¡Silencio! Esto es...

Darien POV

Esto es una biblioteca.

Es jueves por la tarde y estaba en la biblioteca. ¡Que demonios!

Vi por la ventana, el sol se escondía entre los edificios de la ciudad dibujando grandes sombras negras por la pista de atletismo. Ya casi anochecía y no había ninguna otra alma en la escuela. ¡Genial! ¡Perdí la práctica de futbol! Mañana el entrenador me lo haría pagar, como si fuera mi culpa.

Estaba molesto.

Vi a la única otra alma que me acompañaba en éste asfixiante lugar. La causa de que me encontrará aquí. Se estaba levantando con su libreta abierta a mano, pareció darse cuenta de que la miraba y volteo hacia mi dirección, frunció el ceño y se dio la vuelta hacia los estantes de libros con la barbilla en alto.

Sentí como un pesado suspiro escapaba de mis labios. Y ahora me sentía más que molesto. Seguí garabateando con más fuerza de la necesaria mis apuntes. Quería terminar lo más pronto e irme a mi casa y olvidar esto. Justo cuando ya le estaba agarrando el ritmo a esto un ruido me hizo alzar la cabeza hacia adelante, se trataba de Serena, había tirado un par de libros por accidente. ¡Para variar!

Otra vez molesto, traté de continuar con mi trabajo.

No fue necesario que yo intentará mostrarme como un caballero. En lo que yo volvía mi vista a mis apuntes Kelvin, el encargado del día de la biblioteca, ya se encontraba recogiendo los libros por Serena y preguntándole si estaba bien, qué trabajo estaba realizando, le sugirió otro par de libros y en lo que fue a buscarlos y entregárselos en su mesa le pregunto qué haría para el fin de semana.

Puse los ojos en blanco molesto. ¿Por qué parloteaban tanto? ¿Qué no se suponía que esto era una biblioteca? Carraspee para que recuerden mi momentáneamente desapercibida existencia. Ambos miraron en mi lugar. Y Kelvin se sonrojo y Serena nuevamente me frunció el ceño con una mueca en sus labios rosa y se volteo.

Kelvin se disculpo y regreso a su sitio, no sin antes, recordarle a Serena que continuaría con su conversación cuándo terminará su trabajo, o quizás cuando yo desaparecía. Que por supuesto, lo haría con gusto.

Y con el silencio y tranquilidad que necesitaba, continúe con mi trabajo sin mayores acontecimientos, por el momento. Hasta que en un momento Kelvin nos avisó, pero mirando solo a Serena fijamente que tenía que salir a hacer unas copias, que pronto estaría de regreso, y nos advirtió de no provocar ningún disturbio; al decir esto último finalmente me miró. Y salió dejándonos solos.

No se lograba escuchar nada que nuestras plumas deslizándose por las hojas de nuestras libretas, el roce de las páginas al pasarse entre sí, y uno que otro suspiro de cansancio y aburrimiento.

Hasta que yo casi había terminado un párrafo y eso sería todo. Me estiré en mi silla, ya estaba muy cansado. Miré de nuevo por la ventana, casi ya no había sol y ninguno de los dos se había dado cuenta que casi estaban a oscuras en la biblioteca.

Miré a Serena, en la mesa opuesta a la mía, se estiraba también en su silla, al parecer ella también estaba a punto de terminar. Volvió a concentrarse en su trabajo, distraída empezó a morder la punta de su pluma viendo a ningún lado mientras trataba de recordar cuál era esa palabra que tenía en la punta de la lengua.

Nunca había tenido una relación muy grata con ella, para mí, sinceramente, era como una niña muy remilgada, era el centro de su propio universo, pero muy inmadura para mí gusto. Y yo no parecía gustarle mucho que digamos, siempre me llamaba patán presumido, arrogante o ególatra, y a veces eso lo cambiaba por narcisista. Lo que nos llevaba a tener una relación en la que nos molestábamos continuamente. Y al parecer ninguno de los dos tenía remedio.

Pero esta vez las consecuencias de nuestras molestas bromas nos alcanzó en mitad de la clase de Biología, donde ambos sin darnos cuenta pronto nos comenzamos a insultar como siempre, solo que nuestro querido profesor no aprecio nuestros adjetivos despectivos y la forma en que habíamos alborotado todo lo clase. Todo porque Serena no puede hablar en voz baja, o simplemente dejar de hablar y de insultarme. Y claro el profesor nos dejo de tarea una exposición sobre un tema bastante amplio que debíamos entregar con un trabajo escrito para mañana mismo.

