VAMPIRE HETALIA

El mito de los vampiros ha logrado sobrevivir por siglos, siempre vistos como mera fantasía, cuentos para asustar a los niños o un buen pretexto para que los escritores saquen un best seller o una película taquillera (por no decir un fic de Hetalia), sin embargo ¿Qué los hace estar tan seguros de que estos enigmáticos seres nocturnos no existen? Quizás ese es el plan: esconderse, crear mitos, estereotipos y otras tonterías para mantener su identidad oculta, para poder salir por las noches sin problema alguno, y seguir con la mascarada como había sido desde el inicio de la humanidad pues junto con los hombres aparecieron los vampiros, bueno, o al menos eso dice la biblia cuando Caín fue maldecido por Dios… pues bien, la descendencia del primer asesino ha continuado y en ningún momento se ha detenido…

Estamos en la época actual, en la fría Rusia, una antigua mansión alejada de la civilización se alza imponente con toda la historia que hay en su interior y junto con ella sus habitantes tan o más antiguos como la propiedad misma.

Un hombre alto, cabello rubio, casi blanco, ojos fríos violáceos con una sonrisa que intentaba ser amable se apareció en lo que alguna vez fue el salón de baile, ahí estaban reunidas varias personas, todas de diferentes estaturas, color de ojos y hasta acentos múltiples, venidas de otros países y de otras épocas.

-buenas noches a todos- dijo con voz infantil, a sus costados había dos mujeres, también rubias, una de cabello largo y mirada peligrosa y la otra de cabello corto que parecía estar afligida y nerviosa. Los presentes respondieron al saludo con la misma fingida cortesía

-bueno, hoy es noche para salir a comer, por favor no armen un alboroto y si van a dejar cuerpos asegúrense de esconderlos bien o no dejar marcas sospechosas, regresen dos horas antes del amanecer… quien no lo haga puede recibir los rayos del sol con gusto. Es todo- dijo sin dejar de sonreír, todos asintieron con la cabeza y se fueron formando grupos o saliendo solos

-ya vámonos hermano… tengo hambre- dijo la chica de cabello largo sin cambiar su expresión seria, su hermano mayor solo se limitó a acariciar su cabeza

-ah... Rusia-chan, cuida de Belarus, yo iré al banco de sangre del hospital- dijo la otra mujer de cabello corto, entre los habitantes de aquella casa acostumbraban a llamarse a sí mismos y a los demás por el nombre del país de donde provenían ya que habían usado tantos nombres a lo largo de sus no-vidas que les era difícil recordarlos todos así que era más sencillo memorizar el nombre de su tierra natal y solo raras veces usaban sus nombres humanos.

-¿no vienes con nosotros?- preguntó Rusia a lo que la otra solo negó con la cabeza algo apenada

-te pierdes de una buena comida tibia hermana- dijo la menor, Belarus, sonriendo ligeramente y dejando ver unos colmillos anormalmente largos. Ucrania que era así como se hacía llamar la mayor de los tres hermanos solo sonrió nerviosa, no le agradaba que sus hermanitos llegaran a ser tan sanguinarios, eran vampiros pero a veces se pasaban de crueles

-está bien, entonces nos vemos en un rato- dijo el más alto a modo de despedida perdiéndose en el obscuro pasillo de la mansión acompañado de Belarus que lo seguía fielmente

Mientras tanto en la puerta de la casa

-¿Se puede saber porque vienen siguiéndome?- preguntó un hombre joven (o al parecer joven) acomodándose los lentes, era de cabello castaño, ojos violeta, con un semblante serio y un lunar bajo el labio

-no te estamos siguiendo idiota, solo vamos al mismo lugar- respondió un chico también de cabello castaño obscuro ojos color chocolate y un extraño rulito que sobresalía de la coronilla de su cabeza

-prometemos portarnos bien- dijo otro muchacho más amable también de cabello castaño claro, ojos ambarinos y un rulito un poco más abajo que el de su mellizo.

Austria, que era el sobrenombre del hombre de lentes, los miró con reproche unos segundos y después dio un suspiro

-está bien, solo no se acerquen mucho a mí- les advirtió, la verdad es que no confiaba nada en aquellos dos, no solo por la fama de torpes y débiles que se habían creado en la mansión sino porque él mismo los educó y cuidó cuando estos apenas habían sido transformado así que los conocía muy bien.

