo que Fritz le agrada eso, ya que su familia es pequeña y su hermana es mucho mayor que él (al menos, en mi canon mental para este fic).

Espero que les haya gustado.

¡Hasta la próxima!

Muselina