Si creía que haciéndonos trabajar juntos nos íbamos a empezar a llevar mejor, estaba muy equivocado. Al terminar todas nuestras clases del día fuimos juntos a la biblioteca, hasta eso es una tarea irritante junto a Serena, que no dejaba de echarme la culpa de todo. No sé qué era lo que le daba el valor de hacerlo, si fue ella la que me grito Depravado en mitad de la clase. Nos peleamos cinco minutos más en la puerta de la biblioteca frente a todos hasta que me cansé y la deje parloteando ahí. Nos repartí el trabajo y cada quien se fue a su propia mesa a hacer su parte del trabajo.

Sus largos cabellos dorados brillaban con las últimas luces del sol. Como siempre estaban sujetos en sus dos moños y que dejaban su claro y limpio cuello al descubierto. Nunca me había detenido a mirar a Serena de verdad, de contemplar su cuerpo de mujer, ni siquiera su rostro, sólo sus labios alguna vez, los mismos que me insultaban pero que desee poder morder. Mire sus piernas largas y sus caderas que se insinuaban en su falda, su cintura y después… imagine una serie de cosas que no debería…

Ella era muy popular, siempre tenía un grupo de amigos a su alrededor, hasta mis propios amigos se llevaban bien con ella y siempre me hablaban bien de ella. Pero nadie entendía la razón de que nosotros no pudiéramos ni respirar en la misma habitación. Bien, pues ni yo lo sabía, pero no por eso dejaba de molestarme. Además sabía muy bien que ella tenía a su propio grupo de admiradores, hasta mi mejor amigo alguna vez me confesó alguna vez su debilidad por ella pero nunca lo comprendí.

De repente ella se levantó con una pila de libros en sus manos. Me levante también y fui al frente donde ella empezaba a dejar sus libros. Pase rozando mi pecho con su espalda ella se volteó con su ceño fruncido, una vez más.

"¿Qué haces Darien?" Me cuestiono con irritación en su voz en un tono que yo conocía de memoria.

"Sólo vine a prender la luz, ya está muy oscuro aquí." Sonreí con inocencia pero ella no dejaba de mirarme con desprecio. "De seguro que una niñata como tú, le teme a la oscuridad."

Ese pequeño ceño fruncido se acentuó más y con acidez me grito.

"¡Haz lo que quieras Darien, pero yo no le temo a la oscuridad!"

Me plante justo alado de ella, sonriendo con suficiencia. Éste era un juego del que nunca me cansaba, usualmente Serena era muy irritable y no tardaba mucho en comenzar a gritarme, justo como en este momento.

"¿Ah no? Vamos a ver, si gritas pierdes."

No estaba muy seguro de lo que iba a hacer pero me coloque detrás de ella, pase mis brazos alrededor de ella y le tape la boca con la mano izquierda. Y sin pensarlo en absoluto, pero con una sonrisa lleve mis labios a su cuello, ella se tensó de inmediato y sentí como contuvo el aire en sus pulmones. Era suave, la piel del cuello de Serena era terriblemente suave, lo recorrí con mis labios mucho más de lo que hubiera deseado, pero su perfume dulce me sabía igual que un narcótico. Y cuando me di cuenta mi lengua subía entre besos hacia su mandíbula. Las cosas estaban yendo demasiado lejos, tal vez, pero sólo quería un poco más.

Le di la vuelta para tenerla frente a mí, mi mano que le había tapado la boca paso hacia su mejilla sonrojada. Por primera vez sus ojos veían fijamente los míos, pero era claro ver que estaba sobresaltada, asustada y curiosa. Y por primera vez en su vida, no sabía que decirme. Perfecto, ahora iba a hacer lo que alguna vez quise hacer. Rocé mis labios con los suyos, sólo muy suavemente, probando si era esto algo que realmente deseaba. Y no me sentí decepcionado en absoluto, sus labios tan finos y suaves, como la piel de su cuello, tenía un sabor mucho más dulce que el de su perfume que me provoco presionar con más fuerza su contacto, y no me importaba si ella me respondía o no. En éste momento besar sus labios era lo único que podía sentir a través de todo mi cuerpo y a mitad de un gemido suyo, los mordí suavemente, como alguna vez me imagine.