El trío caminó un largo rato por un bosque nevado, no iban muy abrigados aunque no hacía falta, ya estaban muertos así que el frío no los afectaba. Pronto alcanzaron a divisar unos edificios no muy grandes pero si de considerable tamaño; aquellos eran una residencia estudiantil, pues a pocos metros estaba una universidad, según tenían entendido en esa escuela aceptaban alumnos de intercambio o algo así.

Los tres saltaron la reja principal, fueron hasta la puerta de emergencia, Austria les indicó que guardaran silencio poniendo su dedo índice frente a sus labios, los hermanos italianos hicieron caso, el austriaco tomó el candado que mantenía cerrada la puerta y con un solo apretón de su mano destrozó el candado. Austria era un vampiro antiguo así que a comparación de los mellizos que eran más jóvenes su fuerza los superaba por mucho.

Entraron sin prender las luces se detuvieron al inicio del pasillo

-aquí nos separamos, coman y lárguense, recuerden lo que Rusia dijo: NADA de alborotos- esto último especialmente dirigido al menor de los hermanos que solo rió de manera nerviosa.

Austria se adelantó y pronto se perdió de vista

-hermano ¿Qué dirección tomamos?- preguntó entonces el más pequeño viendo que en el pasillo se habrían otros dos

-¿tomamos? Eso me suena a muchos, tú lárgate a donde quieras, quiero comer solo- dijo con desdén el mayor dejando atrás a su hermano que solo lloriqueó un poco y también tomó su propio camino.

Aquella residencia parecía un laberinto, había puertas por todos lados

-¿Cuál escojo?- se preguntó a si mismo viendo todos los números que se posaban en las puertas, así que cerró los ojos y puso su mano en una perilla que eligió al azar

-ve~… me alegro que estos chicos nunca pongan llave- dijo en susurros entrando a la habitación, en realidad era un cuarto realmente sencillo, solo una mesa de centro, dos sillones, un escritorio, un baño, un ropero, una pequeñísima cocina y dos camas que en ese momento una estaba desocupada.

Italia Veneciano (el último nombre para poder identificarlo de su hermano mayor) se acercó a la cama en donde alguien dormía, estaba un lado de la ventana que dejaba colarse algunos rayos de la luna. Italia quitó con sumo cuidado la cobija que cubría a la persona que estaba sumida en un profundo sueño, dejando al descubierto el brazo al parecer de un hombre por lo musculoso y grande aunque en ese momento lo que menos le importaba era verle la cara, tenía hambre…

Abrió ligeramente la boca, lo suficiente para que sus colmillos asomaran y sin delicadeza alguna los clavó en la muñeca del estudiante que solo dio un leve quejido entre sueños.

La sangre comenzó a brotar y apenas tocó su lengua algo pasó: aquella persona tenía un sabor diferente a las demás, tenía un sabor dulce que a veces se volvía agrio y de nuevo dulce, adictivo, sabroso, tibio sencillamente delicioso. Sin que se diera cuenta ya no podía parar, quería más… pero algo se lo impidió.

Su víctima había despertado y lo había arrojado al otro lado de la habitación separándolo de su piel. Italia estaba algo aturdido, tenía hilos de sangre saliendo de su boca, sacudió la cabeza y vio quien lo había aventado.

-¿Qué diablos crees que estás haciendo?- preguntó una voz profunda con acento alemán, el chico del que había estado alimentándose se agarraba la muñeca para intentar detener el sangrado. Era un muchacho rubio, piel pálida y ojos azul cielo que lo miraban fieramente

-ah… yo… yo…- comenzó a decir aun desde el suelo Veneciano pero enmudeció tras ver el rostro del chico ya que recuerdos que pensó muertos regresaron como si de un flechazo se tratara –tú…- dijo finalmente sin dejar de mirarlo.

Mientras tanto su hermano Italia Romano entraba con cautela a una habitación, para su mala suerte esta estaba vacía

-mierda- maldijo dándole una patada a la cama enfadado –y con el hambre que me cargo- dijo para sí mismo tomando asiento en uno de los sillones y echando su cabeza para atrás, tal vez lo mejor hubiera sido acompañar a su tonto fratello

-¡ahhhhhhhh estoy tan borracho!- dijo entonces una voz entrando escandalosamente a la habitación haciendo que Romano se sobresaltara pero sin darle tiempo de esconderse

-¿Quién eres?- preguntó entonces el intruso

-no, ¿tú quien eres?- dijo en respuesta Romano intentando sonar casual después de todo el tipo ese estaba ebrio

-¿yo? Soy Antonio y creo que me equivoqué de habitación- se presentó el chico castaño de ojos verdes sonriendo

-no te equivocaste, este es tu cuarto- dijo entonces Romano sonriendo de manera maliciosa, tal vez después de todo haber ido solo no serían tan malo, sangre con un poco de alcohol no le vendría nada mal, hacía siglos que no tomaba un trago

-¿y cómo sabes?- preguntó el que supuso era español, mientras se quitaba la chaqueta y la dejaba tirada donde cayera

-¿Quién va estar más seguro el que esta borracho el que esta sobrio y lúcido?- preguntó enfadado Romano a lo que el tal Antonio solo sonrió otra vez dándole la razón

-ahora porque no vienes a recostarte, ya es tarde y creo que mañana tienes clases- propuso Romano ensanchando mas su sonrisa cargada de intenciones de dejar seco al ojiverde que se tambaleó hasta su cama dejándose caer boca arriba

-aun no me has dicho quien eres- dijo arrastrando las palabras el hispano

-solo una persona…- respondió Romano poniéndose a horcajadas de Anotnio y desabrochándole la camisa para ver mejor su cuello, ya se le estaba haciendo agua la boca

-eres un chico muy guapo ¿sabes?- habló de nuevo Antonio haciendo que el entrecejo de Romano se frunciera

-deja de decir estupideces y duérmete- le ordenó el vampiro dejando salir sus colmillos y clavándolos en el cuello del moreno que dio un quejido

-¡auch!, eso me dolió, al menos invítame un café- bromeó sintiendo como el desconocido succionaba y sin recibir respuesta.

El italiano seguía bebiendo pensando que el otro ya se había dormido pues no lo había escuchado decir nada, hasta que quedó satisfecho, no lo había matado obviamente no quería un escándalo de gente muerta apareciendo en los dormitorios de una escuela así que se incorporó aun estando sobre el que pensó dormido mientras que con su dedo índice se quitaba cualquier rastro de sangre de la boca, aunque no contaba con que Anotnio lo tomara por la cintura acercándolo repentinamente hacía él y plantándole un beso directo en los labios.

Romano se quedó estático sintiendo la boca del otro profanar la suya, duró algunos segundos hasta que el español se separó.

-era mi turno- dijo a un sonriente, Romano le dio un puñetazo en la cara (no con su fuerza real pero si con la necesaria para dejarle un moretón)

-imbecil- dijo entre dientes levantándose y saliendo del cuarto

-¿nos volveremos a ver?- preguntó Antonio corriendo hasta la puerta dando traspiés

-ni en tus sueños- le contestó Romano caminando sin prisa, la noche aun era joven.

-ja ja ja, que lindo- dijo sonriente el español ahora tocándose el lugar donde había sido mordido, alcanzó a palpar algo húmedo, cuando vio sus dedos estos estaban manchados de sangre –aunque también es algo agresivo-

No muy lejos de ahí Austria a diferencia de sus dos acompañantes ya había terminado de comer, él nunca se entretenía en cosas innecesarias… bueno… tal vez solo en una:

El austriaco se dirigió hasta el salón de música, sabía perfectamente la ubicación de este ya que ahí era donde guardaban el piano y una de sus grandes pasiones que no había muerto junto con su vida mortal, era la música.

Entró al salón, divisó el instrumento, lo acarició delicadamente rozando apenas con las yemas de sus dedos las teclas de marfil; una imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios. Tomó asiento, respiró profundo y dejó que sus manos se pasearan tocando arias notas que se transformaban en una melancólica melodía. En unos segundos para Austria todo dejó de existir para dar lugar solamente a la música, perdido en sensaciones que solo el piano podía brindarle o eso era hasta que un estruendoso ruido irrumpió en el lugar.

-ah… lo siento, no quería interrumpir kesesese- dijo una voz desde la entrada; el vampiro se detuvo y se acomodó los lentes para después dirigirle una mirada severa al maleducado individuo.