Ella soltó todo el aire que había contenido, sus mejillas, si bien ya no podía verlas claramente, podía sentirlas bajo mis manos y sabía que estaba sonrojada por su calidez. Ella seguía sin poderme decir nada mientras yo no podía dejar de sonreír. No podía mentir ese beso me había gustado más de lo que habría querido imaginar, y el haber podido sorprender a Serena me llenaba de satisfacción.

"¿Quieres más?" Pregunte acercándome más a su rostro.

Ella se mordió el labio en automático.

"Sabes que no puedes gritar."

Libero su labio inferior de su presión y paso rápido la punta de su lengua por él.

Al ver su pequeño gesto yo ya no podía esperar su respuesta, comencé a besarla de nuevo, con mi manos en su rostro, capturando entre mis labios toda la calidez y suavidad que podía entre cada roce. Comencé a delinearlos con la punta de mi lengua y en ese momento sentía sus manos sobre mi pecho que quisieron empujarme hacia atrás. Yo por todo lo contrario pase mis brazos por su pequeña cintura para acercarla más hacia mí. Cuando abrió la boca para decirme algo, yo me aproveche, la uní a mí, y mi lengua se introdujo en su boca, besándola de verdad por primera vez. Los libros se cayeron de sus manos haciendo mucho ruido.

Esto que había empezado como una tontería de mi parte, ya se me iba a ir de control. No me podía detener, era todo lo contrario, quería seguirme aprovechando del silencio de Serena. Por primera vez sus labios eran dulces y justo ahora ella comenzaba a responder, sus manos ya dejaron mi pecho para ir detrás de mi cuello. Justo como deseaba ella estaba cediendo y yo me estaba descontrolando de verdad. Y no parecía ser el único, porque Serena pronto empezaba jadear conmigo y sus manos ya no se quedaban quietas en mi cuello.

¿Era posible que realmente estuviera sucediendo esto? El día de hoy comenzó como cualquier otro, nos odiábamos como siempre, y nos peleábamos hasta hace apenas un par de poco minutos. Pero ahora sus labios eran los mejores labios que alguna vez había besado, sus pequeños gemidos me excitaban más que cualquier otra cosa en el mundo, sus caricias aún por encima de mi ropa me hacían sentir que ardía. Esta terrible combinación de excitación y adrenalina nos estaba matando. Me moría por tener a Serena, me volvía loco de deseo, la deseaba y era ahora o nunca.

"Darien…" Al fin alcanzo a decir después de un suspiro.

"Shhh, recuerda esto es una biblioteca, aquí no puedes hablar."

Junté mis labios con los suyos. Se escuchó cuando chocaron, impacientes, y botamos la poca cordura que nos quedaba lejos. Mis manos se metieron debajo de su blusa y pasaron de su espalda a su cintura y luego corrían toda la línea de su sujetador. Mientras ella con sus caderas se rozaba en contra de mí, haciéndome sentir más que preparado. Si, ahora si lo veía todo claro, todo estaba pasando, aunque pareciera imposible, las pasiones violentas tienen finales violentos.

Delinee todo su cuerpo con mis manos y ella me besaba mi cuello, antes de perder el equilibrio la alinee contra uno de los estantes de libros. Fui pasando mis manos por donde podía hasta subirle la falda y de sus caderas, pase a sus muslos que apreté de forma, como me había imaginado hace rato. Y ella no se quedaba atrás, desabotono mi camisa rápidamente y la tiró a un lado. Cada vez que pasaba sus manos por mi pecho o mi abdomen sentía como mis músculos se contraían bajo su toque. La deseaba como nunca había deseado a nadie. Pasando rápido mi lengua por su cuello, yo empecé a quitar su blusa también, descubriendo poco a poco su piel caliente.

Justo en este momento, me daba cuenta de que estaba completamente equivocado sobre Serena, no era una nenita, para nada, inocente, era muy obvio que no. Pero lo que más me tenía impresionado, era no haberla visto ante como la mujer que es, exquisita. Sé que ya había perdido mi cordura y el poder sobre mí mismo, pero era imposible negar lo excitante que era tener las piernas de Serena en mi cintura mientras comenzaba a desabrochar mi pantalón mordiendo su labio inferior. Yo me los termine de quitar, procurando mantenerla sobre mis caderas y ésta vez fui yo quien mordió su labio haciéndola jadear.