-no te preocupes, de todos modos ya me iba- dijo levantándose

-hey, espera, tocas bien, obviamente no tan bien como yo, pero eres bueno- habló de nuevo el tipo acercándose, Austria pudo notar sus ojos rojos que brillaban en la obscuridad y su cabello blanco

-¿también tocas el piano?- preguntó el moreno

-no aunque, si lo hiciera sería awesome, aun mas que tú- respondió con una risita egocéntrica

-si claro, bueno me retiro- se despidió ignorando el comentario

-nunca te había visto por aquí- decía el peliblanco siguiendo al de ojos violeta que ni siquiera miraba a su indeseada compañía

-ni yo a ti- contestó

-¿Cómo que no? Mi awesome presencia ¡jamás! Pasa desapercibida- reclamó ofendido el albino

-pues para mi si-

-oye señorito seguramente eres nuevo en este lugar ya que todos conocen el increíble nombre de Gilbert Bielshmith (o como sea que se escriba su apellido). Austria se detuvo dejando que el "famoso" Gilbert siguiera caminando para después detenerse también

-¿ahora qué? ¿Estás tan conmocionado por escuchar mi nombre?- preguntó poniéndose ambas manos en las caderas

-no, solo te quería pedir que no me llamaras "señorito" es desagradable y con lo que respecta a tu nombre no le veo nada de fabuloso- una vena palpitante apareció en la frente del peliblanco ¿Quién se creía ese tipo tan altanero?

-¿me vas a seguir hasta mi casa o qué?- preguntó entonces Austria haciendo ver a Gilbert que ya estaban en el portón de la residencia

-eso quisieras se-ño-ri-to- se burló el de ojos carmesí provocado que un gesto de molestia apareciera en el rostro del pianista que trepó la verja sin ningún problema hasta llegar al otro lado.

-¡hey!- le llamó una vez más Gilbert, Austria volteó y vio como una cosa brillante caía desde el otro lado de la verja, la tomó y vio que era una llave

-es una llave universal, para cuando quieras venir a tocar el piano- Austria abrió la boca para decir algo pero fue interrumpido

-no preguntes, solo úsala ¡ah! Y tampoco preguntes como fue que la conseguí kesesese- se despidió con un gesto de la mano, Austria solo sonrió y se guardó la llave.

A unos cuantos kilómetros de ahí había un bar, no era un bar cualquiera ya que su clientela no era del todo normal: se trataba del bar "Galia" un concurrido antro en el corazón de la ciudad, ahí siempre entraban y salían personas pálidas y con presencias extrañas, abría por las noches y cerraba poco antes del amanecer, a veces llegaban humanos y solo a veces salían vivos y aquella noche no era la excepción.

El lugar estaba casi lleno, los vampiros bailaban y conversaban entre ellos. En un alejado rincón había varias mesas rodeadas por un cordón rojo de terciopelo, era la zona VIP donde siempre había dos vampiros de los más antiguos: Francia e Inglaterra, el primero dueño y gerente de Galia, el segundo su socio y de una curiosa manera también su eterno enemigo.

-maldito frog face ¿para qué me hiciste venir? Me dijiste que era una emergencia- reclamó Inglaterra realmente molesto. Un hombre rubio de hermosos ojos verdes, cejas pobladas y un perfecto caballero ingles

-tranquilízate mon amour solo quería sacarte de tu rutina un rato- respondió Francia dándole un sorbo a la copa que sostenía con elegancia y que no estaba llena precisamente de vino. Francia era también rubio, cabello largo, ojos azules y un Casanova sin remedio

-prefiero pudrirme en mi rutina que estar contigo- le contestó el ingles con desdén

-sabes que me deseas Angleterre- y se acercó peligrosamente al de ojos hade que le puso una mano en la cara alejándolo de él

-cuida tu distancia blood freak- pero en ese momento el sitio se dividió en dos para dar paso a dos inusuales clientes

-oh-lalá pero que tenemos aquí- comentó Francia con una sonrisa seductora y terminándose el contenido de su copa de un solo trago

-¿humanos? Hace un tiempo que no veo a uno entrar aquí- dijo Inglaterra mirando con indiferencia al par de muchachos

-y son gemelos… que delicia…- el francés pasó su lengua por sus labios, esa sería una noche divertida.

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Wii primer capítulo yo y mi ocio ja ja ja espero les haya gustado