Lleve mis manos a su sujetador y se lo quite como pude. Ella me miro con una ceja alzada pero yo moví mis caderas de tal forma que cambio su gesto a uno más sensual. Ella se arqueo mientras comenzaba a acariciarla con mi lengua, sus manos fueron a mi cabeza que me detuvieron contra sus senos, que bese, mordisquee y pellizque, a la vez que aumentaba el ritmo del roce entre mi miembro y su entrepierna. La humedad se sentía incluso a través de la poca ropa. Escuchamos un par de libros caer al otro lado del estante, lo cual nos hizo reír.

Pase mis manos por sus glúteos y los palmee y apreté por última vez antes de llevarla conmigo sobre una mesa, una vez que la senté ahí, le quite rápido su ropa interior e hice lo mismo con la mía. Sólo tenía su falda pero eso no me estorbaba demasiado. Pase mis dedos debajo de su pelvis y más abajo, mientras ella jadeaba con más fuerza.

"Shh, shh" Le recordaba el trato, que torturaba a ambos.

Ella me dio una sonrisa torcida y tomo mi miembro con su mano y lo acaricio en toda su extensión. Claro, ahora ella me retaba. Pero eso no me importaba en absoluto, sólo el sentir sus dedos subir y bajar con más fuerza, mientras yo la bombeaba con los míos más fuerte, hasta que comencé a sentir que apretaba con mayor fuerza mis dedos dentro de ella. Ya ninguno de los dos iba a aguantar por más tiempo. Me separé de ella y me acomode entre sus piernas abiertas, Serena rápidamente rodeo mi cintura con ellas. Froté mi miembro en su entrada lo que hizo gemir a ambos con fuerza.

"¿Qué? ¿Quieres que te ruegue?" Me reclamó cuando lo volví a hacer.

"Shh, baja la voz, ya te dije que estamos en la biblioteca"

Calle su boca mientras poco a poco me introducía en ella, que nos llevo a gemir con mayor fuerza y satisfacción. Se sentía mejor de lo que esperaba. Tratamos de ser cuidadosos, de no hacer ruido. Kelvin regresaría en cualquier momento, lo que agregaba más excitación al momento. Éste sin duda era el mejor polvo que haya tenido, con la mejor chica que haya tenido.

"Oh, si…"

Mi cuerpo no soportaba más, yo estaba a punto de alcanzar mi orgasmo. Decidí acelerar la situación e ir más rápido. Sus caderas se encontraban con las mías, lo que provocarlo hacer cada vez más fuerte. Pronto sus paredes comenzaron a apretar mi miembro, con mayor fuerza. Sólo sentía esa agradable y cálida sensación en mi pene, el olor de su excitación, sus gemidos y la llegada del momento que tanto anhelábamos.

"¡Darien!"

Vibro bajo mi cuerpo con fuerza, mientras seguía cómo llegaba su orgasmo. Después de unas cuantas embestidas más yo encontré mi propia liberación, los músculos de mi cuerpo se contrajeron placenteramente y el fuego que corría por mis venas se fue apagando. Mi respiración era tan dificultosa como la de Serena. Y con una sonrisa bese sus labios de nuevo.

Fui a prender la luz y en ese momento Kelvin entraba con una gran pila de hojas y carpetas. Con mucho trabajo las deposito sobre el escritorio. Me levante de mi silla y con una sonrisa de complicidad tome la carpeta que tenía sobre todas sus cosas.

"¿Ésta es tu parte del trabajo?"

"Si" Contesto ella con su media sonrisa

"Bien, yo lo acomodare y traeré mañana."

"De acuerdo" Contesto ella únicamente.

Kelvin nos miró perplejo. De seguro era la primera vez que nos escuchaba hablar sin ningún tipo de insulto. A mí me daba igual y al parecer a Serena también.

"¿Ya terminaste tu trabajo Serena?" Pregunto con apuro su cursi amigo.

"Si Kelvin y ya me voy. Nos vemos mañana."

Ella tomo sus cosas y lo dejo ahí parado, frente a su pila de hojas. Mientras yo me dirigía la puerta y la mantenía abierta para que ella pasara. Di un último vistazo a la biblioteca, nuestro pequeño episodio estaba cubierto.